Viajamos a Chelsea (donde habrá aficionados, pese a las sanciones) con la bonita misión de encaminar el pase a semifinales. ¿Y cómo pinta la cosa?
En una palabra: jodida.
Os preguntaréis por qué. ¿Es nuestra plantilla muy mala? Hombre, tiene sus carencias, pero tampoco es la peor de la élite. ¿Jugamos como el culo? Pues depende del día: algunos hacemos el ridículo, y otros nos salen cositas interesantes. No, el problema no es que el equipo sea especialmente malo, sino que, como tantas veces en la historia madridista, se limita al Sota, Caballo y Rey, con una escala jerárquica en el once observada religiosamente por el entrenador. En aras de la sacrosanta «estabilidad del vestuario», se renuncia a rodar a jugadores más jóvenes y a renovar esquemas, convirtiéndonos en un equipo tremendamente previsible y vulnerable ante cualquiera que sepa explotar nuestras debilidades.
Se da la circunstancia de que el pergeñador de todo esto, el singular Angeloti, se ha quedado en Madrid debido a una indigestión de jamón serrano al covid, por lo que nos dirigirá una joven promesa de los banquillos, Davide Ancelloti, que de ninguna manera está ahí por nepotismo. Sin embargo, se da la circunstancia de que a sus 32 añitos no ha podido o no ha querido sacarse el carnet de técnico, así hace falta algún culo titulado que caliente el banquillo, y ese no será otro que Abián Perdomo, preparador de la cantera que no se ha visto en otra así en su vida. Sin embargo, no teman, que no tocará el exquisito equilibrio de nuestro juego: como si fuera un guiñol, a Perdomo le meterá la mano en el culo Davide, y a Davide se la meterá Aneglote vía telefónica. Resultado: CMK haga viento, lluvia o calor, y en caso de duda, también CMK. Que no deja de ser como cuando el Barcas insistió en poner de referencia ofensiva a un acabadísimo Messi durante un lustro de ridículos europeos. Pero ya se sabe: ¡¡con lo que nos han dao!!
¿Cuál es el previsible plan entonces? El mismo de París: dar toquecitos en el centro del campo mientras los azules (que están teniendo una temporada muy discretita) nos pasan al lado como aviones y llegan a puerta cada poco, con Curtuá en plan palas de pinball hasta que se la metan (la pelota). Suena bien, ¿no? Pero quién sabe, quizá Angelote Jr. le haya preparado una astuta emboscada a Truchel… ná, no creo.
Claves: un Modric que no se vea desbordado y ofrezca una de sus noches de rendimiento excepcional; Vinicius siendo Stefan y no Steve; Benzema tirando de experiencia y calidad para hacer su magia; y otras cosas tácticas de las que no tengo ni pajolera idea, pero que otras personas os pueden explicar. Ni confirmo ni desmiento que un 0-0 sería buen resultado.
Mientras tanto, en los dos primeros partidos de cuartos la verdadera estrella fue el colegiado del Shitty-Paleti, el rumano István Kovacs, quien se destapó como quizá el mejor árbitro de la actualidad. Pareció un verdadero viaje en el tiempo a la seriedad de los 70 y 80: vestido de negro cucaracha, totalmente insensible al teatro de unos y otros, observando las líneas de las barreras como si fueran su hijo recién nacido y despreciando la actual locura de los partidos de 105 minutos: cero segundos de alargue en el primer tiempo y dos minutos pelaos en el segundo; y se había ganado el derecho a hacerlo, porque realmente paró el juego lo mínimo. Ojalá nos pite en la vuelta, para poder estar al menos tranquilos en ese aspecto.





