En 1893, Arthur Conan Doyle, cansado de su creación literaria más célebre, arrojaba a Sherlock Holmes y al profesor Moriarty aguas abajo, teóricamente olvidándse del detective cocainómano para siempre. Parece que su intención era genuina, porque tardó diez años en resucitarlo, estimulado por la exigencia del público y por los más que generosos honorarios ofrecidos por sus editores. Es un patrón que más tarde se repitió habitualmente en la cultura popular, especialmente en el medio de los cómics superheroicos. Por el lado de Marvel, quizá se produjo cierto impacto cuando la buena de Jean Grey volvió de la tumba en 1986, pero hoy día nadie levanta una ceja cuando alguno de los héroes del panteón marvelita sigue los pasos de Lázaro. En cuanto a DC, alguien se ha tomado la molestia de llevar la cuenta, y por ejemplo Supermán ha muerto no menos de 15 veces.
Este ciclo de muerte y resurrección es una parte completamente asumida de la dinámica editorial comiquera, utilizada por los editores para ganar dinero engañanado a la plebe estimulando el interés en el producto. Tampoco es que al público parezca molesterle demasiado: la integridad de las historias siempre ocupará un lugar secundario frente a chutarse la dosis periódica, un fenómeno no muy distinto al de los hinchas futboleros.
Cuando lancé la humorada de cerrar el blog en caso de no golear al Barcas, sinceramente pensé que sólo un puñado de lectores se la tomaría en serio, y que menos aún darían crédito cuando supuestamente la llevara a cabo. Y sin embargo, parece que una mayoría dio por buena la defunción de Fans del Madrid, dedicándole incluso despedidas y obituarios. Lo más desconcertante de todo ha sido lo poco que obviamente me conocen mis seguidores, convencidos de que podría dar sepultura a una creación de casi dos décadas de la forma más displicente e inceremoniosa posible, en lugar de dedicarle una exequias a las alturas de la ocasión. ¿Y en serio pensábais que cerraría a mitad de una temporada, y por una derrota contra el huelemierda? En verdad, a un hombre no lo conoce ni la madre que lo parió, ni a menudo él mismo; cuanto menos los que observan desde fuera. Igualmente agradezco las muestras de cariño y la diversión de haber visto mi propio funeral, a lo Tom Sawyer.
En fin, no estoy tan cansado de mi Sherlock como para arrojarlo por las cataratas Reichenbach, y desde luego nunca será por una derrota de tantas, sino en el momento en que me parezca pulcro y conveniente. Fans del Madrí sigue adelante porque en este mundo colmado de ruido y sinrazón alguien ha de poner el contrapunto mediante la cabalidad disfrazada de locura; seguiremos combatiendo la desinformación, la mediocridad y el leísmo. Lo cual me lleva a que, si la vida os ha parecido un poco peor con Fans una semana fuera del mundo, quizá no sea tan irrazonable contribuir a su existencia mediante la membresía mensual, cuyo logo aparece en la columna derecha. Decía el buen Joss que prefiere soltar la panoja de golpe, pero para el creador de contenido es lo contrario: el ingreso sostenido le permite trabajar mucho más a gusto. No obstante, sé que dos euros al mes son una cantidad que puede desequilibrar el presupuesto más mimosamente elaborado; ante todo, que ninguna familia pase hambre.
El estado de la cosa
Quiero aprovechar el retorno a la actividad para glosar ciertas cosillas del club, que pueden resumirse en una sola frase: no hay nadie al volante. Ruego que no se me malinteprete pensando que el Madrí va hacia la ruina ni nada parecido: la entidad está gestionada con impecable ortodoxia económica, y los trazos del pincel van más o menos rectos, pero son tan toscos que por momentos se parecen peligrosamente a brochazos. Dicho de otra forma, la gestión al más alto nivel carece casi por completo de talento, imaginación y sutileza. La elección de Ancelotti a principios de temporada se guió por el mismo principio rector que el dejar bien plantadito el estadio en la Castellana, intentando construir un ovni sobre cimientos de 1943: una aversión colosal al riesgo y el convencimiento que lo único que necesitas para ganar es no desviarte en exceso de la misma hoja de ruta de las últimas décadas.
Desde luego, incorporar a Mbappé es excelente, pero no deja de ser un fichaje de portera de Núñez: traer al mejor del mundo resulta una decisión bastante sencilla de tomar, y en el sí del jugador parecen haber pesado mucho tanto su fascinación previa por el club como la asfixia de la jaula de oro parisina. Pero para rodearlo bien va a ser necesario proponer algo más que Angeloti e hijo dormitando en el banquillo, publicitar camisetas horteras en partidos decisivos y poner a Morricone en los no minutos de no silencio. Mi fe en que el gagá del palco dé un giro de timón que descoloque a nuestros rivales es nula, porque hace lustros que de ahí arriba no sale una idea deportiva alejada de los lugares comunes y del intentar complacer a todos, que es la receta segura para no complacer a nadie. Todo es cnsecuencia de carecer completamente de oposición y de vivir las 24 horas rodeado de yes-men, que en español podríamos llamar siseñores.
Y por último querría tocar el tema de otros creadores de contenido, concretamente los youtubers, que han arrasado con la información deportiva llevándose a un buen porcentaje del público, joven y muy hecho a estos formatos. Difícilmente se puede negar que estos videoblogueros están muriendo de éxito, al menos en lo respectivo a su calidad como informadores. Me refiero concretamente a su saturación de contenido, con la regla no escrita de subir dos vídeos diarios haya justificación o no, a menudo con titulares y miniaturas más engañosos que una portada de la Silver Age de DC. Iñaki Angulo todavía puede salvarse porque es un tío con carisma y que sabe bastante de fútbol, pero lo de su mascotilla, MonMonMon, ya es una cosa casi risible. Cuando a tus 38 añazos pareces un seminarista a quien se le va a caer la babilla en cualquier momento, lo mínimo para ser tomado en serio es hablar con rigor y ceñirte a lo que entiendes, en este caso los numeritos; titular con «Flo viaja a nosedónde para cerrar el fichaje de Haaland» y cebar el cuento día sí, día no, cuando esa operación está en chino, es tomar a todos por gilipollas y monetizar el canal a sangre y fuego, reduciendo peligrosamente las diferencias con un Roberto Gómez de la vida. Y por cierto, cuando el muchacho dijo «me han dado permiso para anunciar esto», sé de primera mano que al menos una de las personas consultadas no dio permiso; pero bueno, seguro que el vídeo dio beneficios muy ricos. Es curioso que quienes podrían permitirse ser independientes acaben calcando los vicios de los vendedores de humo profesionales.





