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Clásico y seguridad


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Otra fiesta democrática.

La Revolución de las Sonrisas terminó como suelen hacerlo estas cosas: con las calles literalmente ardiendo. El Clásico debería jugarse el domingo 26, pero dada la gravedad de los disturbios (que el Ministro del Interior está resolviendo desde la mismísima Chueca) disputarlo parece una imprudencia, sobre todo considerando que los «sonrientes» han convocado una gran protesta para ese mismo día (escogido de forma totalmente aleatoria e inocente). En las últimas horas se han planteado diversas soluciones al problema:

– Solución Mónguer: Que el Madrid se niegue a jugar, alegando que el partido se convertirá en un acto de propaganda política y que no existen las suficientes garantías de seguridad. Quienes han propuesto esto claramente no conocen a Flópor, quien jamás plantearía una propuesta tan rupturista a la Liga, sobre todo teniendo en cuenta que la misma conllevaría la pérdida segura de los tres puntos. En un conflicto que ya está ultrapolitizado, negarse a viajar lo politizaría aún más y pondría al Madrid fuera de su órbita, que ha de ser siempre fundamentalmente deportiva; abortar la propaganda en un estadio es trabajo de los estamentos deportivos y políticos, no del club blanco. Otra cosa sería que a pocas horas del partido se percibiera una amenaza real e inmediata para la seguridad, pero aún es pronto para evaluar ese riesgo.

– Solución Intercambio: Viendo la que se venía encima, la Liga propuso en la mañana de ayer jugar el partido en Madrid, dejando el de Barcelona para la vuelta, pero ambos clubes se han mostrado disconformes. El Madrid tiene motivos obvios: no ha creado el problema y su planificación deportiva se basa en el calendario original; las razones del Barsa las ignoro, porque no se ha pronunciado oficialmente, pero se diría que están deseosos de prestar nuevamente su estadio para el enésimo aquelarre separatista. Primavera Blanca, principal peña de la Grada Fans RMCF, ha anunciado que boicotearía el partido en caso de consumarse el intercambio. En todo caso, esta solución está casi descartada.

– Solución Puerta Cerrada: sería la más justa y práctica. La seguridad estaría casi garantizada, el único club perjudicado sería el que ha contribuido al problema y no habría que retrasar el partido. Sin embargo, parece que nadie lo ha planteado, quizá porque el Barsa sufriría importantes pérdidas económicas y porque el cierre de un estadio normalmente sólo se produce tras una infracción deportiva o de seguridad del club anfitrión. También es cierto que la mera presencia del Madrid en Barcelona podría suponer un problema.

– Solución Aplazamiento: Le sirve a las autoridades y también al Madrid, que estando primera en la Liga no tiene la menor prisa por jugar este partido. El Barcelona sería perjudicado -perdiendo el aquelarre y la posibilidad de recortar puntos- pero no tanto como si se jugara a puerta cerrada. Esta solución salomónica es la que tiene más puntos para adoptarse, con el 4 y el 18 de diciembre como posibles fechas. Aunque la medida es correcta, nótese que en España pudieron celebrarse una elecciones generales a tres días de que asesinen a cien personas, pero se estima conveniente retrasar un Barsa-madrid tras producirse algaradas callejeras. No dejan de resultar curiosas las prioridades patrias…

Toda la situación es ciertamente muy triste, y va a empeorar la imagen tanto del Barsa como del resto de totalitarios de prusés. Es posible que el Madrid acabe obteniendo alguna ventaja deportiva, pero desde luego no será por nada que el propio club haya propiciado. Su lugar es acatar lo que decidan los organismos político-deportivos, jugar en la fecha asignada y, por supuesto, hacer todo lo posible para ganar.

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Ni una, ni grande ni libre

Llegó la esperada sentencia del «prusés», que como era previsible deja descontentos a todos: una serie de años de cárcel para los responsables de los golpes de estado (indignación de separatistas y afines), que en la práctica serán pocos meses de condena efectiva (indignación del resto). Ciertamente no pretendo estar empapado en todos los entresijos de esta complejísima situación judicial, pero los analistas más avisados nos cuentan cómo la unanimidad de la sentencia sólo ha sido posible porque el sector conservador del Tribunal Supremo se ha plegado a la pretensiones del sector progresista de aplicar el cargo más leve (sedición, en lugar de rebelión). En todo caso, las competencias de prisiones están transferidas a las Comunidades Autónomas desde 1983, por lo que se da la paradoja que un gobierno regional golpista puede no autoindultarse, pero sí autoconcederse el tercer grado casi a discreción.

Haber llegado a este punto no se debe a un episodio golpista aislado, sino a décadas de políticas de apaciguamiento y cesiones, iniciadas en una transición que siempre se tildó de ejemplar pero que, hora es ya de reconocerlo, gestionó pésimamente la cuestión territorial. Protagonista estelar del drama durante estos 45 años ha sido el PSOE, Partido Socialista quizá, Obrero casi nunca y Español jamás, excepto en su acepción cainita y autodestructiva. Lisa y llanamente, el PSOE no sabe qué cojones quiere hacer con España: mandar en ella, desde luego, pero si ello implica trocearla y darle varios de los pedazos más jugosos a facciones separatistas radicales, siempre se han mostrado encantados de negociarlo, como si ello supusiera dar una patada en los hocicos al centro derecha, siempre favorable a la unidad nacional (o incluso derrotar a Franco, cuya tumba ahora profanan).

Ese centro derecha también ha sido colaborador, ojo, en parte por necesidad (la aritmética parlamentaria) y en parte por complejo de inferioridad ideológico. Pero este último emplasto judicial, que nadie lo dude, nos lo ha servido nuevamente el PSOE, pues no otra cosa son los llamados «jueces progresistas»: para los secuaces de Sánchez e Iceta (alias PanZ), la aplicación de todo el peso de la ley sería agitar un avispero ya revuelto y que según ellos sólo puede calmarse aplicando un poco más de diálogo, el bálsamo milagroso que tan eficaz ha sido a lo largo de la historia para aplacar toda suerte de extremismos. Así vamos, de diálogo en diálogo, de revuelta en revuelta, hasta que lleguen muertos, la secesión o el estancamiento en una insoportable parálisis nacional.

El problema lo tenemos bastante claro, y también sabemos que su origen está en los errores del pasado lejano y reciente, pero ya no cabe lamentarse, sino pensar en qué solución puede haber. La única que yo veo es suspender la autonomía catalana indefinidamente y recuperar las competencias clave cedidas durante estas décadas, iniciando un largo y penoso proceso de reintegración de Cataluña en el cuerpo social y sentimental español; pegar el jarrón y que se note lo menos posible la grieta. Los expertos en CCAA sabrán mejor lo que urge devolver al estado, pero dos competencias son imprescindibles: la ya citada de prisiones y la educación.

Por supuesto la resistencia a tales medidas será terrible, pero resulta crucial no olvidar esto: los separatistas siempre berrean más de lo que actúan, y cuando se aplica la ley con firmeza acaban doblegándose y replegándose como el lomo del manifestante violento se arquea ante el primer porrazo del policía. Será, además, un proceso muy lento: no cabe recentralizar toda la educación de una tacada, sino, en un proceso inverso al seguido desde la Transición, ir recuperándola tacita a tacita; por ejemplo, primero garantizando la enseñanza vehicular en español, luego modificar un porcentaje concreto del currículo, luego otro porcentaje, etc. Desde luego, ya hay una o dos generaciones irremisiblemente perdidas (que seguramente morirán amargadas), pero si dentro de 20 años todos los niños catalanes pueden estudiar en la lengua que decidan sus padres y no se les enseña que España es una potencia invasora, ya habremos avanzado mucho. Incluso podremos hacer el referéndum de los C***. Ojo, no olvidemos que este proceso no debe afectar sólo a Cataluña, sino a todas las regiones donde ha germinado el separatismo.

¿Y todo esto cómo se logra? Para empezar haría falta una mayoría absoluta parlamentaria (en una época donde eso ya no parece posible), formada por partidos que no alberguen dudas sobre la validez del proyecto de España (esa nación de apenas cinco siglos de antigüedad); vamos, que no sirven ni el PSOE ni ninguno de los situados a su izquierda (somos los inventores de la izquierda nacionalista). Quizá haya que reformar la Constitución, modificando ese ridículo Título Preliminas («autonomía de las nacionalidades», como si fuéramos Yugoslavia) que tantos problemas ha causado. Quienes hagan todo esto deben saber que se encontrarán la resistencia mencionada por justas y razonables que sean las reformas; quien no aguante la presión o crea que se pueden alcanzar consensos con los radicales no servirá para la tarea.

¿Es este complejísimo proceso algo que empezará pronto? Tiene toda la pinta de que no: de hecho, es muy probable que los dos próximos años de nuestra historia sirvan a título de inventario, con un PSOE gobernando en minoría y continuando su centenaria tradición pastelera. España, como el Real Madrid, es especialista en dejarse años perdidos por el camino, pero algún día ha de empezar el regreso hacia la normalidad y la sana convivencia entre todos los españoles.

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La Quinta de Ø

Hoy se enfrentan Noruega y la Coja, y francamente, espero que Ødegaard le clave tres chicharros al equipo antes conocido como España. Una España que sigue dirigida por el ignoto Roberto Moreno, segundo de Luis Enrique desde el año 2011 y autor del libro «Mi receta del 4-4-2». Si no se trata del seleccionador más aleatorio que hemos tenido, poco le debe faltar, considerando que no fue jugador profesional y que jamás había dirigido a un equipo antes. Imagino que a Filemón no le apetecía pensar mucho.

Pero yo quiero hablar de Ø, jugador cultivado por el Madrid como pececillo en una piscifactoría. Aunque esto de traerse jovenasos de rincones exóticos parece un invento de Arsene Wenger, es algo que el Madrid lleva haciendo mucho tiempo. El caso más antiguo que recuerdo es el de los hermanos Cambiasso, Esteban y Nicolás, traídos a la capital en 1996, cuando Esteban contaba sólo 15 añitos. Su toque y su melenita rubia hacían augurar la llegada de un nuevo Redondo (en el fútbol se hacen esas analogías chorras), pero la cosa no fue exactamente así: El Cuchu se quedó calvo, no terminó de explotar y fue sólo en Italia donde expoltó su potencial de la mano de Mau. Su hermano portero, Nicolás, fue devuelto a remitente, y su carrera discurrió por equipazos como El Porvenir, Defensores de Belgrano y Olimpo.


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Cuando Ø era enano.

Pese a todo, el Madrid no dejó de buscar el Santo Grial de los jovenasos, con ejemplos como Eto’o (de no muy grato recuerdo) y el del propio Ø. La carrera del de Drammen ha sido de extraordinaria precocidad: con 13 años ya realizaba entrenamientos con el primer equipo del Strømsgodset, e incluso disputó un amistoso a esa edad, si bien no se incorporó oficialmente hasta cumplir los 15, récord de juventud en la Liga noruega. Además, no fue un debut «suave», pues disputó 23 partidos y anotó 5 goles. Fue también el año en que lo convocó la selección absoluta noruega, otro récord de precocidad. Tras dos temporadas con el Strømsgodset, recaló en el Madrid, aunque cabe destacar que antes hizo pruebas con Liverpool, Bayern, United, City y Arsenal. Ødegaard escogió al Madrid, más que lo contrario.

En aquel enero de 2015 Zipayo estaba en el Castilla y Ancholoto en el primer equipo. Aunque se inscribió al jugador en Champions y podría haber sido también el más joven en disputar esta competición, Ancho no lo había pedido y cnsideraba el fichaje «un golpe de relaciones públicas«, por lo que no le dio este pequeño gran gusto; siempre tan clarividente Cejotti. Tras media temporada no muy productiva en el Castilla, Ø empezó su peregrinar de cesiones, hasta explotar definitivamente este año en la Real.

La temporada que viene podría ser la de su triunfo en el Madrid, pero para ello hay un par de inconvenientes: Zi y Payo. Lisa y llanamente, Ø no tiene la menor prisa por volver a ponerse a sus órdenes, ¿y quién lo puede culpar? Lo cierto es que el francés nunca ha demostrado el menor afán por contar con él. Sin embargo, parece muy claro que el futuro del medio campo madridista pasa por sus botas, y a mí me gustaría verlo liderar una quinta internacional de jovenasos completada con Lunin, Hakimi, Vinicius, Loldrygo y Kubo. Frente a la ranciedad de los chiquillos fichados en Carabanchel, una cantera más cool y global que desaloje a la vieja guardia de los Ramos, McCelo y cia, igual que la Quinta original tuvo que ser desplazada por nuevos cracks para que el Madrid iniciara su Segunda Era Dorada. Claro que para que esto se produzca quizá haya que decir adiós a la leyenda Zipayo y poner en su lugar a entrenadores como Erik ten Hag (otro calvo, transición blanda) o Julian Nagelsmann, alias el alemán de 30 años™. ¿Será capaz Flópor de dar tan delicado paso? Ahora mismo resulta muy dudoso, pero veremos…

P.D. La pronunciación correcta del nombre. ¡¡Detalle fundamental!!

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Deporte y pulítica

Hace unos días el mundo del basket USA se vio sacudido de la forma más inesperada. Todo empezó cuando Daryl Morey, director general de los Houston Rockets, publicó un twit animando a los manifestantes de Hong Kong a perseverar en su lucha por la libertad:

Este mensaje no habría tenido mayor importancia en medio del mar de twits que se generan cada día, si no fuera por dos pequeños detalles: 1) La NBA tiene un enorme volumen de negocio en China. 2) Al gobierno de la República Popular no le gusta ni un poquito cualquier cuestionamiento de su poder absoluto. Las consecuencias no se hicieron esperar, y la cadena estatal china (CCTV) suspendió todas sus retransmisiones de la NBA, que actualmente se encuentra en pretemporada; una suspensión que de extenderse le supondría enormes pérdidas a la Liga estadounidense (el contrato actual, vigente hasta el 2025, tiene un monto de 1.500 millones de $). El comisionado de la NBA, Adam Silver (alias Mortadelo) defendió en un primer momento la libertad de expresión de Morey, pero la CCTV (es decir el gobierno chino) no tardó en darle su parecer sobre tan decadente concepto occidental:

«Estamos profundamente insatisfechos y nos oponemos a la postura de Silver de apoyar el derecho a la libre expresión de Morey. Pensamos que cualquier manifestación que socave la soberanía nacional y la estabilidad social no entra dentro de la libertad de expresión».

Desde ese momento, todos los implicados en el lado gringo sabían que sólo quedaba un camino posible: bajarse los pantalones. Morey borró su twit original y pasó a disculparse en una nueva serie de trinos, explicando que «no estaba bien informado» al hacer sus primeras manifestaciones. La NBA por su parte también sacó un comunicado, asegurando que de ninguna manera cuestionaban el derecho de China a aplastar cualquier tipo de disidencia. James Harden intervino desde Japón pidiendo perdón humildemente a los chinos. Y Joe Tsai, empresario taiwanés dueño de los New York Nets, afirmó que los gringos no eran quiénes para cuestionar la voluntad del pueblo chino (que como sabemos es muy libre para expresarse). En suma, los chinorris pasaron sus amarillos micropenes por la cara de toda la plana mayor de la NBA, dejando bien clarito quien manda. Fue un episodio bochornoso a la par que revelador.

No mucho más edificante ha sido la debacle vivida en los útimos años en otra de las grandes ligas, la NFL. Todo empezó en 2016 con la ocurrencia de Kaepernick, por entonces jugador de los 49ers, de arrodillarse durante la interpretación del himno nacional que se realiza antes de cada partido. El gesto era para protestar por la supuesta brutalidad selectiva de la policía estadounisense contra la población negra, delirio clásico de la izquierda de ese país sin ningún tipo de soporte estadístico (a diferencia de la incontestable prevalencia de la raza negra en el número de delitos cometidos y en la población reclusa). El gesto, que fue rápidamente imitado por varios jugadores de raza negra (auténticos oprimidos que se levantan varios millones de $ al año) indignó a miles de fans, quienes no entendían qué tenía que ver la protesta por una supuesta injusticia con la falta de respeto al himno. La postura de Kaepernick es profundamente paradójica porque, de hecho, le debe todo a dos personas de raza blanca: natural de Wisconsin, fue abandonado por su padre y dado en adopción, siendo acogido por los Kaepernick, un matrimonio caucásico. Pero sí, el gran problema de EEUU es el racismo.

Todo el numerito le salió relativamente barato a Kaepernick: tras abandonar los 49ers aprovechando una clausula de su contrato, pensó que sería fácilmente contratado por ser agente libre, pero ningún equipo quiso vincularse a ese activo tóxico. Esto no le impidió firmar un lucrativo con Nike, inaugurado con un anuncio cuyo lema era «Cree en algo. Aunque signifique sacrificarlo todo». Lo cual tendría cierta credibilidad sino fuera porque Kaepernick ni sospechaba que iba a enterrar su propia carrera. Posteriomente, el ex jugador demandó a la NFL, alcanzando un acuerdo económico que complementó lo que se embolsa con su espónsor, la empresa célebre por crear el Nike Pro Hijab; sin duda unos verdaderos campeones del progresismo y los derechos humanos.

En Españita hemos tenido otro caso sangrante, protagonizado por el club más protegido mediática e institucionalmente de la historia: el Barcelona, que hace años convertirse en un engranaje más de la maquinaria separatista. Dejando aparte la innumerable cantidad de banderas y prendas independentistas que entran al estadio en cualquier partido (y que jamás son confiscadas o cuestionadas por el personal de seguridad, a diferencia de la bandera española o las camisetas de otros equipos), todo encuentro de importancia es prologado por el despliegue de una enorme pancarta dedicada a los supuestos «presos políticos catalanes». A este respecto, hay dos hechos patentes: 1) El despliegue de tales pancartas sólo puede producirse con el consentimiento y colaboración del club. 2) Se trata de mensajes que no sólo tienen una nula relación con el fútbol, sino que fomentan un clima de discordia en la ya profundamente dividida sociedad catalana. Pese a ello, el Barça nunca ha sido sancionado por estos incidentes. La Liga, que tantos golpes de pecho se da por su supuesta lucha contra la violencia, deja hacer (como en tantas ocasiones) al poderoso club de la esquina.

Podríamos remontarnos a casos más antiguos ocurridos a lo largo del mundo, como los panteras negras, Cassius Clay y un largo etcétera, pero creo que ha quedado claro que el deporte y la política son siempre una pésima mezcla. La política es un mundo complejo, oscuro y con implicaciones demasiado serias como para pretender integrarlo fluidamente con algo que, siendo realistas, no puede ser más que otra industria del entretenimiento. Por supuesto, el activismo político es legítimo y hasta loable, pero como demuestran los ejemplos mostrados, las Ligas, equipos o jugadores no pueden significarse sin poner en peligro su negocio o crear una marcada división entre los aficionados. Por ello, si de mí dependiera prohibiría en el deporte profesional cualquier tipo de manifestación política distinta a la celebración del país que acoge la competición (o sea la interpretación del himno y poco más). Cualquiera que se dedicara a hacer el numerito arrodillándose, sacando pancartitas, etc., recibiría severas sanciones económicas y deportivas, dejando meridianamente claro que el que quiera cobrar debe dejar el activismo para la vida privada. Pero parece que aún estamos lejos de esto, y que por ello volverán a producirse situaciones indeseables y embarazosas.

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¿Todo mal, todo bien o todo regular?

MÁNDRIL:

Tras consumir ocho jornadas de la Liga, el Madrid está en lo más alto, es el námber uan, el top. Además, es el único equipo imbatido de las grandes ligas junto con el Loserpool (bueno, y el Villalobos); ¡¡nadie ha podido con él!! Las cosas, no obstante, no han sido tan halagüeñas en Chempions, donde hemos cosechado sólo un punto en dos partidos. Y lo más preocupante es que cuando el equipo se pone tonto, parece que hasta un tercera nos puede marcar sin necesidad de enormes esfuerzos.

Vamos, que el equipo es jodidamente imprevisible, y por ello resulta muy complicado prever qué nos deparará la temporada. Unos pocos, llevados por un repentino acceso de euforia, se atreven a pronosticar un triplete, otros creen que, con mucha suerte y si los demás siguen fallando, nos llevaremos la Liga, y los más sobrios se decantan por el nadaplete y el segundo adiós zinadiano.

¿Yo? La verdad, le doy el beneficio de la duda al calvo: al fin y al cabo, es un tipo que en su carrera como entrenador ha disputado nueve eliminatorias y tres finales de Champions, y las ha ganado TODAS; para colmo, de forma consecutiva. Simplemente es algo sin parangón en el fútbol contemporáneo. Cierto que a mí hoy día me motiva mucho más ver caretos nuevos que sacar los partidos sea como sea, pero soy consciente de que mientras siga Zipayo mantendremos este estilo huraño y carente de novedades (lo que algunos han llamado «asesinato de ilusiones»); tampoco me supone mayor problema, con ignorar la mayoría de partidos basta, je je.

Seguro que el pueblo fansista ya ha podido hacerse una idea de por dónde va el equipo tras estos diez partidos oficiales, y por ello le planteo la encuesta que hay bajo estas líneas. Desplegad vuestras dotes de adivinos.
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EXPAÑA:

Es la nuestra una nación profundamente masoquista y adicta al drama. Casi nunca podemos hablar de temas de fondo porque invariablemente hay alguna discusión bizantina que nos distrae; vamos, que en lugar de hablar sobre nuestro modelo productivo, la educación, la reforma de las pensiones, la relación con Hispanoamérica… nos perdemos en si somos un país o muchos cachitos unidos con pegamento, o en quién le dio matarile a quién hace ochenta años. Ahora mismo, por desgracia la duda no es si tendremos como presidente a un absoluto mediocre intelectual, vendepatrias y plagiario, sino por cuánto margen ganará las elecciones. Bonito, ¿eh?

Mi mensaje para vosotros, amigos fansistas, es que nos os agobiéis mucho: abrid bien el ojete, relajaos y disfrutad, porque no nos libra de unos años más de sociopopulismo ni Perry Mánson. Ahora bien: dicen los entendidos que se viene otra crisis económica, quizá no tan gorda como la del 2008, pero que nos pegará una buena hostia. Y sinceramente, ostentar el poder durante una crisis no es divertido (que se lo pregunten a Syriza). Aparte del placer de mandar en sí (que es cierto que encanta a los políticos), es algo con poco aliciente, pues sólo te permite administrar la escasez, por más que los suciatas digan que no harán recortes.

A ver, obviamente no van a desmontar chiringuitos ideológicos ni cerrar las teles privadas (instituciones de primera necesidad), pero tendrán que tomar medidas feas, y en general todo será una mierda. Además,tendremos una legislatura corta con toda probabilidad; quizá un par de años, durante los cuales puede que pase la marejada económica. Seguramente ese sea mejor momento para articular una mayoría conservadora/liberal, sin el obstáculo del partido bluff del último lustro, Ciudagramos, el cual se dirige a toda máquina hacia la irrelevancia. En fin, dentro de poco habrá que meter nuevamente la puta papeleta en la urna. ¿Ya habéis decidido cuál es el mal menor esta vez?
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Graná malafollá

Estamos viviendo uno de los años más raros que se recuerdan en el fútbol europedo, en el sentido de que casi ninguna liga está siendo liderada por su dominador habitual: en Italia tenemos a un Inter que cuenta sus partidos por victorias, igual que ocurre en Inglaterra con un Liverpool que no huele una Liga desde 1990. En Alemania el Gayern saca un solo punto a nada menos que cinco perseguidores, y en Francia el Pe es yé se juega hoy el liderato con el modestísimo Angers. Exactamente en la misma situación está el Madrid, que de palmar hoy le entregaría la primera plaza al Granada, equipo con nula tradición en la élite.

Como veis, son tiempos delicados para el continente: se están cuestionando las JERARQUÍAS, y eso conduce inevitablemente al caos, la destrucción indiscriminada y los actos sexuales en la vía pública. Nuestra misión cívica es aplastar con botas claveteadas los sueños de los humildes, devolviéndolos al lodo del que salieron arrastrándose. El Graná está entrenado por el joven técnico sevillano Diego Martínez, cuya única experiencia previa en el alto nivel fue un año en el Osasuna (sin alcanzar los playoffs de Segunda), por lo que no se sabe muy bien qué hace furrular a su equipo; quizá han encontrado algún avance médico. Ni siquiera es un conjunto especialmente joven, pues varios jugadores superan la treintena, y el único nombre conocido para el gran público es el de Roberto Soldado, ya con 34 añazos.

En fin, sobre el papel es un partido fácil, pero… esto es el Madrid, ¡¡nada es fácil!! Por lo pronto Zidane tiene que inventarse un lateral izquierdo (tras las imprevisibles lesiones de Mendy y Marcelo), así como corregir el putiferio que fue la defensa contra el Brujas. Algo que muchos están celebrando por lo bajini es la baja de un Curtuá al que no sabemos lo que le pasa, pero algo le pasa. Ayer apareció un artículo-masaje en Marca, cómico por su servilismo, en el cual Pijamita asegura no sufrir la presión y es descrito (no se lo pierdan)… ¡¡como hombre familiar!! El tipo separado que se ha pasado por la piedra a la mitad de las chonis de Madrid, pero eh, va a recoger a los niños al colegio. Si se lee entre líneas el texto, también se deduce que el affaire Navas no cayó nada bien en la plantilla. En fin, que ahora mismo casi todo el mundo prefiere que juegue Aureola.

Algo que hay que decir en defensa de Zipayo es que sí da oportunidades a los jovenasos, pero sólo en casa y en partidos que considere fáciles, y este cubre ambas condiciones. Rodrygo ha entrado en la convocatoria y, francamente, es una de las pocas cosas frescas que puede ofrecer el equipo ahora mismo. El partido es a las cuatro, hora maravillosa excepto para quienes los fines de semana no son persona antes de la una y se desayunan con un vermú. Es el horario que tuvo el fúrbol toda la vida hasta bien entrados los 90 (incluyendo la Copa de Uropa), hora de sol, taurina y españolísima. Nos ayudará a ganar.

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