La maldición de la banda sonora

Rappol

La siesta es una costumbre muy española, por no decir castellano-manchega. Cuando en casa de mis abuelos —uno fascista, que chupó trullo, y otro indiferente, que mamó frente republicano por la fuerza—, era la hora de la siesta no había lugar en el que tirarse un pedo. Se dormían en cualquier parte, los buenos hombres, condicionando el espacio disponible para el ruido y el silencio; pero el aura de sus ronquidos ocupaba todas las estancias de sus casas. Era «la hora de la siesta», y si tenías ganas de marcha, tenías que irte a la calle, a Hiroshima o Nagasaki, por estricto respeto a los caídos.

El Madrid tuvo que sobreponerse a las costumbres del horario del partido y —quizás espoleado por el homenaje a Gento—, mostró un dominio avasallador sobre el Elche durante los primeros cuarenta y cinco minutos del encuentro. Era un Madrid pleno, con detalles de confianza como las salidas con el pie de Courtois y las carreras de derroche de Chopped Vázquez, tristemente finalizadas a la hora de centrar, que es un verbo que el gallego nunca ha terminado de conjugar bien.

Sin embargo, el dios del fútbol la tenía morcillona. Y como la diosa del fútbol se había ido a dormir porque había tomado un par de copas de vino en la comida, se distrajo de sus habituales funciones y comenzó a castigar más a los despiertos que a los que estaban amodorrados. El primer penalti fue tan indiscutible como los demás, pero Benzema tenía ganas de cachimba por lo propicio de la hora, y truncó su racha anotadora desde los once metros con un lanzamiento impropio de su calidad. Este error fue la primera pista. Lo que parecía ser un plácido evento se iba a tornar «The narrow way» sin que sonara Pink Floyd.

Hazard estaba por allí. Era difícil no verle, con ese siete que no sé si cabría en una valla publicitaria de esas que te encuentras en las colinas que flanquean las rutas por la meseta. A veces centrado, a veces errático… Con el escaso crédito que ganó en Copa, creo que Ancho se equivocó alineándolo desde el principio. Debía de haber respetado el reparador sueño después de la comida del domingo, que suele ser más abundante y regada que la de otros días de la semana, si es que no eres una persona con criterio.

El Elche tiró dos veces y metió dos goles contra todo pronóstico y lógica. En el segundo, por ejemplo, Direct TV mostraba una estadística patrocinada por Microsoft, que hacía notar que el tiro del tipo ese que marcó tenía un 12% de posibilidades de convertirse en gol. Sea como fuere, hacia el 80 de partido andábamos 0-2 y los abuelos todavía no se habían despertado.

Modric (qué partidazo volvió a jugar, el abuelo) acortó distancias tras recordarle a Benzema cómo se tienen que tirar los penaltis cobrados. Benzema el de los isquios. Ojo con esto, porque si la ausencia de Vinicius desangela la banda izquierda y baja la tensión de la corriente, la del francés pone al ataque del Madrid en riesgo energético. Cuando falta Benzema somos un poquito de PSOE con otro poquito de PP. Y eso cuando Casemiro parece Ada Colau no puede ser más que una muy mala noticia para lo que viene.

Porque al final se empató, sí (gran Militao, de nuevo). Pero la superioridad del Madrid a lo largo de todo el partido tuvo un pobre reflejo sobre el marcador. Y en las próximas semanas vienen los partidos verdaderamente importantes, porque la Liga está medio hecha ya. Y seguro que Gento era de buen comer y buena siesta, para luego dar la talla durante el resto de la jornada, atendiendo al horizonte. Ahí tenemos que estar para ganar las copas, como la semana pasada.

Qué bien nos hubieran venido tres minutos más.

https://www.youtube.com/watch?v=TvhMd6PhvTM

El Socio

Nunca he creído en esa superstición ridícula de que los eventos previos al partido distraen a los jugadores: si un profesional se descentra porque antes del minuto inicial hay dos minutos de coros y danzas, bien puede dedicarse a otra cosa. Lo que sí creo es que, cuando en cualqueir casa el suelo está sin barrer y no se cuidan los detalles, eso acaba impregnando todo lo que pasa dentro. El Madrid volvió a hacer el gitano con un espectáculo ramplón y carente de clase, desplegando fotos gigantes de Gento y un montón de copas, pero siendo incapaz nuevamente de invocar un minuto de silencio en el Santiago Bernabéu. Nuevamente se recurrió a la música, aunque esta vez se descartó al ya desgastadísimo Morricone, haciendo una elección ligeramente más digna: el adagio para cuerdas de Samuel Barber, compuesto en 1938 pero usado en numerosas películas, como El hombre elefante, Platoon e incluso Amelie. Fracasar de nuevo en esta urbanidad básica es una falta de respeto no sólo al finado, sino al público, al que se considera demasiado poco sofisticado para permanecer callado la sesentaava parte de una hora.

En el brazo, por supuesto, los jugadores portaban un patético pedazo de cinta aislante de electricista, porque al parecer en toda la ciudad de Madrid no existe un comercio donde puedan adquirirse veinte brazaletes negros, ni tampoco el espónsor Adidas se ha ofrecido a proporcionarlos. En el club, que tiene tanta gente listísima como Manolo Redondo, Ramón Martínez, el simpar (y amiguísimo de Roures) JAS, Fdez. de Blas o Enrique Sánchez (tan preocupado de ejercer de perro de presa en las asambleas), nadie, absolutamente nadie, se ha preocupado de señalarle al absorto presidente este ridículo supino, que se repite incesantemente a lo largo de las temporadas. No me importa quedarme solo en esta lucha: sé muy bien lo que me digo y por qué lo digo.

Se puede afirmar, en una visión caritativa del partido, que el Madrid dominó… al Elche, decimoquinto clasificado que llegó al Bernabéu con ocho bajas y cinco jugadores del filial. Dominarlos no era ninguna hazaña, sino el mínimo exigible. Sobre el fallo de Benzema podemos argüir que estaba cansado, mental o físicamente, pero era el minuto 33… resulta más certero decir que, a veces, simplemente la cagas. El gol del Elche fue su único disparo a puerta de la primera mitad… en una jugada pésimamente defendida, no se produjo en el vacío.

Para cuando los jugadores volvieron al campo, las cintitas negras ya se habían desprendido (gran respeto al muerto), y Ancholoto había hecho exactamente nada para reencauzar el partido. Donde un entrenador de élite habría impuesto la serenidad, introduciendo de paso algún refresco, el italiano dejó que el nerviosismo se apoderara de sus pupilos, quienes no dieron pie con bola hasta los últimos diez minutos. Como pasa muchas veces, fue un segundo gol del rival el que derribó las barreras psicológicas (ante el convencimiento de que ya no hay nada que perder), y el gol de penalti acabó de desbloquear la mente de los blancos, quienes ya entraron en el modo rodillo. El punto salvador se logró gracias a un Militao que voló alto, muy alto, en la acción más memorable de la tarde.

Conclusiones: esta plantilla está por encima de un entrenador carente de recursos e imaginación. Son ya cuatro los pinchazos en casa, contra Osasuna, Villarreal, Cádiz y Elche, partidos que eran casi victoria obligada. Ayer se puede alabar la actitud, o lamentar el corto tiempo de descuento (nos hemos acostumbrado a esperar miniprórrogas), pero eso no debe ocultar unas carencias que pueden costar muy caras. Las malas elecciones se pagan, desde ahogar con bandas sonoras lo que deberían ser callados homenajes hasta escoger técnicos de vuelta de todo.

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– Real Madrid: 2 (Modric (pen.) y Militao)
– Elx: 2

Día de pecheo

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Vagos y maleantes.

Sí, bueno, ¿no? Ayer nuestro único rival por el título la cagó, así que por supuesto hoy, respetando una de las más venerables tradiciones madridistas, nos toca hacer lo propio. Jiji, jaja, el Elche, un equipucho, el otro día les ganamos con los suplentes. El plan es exactamente el mismo que el del otro día: jugar andando y esperar a que «la calidad de los nuestros se imponga». De hecho, en el entrenamiento de ayer Ancianotti pilló a un jugador corriendo demasiado y le gritó: «Ma cosa fai?! En questa partita tenemos que reservare la nostra forza!» Así que nada, a dosificarse para la Champions, que queda menos de un mes, o para la Copa, que la jugaremos sin brasileros. Las risas empezarán cuando vayamos 0-1 en el minuto 20 y entonces sí, ya valdrá correr, pero como putas por polígono.

Se da la circunstancia de que antes del partido se rendirá homenaje a Paco Gento, y yo me pregunto con gran ingenuidad si por fin esto se hará mediante un minuto de silencio verdadero y completo. Quiero recordarle a la directiva madridista (que no debe acordarse ni de lo que comió ayer) que la decisión de poner música en tales ocasiones se debió a que en aquellas época los cafres de los ultras bicoteaban sistemáticamente esos segundos de homenaje para que se oyeran sus rebuznos; pero puesto que hace bastante años que están fuera del estadio, es hora de presentar respetos como Dios manda, no con la HORTERADA suprema de poner la banda sonora de «Érase una vez en el Oeste» durante 30 segundos, que cualquier día va a salir el puto Charles Bronson en el videomarcador. En la vida puedes ser muchas cosas, pero jamás un PALETO, y mucho menos cuando se rinde homenaje a una persona desaparecida. Lo que pido es una quimera, claro: volveremos a tener Morricone y un puto trozo de cinta aislante haciendo las veces de brazalete funerario, porque el HORTERA del presidente está colocando un techo en el estadio, pero la clase no se compra, ni se vende ni se inyecta.

En fin, que pinta bien la tarde. Para colmo, una buena parte de la borregada se quejará de jugar a la cuatro y cuarto porque estarán deseando echar la siesta (costumbre palurda por excelencia) y cagar el cocido que se han jalado para comer. Es el tipo de personaje que prefiere ir al campo a las nueve y media, pillar una neumonía triple y reventar en parte por la enfermedad, en parte por su estulticia. Alguno terminará tan amodorrado por ese fútbol vespertino que quizá hasta se pierda el clásico de basket que empieza justo después. ¿Es posible sacar algo positivo en medio de todas estas circunstancias adversas? Complicado, muy complicado…

American Chatarrers

Mike y Frank recorren una vez más las carreteras gringas en busca de los tesoros que oculta la chatarra de los estadounidenses.

– Mike: Oye, mira esa finca, parece que tienen un montón de trastos en el patio. ¿Quieres dar un vistazo?
– Frank: Sí, de paso aprovecharé para cagar. La verdad es que me pasé zampando tacos en ese mejicano…

Los dos chatarrers llaman a la puerta y son recibidos por un hillbilly que sostiene una escopeta, luce una barba de metro y medio, y va ataviado con un pijama de cuerpo entero color rosa.

– Hillbilly: ¡¿Coño quieren?!
– Mike: Sólo echar un vistazo a su chatarra, amigo. ¡Pagamos en efectivo!
– Frank: Y usar el baño si es posibe.
– Hillbilly: Mmm, bueno, pasen…

Mientras Frank hace de vientre, Mike empieza a examinar los desorganizados objetos que llenan buena parte de la finca. Enseguida ve artículos que le llaman la atención.

– Mike: Vaya, una máquina de chicles antigua. Se están cotizando mucho, si la reparo puedo sacar 50 dólares por ella. Amigo, ¿qué tal veinte dólares por esto?
– Hillbilly: ¿Ese trasto? Todo suyo.

Frank regresa de sus «quehaceres».

– Mike: ¿Qué tal, mejor?
– Frank: Sí, «aliviado», je je. ¿Qué tenemos por aquí, alguna ganga?
– Mike: No mucho de momento… mira a ver por aquel montón de allá.
– Frank: A ver, a ver… Vaya, el carburador de una Harley del 58. ¿Valdrá la pena?
– Mike: No, costaría más repararlo que lo que nos darían por él. ¿Qué te parece este cartel de barbería?
– Frank: Mmm, tiene encanto… ¡Amigo! ¿30 dólares por el cartel?
– Hillbilly: ¡40!
– Frank: ¡Hecho!
– Mike: Bueno, al menos no nos vamos de vacío. Pero este patio tan grande… mira un poco más, algo debe haber por ahí.
– Frank: Ooooh… mira lo que he encontrado.
– Mike: ¿A ver, a ver? ¡Coño! ¿Eso es…?
– Frank: Sí, un Hazard casi nuevo. Con algo de restauración y un buen engrasado dará el pego perfectamente.
– Mike: Está un poco gordo, ¿no?
– Frank: Hombre, qué quieres… tampoco va a estar como recién salido de la fábrica. ¡Amigo! ¿60 por el Hazard?
– Hillbilly: ¡Qué dice! ¿No sabe que era una estrella internacional? ¡Imposible por menos de 100!
– Frank: Buf… Realmente quiero llevármelo… lo quiero… pero cien se nos sale del presupuesto. Mire que hay que adecentarlo y luego buscarle un comprador… ¿Qué tal 80?
– Hillbilly: ¡85 y no acepto un dólar menos!
– Frank: ¡Hecho!

Mientras tanto, Mike ha estado escarbando en otro montón.

– Mike: ¡Vaya, parece que es nuestro día de suerte! ¡He encontrado un Isco en muy buen estado!
– Frank: Bueno, lo de muy buen estado… Nos van a clavar un pico por arreglarlo.
– Mike: Tranquilo, conozco un fisio italiano que te recupera a quien sea, y además me hace precio.
– Frank: Eso servirá si nos hacen precio a nosotros… Amigo, ¿qué le parecen 45 dólares por el Isco?
– Hillbilly: ¿Está de coña?
– Frank: Hombre, reconocerá que no está en las mejores condiciones… ¿Realmente pensaba venderlo algún día?
– Hillbilly: ¡Me gusta verlo ahí tirado con sus mofletes, es como un enano de jardín!
– Mike: Lo entendemos, lo entendemos, pero usted es un hombre de negocios… ¿no le parece que 50 es una buena cifra?
– Hillbilly: ¡Ja! Prefiero seguirle viendo las lorzas.
– Mike: Claro, uno le coge cariño a sus cosas, pero realmente nos gustaría cerrar la venta… sería un buen día para nosotros. ¿Pongamos 55 y todos contentos?
– Hillbilly: ¡Los cojones! Yo sé lo que valen mis artículos, caballero…
– Mike: Mmm, ya… ¿Digamos 60… y 10 más por el retrovisor de la Harley?
– Hillbilly: Hum… ¡Hecho!
– Mike: ¡Genial, venga esa mano!

De nuevo en la carretera, Mike y Frank reflexionan sobre sus adquisiciones:

– Frank: 145 por un Hazard y un Isco… arriesgado.
– Mike: Nada, tranquilo, costará un tiempo, pero algún beneficio les sacaremos. La verdad es que ese viejo era duro.
– Frank: Sí, pero bueno, ¡ya verá la sorpresita que le dejado, je je! Igual le cuesta más la fontanería que lo que le hemos pagado.
– Mike: Tienes un peligro…

En la finca que han dejado atrás, el viejo paleto se siente satisfecho con sus ventas.

– Hillbilly: ¡Ja! Menudo par de panolis. Vaya clavada les he metido por ese par de trastos.
– Hija del Hillbilly: Papá, será mejor que vengas a ver el baño…

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– Elx: 1
– Real Madrit: 2 (Isco y Hazard)

Gento nunca existió

Ha fallecido Francisco Gento. Este nombre, junto con el de Luis Suárez (el jugador español, no el macarra del Atlético) siempre ha descuadrado a nuestra prensa deportiva, por romper el relato de que el mejor jugador nacional de la historia es Xavi o Iniesta. Se trata de algo comprensible hasta cierto punto: lo contemporáneo siempre está más fresco y parece mejor (dentro de 30 años muchos se sorprenderán de lo poco relevante que parecerá Messi en ese momento), y además comparar con el pasado requiere la pesada labor de hacerse con material de archivo e investigar (anatema para el periodista promedio). Pero sobre todo, las glorias pasadas ya no tienen prebendas que repartir, mientras que las recientes pueden ofrecer un jugoso botín en forma de entrevistas, información privilegiada o simple acceso a su persona; al fin y al cabo, lo que más suele motivar al periodista deportivo es recibir la radiación residual emitida por la estrella.

Sí, Gento resultaba en cierta forma incómodo: 12 Ligas, 6 Copas de Europa (récord no igualado), una Euro, miembro clave del equipo más dominador de la historia… pese a ello, se lo quiso dejar fuera de la comparación con otros jugadores con méritos probablemente inferiores. Pero Gento fue leyenda y fue superlativo, el hilo conductor en sentido casi literal de ese Madrid que reinventó el fútbol entre 1955 y 1966. Fue el cántabro algo parecido a lo que hoy es Vinicius, un fichaje arriesgado y jovencísimo, de «tobillos subnormales», que casi fue devuelto a su pueblo tras la primera temporada de blanco. Pero Gento se quedó y triunfó, porque en 1952 y en 2022 un tipo que corre un 30% más que los demás es indefendible en cuanto aprende algunos de los trucos del oficio (por cierto, ¿para cuándo un archivo videográfico del club digno del nombre?).

Con Gento quizá se termina de morir ese equipo que a fuerza de mítico hoy día casi parece irreal. Más allá de un conjunto que ganó mucho, era un retazo de la España de la época, ese país golpeado pero orgulloso; pulcro, humilde y esforzado en formas que resultan difíciles de concebir desde la óptica actual. Tampoco quiero sacralizar la época ni a esos jugadores en particular: sin duda tendrían sus taras, soberbias y mezquindades, pero por las propias circunstancias que vivieron estaban incomparablemente más asentados en la realidad que cualquier profesional actual. Soy un pollavieja, lo admito: detesto la publicidad en las camisetas, detesto los tatuajes y detesto a los gilipollas, por eso el fútbol contemporáneo me es tan difícil de digerir. Los once tipos llanos vestidos con algodón blanco impoluto, jugando en un estadio ocupado por 100.000 españolitos ataviados con el traje de los domingos conforman un ente ético y estético insuperable por su simple irrepetibilidad; no podemos volver allí, porque ya no sabemos ser así.

Gento ganó de blanco y de rojo, en el segundo caso con un águila de San Juan en el pecho, otro hándicap para quienes reescriben la historia a su conveniencia, pero que no borran del palmarés de sus equipos las Copas del Generalísimo. Algunos eligen venerar a horteras de nulo carisma y dudosas lealtades, que jamás habrían triunfado fuera de su cuidado entorno de laboratorio y propaganda (a la que contribuyeron hasta el punto de renunciar a un Balón de Oro que cualquiera de ellos podía reclamar). Otros preferimos la callada épica de un Gento que, desgastando la banda izquierda a lo largo de varios lustros y miles de galopadas, se convirtió en la leyenda que ganó más que nadie.

Metralleta

Por Rappol

La magnitud que suponía el reto de ganar la Supercopa Mozárabe obligó al Madrid al arduo ejercicio de desempolvar su manual de juego en finales de cualquier índole. De este modo, el partido contra el Atlético de Bilbao resultó todavía más plácido que el disputado en semifinales contra el Barceloni, y a los cambios de Carletto me remito. Más allá del penalty que detuvó magníficamente Courtois y que le costó la expulsión a Militao (gran partido del brasuca, otra vez), todo lo que alcanzo a recordar por la parte de los etarras es un tiro de Sancet con mucha intención, como la decoración exterior del Museo Guggenheim a la vera de la ría, a la que solo se ha tirado un negro en toda la historia de Euskal Herria para rescatar a un Jimmy. Ahivá la hostia, ¿cómo se suicida la gente en Bilbao? Pretendiendo ganarle una final al Madrid.

El retorno de Alaba al eje de la defensa madridista nos devolvió la media eréctil, complementada con una mejora del criterio para la salida del balón desde atrás y, qúe duda cabe, de la seriedad en las jugadas defensivas a balón parado. Qué gran fichaje ha sido el austríaco, y qué lejos queda ya el recuerdo de Sergio Ramos (y su mujercita), ya solo carne para la marabunta mediática de El Hormiguero.

Marcelino plantéo un partido de contraataque desde el principio, sin guarrerías extremas. Bastaba con volcar el juego sobre la única zona del campo donde había un debe defensivo: la de Chopped Vázquez. El chico tiene la maldición de la Coz de Busquets, y parece que no se recupera. Está nervioso. Está impreciso. Melonea. Cochinillea, en lugar de caracolear. Se pega palmetadas en la frente cuando la caga, como si fuera un Good Doctor de Sanxenxo. Ojalá no lo hayamos perdido del todo, o podamos hacer alguna clase de híbrido entre él y Carvajal, porque contra equipos con extremos serios por la izquierda se nos puede quedar cara de Garzón —bendito apellido—, con el pantalón cagao en una macrogranja sin saber dónde se encuentra el retrete.

El Modric encarriló la final con un tiro fantástico, gracias a la buena primera parte del Rodrygo, insistente y persistente desde la derecha del ataque blanco. En otro lugar y en otro tiempo serían El Modri y El Rodri, y serían la verga en verso. Aquí en el Madrid, se arrastran y tapan vergüenzas, pero de las ajenas. Vaya partidazo se volvíó a cascar el croata madrileño, y van… Sólo espero que el club esté a la altura de Luka; y le devuelva toda la calma, toda la clase, toda la garra, todo el fúbol y toda la vida que él ha entregado —y sigue entregando— a la camiseta blanca. Modric es un dios blanco. Florentino, no le falles.

Hubo luego una segunda parte, parecida a los trenes de Putin llevando tanques, vehículos blindados, artillería, cañones antiaéreos, camiones y valverdes a la frontera con Ucrania. Pero nada más que manos y penaltis fue la segunda parte. No sé. ¿Què quieren que les diga? No jugaba el Barceloni. No jugaba el Arleti. No había fútbol. Nadie tiraba palos desde la grada a los jugadores. Nadie tenía un nombre acabado en «i». Nadie tenía el Covid. Nadie estaba sin vacunar. Nadie dudaba de su sexo. Nadie comía carne. Nadie quería tener descendencia. Nadie quería vivir. Y por eso Benzema marcó su pena máxima, Courtois le paró la suya a Raúl García, y el Real Madrid volvió a levantar una copa con olor a aceite de argán. Porque el Madrid quería ganar, mientras el resto del mundo no sabía lo que quería.

Y por eso, y no por otra cosa, el Madrid volvió a ganar. Djokovic… toca.

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– ETA miltar: 0
– Imperio Español: 2

Vamos a perder con la ETA

Drop the bomb.

Si os asomárais a los ojos de un futbolista y pudiérais adentraros en su mente, comprobaríais que esta tiene tanta profundidad como la de una vaca. Para cualquier jugador contemporáneo que ha avanzado mínimamente en su carrera, conceptos como «gloria», «ambición» o «trascendencia» carecen por completo de sentido, habiendo sido reemplazados por otros como «pasta», «putas» o «pollas» (las tres pes). El furbolista, mientras no tiene el futuro totalmente asegurado, puede dejarlo todo en el campo y esforzarse como un simple mortal, pero una vez tiene dinero para diez vidas todo eso acaba. Hay excepciones raras, como Zidane y Cristiano, y por eso cuando esos dos «enfermos» se juntaron en el Madrid ganaron tres Champions seguidas, fazaña que se creía imposible en el balompié moderno. Haaland y en menor medida Bapé también puede pertenecer a esa raza de mutantes.

Si alguien quiere entender por qué el otro día salimos a masajearnos las pelotas contra los lisiados blaugranas, no tiene que buscar explicaciones más complicadas. Los que salieron al campo son unos tipos hastiados de fútbol, que se limitan a funcionarialmente partidos del calendario. Cierto que tenemos alguna honrosa excepción, como Benzema o Modric, pero los demás juegan como quien aprieta tornillos en la fábrica, bajo la abúlica dirección del capataz comechicles, el muy indiferente Ancianotti. Caso especial es Vinicius, quien aún tiene la «rage» pero que la va a perder pronto. En proceso acelerado de Neymarización, cada vez está más pendiente de protestar al árbitro. «Me han pegado aquí»; «no me dejan regatear». Pues claro que no, hijo de puta, si te parece te van a poner una alfombra. Agarra la pelota y plántate en la línea de fondo; y si te cazan antes, te jodes, te levantas y sigues jugando hasta que te saquen en camilla, mariconazo.

Hoy jugamos una final contra un club cuyo historial es… en fin; digamos que unos crían la fama y otros cardan la lana. Pero eso sí, el Atlético de Bilbao (como lo llamaba Zarra) tiene hambre: para ellos sacar la gabarra carcomida esa es un rito tribal que los lleva a la más delirante apoteosis, aunque sea por ganar una Supercopa de mierda. Saldrán al campo a morir, mientras los del Emirates CF pastan sobre el césped, pensando en sus negocietes, en su próxima sesión de fotos, en la zorra con la que van a poner los cuernos a su pareja. Están demasiado cansados, demasiado aburridos, demasiado de vuelta. Son los monstruítos que hemos creado.

Bah.