Por Soprano, cronista de secano
Jugar en Albión siempre es un placer, un disfrute sensitivo para todos aquellos a los que nos gusta reencontrarnos con la esencia lúdica y deportiva del fútbol. La atmósfera que rodeó el partido amistoso disputado ayer entre el Leicester y el Real Madrid fue preciosa, la afición local brindó cánticos y apoyo constante a su equipo durante los 90 minutos -algo difícil de contemplar en el Bernabéu aunque el partido en liza sea una semifinal de Copa de Europa-, mostrando a su vez sumo respeto al Madrid. En fechas pasadas he leído como plumillas que se autocalifican como “nostálgicos” nos recriminaban el hecho de no disputar bolos veraniegos en la piel de toro; bien caballeros, ayer obtuvieron la respuesta a su estúpida pregunta/denuncia. Los aquelarres provincianos los reservamos para la temporada regular.
Retomando el tema principal, el 2º Madrid de Mourinho disputó ayer el último partido de la minigira europea antes de partir en viaje evangelizador a la lejana Asia. La pretemporada es el banco de pruebas por definición, en el cual se testan nuevas variables tácticas y se reposicionan piezas para finalmente descartar aquello que no ha funcionado y emplear los hallazgos positivos en lo que resultará el armazón definitivo que constituye un equipo. El Madrid saltó al King Power dispuesto en un típico esquema 4-2-3-1, presentando un hasta ahora inédito doble pivote formado por Granero y Khedira. En la zona de tres cuartos se armó una línea de tres atacantes conformada por Coentrao, Callejón y Kakà, coronada en la punta de lanza por Karim Benzemà. Pese a la insistencia general, el doble pivote del Madrid es más una cuestión nominal que real, ya que rápidamente Granero se erigió como único pivote del equipo.
Los primeros 5 minutos fueron de tanteo, el Real no acertaba a hilvanar jugadas largas y el Leicester empujaba e intentaba acular a los visitantes por medio del “typical british” balón en largo. Esteban se mostraba tímidamente como referencia del juego pero le costaba, teniendo Sami que echarle una mano en la base de la jugada. Por su parte, los locales persistían en su idea de bombear balones a la espalda de nuestra defensa, curiosamente casi siempre buscando al par de Ramos. Los despistes defensivos del camero ya son internacionalmente conocidos.
Con el devenir de los minutos, el Madrid se fue adueñando del balón (la iniciativa siempre la tuvo). Mientras, los ingleses esperaban atrás ordenados en una doble fila de cuatro, a la espera de un error para lanzar la contra. Fue en el minuto 10 cuando los madridistas llegaron peligrosamente por primera vez, tras una pared entre Karim y Sami con postrero disparo final excesivamente cruzado del galo. A partir de ése momento, el Real no dejó de vivir en la zona de tres cuartos rival. Los atacantes madridistas no cejaron en la permuta de posiciones, siendo Coentrao –que empezó por la izquierda para acabar como falso extremo derecha- el mejor exponente del dinamismo atacante madridista. Granero adquirió galones como 5, Sami se descolgó continuamente al ataque, reencontrándose con el silencioso y dañino llegador que importamos del Stuttgart, y Karim estuvo sencillamente imponente jugando como 9 y 10. Por otra parte, Callejón se limitaba a incordiar a la defensa y a soltar rápido y bien el balón mientras que Kaká –salvo un buen pase filtrado a Coentrao- vegetó de manera indecente por el pasto inglés.
El brasileño está ofreciendo una imagen preocupante a lo largo de la presente pretemporada, y su buen desempeño contra el Galaxy ha quedado opacado por el jugador gris, desfondado y poco claro de los últimos partidos. Fue frecuente ver ayer al carioca bajar al centro del campo, cuando su fuerte nunca ha sido la creación ni está especialmente dotado para ello, en una imagen que me recordó al Raúl crepuscular, que persistía partido tras partido en “colaborar” con la media para así justificar su falta de brillantez ofensiva. El Real encadenó llegadas peligrosas de la mano de Coentrao, Sami, Karim o Marcelo, en una clara muestra de lo que será este equipo: una escuadra de fútbol total, sin posiciones fijas, centelleante en las contras y en la que todo jugador es un potencial peligro ofensivo para el equipo rival.
Pese a todo, el gol visitante se resistía a llegar. En las postrimerías del primer tiempo, un balón largo de Marcelo a la espalda de los centrales rivales fue acunado por Benzemà, quien sentó literalmente al vástago de Schmeichel, levantó la cabeza y generosamente cedió el esférico a un Callejón que, incorporándose desde atrás, sólo tuvo que empujar la pelota a la red. Una preciosa acción final entre Marcelo y Coentrao, en la que el luso peliteñido estuvo a punto de marcar, fue el colofón perfecto para una primera parte positiva del Madrid, y tan sólo Kakà y el limitadísimo Albiol destacaron como lunares preocupantes de la plantilla.
La 2º parte trajo el consabido carrusel de cambios y una novedad: el cambio de equipación, trocando el blanco impoluto por el negro estilizado con un fin probablemente publicitario. Los cambios introducidos fueron los de Casillas en la meta, Xabi como brújula, Cristiano ocupando los dominios antes asignados a Callejón y Özil desempeñando las funciones que Kakà es incapaz de acometer. El guión de la película se mantuvo invariable pese a los cambios de reparto y vestuario; Karim prosiguió con su carrusel de caños, desmarques, amagos, fintas, pases y llegadas confirmándose como el talento superior que es. Desgraciadamente, la prensa y parte de la maleable afición obvian todo el caudal de juego que aporta, exigiéndole únicamente goles y desfigurando su frialdad gestual como pasotismo.
El Real rondaba el segundo gol pero éste se resistía, lo que podía dar una engañosa sensación de igualdad entre ambos contendientes. En esta fase el encuentro, el equipo nos regaló dos contras magistrales, pequeñas cápsulas de belleza futbolística, una de las cuales encontró la justa recompensa del gol: la jugada fue conducida por Karim, continuada por Marcelo y prolongada con un magistral taconazo de Coentrao, quien devolvió al brasileño, que remataría a la cepa del poste. El rechace, no obstate, fue a parar a las botas de Benzemà, el jugador que dio origen a la jugada, quien con un remate cruzado puso el 0-2 en el marcador.
A partir del gol del galo, el partido empezó a morir lentamente, sensación reafirmada por la última tanda de cambios realizada por Mourinho. El Real siguió combinando con lucidez, Pepe aportó cierta hiperactividad y Pipa retornó a la mecánica del equipo tras la Copa América. En las postrimerías del encuentro, el Real demostró «grandeza» regalando un gol estúpido a la salida de un saque de banda. Casillas, por segunda ocasión en esta pretemporada, fue fusilado sin mostrar oposición, detalle poco preocupante, puesto que obedece a la lógica relajación de un partido no oficial ya resuelto. Un minuto después de encajar el gol, Xabi Alonso –el quaterback del fútbol mundial- teledirigió un pase preciso a Higuaín, quien tras un buen remate estuvo a punto de ampliar la diferencia visitante.
En definitiva, otra muesca victoriosa más en el haber de este Real Madrid en pleno rodaje, y otro indicio más del camino sin retorno al que nos dirigimos, el de convertirnos en un equipo total.
– Leicester City: 1 (?)
– Real Madrid: 2 (Callejón y Benzema)
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