Ha arrancado el circo liguero (que tantos payasos y tan pocos leones tiene), y aún hay cierto revuelo por los fichajes culeros, todos los cuales han podido ser inscritos pese a ser público y notorio que en la caja del Barsa sólo hay telarañas. Pero aunque a todos nos habría gustado verlos cocerse en su propio jugo, la no inscripción era un escenario poco realista. Javier Tebas vende un producto que es la Liga, y resulta francamente complicado ver en qué le favorecería un Barsa hundido en el fango. A Tebas, acusado de madridista, los únicos colores que le importan son los de los billetes, y cuando Laporta le llego con un ingreso de veracidad más que dudosa, debió que, si el papel lo aguantaba, la incripción dejaba de ser su puto problema. Así, por arte de magia, en nuestra tierrita puedes «vender» algo que vale cero por cien fantasmales millones que jamás circularán por el sistema bancario, y la rueda infernal sigue girando.
No dejamos de estar ante una venerable tradición del fútbol español, que desde hace mucho trata al Barcas como un muchacho díscolo e incorregible. Si cuando Plaza descubrió que compraban a los árbitros prefirió fumigar discretamente a los trencillas implicados (Rigo, Camacho…) en vez de promover el descenso administrativo del equipo tramposo, Tebas tampoco iba a empujarlos a la bancarrota, algo claramente lesivo para sus intereses. Además, el resto de clubes tampoco ha estado por la labor: no sólo por el rarísimo vasallaje culero que profesan, sino porque casi todos están dirigidos por adolescentes mentales y tienen sus propias pellas, las cuales obviamente serán toleradas a cambio de no mover el cocotero.

«¡Tienes que darme otros 100 millones! ¡Tienes que dármelos!»
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Personaje especialmente interesante de este sainete es Jaume Roures, tipo que merecería un libro bien investigado que siguira su ascenso en menos de dos décadas de periodista de cuarta regional a multimillonario y pope mediático. Desde luego no puede negársele la constancia a este separatista y ex comunista ortodoxo, cuyo lema parece ser Wsigue siempre adelante, hasta que la muerte o la cárcel te detengan». Un tipo cuya empresa tuvo que reconcer por escrito que había pagado sobornos en la adquisición de derechos de un Mundial, y ahí sigue, vendiendo repeticiones, VARes y todo el audiovidual de nuestra Liga como si tuviera un expediente impoluto, o como si su presidente no fuera avalista de unos de los principales clubes.
Gargamel ha justificado este nuevo conjuro alegando que «en su momento ayudó también al Madrid», refiriéndose a cuando compró sus derechos de TV a un precio perfectamnte ajustado a mercado, y uno no puede dejar de admirar cínicamente el aplomo de este tipo que tan bien ha sopesado el incurable borreguismo de la sociedad española, también culpable por suscribirse a sus paquetes televisivos. También hay que reconocerle dos virtudes: sus incondicional apoyo a Woody Allen, cancelado por la hipocresía hollywwodiense, y su división de restauración de cine español antiguo, Telson. ¡Si todos los supervillanos españoles tuvieran cosas asi en el lado bueno de la balanza…!
Una cosa fascinante de todo esto es que ni con el dinero mal habido el Barsa logró vencer ayer al modestísimo Rayo. Y es que los culeros parecen haber entrado en esa fase de descomposición que alcanza a ciertos clubes y donde, no importan las medidas de emergencia que se tomen e incluso ni el capital que llegue, la podredumbre y la desmoralización son tan intensas que abocan a lustros de mediocridad y fracasos; ahí tenemos al Manchester y al Milan como notorios ejemplos recientes. Así pues, dejémosles que sigan chutando metadona al enfermo terminal; puede que después de cada pinchazo se dé una carreritas diciendo que está como una rosa, pero en último término nada podrá cambiar su fatal destino.


