Flóper, por chulo, te han dado por el culo

Sí, bueno, ¿no? Hablando en términos estrictamente numéricos, Florentino se ha llevado las elecciones (65% vs 35% según las cifras oficiales del club), pero la pregunta es: ¿las ha ganado? Como siempre en estos casos, cada bando tiene su narrativa: los floperianos dicen que es un resultado espectacular después de un cuarto de siglo, y los antis proclaman que es una calamidad perder tantos votos contra prácticamente un don nadie. Hagan lo que quieran con mi opinión personal, pero creo que en este caso los segundos están más cerca de la verdad.

Prácticamente toda mi vida de socio ha sido con Flóper al mando: me saqué el carnet en el caluroso verano del 99, todavía con Sanz en la poltrona, tras lo cual cual se ganó la Octava. Llegaron las elecciones y voté a Flo, quien duró seis años antes de pegar la espantá; en los consiguientes comicios voté a Calderón, eventual ganador, pero sólo dos años después este dimitió y volvió Florentino con su junta Jurassic, imbuido de nostalgia por el asiento del palco donde tan a gusto habían estado sus posaderas. Durante este segundo florentinato salí de compromisaurio, ahí fue donde conocí a fondo el florentinismo: las asambleas eran más como reuniones de una secta, con votaciones a cartulina alzada donde el verde te agrupaba con «buenos» y el rojo como un disidente (¡disidente!). Ninguno de los designios Pérez se cuestionaba, excepto por elementos aislados como Carlos Mendoza, y más tarde por la órbita de ultras sur, el grupo delictivo y neonazi en que degeneró la grada de animación primigenia de los 80.

Sí, amigos, estos años han sido una dictadura perfecta en lo institucional: todo dentro del florentinismo, nada fuera de él, sentimiento apuntalado por el extraordinario éxito en la Champions, aunque no así en la Liga, debido al negreirato pero no sólo por él. A lo que voy es a que no existía absolutamente ningún motivo para que Pérez dudara en 2026 de su control sobre el club y sobre la afición, exceptuando uno: el ego herido después de dos temporadas desastrosas y un falso rumor sobre su salud. «¡Dicen que he perdido el control de la plantilla! ¡Que estoy viejo! ¡Que tengo cáncer! ¡Se van a enterar!» Y en lugar de intentar recomponer el equipo y dejar preparado el futuro, no se le ocurrió otra cosa que… convocar elecciones, buscar un chute de autoestima.

Lo siento por los apologistas, los galernos de la vida, pero la jugada le ha salido MAL. Perder el poder era casi imposible, pero que vote un 35% de socios por un candidato que es la nada con sifón, que se presentó sin tiempo, con una aval trucho, con las propuestas más chuscas y desfasadas que pueda parir un cerebro, y haciendo ridículos como el del inexistente entrenador, es un fracaso innegable. Si Florentino quería masajearse el ego y demostrar fuerza, ha logrado lo contrario: sobreexponerse haciendo evidentes los achaques propios de su edad, sin aceptar debate electoral ni cualquier entrevista incómoda, dando casi como único argumento para su continuidad «es que he ganao mucho»… El resultado es que absolutamente nadie piensa hoy que esté más vigoroso que hace tres semanas. Lo que sí ha hecho es dar visibilidad y entidad a los antis, a los que lo odian porque no les dio un abono para su cuñado, a los que quieren regalitos y descuentos, a los que piensan que el Raúl de la etapa chepuda era mejor que Maradona, a los nostálgicos de los neonazis… a todos esos los ha puesto en el mapa y les ha dado esperanza. Porque sí, Florentino ha repartido prebendas, ha enchufado gente con descaro y chulería, y ha pensado que los que se quedaron fuera del reparto no iban a acumular las facturas.

¿Ha aprendido, por lo menos, algo de la experiencia? Parece que no. Nada más confirmarse los resultados, entró en directo en el programa de… Pedrerol, reafirmando el apego recalcitrante a fórmulas mediáticas caducas, no muy lejanas a las preferidas por su rival electoral; esto en una noche, por cierto, en la que el canal del club NO transmitió las elecciones. ¿Temían los presentadores no poder gestionar emocionalmente una potencial derrota? Si bien la campaña liderada por Bengoechea ha tenido algunos aciertos (bastaba con modernizar mínimamente el lenguaje comunicativo), los resultados hablan por sí mismos: uno de los escasos efectos positivos ha sido evidenciar que el Madrid tiene innumerables enemigos mediáticos, lo cual quizá no era un grandísimo secreto.

Podrá argüirse que todo esto no tiene mayor importancia, puesto que Pérez conserva el poder y tiene libertad para afrontar tanto la reforma deportiva como el cambio societario precisados por el club. No es el caso: aunque asumamos que en lo deportivo vaya contra sus instintos, dejando a Mourinho trabajar con libertad, y que el portugués conserve la suficiente aptitud para reconstruir el equipo, Pérez ha cometido un error fatal: dejar que sea la oposición quien lidere el relato sobre la reforma societaria, presentándola como una «venta del club» (Riquelme se jactó de evitarla nada más perder) y sacando casi cuatro de cada diez votos con ello (por cierto con un paupérrimo porcentaje de participación del 44%, que no hace más que reforzar lo inadecuado del sufragio universal para regir una institución de este tipo). Mi pronóstico es que al neoelecto presidente se le ha quedado tal miedo en el cuerpo que va a dejarle el regalito del cambio legal al sucesor que llegue cuando él fallezca, porque parece obvio que quiere morir en el puesto. El problema es que en ese momento se volverán a celebrar elecciones, donde como hemos visto es perfectamente posible que gane un Riquelme de la vida, dejando a la entidad expuesta a todos los puntos débiles de su actual modelo, heredado de los tiempos adánicos en que era un simple club deportivo.

Florentino ya falló trágicamente apostando por pasado en lugar de futuro al atarnos tres décadas más al solar de la Castellana, y ahora ha vuelto a patinar escandalosamente dejando la reforma societaria en la mayor incertidumbre, por no decir muerta antes de nacer. Veremos si logra cerrar su etapa con una nota más esperanzadora, pero por ahora el futuro que nos ofrece es su decrépita facha de Skeletor sin molla y una junta cuyas edades sumadas rozan los dos milenios. Ha sido un gran presidente (nunca mejor que Bernabéu), pero su gigantesca soberbia ha dejado al Madrid tocado, reactivando a su ala más folclórica y rancia; una facción que ha pasado de vivir en un frío y oscuro agujero a recuperar esperanzas de controlar el club, hundiéndolo en la irrelevancia y la anticompetitividad, pero eso sí, haciendo burbujitas con sus pedos en las piscinas climatizadas de Valdebebas.

Vota en blanco

A los millones de socios que me leen:

Amigo socio, sé que en este momento debes estar desconcertado. Seguramente no esperabas verte en la coyuntura de tener que volver a votar en unas elecciones madridistas mientras Florentino siguiera vivo. La última vez fue hace mucho, mucho tiempo, antes de que existiera cualquiera cuenta de twitter o de Youtube. Pero Fans del Madrid sí existía, y estuvimos ahí para contarlo. Da un poco de vértigo pensar que las chicuelas veinteañeras que hicieron campaña por Calderón ahora son cuarentonas; ¡el tiempo, ese martillo implacable! Y desde la luz que proporciona esa valiosa experiencia, voy a enseñarte a votar bien: Haz un perrugazo en la urna con una papeleta de color blanco madridista, o si quieres, mete en el sobre papel higiénico usado, que contará como nulo (un voto de mierda), pero es lo mismo. Ni Florentino ni Riquelme merecen tu apoyo, y te voy a explicar por qué:

Pipentino: el Rey de la Pipa

Cuando titulé mi anterior entrada «Jurásico vs Pipa», pude dar la errónea impresión de que Florentino no es un pipero; al contrario, es un piperazo del copón, pero todo tiene grados en esta vida. Pese a sus pretensiones de Tecnopresidente 2000, Flo nunca ha pasado de ser un pálido imitador de Bernabéu, sin el valor y el rupturismo del verdadero padre espiritual del Real Madrid. ¿Cuál es el primer atributo pipero de Pérez? El crear plantillas a base de acumular estrellotas y arrojárselas al entrenador para que ese pobre desgraciado trate de montar un equipo. Este último será siempre una figura sospechosa, inconveniente, cuya principal misión será tener contentos a los niños de Flo. El primer equipo galáctico es la idea que tenía el Ser Superior de un conjunto equilibrado: Figo, Beckham, Zidane, Baúl, Ronalgordo… todos mezclados sin ton ni son. Los siguientes equipos galácticos tan sólo rebajaron un poco esa locura, llegando a la actual versión con tropecientos mediapuntas (en el mundo floperiano nunca hay suficientes) y dos extremos izquierdos disputándose el puesto de estrella del equipo. Aunque en ciertas etapas hemos tenido plantillas equilibradas, da la impresión de que el equipo técnico siempre ha debido luchar contra las tendencias naturales del mandamás. Si algo han tenido de bueno las dos Champions consecutivas del PSG, es que han marcado el fin de la era de la estrellita; de hecho, deben haber sido un tanto humillantes para Pérez.

Otro rasgo genuinamente pipero ha sido la relación del presidente con los medios: nada de entrevistas de alto perfil, de explicar la filosofía rectora del club ni los planes de futuro; durante la mayor parte del florentinato, su entrevistador de referencia fue José Ramón de la Morena, sucedido por el igualmente casposo Josep Pedrerol. La sima absoluta en este aspecto fue la presentación de la Superliga en el programa del susodicho Pedrerol, con un formato de entrevista de mesa camilla, convirtiendo lo que debería haber sido un acontecimiento histórico en un bochorno colectivo que mató el proyecto antes siquiera de nacer. La tele del club, por su parte, sólo sirve para aumentar el déficit y emitir tertulias cutres a mayor gloria del jefazo y del victimismo arbitral, desaprovechando las múltiples posibilidades que ofrece un canal propio.

Tercer indicio de piperismo extremo: el férreo apego al puto solar de la Castellana, punto que en la mente de todo pipero premium fue designado directamente por Dios para que el Real Madrid disputara ahí sus partidos hasta el final de los tiempos. Curiosamente, el mismísimo Bernabéu no dudó en planificar la mudanza tan pronto vio que el solar había quedado obsoleto, plan frustrado por el alcalde Arias Navarro y otros prebostes franquistas. Flo jamás se planteó seriamente una mudanza a Valdebebas, retorciendo el proyecto de reforma para inventar un plan de negocio que se beneficiaba enormemente de estar en esa precisa parcela. Parcela donde, como el tiempo ha demostrado, era imposible cualquier tipo de ampliación, intervención arquitectónica agresiva o celebración de eventos sin molestar a los residentes de la zona (que sí, llegaron después, pero ahora están ahí). El daño lateral (¿qué coño es eso de «colateral»?) ha sido la tremebunda obra del hipogeo, insondable caverna resecadora de césped, quizá el proyecto de megaingeniería más desafortunado en lo que va de siglo dentro del ámbito europeo.

Sí, Florentino ha sido un monarca girasoliano y ha tratado a los socios como niños, sin hacer el menor esfuerzo por llevarlos a la edad adulta en dos décadas y media de mandato. Pero hay alguien decidido a superarlo…

Enrique Riquelme, Dios Emperador de la Pipa

Debemos aclarar que el Real Madrid no siempre fue pipero: durante la Primera Edad Dorada probablemnte se consideraba de mal gusto comer en el estadio, mucho más un aperitivo como este que deja desperdicios, pero llegados los 80 y la prohibición de las localidades de pie, era cuestión de tiempo que el público fuera gradualmente silenciándose y empezando a comer todo tipo de guarrerías para matar los minutos más aburridos del juego. Podemos situar el punto álgido de la Pipa entre finales de los 80 y la pandemia de 2020 (hecho que volvió al público mucho más escrupuloso y reacio a consumir alimentos en proximidad de otras personas) pero no nos engañemos, la Pipa siempre está latente, lista para volver y para hacerse con el control del club. Peret, ya en su etapa crepuscular donde se volvió independentista para que le permitieran hacer bolos (¡un gitano rumbero separatista!), profetizó este fenómeno en su último gran himno: La Pipa tiene el poder.

 

Enrique Riquelme es un tipo sin mucha experiencia, algo poco reprochabe dada su insultante juventud: al fin y al cabo, a la fecha de creación de este blog contaba únicamente con 15 años. Lo que ya cuesta más de aceptar es su falta de luces, evidenciada en unas propuestas de campaña muy poco imaginativas y claramente ancladas en el pasado más folclórico del club. Lo que sí hay que reconocerle es que ha detectado los dos únicos puntos que pueden hacerle daño a la Reina Chocha: las pocas prebendas ofrecidas por esta a los socios y la fantasmal amenaza de privatización del club. Expliquemos ambos.

Prebendas: Resulta bastante ingenuo pensar en los socios del Madrid como seres de elevados pensamientos, preocupados por los valores, imagen y gobernanza de la entidad: el perfil más habitual es, por el contrario, una persona tirando a mezquina, preocupada principalmente por su propia comodidad, porque la pelotita entre y sobre todo, por conservar la posesión de su abono.

Aquí conviene ser absolutamente claro: el abono del Real Madrid es, por encima de todo, un símbolo de status en la capital, un bien muy codiciado como todos aquellos que son escasos: sólo existen unos 70.000, la limitación del aforo hace imposible crear más, y la concesión de los mismos ha sido fieramente blindada por Florentino. Así pues, la titularidad del carnet se convierte para las almas más pedestres en parte indisoluble de su identidad, algo de lo que presumir y con lo que conceder favores, muy especialmente si se trata de dos abonos juntos, porque si algo distingue al hombre simplón es que es incapaz de disfrutar cualquier experiencia en soledad. Pérez ha convertido los carnets en algo sólo obtenible mediante herencia o enchufe, y por ese flanco débil lo ataca Pipelme: una de sus principales promesas ha sido liberar miles de abonos para que las masas hambrientas de socios no abonados puedan acceder por fin a este santo grial pipero. Si queréis conocer la mentalidad de ese perfil concreto de socios, sus reivindicaciones justas e injustas, este vídeo las resume perfectamente.

El otro punto débil de Flo es el de la fórmula societaria, cuestión que desea resolver desde hace tiempo pero que no se ha atrevido ni a explicar a los socios porque es un cagón. La fórmula que se maneja es el modelo alemán, con la entrada de capital privado y una junta que propone a un candidato a presidente cada cuatro años, el cual debe ser ratificado por los socios. No es un sistema perfecto, pero corta el ciclo eterno de elecciones, las cuáles sólo sirven como posible puerta trasera para advenedizos y terceros ambiciosos. Se cercena esa fantasía de que cualquier socio de pie puede llegar a ser presidente, pera esa dejó de ser una posibilidad real hace mucho. Este potencial cambio está siendo explotado por Riquelme, quien alcanza a entender que al socio le cuesta desprenderse de esa noción ingenua de ser «dueño del club».

Imposible no mencionar las elecciones de personal de ese candidato, sobre todo Baúl el Amargo como director deportivo; Baúl, protagonista del lustro de plomo durante el cual el Madrid cayó eliminado en octavos de Champions cinco años consecutivos, con el «eterno 7» en plena decadencia, titular por decreto y controlando con mano de hierro el relato mediático. ¿Ese es el que va a enderezar el rumbo deportivo del club?

Remata el «proyecto» de Riquelme una siniestra asociación con ultras sur, el grupúsculo de nostálgicos neonazis que aspira a reingresar al estadio para recuperar efectivos entre los jóvenes más descerebrados, volver a politizar la grada y recobrar su coto de trapicheo de drogas.

Riquelme ha identificado todos los parámetros que hacen vibrar a los piperos y, a falta de mejor plan, tiene la intención de mimetizarse absolutamente con la Pipa; al modo de Leto Areides II, intentará fusionar su ADN con el de una pipa Grefusa, hacer brotar un exoesqueleto de cáscara alrededor de su piel y convertirse en un Dios Emperador Pipero con un mandato de 10.000 años; durante el mismo, el equipo siempre tendrá al menos siete jugadores canteranos y/o españoles, y el fútbol de coños se disputará en el Bernabéu, que no se moverá de ahí a lo largo de esos cien siglos (aunque seguirá sin ir nadie a ver al Tacón).

¿Quién merece, pues, el voto entre estos dos destripaterrones? Ninguno de ellos. Florentino por chulo, agotado y rancio; y Pipelme por tonto, cutre y pipero. El perrugazo en blanco es la única alternativa para el socio que aún conserve algo de dignidad. Ganará igualmente Pipentino, pero ese alrededor de l 15% que le rascará Pipelme hará que se cague en el pañal. ¿Servirá esto para que pergeñe un proyecto deportivo sólido, para anunciar de una vez quién será su sucesor, para empezar a tratar a los socios como adultos? Muy probablemente no, pero intentemos al menos agitar la conciencia del semimomificado jerarca.

Jurásico vs Pipa

La breve campaña electoral está ya en marcha, con el hasta ahora discreto Enrique Riquelme empezando a mostrar las bazas que espera lo lleven a la presidencia. Y tal como era de esperar, este «empresario de renovables» se ha destapado un Emperador de la Pipa hasta extremos que realmente parecen paródicos. Si alguien se hubiera ocupado en hacer una lista de tópicos piperos, sería muy parecida a las propuestas que se están filtrando: Españolización de la plantilla, fomentar la presencia de jugadores blancos en la selección, Baúl, Toñín el «torero»… El restaurante de este último, escenario de tantas cagaleras, acogió uno de los primeros actos de la candidatura, lo cual deja bastante claro el cariz de toda la iniciativa. Este «rincón» no es sólo uno de los símbolos del madridisimo más costroso y folclórico, sino que también tiene conexiones con Ultras Sur, el grupo radical acertadamente expulsado por Pérez hace ya varios lustros.

¿Está Riquelme pensando apoyarse en US? Imagino que en estos momentos considerará válido todo aliado, dadas sus escasísimas posibilidades de ganar, pero no ha podido escoger uno peor: los ultras tuvieron una decadencia espantosa en el Madrid, dedicados básicamente al microtráfico de drogas, al trapicheo de abonos y a la busca de enfrentamientos violentos en los desplazamientos europeos, todo lo cual simultaneaban con una animación desvahída, baja en efectivos y de estética siniestra; cualquier imagen pseudoromántica que pudiera tener yo de ellos desapareció de golpe en cuanto los tuve enfrente y los vi como la carne de presidio que eran.

En cuanto a Raúl… Riquelme es muy joven, y al parecer no excesivamente espabilado, por lo cual quizá no recuerde los años de plomo baulistas, durantes los cuales todo en el club estaba supeditado a que el 7 conservara su puesto en el once y marcara su docenita de goles anual, cayera quien cayese; y vaya si cayeron, desde Baptista hasta Robinho, Robben o Huntelaar, contándose entre sus víctimas incluso el mismísimo Zidane. Si este señor hosco y amargado, que cerró su carrera en el Madrid saliendo en la foto de interminables eliminaciones, es la idea riquelmiana de «emblema madridista», en vez de figuras de la Segunda Edad Dorada como Modric, Kroos, Ronaldo, Marcelo… es que el valenciano tiene aún menos luces de lo que parecía. Es que puestos a recuperar españoles del verano sanzista, podría haberse quedado con el más potable de ellos, que es Hierro, en lugar del oriundo de la Colonia Marconi, icono máximo de la subcultura pipera.

Estaremos atentos a las propuestas de la candidatura opositora los próximos días, pero la línea parece muy clara: populismo nostálgico y tópicos obsoletos desde hace muchísimos años, con muy poca idea de lo que se necesita para ofrecer una alternativa creíble al florentinismo y llevar el timón del club en las procelosas aguas del siglo XXI.

En cuanto a Flo, pues lo de siempre: triunfalismo, Champions, apelaciones a la experiencia… han hecho un vídeo de dos minuto y medio con estos ítems y seguro que si fuera por ellos esa sería todo hasta las elecciones. Bastantes imágenes del equipo de chicas, porque es algo que no interesa absolutamente a nadie menos al director de campaña de Florentino, el ínclito Bengoechea, así que había que colarlas ahí. El lema de la candidatura podría haber sido: «Más de lo mismo». Es decir más ingerencias en lo deportivo, más endiosamiento de los jugadores, más proyectos megalómanos sin un verdadero caso de negocio detrás… En resumen: florentinismo, señores, pero eso sí, sin entrenador, porque el abuelo tenía que masajearse el ego nada más terminar la temporada. ¿Menciones a la Grada Fans? Jamás, no vaya a ser que le «quiten poder», y la gratitud del ser supeior es mítica.

¿De qué irá el debate o debate electorales? Seguramente de los temas más populistas y menos interesantes, como los precios de los abonos. Qué NO se planteará y debería:

– ¿Cómo es posible aprobar una reforma de más de mil millones con objeto de explotar los eventos en el estadio y no asegurarse con absoluta certeza de que se disponía de los permisos necesarios?

– ¿Qué medidas se piensan tomar respecto al estado del césped, aparte de pintarlo? Si no se encuentra una solución inmediata, ¿simplemente debe aceptarse que los jugadores se lesionarán más?

– ¿Por qué el otro proyecto más importante de las últimas décadas, la Superliga, se presenta en un programa de entretenimiento, con nulo soporte y presencia de los demás clubes? ¿Por qué se lo deja morir lentamente sin dotarlo nunca de una estructura mínimamente seria? ¿Se ha renunciado definitivamente a una competición alternativa a la Champions? Y en caso afirmativo, ¿a cambio de qué?

– ¿Qué se piensa hacer para que jugadores con la madurez emocional de un adolescente dejen de tener secuestrada la parcela deportiva del club, y para dotar al entrenador de la máxima autoridad?

– ¿Cómo se puede tolerar la alianza de facto con el Barcelona los últimos cinco años, en su peor momento deportivo y económico, cuando el proceder correcto habría sido exactamente el contrario, para hacerles pagar vía hechos su corrupción deportiva de las últimas décadas?

– ¿Cómo es posible que se haga participar al equipo en una final de Copa del Rey donde los árbitros señalan directamente al club en las horas previas? ¿Era menos indignante o trascendente eso que la no concesión de un balón de oro, caso en el que SÍ se anuló la asistencia del club?

– ¿Se va a dar un desglose realmente detallado de ingresos de los últimos dos años, separando los atribuibles directamente a la reforma? ¿Cuál es el verdadero aumento neto anual para justificar una deuda de 1.200 millones + intereses para los próximos treinta años?

– ¿Alguna vez se va a hablar con honestidad del cambio de modelo de club? ¿Qué quiere hacer Pérez, dejarlo como está, pasarlo a modelo alemán, a otro diferente? En caso de haber cambio, ¿cuándo, y qué supondrá para los socios?

Este último punto es el que da más terror al octogenario Pérez, porque no hay nada que deteste más que tener que tratar como adultos a los socios, o cualquier explicación distinta a «somos los mejores», o, más concretamente, «soy el mejor». Así que ahora se encuentra ante la terrible disyuntiva de tener que explicar algo altamente complejo a la masa que ha tratado como bebés durante un cuarto de siglo. Pues mucha suerte con eso, señor Pérez, porque se habrá ganado una adoración sectaria a lo largo de este tiempo, pero siempre desde lo emocional; no se sorprenda cuando sus seguidores sean incapaces de entender lo que les propone y algunos incluso le empiecen a abuchear con el mismo fervor con que ahora lo adoran. Quizá haya que agendar otro día en el Chiringuito para explicarlo.

Despedidas

Coño, estoy emocionado: ¡dos sueldos menos! ¡A chupar del bote a otra parteeeee! Hay que decir que el público del Bernabéu, cursi como sólo lo pueden ser los futboleros, disfrutó enormemente del acto de entrega simbólica de la última nómina a estos dos pavardos. Primero salió «Deivid» Alaba, ese alemán tan bronceado, más cojo que Long John Silver, y su primera palabra fue un prodigio de elocuencia y propiedad: «Joder». Luego dio las gracias a los cientos de personas que estaban ahí agarrando sillas plegables, esa silla que sería uno de los memes más tontos de los últimos tiempos si no hubiera tanta competencia. Espero no acaben con agujetas quienes se prestaron a la performance, o que al menos les regalaran esos muebles para el patio.

Luego fue el turno de Carvajal, quien previamente había pedido permiso para sembrar una patata en el campo, encontrándose con la negativa del equipo de jardineros. «A ver, si puse una primera piedra podré poner una patata», argumentaba el capitán; yo creo que al final sí plantó la papa, pero que el hipogeo se la matará. Luego puso a contar batallitas sobre su trayectoria blanca, las cuales sinceramente no me he parado a escuchar, aunque supongo que no mencionó su intento de cargarse a Arbeloa para quedar bien con De la Calva y sus amiguitos de la Coja, ¡¡gloria eterna a la Coja!!

Antes de eso también hubo un partido contra unos etarras, que curiosamente cuando el negreirato está desactivado son muy fáciles de ganar. Metió un gol hasta Jude Ballantine’s, o sea que debió ser una pachanga. Buen gol de Gonzalo, quien quizá le sirva de algo a Mau, o quizá sea malvendido y nos joda en el futuro con un Osasuna de la vida.

En fin, me queda una pregunta inquietante: ¿saldrán más chupópteros en los próximos días, se seguirá aligerando la carga salarial? ¿O le darán todos esos millones al activista de los DDHH? Si consiguen evitar tal tentación, eso sí que sería para ir a Tsibeles. A los recién licenciados les tocará hacerse comentaristas o qué sé yo, pero aquí ya se les acabó el chollo. ¡A curraaaaaarrrrr!

·····

– Real Madrid: 4
– ETA: 2

No vendrá nadie

Elecciones fantasma

El senecto y desorientado presidente del Real Madrid, tras dos temporadas calamitosas directamente derivadas de su gestión, ha epatado al madridismo ofreciéndole una solución infalible: alargar aún más su ya excesivo y agotado mandato mediante una reelección; si no queríais caldo, ahí van cinco tazas. Aunque la decisión es producto principalmete de un inabarcable ego, conserva algo de su antigua astucia, pues Pérez sabe que en un paisaje social y empresarial tan abrumadoramente mediocre como el español es casi imposible que alguien se atreva siquiera a darle la pelea.

Solemos citar la dureza de los requisitos estatutarios como motivo de esta abulia, pero aquí quiero ser justo: si bien los aproximadamente 180 millones que hay que avalar son una cantidad considerable, debe recordarse que esta puede ser reunida entre todos los miembros de la junta, no sólo por el candidato a presidente. En un país con un tejido económico sano, no debería ser una proeza que tres o cuatro empresarios se unieran para aportar ese capital, pero hablamos de la España que lleva décadas autosaboteándose con «políticas sociales» y dislates semejantes, o dicho de otra forma, un país de tiesos.

Más cuestionable es el doble requisito de ser socio y tener al menos veinte años de antigüedad, toda vez que la concesión de nuevos carnets se cerró hace muchos años, convirtiendo de forma incomprensible en beneficio hereditario lo que antes era de acceso universal y popular; medida, por cierto, que sin duda habría soliviantado a Bernabéu, a quien últimamente se suele colocar por debajo del empresario del BOE, anodino imitador del verdadero demiurgo del madridismo. La excusa dada por el don es que «nadie que no tenga abono quiere ser socio», dato que sacó directamente de sus cojones. Vicente Boluda, poco sospechoso de antimadridista, lo tiene muy claro.

Borregos por trasquilar

Nos encontramos así ante unas elecciones casi amañadas por el número desesperadamente bajo de potenciales candidatos, virtud a una reforma aprobada hace aproximadamente 15 años en asamblea de socios compromisarios, donde mi cartulina fue una de las pocas rojas en un mar de verde; fue entonces cuando empecé a ver que todo era una farsa. Pero Florentino cuenta con un aliado igual de fuerte que estos límites estatutarios: la profunda estupidez del madridista medio, que en realidad es casi la misma que la de cualquier aficionado al fútbol (sin llegar al nivel de un seguidor del Atlético o el Valencia, claro). Para comprobar la estulticia del merengue promedio que pulula por la red basta con ver las reacciones a las dos recientes intervenciones presidenciales, en rueda de prensa y en la Sexta, respectivamente: ambos despliegues de egolatría y desconexión de la realidad fueron recibidos por esta masa internetera como el regreso de Aragorn a Gondor, si Aragorn midiera 1,68, tuviera más años que Gandalf y en vez de en caballo fuera en taca taca.

No exagero en absoluto: la edad mental del madridista medio se puede situar en los quince años, siendo incluso algo generoso. El puñadito de comunicadores madridistas con dos dedos de frente que quedan intentaron dar una visión de estas comparecencias alejada del triunfalismo simplón, obteniendo resultados desoladores. Excluyo a Angulo por ser alguien que vende intencionalmente polarización, pero los intentos de Ramos Neira y Pepe Kollins de explicar por qué Florentino básicamente había hecho el ridículo fueron recibidos con hostilidad abierta, acusaciones de traición y, el gran clásico, alusiones a supuestos pagos. España ha criado ya a un par de generaciones de imbéciles, y Florentino a su vez ha contribuido a ello infantilizando y estupidizando a la masa social merengue, tanto a la clase de tropa como a la esclavizada por su carnet de socio (mi tesssssoro…). Algunos ejemplos concretos: Mongomadridista 1 y Mongomadridista 2.

El espejismo Riquelme


Vestido por su enemigo.

No nos engañemos, Riquelme es la nada con sifón: en todos estos años jamás se ha erigido como oposición ni ha hablado de su supuesto proyecto para el Madrid, tiene el carisma de un besugo y su amistad con elementos como Casillas pintan un cuadro muy nítido: el de un megapipero. No dudo, por supuesto, que le fascina la selección española, y que le oiremos frases del estilo «cuando juega España, soy el mayor fan de Lamine». En cuanto a los huevos, se los debió dejar en las aspas de uno de sus molinos, porque en las últimas elecciones le faltaron para presentarse y en estas ha escrito a Florentino para pedirle que le entregue el poder plácidamente uno de estos años, lo cual denota dos cosas: que es muy tonto y muy maricón.

Está por ver que logre reunir el aval, porque este es un «tieso de renovables», uno de esos «ricos en acciones» que luego tienen el coche en leasing y aún deben diez años de cipoteca. Eso sí, necesitamos desesperadamente que se presente, para que por primera vez en veinte años el anciano se vea obligado a dar explicaciones sobre algo. La «propuesta» de Riquelme ya me la veo venir: en ningún momento cuestionará el dislate de la reforma, porque sabe que es parte de la fe del carbonero del mongomerengue («el mejón estadio del mundo»), pero sí hablará mucho de «españolizar plantilla», «promocionar la cantera» y (esto será con diferencia en lo que más insistirá) «mantener la propiedad de los socios».

Ah, sí, la sacrosanta propiedad, que es para el mongomerengue como la cruz para el cristianismo: el presidente debe elegirse democráticamente, tal como se hizo desde el principio de los tiempos; lo que no saben estos palurdos es que Santiago Bernabéu fue escogido por aclamación de la junta directiva en 1943 tras la dimisión de Antonio Santos; básicamente buscaron a un figura que les pareciera adecuada y dijeron: «¡Viva tus cojones!» Y ahí se quedó hasta el 78, cuando la espichó; muy democrático todo. De hecho las (putas) elecciones se instauraron tras su muerte (salió Luis de Carlos), pero no crean que se respetaron siempre: el muy querido por los piperos Lorenzo Sanz dio un golpe de estado con la junta, destituyendo fulminantemente a Mendoza sin que se depositara una sola papeleta en una urna. No se oyó decir nada a la masa borrega, que seguramente ni recuerda este episodio.

Pero sí, Riquelme insistirá sobre este punto, porque a falta de ideas es de lo poquito que tiene para agarrarse. ¿Y Florentino, qué dirá? Probablemente nada, porque tampoco tiene cojones (sólo la arrogancia del déspota) y es absolutamente incapaz de explicar nada a la masa social, la cual prefiere sumisa e infantilizada. Ha tenido años y años para explicar la transición hacia un nuevo modelo, pero le parece un concepto demasiado complicado para explicar a una afición cuyo esquema mental no pasa del «club de los socios, juanito maravilla, raúl eterno 7, unga unga». Por tanto, el anciano tirará balones fuera, si acaso dejando ver un cambio societario mínimo en el futuro («en 2040, cuando yo esté pensando en retirarme»), acompañado por supuesto de pingües beneficios para los socios (¡100.000 € para cada uno!). Obviamente, el carnet no se va a monetizar en este milenio, primero porque sería un reparto potencial de 10.000 millones, y segundo porque la cantidad de socios (empezando por mí) que pasarían por caja amenazaria con dejar el censo en un tercio de su actual tamaño. El socio es siempre alguien a quien sacarle el dinero, jamás a quien dárselo, así sea un pequeño dividendo.

En fin, la única de estas propuestas que sería útil a día de hoy sería la de españolizar la plantilla, porque (generalmente) implicaría BLANQUEARLA (not racist).

¿Cómo es el dichoso modelo alemán?

La clave es la llamada regla del 50+1, según la cual el club matriz (la asociación de socios) debe conservar al menos el 50% de las acciones más una acción adicional, de modo que los inversores externos no puedan tomar el control total de la entidad. En el caso del Bayern, el club tiene el 75% de las acciones, y el resto se las reparten Adidas, Audi y Allianz.

Y sí, tienen putas eleccions (¡bieeeeen!), pero ojo, que hay truco: un candidato a presidente tiene que ser aceptado por la junta anterior, y se sobreentiende que es una figura del club o un gran empresario; en la práctica, es la propia junta quien propone al candidato y los socios lo aprueban en un plebiscito; para dejarlo aún más claro: desde 2002, año en que el Bayern cambió de modelo, ha habido cuatro presidentes elegidos en candidatura única, y el actual fue anteriormente presidente de Adidas. En fin, un modelo que le vendría de puta madre a Flo y seguramente también al club, por la inyección de pastita permanente, pero no, dudo que el anciano vaya a entrar en ese jardín, que es absolutamente lo único que le puede hacer perder, su 11-M; muy especialmente se callará la parte de los candidatos únicos («mire usted, en el Bayern se escoge presidente con toda normalidad»).

¿Qué nos espera?

Florentinismo, claro; florentinismo hasta que la diñe el viejo. Ni sus chupapopollas ni sus enemigos desean ni esperan otra cosa; si faltara la momia, Fonsi Loaiza se alistaría en alguna guerrilla centroamericana, MondeMon se quedaría sin fuentes y Bengoechea se iría de misionero a África, a explicarle a los negritos que algún día verán la Champions gratis. El Paleti y el Barsa también se quedarían descolocados, sin nadie a quien culpar de los «atracos arbitrales» que sufren.

Florentino Pérez es una de las pocas constantes que nos quedan en la España Zapatero-Sanchista, y esa es la mediocre comodidad que podemos esperar de un señor cuya última gran idea fue abrir un foso de 370 millones. Podremos divertirnos con el show de Mou, pero el futuro es totalmente incierto; en este momento ni siquiera sabemos si podremos jugar con un césped en condiciones. El Madrid siempre se las ha arreglado para sobrevivir, pero la travesía que viene se antoja muy, muy larga y solitaria. Avanzaremos por el desierto bajo un sol cegador, casi sin agua, obligados a matar a un camello cada semana, y nadie, absolutamente nadie vendrá a rescatarnos.