Hoy el Madrid juega una final de Champions, y creo que es buena idea dejar de vivir estas cosas como una cuestión de vida o muerte, aunque sea paradójico decirlo en una página futbolera. No me parece mal eso del burbujeo pelotil, pero los nervios exacerbados y la incapacidad de ver los partidos sin una abundante ingesta alcohólica no me parecen algo sano. Yo mismo me encontré unos días atrás soñando con el partido, lo cual es un indicador inequívoco de ansiedad. Al despertarme pensé: «¿qué coño?», y me prometí relativizar totalmente ese evento deportivo; puede decir que desde entonces he estado muy tranquilo.
Con esto no niego que sería muy bonito alzar la 14, ni el valor simbólico que tiene el fúrbol, especialmente para un país donde quedan tan pocas cosas que alcancen la excelencia. La trayectoria del Madrid en esta Champions ha sido ejemplar (si bien caótica), y hemos tenido la satisfacción de eliminar a los que quizá son los tres clubes más antipáticos de la actualidad. Ganar hoy sería la culminación de la hazaña, pero no podemos engañarnos: al día siguiente esos clubes seguirán ahí, mangoneando lo que un día fue un deporte bastante noble y viril, y lo que es peor, los regímenes que los sustentan también seguirán en el mismo sitio, promoviendo unos valores casi totalmente opuestos a los occidentales, pero con la perruna colaboración del propio occidente; vease si no el servil recibimiento que dispensó recientemente España al emir de Qatar, por lo visto un gran aliado y estadista, a diferencia del psicópata Putin.
Por supuesto, nada de lo anterior significa que no debamos disfrutar de este gran espectáculo futbolístico. Se enfrentan dos excelentes equipos, de estilos muy distintos, y a poco que despliguen su juego veremos un choque muy entretenido y emocionante. Es además de un enfrentamiento sano: por mucha rivalidad que exista entre ambos clubes, el Loserpool no es la sucursal de un petroestado, como los tres rivales que el Madrid ha dejado por el camino. Veo a los rojos como favoritos, no por talento sino por una mayor disciplina táctica y un entrenador que toma decisiones menos políticas; pese al éxito ¡entre el público de los chascarrillos de Ancelotti, estos no pueden enmascarar que es un técnico con miedo a sentar a ciertos jugadores. Y a diferencia de otros aficionados, pienso que empezar con un equipo peor e intentar ganar en los últimos 30 minutos es una pésima idea.
En fin, qué puedo decir. La mayoría de fansistas caminamos firmemente hacia los cincuenta (madrilismo boomer), y realmente debería haber en nuestras vidas penas y alegrías mayores que las derivadas de un show donde no tenemos la menor influencia. Si ganamos será una pasada, pero tampoco ocurrirá nada grave si perdemos, o si nos meten cinco, o si un día el equipo baja a Segunda. Mi consejo (y es un buen consejo) es que dejéis de preocuparos, paséis una noche muy entretenida y luego cenéis con alguien a quien queráis mucho, para celebrar bien la victoria, bien ese afecto. ¿Unos traguitos? Sí, gracias, pero sin llegar al punto de narcotizarnos, que no somos moros, pero tampoco borrachos.
Disfrutadlo con salud y Hala Madrid.


