El Madrid entra periódicamente en etapas de caos, algo bastante comprensible considerando su estilo de gestión personalista, donde la planificación a largo es sólo uno de muchos factores dentro de una ecuación donde también entran el forofismo, la vanidad y todas esas fallas humanas. Dichos periodos de caos suelen durar uno o dos años, durante los cuales se desata la histeria y sólo ganamos títulos menores, o directamente nos comemos una mierda (también conocida como «nadaplete»). Sin embargo, las aguas siempre vuelven a su cauce: se hacen nuevos fichajes, algunos de ellos cuajan como estrellas, el pringao del banquillo los consigue hacer funcionar y van cayendo las ansiadas Champions.
Ese ha sido a grandes rasgos el ciclo madridista desde la «segunda venida» floperiana, durante la cual el presidente ha ejercido un poder casi omnímodo sobre el club. Cuando algo va mal, «que lo resuelva Flópor», o que ponga un parche, da igual, la cosa es seguir p’alante como el tren de los Hermanos Marx. Todo bien, hasta que el «hecho biológico» nos arrebate al prócer, momento que parece inquietantemente cercano. Las imágenes más recientes son preocupantes, con indicios de deterioro en FP como una notable pérdida de peso. Cierto es que un cierto ascetismo y mesura contribuyen a su mística, especialmente si lo contrastas con Laporta, bochornosamente abandonado a los mayores excesos con la comida y las «sustancias recreativas», pero todo tiene un límite. Se diría que Flo difícilmente supera los 65 kilos actualmente. El rostro no tiene mejor aspecto, demacrado, con los dientes separados y líneas de expresión marcadísimas que le dan un aspecto llamativamente similar a Statler y Waldorf, esos viejecillos de los Muppets que se pasan la vida en el palco de un teatro.
Ciertamente, los bríos del presidente han disminuido, hablando cada vez con una voz más débil y una cadencia más pausada, como de hombre cansado, muy cansado. Observen la posa de la foto que encabeza el artículo: un Flópor que apenas logra llenar uno de sus 25 trajes iguales, con los brazos lánguidos, como en actitud de sumisión, de entrega. Lo peor es que parece transmitirle la vibra a sus subordinados: cuando posan junto a él, algunos adoptan una postura más natural, entrelazando las manos por delante o por detrás, pero en varias ocasiones dejan caer los brazos como el jefe. Vean la foto en la cual aparecen los entrenadores y capitanes de fúrbol, transmitiendo una actitud de abandono y debildiad ante los muchos enemigos del Real Madrid.
Esto es preocupante, amigos. ¿Cuánta «gasofa» le queda al presidente? Todos asumimos que acabará su vida en el cargo, ¿pero cuántos años son esos? ¿Y podrá cumplirlos en plenas facultades? No es de extrañar que se esté dando prisa con el cambio de modelo social… Realmente esa transición no está en peligro porque es un asunto interno y los socios votan con un muelle en el brazo a favor de todo lo que proponga el abuelo, pero las batallas externas son otra historia: ¿puede este Florentino, por ejemplo, abanderar el nacimiento de una Superliga? Ese parece un esfuerzo abandonado, por más juicios que haya ganado el club. ¿Es capaz de plantar cara eficazmente a la tríada de Tebas, el Negreirato 2.0 y el nacional-culerdismo?
Este último extremo parece harto dudoso, la verdad, sobre todo cuando Flo ha desperdiciado sus últimos años ayudando al Far$alona a salir del hoyo. ¿Se puede tener una mayor miopía filosófica y estratégica? ¿En qué diablos estaba pensando, de verdad veía a la jauría azulgrana como socio viable?
Claro que esto nos lleva a una idea aún más inquietante… ¿Qué pasa si en realidad el óbito de FP se produjo hace unos años, y en realidad estamos viendo un animatrónico hecho a su imagen y semejanza? ¿Es quizá incluso el cuerpo insepulto del presidente lo que se utiliza, tras un adecuado embalsamamiento, moviéndolo mediante una serie de efectos escénicos? ¿Estamos asistiendo a una versión de «Este muerto está muy vivo» (Weekend at Bernie’s) orquestada por la dinojunta y el más que sombrío JAS?
Se trata de una especulación loca, claro. Mick West nos diría que según todas las evidencias disponibles, Flópor está vivo, ajado per vivo, poniéndose un traje igual todos los días, siguiendo la misma rutina laboral todos los días y repitiendo los mismos lugares comunes todos los días; hasta está pensando en traerse otra vez a Zidane porque… bueno, ya captáis la idea.
En fin, no hay que hacer drama. Los grandes líderes surgen, ascienden, triunfan y luego van achicándose, contemplando su obra y esperando que su legado perviva. ¿Lo has conseguido, Flópor? ¿Dejas al club en una posición en la cual se le respete dentro y fuera, has logrado sojuzgar a los bárbaros, o por el contrario los has reforzado por orgullo, falta de visión y blandura? Sí, eres rico, eres muy poderoso, pero durante el resto de tu vida tendrás que convivir con todas estas preguntas.



