
Bueno, no, ¿sí? La pretemporada ya está plenamente en marcha, y las eminencias grises del Madrid ejecutan sus planes con la astucia y frialdad que las ha caracterizado en los últimos ejercicios, sólo comparables al del genio táctico Ílon Mask. El último movimiento ha sido hacer caja con varios canter-anos y pujar por un negro (a nigger?) que hace año y pico estaba viendo pelis de miedo en el Parquesur. Tan gorda es la operación que se trataría del fichaje más caro de la historia del Madrí, y también la revalorización más grande la historia de un fubolista tras un único año, lo cual por supuesto no genera dudas en una persona prudente sobre la conveniencia de rematar la compra.
Se da el caso de que el moreno este, a la supuesta edad de 19 años, tiene un historial «curioso» de firmas y acuerdos truchos para obtener dinero rápido, una maraña de la cual pretende que se ocupe el Real Madrí, club tradicionalmente noble, tanto que llega a pecar de panoli o parguela. Tal circunstancia pinta un panorama prometedor para el futuro; seguro que padre e hijo (¿dónde hemos visto una parejita así…?) dejan de firmar con cualquier trilero que se les ponga delante y desde ahora seguirán un camino recto como la Ruta 66. En cuanto a la edad… bueno, en la foto a ultra-alta resolución que encabeza la entrada, el pollo semeja estar más cerca de los 30 que de los 20, pero si la ampliáis, parece que tiene acné en la sien derecha, así que ahí está eso.
Por cierto que en las últimas horas nos hemos enterado de que Golzalo, vendido inceremoniosamente a Albión, habla inglés con fluidez y además está haciendo dos carreras tecnológicas, hechos que nos llevan (inevitaplamente) a pensar sobre la pérdida neta de CI que se puede producir en esta doble operación; a ver si es que los fulheros del Fulham nos han timado.
También está el caso de otro chico muy tostado por el sol, Vecinius Shunior, quien tras hacer un Mundial discretito (bueno, algunos dicen que fue la polla), se ha dedicado a hacerse fotos con un supuesto rostro nuevo y con la choni de su novia, regresando a Madrid plenamente dispuesto a ser un dolor de huevos hasta que se resuelva su situación contactual. Hay quien dice que el problema de este muchacho ha sido la excesiva permisividad arbitral con las hostias que le meten y el racismo tolerado hacia su figura, circunstancias ambas ciertas, pero a todo esto yo agrego que quizá, posiblemente, el chico no sea muy dotado en lo intelectual; vamos, que es bastante gilipollas, hasta el punto de que su salida podría percibirse como un alivio. Si se le consigue vender este año, al menos el club podrá pasar página; si no, va a ser una distracción constante, y sinceramente parece la hipótesis más probable, porque es la que le daría más dinerito al chico para comprar plátanos. Esperen una resolución NO rápida del asunto, con Mauriño entre tanto intentando armar un equipo.
Alguno me acusará, con la frivolidad propia de cierto tipo de lectores, de estar haciendo con esta entrada un ejercicio de todomalismo clásico. A lo cual les respondo: SÍ, y a mucha honra. Ser un profeta del apocalipsis (o del apocalolsis) es mucho más entretenido (y a menudo certero) que intentar justificar la ligereza y los desvaríos de una junta fosilizada y crecida tras la reciente victoria (raspada) contra la barbarie riquelmista. Tan sólo querría tener la sensación de que hay alguien al volante de la entidad, y que no se maneja todo a golpe de ocurrencias; bueno, eso y ver a Jálan bajando en un paracaídas al Pipabéu, acompañado de una banda con majorettes. ¿Es acaso mucho pedir? Para estos matadores de la ilusión, por lo visto sí.