El Farsalona tiene el claro objetivo de alcanzarnos en la clasificación, apoyado en las malas artes de sus palancas, tan alejadas de las del noble Arquímedes. ¿Quién puede hacer frente a esta hermandad de supervillanos, unida únicamente por el dinero sangriento? ¿El Paleti? Risas. ¿El Pisharreal? Venga ya. Ni hablar de los simpáticos equipos de Sevilla. Es el Madrid, sólo el Madrí, el que puede impedir este gran atropello a la decencia y la ley de Dios.
Hay que reconocer, no obstante, lo paradójico de combatir a los hampones con un equipo compuesto primariamente por hijos del África negra negrísima, variante humana que tan mal se ha mezclado con las sociedades occidentales desde que, para bien o para mal, estas los sacaron de la vida adánica y paupérrima que llevaban por debajo del Sáhara. ¿Se puede acaso combatir a los bárbaros con salvajes? La respuesta es sí, puesto que el Madrí ha sabido reconducir a estos ejemplares formidables para que, en vez de usar su fuerza saqueando Walmarts y violando a incautas jovencitas con las tetas y el culo casi al aire, se dediquen a defender, atacar y ganar partidos en nombre de esa espada de occidente que es el Real Madrid C.F. Algo parecido a la Guardia Mora de nuestro Invicto Caudillo.
En cuanto al Mallorca, ha cumplido con su destino natural, que es ser adquirido por capital extranjero, en este caso dos gringos judíos, también dueños de los Phoenix Suns, que han puesto de jefazo a un suizo negro, Maheta Molango (nombre auténtico); muy internaciaonal todo. Aunque pueda fastidiar que gente de fuera se quede con nuestros equipos, parece una situación más natural que cuando los rojinegros eran presididos por Bartolomé Beltrán, doctor ful que lo más redondo que había visto en su vida era la pera de tomar la tensión. Los entrena Javier Aguirre, el hombre a quien le gusta mucho más el béisbol que el fútbol, y que a sus 63 años probablemente esté ahorrando para comprarse a los Chapulines de Gunajuato o algo así. ¿Un resultado? Por favor, los vamos a destruir.
