Sí, bueno, ¿no? Llega una de las pocas cosas capaces de distraer al continente de la narrativa impuesta por los medios los asuntos graves del mundo: una eliminatoria de Champions; la vieja nobleza -si bien un tanto vulgarizada- del Madriz contra la zafiedad desatada y nuevorriquesca del Pesegay. Se hizo un partido muy malo en la ida, y el resultado no fue mucho mejor, pero hay que disputar la lid.
El objetivo es meter dos goles, o marcar uno y defender el barco hasta llegar a la lejana playa de los penaltis. Se ha abolido el valor doble de los goles visitantes, y hay quien dice que eso matará las eliminatorias, pero yo no tengo una opinión fuerte al respecto; en el fondo, era una regla bastante marica y a menudo injusta. Respecto a este cruce, la diferencia será que con 2-1 o 3-2 iremos a la prórroga, resultados que anteriomente nos habrían dejado fuera; eso que tenemos ganado.
Se vio quizá al mejor Madrit del año contra la Real, lo cual despierta cierta esperanza, pero claro, hablamos de Ancholoto: el tipo es perfectamente capaz de alinear un equipo peor que el del sábado. No obstante, al final tendrán que pelearlo los mastuercillos de blanco, ojalá con algún rostro nuevo (ejem, Caraminga) para poder sorprender mínimamente a Paquetino y cia. Faltarán Casemiro y probablemente Kroos, lo cual es una ocasión para salirse de los viejos esquemas. Sería bonito un resurgir de Vinicius, que lleva un par de meses neymarizado; desde luego una noche como la de hoy es ideal para que saque… la calidad, sobre todo en presencia del Principito que pronto vendrá a destronarlo.
En fin, el equipo lleva un curso terriblemente irregular, pero lo menos que puede esperarse es que el pesegay experimente dos horas (¿ymmedia?) de sangre, sudor y lágrimas, no de lucha más o menos cómoda y descafeinada. Lo del miedo escénico murió hace tiempo, y más con tanta lona, pero seguimos siendo el Madriz, y esta sigue siendo nuestra competición. Si tenemos que palmar, que sea con las botas puestas, no en chancletas.





