
Tío Lucas y Paribas dándolo todo.
Queridos fagsistas: Sin duda habréis notado una menor concurrencia en la página durante los últimos días, la cual quizá hayáis atribuido a que nos encontremos en plenta postemporada, sin nada de fúrbol más allá de un puñado de ligas nórdicas, asiáticas y americanas. Pero el verdadero motivo es que estamos en la Semana Grande de los maricones, y como es normal quienes profesan esta condición (el 99% de los fansistas) andan de celebraciones callejeras.
Antiguamente considerada una depravación inaceptable y punible, la homosexualidad ha tenido una evolución francamente positiva en occidente, y ahora se la considera una opción tan válida como le heterosexualidad, sin ningún tipo de efecto negativos para la sociedad en su conjunto. Gracias a la cencia ahora sabemos que de ninguna forma es un trastorno de la personalidad (pues la Sociedad Americana de Psiquiatría la descatalogó como tal basándose en pruebas incontrovertibles), ni hay que preocuparse por sus posibles efectos adversos. Los gueis son personas tan equilibradas como cualquier otra, y llevan vidas plenas y de autoaceptación; en los casos donde esto no es así, se debe al rechazo de los pocos sectores retrógrados y reaccionarios que perviven en nuestro entorno.
Además, el colectivo ha sabido mezclarse de forma completamente fluida y armoniosa con el resto de la ciudadanía, descartando por completo recurrir al victimismo o formar lobbies para tener una presencia mediática absolutamente desproporcionada respecto al porcentaje de población que representan. Es una comunidad tan rica que no les alcanza con denominarse gueis y lesbianas, o simplemente no heterosexuales, sino que usan un acrónimo al que añaden una letra nueva cada tres años, amenazando con agotar el abecedario antes del cambio de siglo. Otra de sus grandes virtudes es que han renunciado a convertirse en una horda virtual, evitando poner el grito en el cielo por pequeñas ofensas, así como esa práctica tan odiosa de intentar destruir a aquellos que supuestamente los han agraviado. Personajes como Orson Scott Card, J.K. Rowling o José Errasti pueden dar fe de la tolerancia y afán de diálogo que caracteriza a este grupo social.
En fin, la misma ciencia que nos salvó de la pandemia mediante arrestos domicilarios, mascarillas, geles hidroalcohólicos y vacunas milagrosas desarrolladas en nueve meses, nos explica que un matrimonio hmosexual es absolutamente normal, aunque sea incapaz de cumplir la función primaria de un matrimonio, es decir producir descendencia. A menos, claro, que estas parejas adopten o que directamente adquieran hijos mediante vientres de alquiler, aprovechando vacíos legales y el ancestral poder del dinero. Como todo el mundo sabe, cualquier adopción es para el niño un proceso sencillo y sin traumas, que apenas se ve dificultado por el factor añadido de tener dos padres del mismo sexo, y en ningún caso los jóvenes sienten angustia existencial por la imposibilidad (a menudo contractual) de conocer a sus padres biológicos. Son historias de éxito que ya han ocupado varias portadas del Hola.
Así pues, a mis poquísimos lectores heteros: si ver a dos tíos comiéndose el morro os produce repugnancia, si un hombre afeminado os causa desmayo o una tipa cogida de la mano de otra con aspecto de camionera punk os resulta ridículo, ya sabéis que tenéis un grave problema de intolerancia y de negacionismo científico. Debéis aceptar lo antes posible estas enriquecedoras tendencias que tantísimo están aportado a Occidente, una sociedad que no deja de avanzar y que de ningún modo se encuentra en una crisis profunda de valores, ni en una espiral de autodestrucción y esterilidad.
Para terminar, y resumiendo todo lo expuesto arriba… ¡¡que os den por culo!!



