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Y os lo queríais perder

– Nos congratula informar de que las cosas en el Imperio Mandril van óptimamente, ¡a pedir de boca! Por ejemplo, la Operación Salida, que había despertado tanto escepticismo, está desarrollándose con total fluidez y eficiencia. Uno de los implicados en la misma era Marcelo, que pese los temores infundados está saliendo muchísimo: unos días va a comer, otros a cenar, otros a bailar después de cenar… Otro que anda partiendo tarima es Jovic, quien lleva ya un par de años sin preñar a ninguna modelo, y quiere aprovechar la ausencia de Serbia en la Euro 2021 (perdón, 20) para llenar tan lamentable laguna. A Isco también se lo ha visto con su novia Sara Salami, protagonizando escenas propias de una comedia romántica: mientras ella espera el primer plato (alcaparras con berenjenas asadas) en el restaurante vegetariano que frecuentan, él se escapa por el ventanuco del baño, entra en el mesón de al lado y se mete entre pecho y espalda un osobuco que tiembla el misterio. Sara está encantada porque luego el chico no prueba bocado, y achaca su hinchazon abdominal a la felicidad que lo desborda. También se ha avistado a otros implicados en la Operación Salida: Marco Asensio (Chueca), Mariano (Malasaña), Odriolola (Llongueras) y Ceballos (Cañada Real) están disfrutando al máximo del verano capitalino.

– En basket, íbamos ganando al descanso y luego perdimos. Ergo, algo salió mal entre ese momento y la última bocina. Lo sabemos, lo sabemos, no nos pagan bastante por realizar análisis de este calado. Algo más podemos decir: la cosa está jodida, cuesta arriba y cara al viento, pero hay un factor para el optimismo: el «loserismo» legendario de Mirotic, sólo comparable al de Juan Malillo. La última final que ganó fue la de niños raritos en el cole, y sólo porque ese día faltó uno que mataba moscas a escupitajos. Bueno, intentemos al menos no perder el factor cancha, o concha de la lora.

– Con esto de la Euro retrasada, resulta que está coincidiendo con la Copa Menepérica, competición absolutamente infumable que aun así se celebra cada dos años para que los prebostes de la CONMELOL puedan pagarse las putas y la farlopa. Al principio iba a celebrarse en Lolombia, luego en Argentina y finalmente se está haciendo en Brasil, por ser de los pocos países más o menos funcionales que quedan en el coño sur (pese a que alguno protestó por los millones de muertos que se producen cada día a en el país causa del coviz). Ayer debutó Lolombia contra Ecuador, y lo crean o no la gente siguió el match como si fuera la repanocha futbolera. Cuando marcaron los cafeteros se restañó un poquito el honor nacional herido por el 6-1 del año pasado, evento planetario del que no se enteró ni Dios fuera de este moridero. Oh, en fin, volverá a ganar Brasil, ojalá contra Argentina por los loles.

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La Euro, una competición para putas y maricones

El fúrbol de selecciones sirve para que los botarates que no han tenido suficiente con estar nueve meses pendientes de unos palurdos pateando una bola puedan alienarse un mes adicional. Todos salen ganando en el hogar futbolero: el padre se libra de hacer cosas con su familia, los hijos se distraen/idiotizan y la mujer se zumba al profe de ídem. Lo que no recomiendo en absoluto es visionar estos eventos en bares o pubes, por la afluencia de público «casual»: si hay algo más insoportable que un aficionado viendo fúrbol, es un no aficionado viendo fúrbol. De hecho, cuando llegan estas pachangas de selecciones hay mujeres que hacen como que les interesa el balompié, quedando en algún bar para «ver el partido»; con su habitual falta de sentido del ridículo, algunas incluso se pintan la cara con los colores de su país, pero no os engañéis: jamás prestan atención al juego, y en realidad se pasan dos horas con las amigas/os de sus cosas de coños, si acaso gritando «¡goooool!» cuando junto al resto de la concurrencia.

Una peculiaridad de la Euro es que no está muy claro cómo se llama: su nombre oficial es Campeonato Europeo de Fútbol, aunque también tiene el nombre formal-informal de Euro, y los españoles son los únicos que la llaman «Eurocopa», convencidísimos de que el resto de la gente le dice «Eurocup» o algo así. Sea como sea, la Euro es como un Mundial, sólo que en lugar de seguirla imbéciles de todo el mundo la siguen principalente imbéciles de Europa. Otra diferencia es que los equipos más o menos saben jugar al fútbol, desde luego más que cualquier selección americana, aunque por lo general menos que cualquier club que haya quedado de quinto para arriba en una liga homologable. Esta edición se juega en 2021, pero le mantienen el nombre de 2020 porque el álbum de Panini ya estaba impreso.

Pese al eurocentrismo del torneo, no vayan a creer que es una fiesta de blanquitos: de hecho, los países más bendecidos por la multiculturalidad son asimismo un piélago de color, hasta el punto de que en algún combinado lo raro es atisbar a un whitie; incluso en la selección germana se han colado elementos que podrían perfectamente haber luchado al lado de Ataturk. ¿Se arrodillarán los equipos antes de los partidos? Ojalá qué sí: el postureo, la imbecilidad y el servilismo nunca sobran cuando hablamos de espectáculo televisivo.

¿Mis favoritos? No es que piense ver ningún partido más que por accidente, pero pese así puedo perfectamente hacer pronósticos ajustados:

1. Alemania. Porque sí.
2. Bélgica: Tienen a Jasard y Curtuá, poca broma.
3. Francia: Son «campeones del mundo» (risas) y tienen mucho black poua.
3. Italia: Si dan hostias y perden tiempo en su mejor tradición se lo pueden llevar.
4. Rusia: Viva Púchin.
5. Gales: Bale, poca broma.

Eeeeh… sé que hay más equipos, pero vaya. España… bueno, esperemos que vuelvan todos, claro que no es descartable que los descalifiquen por leprosos. Esto dura hasta el 11 de Julio, y será una excusa perfecta para no hablar de (la falta de) fichajes del Madrit. Otro plan perfecto de Flópor.

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Ceferino, agárrame el pepino


«Nunca hemos estado en guerra con Oceanía».

Tras la reciente decisión de los tribunales suizos, basada en las regulaciones europeas antimonopolio, la organización mafiosa conocida como UEFA ha tenido que meterse su amenaza contra los clubes abanderados de la Superliga por la parte del cuerpo que sirve para excretar los residuos sólidos. El siniestro y corrupto Ceferino se queda con las ganas de ejecutar lo que ya era principalmente una vendetta, tanto personal suya como de la UEFA como organización.

Para el Real Madrid, club más emblemático del proyecto, esto supone una satisfacción moral y un alivio deportivo, pero aparte de esto los efectos prácticos serán muy limitados. La Superliga, tanto en la forma inicialmente presentada como en cualquier posible reformulación, tiene casi nulas posibilidades de salir adelante a corto plazo, puesto que sus integrantes mostraron una fe escasísima en el proyecto y una singular cobardía, que llevó a 9 de ellos no sólo a salirse del mismo en menos de 24 horas, sino a firmar un pliego de capitulaciones ante la UEFA verdaderamente vergonzante.

La cobardía y la hipocresía son parientes cercanas, y es por eso que los 9 desertores conservan sus acciones de la Superliga, en caso de que la cosa llegara a salir más adelante, pero eso sí, dejando a otros todo el desgaste de sacarla adelante. En cualquier caso, creo que habrá que esperar un mínimo de 2-3 años para ver una reactivación del proyecto, cuando la ridícula contestación inicial sea un recuerdo lejano y quizá la situación económica del fútbol se haya degradado tanto que introducir un nuevo formato sea salida casi obligada. Claro que quizá el dramático panorama que describió Pérez fuera sólo una hipérbole, y en realidad dentro un trienio el balompié europeo conserve un estado de salud razonable. Mientras esperamos la respuesta a esta incógnita, el mafioso esloveno y sus adláteres tendrán que tragarse el sapo de ver al Real Madrid libre de sus caprichosos e ilegítimos castigos.

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Equipatso Brutal

Buah, chaval, la verdad es que estaba de bajón con lo de Ancholoto, pero a estas alturas ya he recuperado la ilusión, y parándome a pensar un poco veo que tenemos un equipatso que va a petarlo tó fuerte. Ahí os dejo el equipo titular de la próxima campaña, al cual hay que unirle los 7 goles de Brahim, los 12 de Ausencio, los de Kubo, los de Chencho… Hasta Curtuá rascará algún chicharro subiendo a rematar un córnel o, por qué no, desde su propio campo. ¡¡Madre mía, no sé qué vamos a hacer con tantos goles!! ¡Nos van a sobrar para darle a otros equipos! Que nos quite el VAR uno o dos por partido, ¡seguimos ganando con mucho margen! Amos, amos, con todo esto el que no esté deseando ya ver jugar al equipo está muerto por dentro.

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Poco me parece

Hay quien dice que en la temporada recién concluida el Barcas sólo ganó la Copa Pitancio VI, pero no es cierto: en realidad obtivo un doblete, siendo su segundo trofeo la renovación de Messi, por más que esta fuera forzosa tras el celebérrimo episodio del bur(r)ofax. Desde hace ya años, a los culés eso de los títulos les parece una cosa pedestre: primero entronizaron el «estilu irrenunciapla» y, cuando no fue posible mantenerlo, empezaron a convformarse con ver a Mensi sobre el campo, con su aire desinteresado, sus caminatas de 3 km. por partido, sus goles cada vez más espaciados y menos trascendentes. Tanto es así que para la afición blaugrana los momentos más memorables estos últimos años fueron el rosarino tendiendo la ropa en el Bernabéu (liga ganada por el Madrid) y la eliminación aytekinera del PSG en Champions (humillación en la siguiente ronda y título para el Madrid).

Algo que jamás admitirá el fanático culé es que su ídolo (en el sentido más literal del término) tenga algo más que un interés tangencial por el dinero: lo primero para él es jugar, y los millones son poco más que un grato aditamento. Eso pese a que su contrato es el mayor del planeta para un deportista profesional y desafía las leyes de la termodinámica: nunca pierde energía, siempre la aumenta o como mínimo la mantiene. Conste que no me creo del todo la oferta que se ha publicado de 240 millones netos por cuatro años, pero pienso que tampoco se desviará mucho de esas cifras. Y lo que sé seguro es que, sea cual sea el monto, el culé lo aprobará, porque la Liga, la Champions y no digamos esas Copas que acumulan como mecheros promocionales son premios secundarios comparados con ver a «Lio» pisando hormigas en el Camp Nou. De hecho, sería pertinente colocar en el Museo del Barsa cada renovación firmada, consagrándola como genuino título.

Huelga decir que esto son buenas noticias para el Madrid: cualquier intento serio de renovación de los azulgrana encuentra en la presencia del argentino un asfixiante dique deportivo y económico. Si bien es cierto que toda afición futbolera es pueril e irracional, la madridista nunca ha perdido de vista que el objetivo supremo es la victoria, pese a haber padecido idolatrías venenosas como el raulismo. Mientras tanto, la azulgrana vive un poquito para la indapandensia, pero sobre todo por y para Lio, convertida a todos los efectos en una secta que cuenta ya incluso con su inquisidor mayor, Jordi Cruyff Jr. (de nombre artístico Jordi… papá dominaba la mercadotecnia). Pero en fin, con Agüero, Gaynaldum y Depay como grandes incorporaciones, ¿qué más puede ofrecer a su parroquia el «salvador» Laporta? Si 120 kilos anuales obtenidos con la enésima refinanciación son lo que hace falta para mantener ese delirio colectivo… poco me parece.

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