Argentina vs Argespaña

Sí, bueno, ¿no? ¿Existen dos equipos más repelentes para jugar la final de un Mundial que Argentina y España? Si uno se pone a pensar, probablemente los encuentre, pero sería complicado: España (la Coja) carga con todos los pecados del progreculerdismo ibérico, y Argentina es… la Argentina futbolística de siempre, un engrudo infumable al que no puede salvar el enorme talento individual de alguno de sus elementos. Es curioso que estas dos selecciones no jugaron la llamada «Finalissima» por problemas logísticos, pero el destino ha querido que nos comamos el partido igual, pese a que ninguna haya hecho un Mundialazo. La Coja, con su fútbol-control aburridote, empezó con un empate bochornoso y tendría que haberse ido a casa en cuartos (TM), y Argentina debería haber caído contra Egipto, Suiza o Inglaperra, pero esto no se dio por motivos diversos. ¿Entonces, con quién ir?

Un espectador externo diría «con España, claro», pero desde que escribí la entrada «Argespaña», conmotivo de la Euro 2012, mi diagnóstico no ha hecho más que reafirmarse: 14 años después somos aún más pobres, más borregos y más gañanes, o sea una especie de argentinos trasplantados a Europa. Otro aspecto a tener en cuenta es que el entramado suciata, aterradoramente experto en la propaganda, aprovechará una nueva victoria de la Coja para glosar las excelencias de un Gobierno que tiene casi literalmente comiendo mierda a la población española, que se encuentra sin ahorros, sin vivienda, sin trabajo, sin hijos, «saqueada vilmente», como decía la señora aquella. Nada peor que hacer coincidiir la «celebración» del 90 aniversario de la Guerra Civil con la consecución del aureo trofeo balompédico; una tormenta perfecta de promoción política, falsa concordia y mamoneo.

¿Con quién voy, pues, en este partido de pseudofútbol folclórico? En principio diría que con la de siempre, LA BOMBA, pero Putin nos ha privado una y otra vez de tan ígneo y purificador invento, así que, con no poca resignación, debo ir con LA COJA. Cierto que la victoria del combinado ¿nacional? será vivida en clave sociata y megaculerda en nuestro territorio, pero en el extranjero la verdad es que no tienen ni puta idea de esto: España es España, los separatismos les suenan a chino cantonés, y tampoco asocian a la selección con el Barcas mucho más que con el Real Madrid; otra cosa es que los Negreiros siempre les haya gustado más como equipo por aquello del «relato».

Sí, las peleas cainitas españolas pasarán, pero las estrellitas quedarán en la caniseta. El Mundial argentino del 78 le pertenece tanto a Videla como al tontolhaba liberalio de Milei, y quién sabe, quizá dentro de unas décadas la selección sea un equipo «basado» y más facha que Millán Astray; mientras tanto, bien se puede hacer palmarés. Además, es algo que crea prestigio y simpatía en el extranjero. ¿A cuánta gente no le cae bien Italia por las fazañas de la azzurra, siendo un país por lo demás bastante secundario desde hace décadas?

¿El Balón de Merde? No sé, eso es algo que sólo preocupa a los mongolos, es decir a los del yayos o a Vinicius. Si se lo dan a Mensi, pues muy bien, que lo eche al montón, junto a las jeringuillas vacías y los recibos de Negreira; no deja de ser gracioso tener casi el triple de Balones de Oro que de Champions. Y si se lo dan a Laminga también me parece bien; se lo puede dar a su papá para que lo funda, o metérselo por el culo, no sé; tampoco vamos a armar drama por un mongopremio que vota el entrenador de la Samoa Americana y su puta madre.

Un último argumento a favor de la victoria cojiana es que los mundiales de los últimos 40 años quedarán bien repartiditos en parejas (dos para Francia, dos para España, dos para Alemania, etc.), y todo quisqui quedará más o menos contento, mientras que una cuarta estrella argentina sería algo bastante duro de aguantar. Además, la cara que pone Mongonel cuando pierde siempre es divertida, parece un muñeco al que se le han acabado las pilas.

Va a ser, por cierto, una final muy gringa, con pre-show, halftime show (uno de los dos tendrá a la insufrible Chakira) y post-show, con un Tran que quizá la líe en la entega de la no-copa. Lo menos americano de todo es que juegan en New Jersey, un sitio más bien pobretón donde todo quisqui habla español, en cualquiera de sus infinitas variedades.

En fin, el mundo es caótico y absurdo, pero ante este dilema imposible tenemos que ir con lo más parecido que tenemos a una patria. Si luego pierde la Coja, podéis decir que es por mi culpa y tal, y mandarme 5.000 pavos la próxima vez que queráis ver a España ganar un Mundial. Venga, a mamarla.

¿Con quién vas en esta magna ocasión?

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Mou in Pink

Mauriño entrena de nuevo al Madrid, y no podemos decir eso de «parece que el tiempo no ha pasado». Ya lo creo que ha pasado: El portugués está más quemado, más calvo, más gordo y más viejo; tampoco nosotros somos ya los mismos, pero aquí estamos, viviendo para luchar un día más. Pese a tan natural desgaste, no puede negarse la ilusión que despierta este regreso entre el madridismo de bien, corriente que quiero pensar mayoritaria pese al inquietante 35% obtenido por el riquelmismo. Sólo con ver a Mou dando instrucciones en Valdebrevas, más o menos pareciendo que sabe lo que hace, es suficiente para revigorizar corazones ya endurecidos por los años.

Ha tenido la mala suerte Mau de que el uniforme de entrenamiento impuesto por la infame Adidas para esta temporada es la cosa más maricona que hemos visto en lustros, con unos detalles en rosa dignos de un muñeco «Ken Entrenador». No obstante, el de Setubal lo ha aceptado deportivamente y ha vestido a todo su equipo con tan desafortunado atuendo, centrándose en el trabajo de pastorear a los mastuerzos. Por cierto, tras mi experiencia dirigiendo grupos pienso que el trabajo del cuerpo técnico, aparte de las funciones que realice cada uno, tiene mucho de apoyo moral: el míster está en una soledad profunda contra toda la maquinaria del club y contra 25 hijos de puta que harán todo lo posible por cobrar sus sueldos trabajando y sacrificándose lo mínimo.

El idilio con Mou durará el mismo tiempo de siempre: lo que tarde la pelota en no querer entrar, ya sea por motivos orgánicos o porque no le dé la gana al negreirato. Pero nuestro amigo sabe que tiene una oportunidad, y a veces eso es lo único necesario. Su bagaje es toda una vida de éxitos y fracasos, en equipos grandes, pequeños y medianos (nada que ver con Guardiola, quien sólo aceptó entrenar plantillas escandalosamente caras y dominantes, suplementadas por diversas «ayuditas»). Es el momento de volcar toda esa experiencia en un invento futbolístico que sea capaz de vencer incluso a la mafia, lidiando además con el cerebro abotargado del Pipentino crepuscular. Es un trabajo sucio y sangriento, pero alguien lo tiene que hacer; que Dios lo ampare.

A casa en cuartos, bonus track: Francia

Creo que en general la gente no tiene dimensionado lo que es un negro. Yo poseo dos experiencias al respecto que quiero compartir: hace muchos años, cuando mi padre trabajaba en uno de los espectáculos en vivo que dirigía, un chimpancé enjaulado tuvo el capricho de agarrar por el brazo a uno de los actores del show. La fuerza del bicho era descomunal y, aunque no estaba siendo violento, resultaba imposible liberar del agarre al angustiado joven. Hizo falta una larga y pausada charla del cuidador para que finalmente el primate acceidera a soltar el brazo, por suerte sin causar daños, aunque si hubiera querido podría haberle roto el brazo a su presa o algo peor. Eh… esto lo estaba contando a cuenta de los negros, ¿no? Bueno, es lo mismo.

El otro caso ocurrió en Apartadó, Colombia, un pueblo que hace honor a su nombre y que podríamos designar «culo del mundo» (uno de los muchos que existen en este país), con aproximadamente un 75% de población negra. Caminando por las proximidades de un polideportivo rodeado por una verja de red metálica de unos dos metros de altura, vi aproximarse a un nibro de unos 17 años, quien se encaramó al citado obstáculo y lo superó con la facilidad con que yo habría saltado un murete de medio metro de altura.

Quiero con todo esto decir que los negros están en una dimensión física totalmente distinta al fanotipo europeo de culito blanco. ¿Y qué son los futbolistas franceses? Negros, ¿verdad? Pues eso. Añádese a tal circunstancia que llevan décadas adiestrándolos para mover el balón con sentido, y tienes la receta perfecta para que se follen al blandito equipo de Luis Meapilas, que se ha plantado en semifinales por un plácido camino (si bien mucho menos que el de Argentina). A la UEFA y FILFA siempre les ha encantado que Francia llegue lejos en sus competiciones, aunque tenga una Liga de risa, y ahora tampoco será la excepción. Por tanto, el black power de Mbappé, Dembelé, Olisé y otras cosas del meter, junto a los intereses comerciales-federativos imperantes, mandarán a la Coja al carrer, feliz ocasión que frustrará los maléficos planes propagandísticos de Perro Sánchez. Lo verán.

A casa en cuartos, último capítulo: Bélgica


Siete a cuatro.

Bueno, sí, ¿no? En este Mundianal, a la Coja le ha tocado enfrentarse a varios países «apéndices»: Uruguay, Portugal y ahora Bélgica, «la chepa de Francia». Es este un país raro y reciente, plurilíngüe (característica letal), y cuyas regiones han pasado a lo largo de los siglos de mano en mano como las tetas de Sara Santaolalla. Legendarios son los esfuerzos que hizo España para mantener Flandes, la maldita Flandes que nos costó Portugal y que hoy en día no significa absolutamente nada para ningún español. Pero bueno, el Conde Duque de Olivares la consideraba fundamental por motivos geoplíticos de la época, y ahí mandamos a los tercios con sus picas a acumular heridas y hazañas.

Hoy día los habitantes de Flandes, también conocidos como flamencos (nada que ver con Enrique Morente), hablan neerlandés, pero en la otra mitad del país, los valones, hablan francés, por lo cual ni siquiera se entiende muy bien la existencia del país. ¿Por qué los flamencos no se integran en Países Bajos, y los valones en Francia? Supongo que por el motivo del chiste aquel del padre que pidió que lo enterraran en el campo: por joder. Lo peor de todo es que en algún momento la burrocracia (no es errata) continental decidió escoger Bruselas como base de operaciones, y esto ha logrado que dicha ciudad se gane la antipatía de toda Europa. Suele comentarse que la localidad con más prostitutas de lujo del continente es precisamente la capital belga, no resultando muy difícil deducir de dónde sale el dinero para pagarles; y de esta circunstancia se infiere también, por pura lógica, que es la ciudad con más hijos de puta del viejo mundo.

Sí, Bruselas es el nodo desde el cual operan personajes como Von der Leyen y Christine Lagarde, las Charos Final Boss, que nadie sabe muy bien lo que hacen, pero que todos tienen muy claro que nos quieren joder la vida y aplicarnos unos restricciones políticas y económicas que ellas jamás tendrán que sufrir. En definitiva, si el mayor T.J. Kong se paseara por ahí con su B-52 y una bomba atómica de sobra, Bruselas sería una candidata perfecta para recibir tan superdiabólico ingenio.

¿Tiene entonces alguna virtud redentora Bélgica? Increíblemente, sí: por algún motivo ha dado a algunos de los mejores autores de cómic de la historia, aunque eso sí, por la parte francófona. Estas tierras parieron nada menos que a Hergé (Tintin), Franquin (Spirou, Gaston Lagaffe), Peyo (Johan y Pirluit, Los Pitufos), Morris (Lucky Luke) y Jacobs (Blake y Mortimer), quien fue cantante de ópera antes que dibujante. Por eso, sólo por eso, yo personalmente justifico la existencia de tan extravagante país, que por otra parte debe ser muy bonito y seguramente más agradable que la Francia de los cojones. Hergé, por cierto, era más facha que Mussollini, y es muy gracioso ver los primeros álbumes de Tintin, donde se incluyen burlas descarnadas a la URSS y el intrépido reportero pasa sus ratos libres en el Congo intentando cazar leopardos y educando a unos negritos colonizados; afortunadamente, el autor nació demasiado pronto para que le llegara la cultura de la cancelación.

¿Por qué estamos escribiendo todo esto…? ¡Ah, sí, el fúrbol! Bueno, vamos a ver, la puta Coja (que no España) va a perder, y por un motivo muy simple: son maricones. ¿Es acaso Bélgica una gran selección? Claro que no, ninguna lo es realmente (los jugadores de cualquier combinado se conocen de cara y gracias), y sólo tiene tres jugadores identificables por las masas: Courtois, de Bruyne y Bluffkaku, pero ganarán a la Coja porque los futbolistas son profundamente supersticiosos, y pesará sobre ellos la sombra del 86, de otro Mundial mejicano y de Jean-Marie Pfaff. Es más, si llegáramos a penaltis y Courtois se cargara a la Coja, sería muy divertido verlo convertirse en un enemigo público de la podrida España sanchista y culerda.

No conviene engañarse: el país va directo al abismo político y social, pero al menos parece que podremos ver la implosión del entramado perrosanchista, con el hermano, la esposa proxeneta y unos cuantos más incluso comiendo maco varios años si se dan los supuestos más optimistas. Una victoria mundialista no sería más que un balón de oxígeno para estos hijos de la grandísima ramera, como lo fue la del 2010 para el zapaterismo, y por eso debe ser evitada por todos los medios.

A casa en cuartos: Iberia


Más años que un bosque.

En tiempos anteriores a las redes, en mi instituto no teníamos a Jesús G. Maestro, sino a Antonio Carreira, catedrático de literatura, quizá el mejor gongorista del mundo. En sus clases, impartdas al modo de disertaciones, este políglota gran admirador de Pessoa nos aseguraba que Portugal y España eran una misma entidad cultural, cosa que seguramente desconcertaba a mis coetáneos y que a mí me intrigaba no poco. De acuerdo, ocupamos la misma península, ¿pero somos tan parecidos?

Es una pregunta harto complicada, que seguramente sólo podría responder alguien que haya recorrido ampliamente ambos territorios y se haya relacionado con gentes de un lado y otro. Desde luego el parentesco está ahí, y durante la convulsa edad moderna de hecho esa unión fue una realidad durante algo menos de un siglo, reinando Felipe II, III y IV. No obstante, tal unidad debería haber empezado un siglo antes, sustanciada en la persona del niño Miguel de la Paz, en cuya historia me quiero detener un instante.

Miguel era el hijo de Isabelita, primogénita de Isabel la Católica, una joven guapa a inteligente que podría haber sido la sucesora de la legendaria reina, de no ser por un golpe del destino: casada felizmente con Alfonso de Portugal, este se mató en un accidente de caballo, dejando a la infanta desconsolada y con un creciente deseo de alejarse de lo mundano. Aunque deseaba ingresar en una orden religiosa, los Reyes Católicos no podían dejarla soltera, y arreglaron su boda con el siguiente heredero de Portugal, Manuel. Isabel no se andaba con chiquitas y deseaba fervientemente limpiar la península de herejes, por lo que puso como condición la expulsión de los judíos de Portugal. Manuel aceptó, y fruto del matrimonio llegó Miguel de la Paz, cuyo nacimiento se cobró la vida de Isabelita. El niño habría sido heredero por derecho de sangre de los tronos de Castilla, Aragón y Portugal, pero vivió menos de dos años, siendo finalmente rey de España el austriaco Felipe el Hermoso, por su matrimonio con Juana, la tercera hija de los reyes.

Así pues, como contaba antes la unión ibérica llegó con Felipe II, pero más en virtud de las armas que de la sangre, y finalmente la península volvió a partirse en dos reinos durante el mandato de Felipe IV. Este rey, obsesionado con mantener las posesiones en Flandes, sólo pudo mandar a Portugal a soldados de segunda categoría , hecho que favoreció la derrota y la pérdida del territorio. Fue entonces cuando surgió el chascarrillo «Felipe Felipón, antes Rey de Iberia, ahora maricón», y desde entonces ambos países hemos seguido caminos separados en lo político y lo lingüístico.

Mi consejo es dejar a los portugueses en paz. No podríamos infligirles destino más triste que estar colgados de nuestro cainismo, nuestro despilfarro, nuestros demenciales horarios y nuestra monarquía homosexualizada. Cierto es que el idioma luso es el más emparentado con el español, y que nos resulta sumamente fácil entenderlo en forma escrita. ¿Es una pena que al hablarlo parezca que tienen una polla en la boca? Indudablemente, pero siempre será mejor que ser gobernados por Perico Sánchez o cualquiera de sus secuaces. Los portugueses viven tranquilos, sin nostalgia de un imperio; el único gran territorio que dominaban era Brasil, una broma creada a base de mover progresivamente la línea del tratado de Tordesillas, pero al fin y al cabo es una selva gigantesca, y en lo que no es jungla hay 70 millones de negros, por lo que no despierta grandes anhelos. Yo digo que los dejemos como están.

En lo puramente futbolístico, el análisis se me escapa por completo; sólo sé que la corrupta federación española odia profundamente al Madrid, y que los lusos cuentan en sus filas con Cristiano, quien como vemos en el vídeo de abajo afronta el final de su carrera con mucha serenidad. Seguramente hoy termine su carrera internacional, pero qué bonito sería que descabalgara él a la coja, con algún gol de palomero metido con la chepa. Uno puede permitirse soñar, y si realmente somos un mismo país como decía Carreira, también pasaría España, ¿no?

A casa en cuartos: Austria


Aún son bastante blancos.

Sí, bueno, ¿no? Prácticamente todos los países de Europa fueron un imperio en su momento, y sienten nostalgia por ello. Sorprendentemente Austria no es una excepción, aunque hoy día parezca uno de esos «países apéndices» de los que hablábamos en entregas anteriores. Incialmente provincia romana, más adelante esta región fue designada marca del imperio carolingio, y a partir de ahí tuvo una historia más o menos paralela con Alemania, aunque casi siempre manteniendo una identidad propia.

Lo crean o no mis ilustres lectores, España tiene una relación dinástica con Austria desde tiempos de los mismísimos Reyes Católicos, pues no en vano el famoso Felipe el Hermoso era un austriaco que hablaba francés, el idioma de los nobles maricones de la época. Inicialmente los hijos de Felipe o Philippe no estaban destinados a la corona de Castilla, pero puesto que los dos primogénitos y un nieto de los Reyes Católicos murieron en tristes circunstancias, fueron los descendientes del austriaco y de Juana la loca del coño quienes heredaron el trono. Se pasó así de la dinastía de los Trastámara a los Habsburgo, y de ahí a los Borbón, un «downgrade» peor que cuando cambiamos a Solari por Raúl Bravo.

Y sí, esos austriacos partieron la pana durante varios siglos, en España, en Centrouropa y donde tocara, teniéndoselas tiesas sobre todo con los otomanos, zampándose a Hungría y anexándose multiples territorios adicionales ya fuera por conquista o por matrimonios dinásticos. Pero como tantas otras cosas del viejo mundo, el Imperio Austrohúngaro (que aún conocieron nuestros abuelos) llegó a su fin con la Gran Guerra. Una obra que ofrece un excelente resumen de esa época es el cómic biográfico sobre la emperatriz Isabel de Baviera, alias Sisi, obra de Giorgia Marras, y que podrán encontrar en las bibliotecas públicas si no quieren gastarse la panoja. Pese a esta rica historia, a día de hoy los austriacos son a los ojos de las masas ignorantes poco menos que unos señores a quienes les gusta el vals y que hablan un alemán «raro». Además, les toca aguantar bromitas sobre Astolfo, pecado en el que yo mismo habría incurrido si un «cómico» español no lo hubiera hecho ya esta misma semana. En fin, mi solidaridad con Austria, ex imperio como nosotros, que tan sólo aspira a que la dejen en paz.

En cuanto al fúrbol, ha habido exactamente un futbolista austriaco famoso en la historia, Alaba, que debió broncearse en las (inexistentes) playas del país, y que se hizo notorio en el Madrid por levantar una silla. Dejando eso aparte, no podemos tomarnos en serio a los pobres futbolistas de este país, y por eso es normal que cayeran goleados ante una Coja menor, que aún anda vendiendo la moto de que el Mena es una de las grandes estrellas planetarias. Ha deparado esta victoria un enfrentamiento entre la Coja y Portugal, uno de esos duelos ibéricos que depara el destino a veces, y que podría resultar en la jubilación de CR7 por parte de nuestros muy traidores y maricones balompedistas. Sinceramente, es una lástima que Cris esté más acabado que Eusebio, porque desde luego daría mucho gustico que mandara a la Coja a casa antes de cuartos. En fin, quiénes somos nosotros para desear cosas.

A casa en cuartos: Uruguay

Sí, bueno, ¿no? A continuación, una pregunta que os hacéis muchos en vuestra casa por la noche: ¿por qué uruguayos y argentinos hablan igual? Bueno, eso es relativamente fácil de explicar: Buenos Aires y Montevideo ocupan orillas opuestas del Río de la Plata, y de ellas emana el español rioplatense, que puede llegar a ser algo irritante para los oídos de otras latitudes, ¿pero por qué vamos a despreciar una de las variantes del español, quizá el idioma con más matices y versiones del mundo?

En cualquier caso, muchos se preguntarán el por qué de la existencia de esa mini-Argentina, igual que algunos no entienden la de Portugal. «España es el culo de Europa y Portugal la almorrana», dicen socarronamente. Pero hay un importante motivo para la existencia de estos países «apéndices»: nos recuerdan la esencia de la nación grande cuando esta entra en crisis. Sinceramente, yo era iberista hasta que tuve la ocasión de visitar Portugal. Entonces pensé: «pobrecitos, si es un país muy cuqui, que funciona relativamente bien, sin esa atrocidad de cerrar todo tres horas al mediodía, ¿qué nos han hecho para cargarlos con nuestras disfunciones, nuestros complejos, nuestro cainismo?» Y sí, Uruguay seguramente tenga la misma función. Además, si algún día alguien extermina a los putos argentos puede dejar Uruguay a modo de muestra, como Kandor, la ciudad embotellada de Krypton (risas).

En cuanto al fútbol, ¿qué decir? Los entrena Marcelo Bielsa, lo cual debe ser porque la federación uruguaya estaba muy deseosa que su seleccionador tuviera «nombre». Este señor, que ganó su último título hace 22 años, es una de esas personalidades que logran irritar a todo el mundo, incapaz de llegar a la verdadera sabiduría pero lo bastante pedante y excéntrico como para resultar enojoso. Ejemplo perfecto fue su reacción pospartido, más propia de un entrenador de regional medio borracho que de una supuesta eminencia del deporte. Por cierto, el punto primario de su estrategia ayer fue meter hostias a mansalva, un plan claro pero no exactamente sofísticado. ¿Valpierde? Ha pasado de los 45 mejores minutos de su vida en la último Champions a ser eliminado con más pena que gloria por selecciones mediocres.

¿La Coja? No sé. Cubarsí… ¿qué coño hace ahí ese tío? Llorente… ¿Por qué lo sacan a jugar después de las cinco? Así no puede broncearse. ¿Pollarzábal? Mucha mediocridad veo ahí, no parece haber muchas posibilidades de supervivencia ante los heavy-hitters. Claro que con tantas eliminatorias que hay ahora, alguna pasará. Empezamos en dieciseisavos, luego octavos… Ya puestos, ¿por qué no clasificar directamente a las mejores 64 selecciones del mundo y nos ahorramos la fase pre-Mundial? Pero no, no quieren eso, quieren más partidos, y más, y más… El dinero acabará de vaciar de sentido al fúrbol.