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La eficacia de las vacunas COVID

Por Miki el Mikingo

Diario de bitácora.

[198.031.336 casos de coronavirus, 4.224.346 fallecidos. (De los 183.149.813 casos con resultado final conocido, el 2% ha fallecido.)]

En Madrid, a 31 de julio de 2021.

Tras medio año intubado, me acerco al Phillies  y ya no hay nadie, está chapado. El dueño falleció por COVID. ¿Qué será de mi buen amigo, el diletante garçon de los mil talentos con quien “entretenía ideas”? Durante la pandemia y antes de enchufarme a las máquinas de la UCI, mi vida era lo que ocurría mientras disfrutaba de sus cañas y pinchos de tortilla en el Phillies. ¿Formará mi buen amigo camarero parte de ese 2% que ha Entregado la Cuchara de entre los 200 millones de infectados que hay registrados en el mundo? La mayor secuela que me ha dejado esta maldita infección es, desde luego, su ausencia.

En esas reflexiones me encontraba(*), cuando decidí reabrir mi cuaderno de bítácora para hablar de las vacunas antiCOVID y de la variante vírica que nos viene de la India, conocida como la variante Delta, que también significa, literalmente, la variante diferencial (¡je!).

En un contexto en el que cada vez es más complicado discernir lo verdadero de lo falso, en el que el relato gana al dato con frecuencia, la pandemia ha propiciado la propagación de teorías conspirativas que se expanden con más contagiosidad que el propio coronavirus y sin el menor respaldo científico. Nos vendría de maravilla que nuestro numerólogo garçon (quien clavó en estas mismas páginas la llegada de la pandemia en enero del 2020, así como el número real de fallecidos en España -muy superior a los comunicados oficialmente- aplicando una regla de tres a una encuesta fansista durante la primera ola tsunámica del virus, así como el origen del COVID en un laboratorio de Wuhan cuando todavía no había sido declarada la pandemia) nos diese luz al respecto.

En su ausencia, intentaré dar respuesta a preguntas candentes del fansismo -canalizadas por nuestro Taumaturgo que Hace que las Cosas Ocurran- de la mejor manera posible:

1/ La eficacia hasta ahora del invento.

Sólo dos medicamentos hay que atacan directamente y con eficacia al virus del COVID: los anticuerpos monoclonales anti-SARS-CoV-2 (Lilly y Regeneron) -que rechazó Florentino en su día para sí mismo, pero esa ya es otra historia-, y las vacunas.

Estas vacunas han salvado a la Humanidad de un colapso sin igual en el trozo de la Historia que nos ha tocado vivir. ¿De qué manera? Por un lado, evitando su propagación masiva (sólo 200 millones de los 8.000 millones de habitantes se han contagiado, insisto), y consecuentemente el colapso sanitario mundial que habría elevado el porcentaje de mortalidad del virus en los infectados del 2% actual a, posiblemente, alrededor del 10%. Todo junto(**) y mantenido durante varios años, sin las vacunas podría haber provocado que este virus hubiera, literalmente, diezmado la población mundial.

Estas vacunas, especialmente las basadas en mRNA, han sido uno de los mayores logros científicos de la Humanidad, como reflejará la academia sueca de los premios Nobel en breve.

2/ El porcentaje de riesgo de efectos secundarios a medio/largo plazo.

Considerando como efectos secundarios de la vacuna únicamente aquellos considerados graves, que conllevan la posibilidad de la muerte del vacunado como consecuencia de la administración de la misma (todos los demás son toxicidades de paracetamol, beber líquidos y “morder la bala”, como en el salvaje Oeste), la probabilidad de que ocurran es de uno en un millón, aproximadamente. Es decir la misma probabilidad que hay de morir porque le caiga a uno un trueno en la cabeza. También podríamos expresarlo de otra forma: son diez veces menos probables que la probabilidad de que a uno le toque el gordo de la lotería de Navidad jugando una sola vez a la misma. E incluso habría una tercera manera de explicarlo: es más probable que Vd. fallezca por un accidente de coche cuando va a su centro sanitario a administrarse la vacuna que por los efectos secundarios de la misma.

Aun así, y a pesar de todas estas maneras de enunciar lo mismo, esta es la respuesta de los anti-vaxx para no ponerse la vacuna:

– Anti-vaxx: “So, doc, what are my chances of dying because of the vaccine?”
Mikingo: “One in a million, AnG-L
– Anti-vaxx: “So, I’ve got a chance!!!”

Pues fueno. Pues fale(***).

3/ El verdadero peligro de la llamada variante Delta, sobre todo comparada con las primeras cepas.

Es mucho más contagiosa; esto es información, que no opinión. De los virus más contagiosos que se conocen, sólo por detrás del de las paperas o el sarampión. Es 4 veces más contagioso que el SARS-CoV-2 original causante de la pandemia durante el arranque del 2020. No está claro si también es más mortífero, pero podría también serlo perfectamente, ya que lo que se va sabiendo es que el subgrupo de los hospitalizados por infección Delta están más tiempo ingresados, requieren mayor asistencia en UCI y mayor tiempo de soporte ventilatorio. Pero la vacunación completa previene en un enorme porcentaje la infección y, en los casos que no lo hace, suele cursar de una manera más benigna.

Por esto último, y gracias a que la población frágil y vulnerable a los efectos letales del virus (los mayores de edad, esencialmente) están ya todos vacunados en el primer mundo, la existencia de dicha variante no se ha llegado a traducir en una mortalidad que la Humanidad no ha visto desde la peste medieval. Si esta misma variante hubiera sido la causante de la pandemia en su inicio, más del 10% de la población habría muerto ya por ello. Dicho de otra manera: 15-20 fansistas de los que hoy leen estas páginas, estarían/estaríamos muertos. (“¿seré yo, Señor? ¿seré yo?”)

Dicho lo cual, en el primer mundo y con la población más vulnerable vacunada, es muy probable que esta variante incluso facilite la inmunización masiva de la gente joven no vacunada, con muy pocos fallecimientos comparativamente, favoreciendo así la inmunidad de rebaño y que no surjan evolutivamente nuevas variantes peores, resistentes del todo a las vacunas actuales. Pero lamentablemente, desde la perspectiva de un mundo donde los países en desarrollo tienen unos porcentajes de vacunados realmente paupérrimos, esta variante puede ser responsable de la cronificación y evolución darwiniANAL hacia cepas del virus más agresivas y resistentes a las vacunas actuales. Y como hablamos de una pandemia global, no de una endemia localizada en los países pudientes, estamos hablando de una alerta justificada con respecto a esta variante que, en realidad, ha Meneado los Dados y cambiado las reglas de juego. Hay que asumirlo rápidamente, para ser proactivos en nuestra lucha contra el COVID: la variante Delta se puede mear perfectamente en las Ubres del Hombre si no conseguimos controlarla.

4/ La moralidad de excluir de la vida social a los que por el momento declinen vacunarse.

Pregunta muy delicada y que me ha obligado a reflexionar bastante al respecto. La respuesta libertaria -cuyo espíritu comparto íntimamente- sería que cada uno se vacune si quiere. Pero eso sólo se aplicaría a situaciones en las que las consecuencias negativas de no vacunarse fueran únicamente para uno mismo. No obstante, este virus, como todos los virus, sólo sobrevive si pasa de persona a persona, eslabón a eslabón en la cadena de transmisión. Si el virus de una persona no se transmite, muere en 2-3 semanas de media. Y cada persona que se vacuna, además de protegerse a sí mismo, elimina un eslabón de dicha cadena de supervivencia y evolución del virus. En cifras macronuméricas, esa es la clave para alcanzar la inmunidad de rebaño o grupal, y así acabar con la pandemia. Por lo tanto, no vacunarse es jugar, indirectamente, a favor de la persistencia del virus. Para que me entiendan mejor, ocurre lo mismo que votar a VOX o a Cs, que es jugar indiretamente a favor de la persistencia del sanchismo en la Moncloa, como Vds. pueden ver mientras disfrutan estos meses de lo votado -tras un par de gintonics- en las últimas Erecciones Generales. 😉

En ese contexto, y con unas vacunas tan extraordinariamente seguras y eficaces contra todas las variantes conocidas del coronavirus, habría que favorecer, promover, subsidiar, premiar… e incluso obligar a la vacunación masiva, por un bien colectivo muy superior al supuestro “mal” causado al individuo por obligarle a ello (¡anda que no tenemos obligaciones en el día a día muy superiores a las de tener que vacunarse!). No sólo se trata de evitar lo que ya está ocurriendo, sino también la potencialidad de escenarios dantescos que pueden llegar a ocurrir perfectamente si el virus muta a la variante madafaca siguiendo las reglas de Darwin y se ríe de nuestras vacunas actuales.

Y, consecuentemente, si una de las maneras de aseguar la vacunación masiva mundial es restringir la vida social a los no vacunados, expropiándoles a los fansistas su libertad de darse una vuelta por los peores burdeles y sodomiceros de la ciudad… como diría Chávez: ¡Exprópiese!

Por lo demás, desde la nostalgia, permítanme un último pensamiento de recuerdo y reconocimiento a la persona que nos guió en medio del caos coronavírico:

– «Garçon, una caña y un pincho de tortilla, por favor.»

Firmado: The ‘sit at the bar’ guy

(*) “En una de fregar cayó caldera”. (López, el de la Verga, en Tauromaquia)
(**) ¿Por qué “todo junto” se escribe separado, y “separado” se escribe todo junto?
(***) Del verbo falar, referido al falo, pene, verga o zimuérzago.

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Porno culé


Sufriendo en Ibiza por la afición barcelonista.

Tic, tac, tic, tac, maldita música. Cuando Javier Gurruchaga cantaba este estribillo con su Orquesta Montragón, nadie imaginaba que acabaría siendo usado por líderes políticos para amenazar a sus rivales que su tiempo estaba acabando (vienen a la mente esos dos grandes próceres, el Comandante Galáctico y P.I.T.). Ahora esa fatídica onomatopeya resuena en Can Barsa, recordando a sus apurados rectores que no les quedan sino quince días para evitar el ridículo histórico de no poder inscribir a los nuevos fichajes, un golpe al prestigio mucho peor que un 8-2 o cualquier otro resultado deportivo.

La situación sería lo suficientemente mala simplemente reconociendo la árida realidad, pero lo cierto es que la «prensa amiga» la empeora a diario, erosionando la poca dignidad que le queda a la esfera barcelonista: todo son «buenas perspectivas», «acuerdos inminentes» y «salidas casi cerradas» que se diluyen en cuestión de horas. Por mencionar sólo algunas de estas «informaciones»:

– «Messi estará sin contrato tan sólo unas horas, a lo sumo unos días». Ha pasado un mes.
– «Trueque Griezmann/Saúl». Fantasía absoluta.
– «Trueque Griezmann/Dybala». Fumada fuerte.
– «El Barça intentará hacer tres fichajes adicionales«. Sin comentarios.
– «Ídolo Depay». Hace cuatro meses escasos hablaban seriamente de ir a por Haaland.
– «Braithwaite, salida inminente al Wolverhampton». Su agente opinaba otra cosa.
– «Pjanic ultima su vuelta a Turín». Sí, a comer en su restaurante favorito.
– «Buenas sensaciones con la renovación de Ilaix». El jugador opina otra cosa.
– «Fitch califica positivamente la economía del Barça». En realidad lo que ha valorado es una emisión de bonos muy escondidita, con los derechos de TV como aval, y con una calificación un paso por encima del bono basura.
– «Messi llega para firmar». Se largó inmediatamente de vacaciones a Ibiza.

Ah, Messi, la gran obsesión, el fetiche religioso del culerismo. Desde que expiró su contrato mantengo la teoría de que tiene uno nuevo firmado con el PSG, aunque me despistó por unas horas la filtración del supuesto acuerdo para renovar con el Barsa firmando por cinco años, cobrando supuestamente la mitad que hasta ahora. Y no debí darle pábulo porque ese acuerdo por necesidad es papel mojado: ¿cómo vas a condicionar tu futuro a que el club logre toda una cadena de operaciones complejísimas, desde una bajada radical de sueldos a vender a unos jugadores incolocables? Lo más que puedo creerme a día de hoy es que ese contrato sea un respaldo para el Plan A, que sigue siendo irse a París. Por cierto, mutismo absoluto del ídolo, siempre desvelado por la doliente masa culé.

Quizá lo que más me ha gustado estos días han sido los editoriales indignados, reprochando a los jugadores que no renuncien a una millonada «por el bien del club y por la renovación de Messi». ¿Pero con qué clase de autoridad moral puede Laporta hacer tal reclamo? ¿Acaso el club carece de jugadores profesionales, para hacer nada menos que cuatro incorporaciones? ¿El salario de Messi, que seguiría siendo el más alto de la plantilla, es alguna clase de requisito legal para que el Barcelona dispute las competiciones? ¿Cuál es la lógica de renunciar a lo que legítimamente te corresponde para repartirlo con jugadores que actualmente no están en la disciplina del club?

En tal situación, es lógico que los abogados de los futbolistas les hayan aconsejado quedarse quietecitos: con no hacer absolutamente nada seguirán teniendo derecho a sus sueldos íntegros. Ahora bien, una rebaja salarial parece la única forma de desbloquear la situación, toda vez que Coutinho y Demebele son absolutamente invendibles, Griezmann casi también, y el club no parece dispuesto a lo que sería realmente responsable: renunciar a la megaficha de Messi y vender a un jugador con verdadero valor de mercado, como Pedri; no, prefieren seguir con la vida de apariencias de un rico arruinado. Parece que de producirse la mencionada bajada de salarios (pero con ampliación de años), el club podría de hecho inscribir a los nuevos, pero la duda es: si el contrato tentativo a diez años de Messi se consideró por la LFP como «ficticio», ¿habría una diferencia sustancial con estos otros, que no son sino otra maniobra de dilación de los pagos?

Amanecerá y veremos, pero a diferencia de lo que cuenta la prensa del Movimiento, hoy por hoy estamos mucho más cerca de un Barça sin Messi y sin inscripciones que de lo contrario. Si a esto sumamos la saga del fichaje del delantero madridista, podemos estar ante el Agosto futbolístico más memorable de la historia.

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Volvió la ilusión

Por Expendable

El partido de playa de ayer, donde había un equipo a punto de empezar su liga jugando contra un grupo de solteros y casados, vuelve a confirmar por enésima vez que Marcelo ya no tiene nivel para jugar de lateral y que Gutiérrez necesita todos los minutos posibles para que se vaya asentando, sobre todo teniendo en cuenta que el lateral supuestamente titular está a punto de que le reconozcan una incapacidad absoluta para desempeñar su trabajo. Entre este y el Guadiana tullido de la derecha, recientemente renovado, parecemos la Fundación Once; a ver si cae una subvención por esta labor de integración.

En cuanto a Jovic, la pachanga le vino muy grande para el nivel que tiene. Odegaard sigue siendo muy Arsenal (muy blandito). Podrían empezar a crecerle pelos en los huevos y exigir galones en el campo, corre el riesgo de ser un Ausencio II, y las segundas partes siempre fueron peores que las primeras. A pesar de la conducción en el gol, una carrera en la que ninguno del Rangers osó estorbarle, solo tuvo apariciones de vez en cuando, pasecitos de descarga pero no domina el partido ni parece que tenga ganas de dominarlo, tiene actitud de funcionario enchufado, simular que hace para no mojarse el culo de verdad. Su actitud me parece un interrogante a la que ZZ le puso una cruz la temporada pasada, quizás no fuese por capricho.

Rodrygo y Lunin sí mostraron acciones por encima del nivel de la pachanga. El resto, intrascendentes. Solo Miguel Gutiérrez añade picante a los partidos.

Lo bueno es que esta pachanga no los descarta para la temporada, alguno puede madurar, y si no hay más cera que la que arde tocará apoyar a los chavales porque no tienen la culpa de la (des)composición de la plantilla. No se va a conseguir nada pitándolos o presionándolos en cada acción, metiéndoles el miedo al fallo. Que puedan evolucionar y ya se verá qué ofrecen durante la temporada. No parece difícil ver quien va a tener capacidad para aportar algo al primer equipo y quién no.

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– Power Rangers: 2
– Mabrip: 1 (Loldrygo)

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MEGAWALDO ESPECIAL 17 ANIVERSARIO

Filmed in CUTREMASCOPE


Sound System: Pozas Surround

Equipment provided by: Gitan Studios, Medayork

Bloque 1 – Pulítica

Bloque 2 – Richard Donner, 11 directores honestos

Bloque 3 – 4 directores deshonestos

Bloque 4 – Parenthood, Tarkovsky, Alex Garland

Bloque 5 – Cine clásico: Cyd Charisse y Howard Hawks

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Cyd Charisse en «La marca del renegado»


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Party Girl
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Annihilation

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La Superliga es una buena idea

Por Geodotto Doppo

Estoy de acuerdo con la gran mayoría de vosotros en que la comunicación de la Superliga fue catastrófica y en que el vis a vis de Floper con Pedreroll provocó una avalancha de caspa sin precedentes, pero creo firmemente que la Superliga es una buena idea, y que Floper, a pesar de la chochez que se le atribuye, puede tener razón en que el fútbol se esté muriendo. Antes de que dejéis de leerme, dejad que me explique:

Floper casi siempre empezaba los razonamientos de la génesis de la Superliga indicando que el fútbol se está muriendo. No sé hasta qué punto serán ciertas esas afirmaciones, pero sí sé que se refería no tanto al interés del aficionado (que se está reduciendo), sino a la supervivencia económica del tinglado, sobre la cual debe tener bastantes datos provenientes de ejercicios pasados como para estar adivinando una tendencia. El aficionado curioso de a pie sólo tiene acceso a las cifras oficiales que publican los departamentos económicos de los clubes, pero todo profesional o conocedor de la contabilidad sabe que esas cifras son fácilmente enmascarables ajustando depreciaciones, orígenes de ingresos, provisiones, etc. De esos números se pueden sacar algunas conclusiones, pero con un poco de esfuerzo adicional cualquiera puede analizar quién se lo está llevando crudo en el sistema actual.

La cadena de valor del futbol (si quitamos el merchandising y otros ingresos extraordinarios), vista al reves, comienza con el aficionado de a pie que paga la entrada o se suscribe a un operador para ver el partido. Ese dinero va al club directamente en el caso de las entradas, y en el caso de la tele a través de intermediarios (operadores y LFP con el reparto que esté vigente). Somos un público cautivo, no nos vamos a engañar: el consumo de fútbol se transmite de personas gestantes y sus compañeres vitales (padres) a hijos, hijas e hijes (que pertenecen al Estado). Una vez infectados con este virus, no hay tratamiento y tenemos que vivir con ello toda nuestra vida. Conozco a pocas personas que han salido de esta enfermedad. Por tanto, uno pensaría que los ingresos de los clubes están más o menos asegurados, teniendo un público adicto que no puede desintoxicarse; uno no cambia de equipo de fútbol tan fácilmente como podría cambiar de sexo (o de género, que ya me lío).

Sin embargo, una y otra vez, salvo aquellos bien organizados económicamente (entre los cuales incluyo al Real Madrid), los clubes no dejan de endedudarse, pedir líneas de crédito in extremis para salvarse, recibir ayudas de diversas instituciones estatales… ¿Por qué una organización con los ingresos asegurados (y avanzados en muchos casos a principios de año) tiene tantos problemas «para llegar a fin de mes? ¿Quién se lleva la parte del león? La respuesta es: los jugadores. En cuanto han flaqueado los ingresos por culpa de la pandemia, se han empezado a ver las costuras y a deshacerse el vestido, produciéndose recortes en las zonas más magras.

Sí, amigos, en este tinglado del jurgol los jugadores son los que mandan, y mandan más si son buenos. Las mayores partidas de gasto de los clubes son los salarios de sus empleados y el desembolso empleado para contratarlos. Si un club quiere mantenerse competitivo debe adquirir a los mejores jugadores y pagarles más que los demás, porque de lo contrario se marcharán sin pensarlo dos veces al club rival, olvidando cualquier lealtad. Un niño de pocos años más que veinte puede tener a un magnate de alguna industria, acostumbrado a lidiar con otros magnates en duras negociaciones, sudando sangre para contratarlo y al servicio de su último capricho. Me imagino que Floper se ha tenido que comer muchos de esos caprichos en sus años como presidente, a tenor de los audios filtrados.

En un mercado donde hay competencia, los sueldos y los fichajes de los jugadores tenderán a crecer mientras sigan creciendo los ingresos, y los grandes beneficiados serán los jugadores, no los clubes y sus márgenes netos; éstos se contentarán con dar algunos beneficios a sus accionistas o socios. Pero hete aquí que han llegado «los jeques» (entiéndase ricachones que se juegan su propio dinero), que están inyectando dinerito fresco de su cartera como si jugaran al PC fútbol en la vida real. Ellos han venido a distorsionar un mercado. El hecho de que puedan gastar sin que haya prácticamente límites hace que los ingresos sean irrelevantes, y que incluso las normativas FIFA de Fair Play Finaciero sean poco efectivas en la contención de la hemorragia de millones (o palotes).

De ahí que una característica de la Superliga que se pasó por alto fuera tan crucial para «salvar el fútbol»: la propuesta de competición incluía un tope salarial para jugadores al estilo de la NBA, que hubiera reducido enormemente la distorsión derivada de la existencia de «los jeques» y de paso hubiera puesto un límite a los desembolsos en salarios y dado la oportunidad para que los clubes tuvieran márgenes. Con este límite no tendríamos a un Messi o a un Cristiano cobrando cantidades desproporcionadas, o a un MBappé fichando por el club que le pague un euro más al mes.

Los liberalios (hola Hughes) podéis tener objeciones a esta medida, pero pensad que no estamos en un mercado libre, un mercado en el que están compitiendo empresas con subvenciones brutales («los jeques») con otras que no los tienen. En esas circunstancias, no hay mercado libre que valga. Puede ser que el formato de la Superliga, los equipos que la componen o el calendario propuesto sean deficientes, pero la propuesta lleva un componente clave para taponar la principal vía de escape de nuestros euros; por eso, aunque mejorable, es una buena idea.

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¿Crees que habrá Superliga privada antes de tres años?

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