Pasado mañana debutamos en la International Champions Cup, esa «Champions del verano» que nadie sabe muy bien cómo funciona ni quién gana, pero, eso sí, tiene buenos equipos. Su organizador más conocido es Stephen Ross, el magnate (¿mangante?) dueño de los Miami Dolphins, uno de estos gringos con tanta plata que se compra clubes deportivos como juguetes. Ahora se rumorea que quiere comprarle el alicaído Milan al chino Cudeiro, pero sin duda su gran proyecto es el de formar una Superliga europea.
La diferencia esencial del proyecto de Ross con la actual Chempions es que sería un torneo cerrado, sin clasificación, ascensos ni decensos, los mismos 24 payos todos los años. Estaría por ver si los participantes abandonarían sus ligas nacionales (porque el proyecto no es ahora sino un embrión), pero en principio la gran ventaja es que se generarían muchas más pela$$$: no habría equipos de relleno, los derechos televisivos valdrían más y no habría que darle mordida a la UEFA. Además, claro, teóricamente se evitarían los actuales mamoneos arbitrales.
Para ser sincero, creo que el proyecto del amigo Ross no tiene ningún futuro. No porque el concepto en sí no valga la pena (yo mismo propuse una gloriosa liga mundial mucho más guay), sino porque los clubes europeos son demasiado conservadores y están demasiado descoordinados entre sí para dar semejante paso. Es verdad que todos sin excepción despotrican anualmente contra la UEFA, pero en gran parte es postureo, y por encima de eso todos tienen su agenda: a los ingleses les funciona de miedo el bísnis y no tienen motivos para cambiar, al Gayern le pasa algo parecido, los moros se lo pasan pipa gastando miles de millones, el Barcas goza con sus comisiones y su panfletismo político, y el Mandril tiene un presidente que ya no está para estos trotes y gana las Chempions de corrido.
En definitiva, a todo el mundo le da pereza, no ven tan claras las ventajas y además les acojonan las posibles represalias, aunque sean ellos quienes mueven el circo. Seguro que Ross querría organizar una cosa a la yanki, con más libertad y poder para los clubes, pero los viejos dinosaurios europeos están ya muy hechos a la sumisión, en fiel reflejo de la ciudadanía continental. Como bien dijo la araña, el poder lo tiene quien la gente cree que lo tiene, y ahora mismo todos los clubes piensan que lo tienen los chupatintas ultracorruptos de UEFA y la FILFA. Sí, se cabrearán cuando vuelvan el expolio de las selecciones y los desbarajustes arbitrales, pero los prebostes les arrojarán huesos como el VAR y la cosa no pasará a mayores.
En definitiva, el cocotero uefo continuará en su sitio durante mucho tiempo, y la Superliga de Ross seguirá siendo un sueño de verano.





