Por Rappol
Es por todos conocida la famosa fórmula que Florentino Pérez solía emplear, con ciertas variantes, para presentar fichajes estratégicos formalizados durante sus mandatos como presidente del Real Madrid. Ya saben… fulano «ha nacido para jugar en el Real Madrid», mengano «estaba destinado a…», etc… Incluso puede que haya presentado a alguno de los que llevan dos años perfeccionado el —siempre poco agradecido por la plebe, pero «arte», al fin y al cabo— Arte del Nadaplete.
El Arte del Nadaplete no es un arte destinado a ser alcanzado, aprehendido y elevado a sus diferentes expresiones futbolísticas por jugadores que no tengan talento. Tampoco por entrenadores que tampoco lo tengan. Ni por presidentes que tampoco lo tengan. Porque es un arte destinado a rufianes con talento. «Cualquiera puede ser un rufián», podrá argumentarse. «No se necesita talento para ser un rufián», quizá… ¡Será por Rufianes!… Pero cuando se tiene talento para el fútbol, y se ha demostrado en más de una ocasión; convertirse en un rufián exige tal perfeccionamiento de la estulticia, la molicie, la indolencia, la ridiculez, la pereza, la insustancialidad y el querer hacer mejor el mono que los propios monos, que aparecen diferencias notables en cuanto al valor de la ejecución artística y sentido universal que ésta puede llegar a mostrar y demostrar. Es por ello que no es lo mismo un nadaplete perpetrado por un club supuestamente puntero, que un nadaplete como el que ha vuelto a exponer y culminar el Real Madrid esta temporada; este Real Madrid plagado de rufianes que se han olvidado de su talento.
Seré claro: estos hijos de puta no sé para qué habrán nacido. A mí se me antoja a esta hora que han nacido para la hecatombe del club. Porque la transición creo que la han dejado despatarrada, inconsciente y con los muslos chorreando sangre en una gasolinera de carretera secundaria. En el juicio, por tanto, tendrán que demostrar su inocencia; puesto que hay sobradas pruebas que los incriminan: pruebas que retratan a todos los estamentos del club, dentro y fuera del campo. Esta excelsitud en el nadaplete, esta mierda rutilante, este bochorno que no tiene ni que explicártelo el imbécil de Roberto Brasero, no tiene uno, dos, tres, cinco, siete, nueve ni once culpables… Tiene muchos culpables.
Como en fútbol no se puede echar la culpa a la pelota —la pelota siempre es inocente—, habrá que empezar, en serio y de una vez, a exigir responsabilidades; reconocer errores de manera pública y dejar de pretender que la mujer del César no es la chavala que va a salir mañana en lo que antes eran las páginas de sucesos de los periódicos, y ahora es el titular para retrasados mentales de cualquier «clickbait» de prensa digital deportiva. Porque sí. Es la mujer del César la que agoniza en un retrete de mala muerte. La habéis maltratado y os la habéis follado, rufianes, por todos los agujeros. Porque esto no es el Ministerio de Igualdad, ni el Gobierno de la Comunidad de Madrid, ni el Gobierno de España… Esto es El Puto Real Madrid, hijos. Y en el momento en que eso se os olvide, en el momento en que la verdad y la historia se nos olviden, la hecatombe está servida.
¿El partido? En fin… El partido fue el de un equipo al que ya se le acabaron las excusas y, sobre todo, los objetivos a nivel de club; agotados más allá de la fe en alguna clase de misterio, tropo, idea, destello o paja que busca la simple descarga de dopamina. Un partido fantasma, una recreación ejecutada por una IA mala y con malas instrucciones. Un cocido peor que postmodernista… La pandilla de Glanton dejándose arrancar la cabellera por un hatajo de indios desarrapados, sin pinturas… pero bien peinados y volviendo a hacernos el truco del caballo desbocado… Acojonante. Era como si los de blanco dijeran aquello de que me puedes matar porque ya estoy muerto y no me importa… Nenes malcriados de los cojones: «hoy es un buen día para morir» significa otra cosa.
Para morir, en fútbol, la primera regla del club debería ser que no hay que dejarse matar. Y si no lo entendéis, a estudiar, a trabajar, y a volver a aprender de nuevo lo que significan tantas palabras cuyo significado ignoráis o, seguramente, habéis decidido olvidar incluso en vuestras lenguas maternas. «¡Di ‘qué’ una vez más! ¡Di ‘qué’ una vez más, te reto, te desafío dos veces, cabrón, dilo una maldita vez más!» ¿Que no puedes? ¿Que no sabes? ¿Que no quieres aprender? ¿Que no estás dispuesto a sufrir?… Entonces, vete del puto Real Madrid, maldito rufián con talento.
El puto Real Madrid hace unos nadapletes que son Arte. Nadie puede hacer estos nadapletes. Por tanto, lo que se merece es una hecatombe en condiciones, no esta hecatombe de pacotilla. Y para esta hecatombe, para poder alcanzar las proporciones cósmicas que el Real Madrid merece cuando se trata de hecatombes… el único hombre en el mundo capacitado es José Mário dos Santos Mourinho Félix. Con estajanovismo y lo que le dejéis alrededor. José Mário dos Santos Mourinho Félix. Porque hoy es un buen día para morir.
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– FC Negreirona: 2
– Real Madrí: 0







