Rappol
La siesta es una costumbre muy española, por no decir castellano-manchega. Cuando en casa de mis abuelos —uno fascista, que chupó trullo, y otro indiferente, que mamó frente republicano por la fuerza—, era la hora de la siesta no había lugar en el que tirarse un pedo. Se dormían en cualquier parte, los buenos hombres, condicionando el espacio disponible para el ruido y el silencio; pero el aura de sus ronquidos ocupaba todas las estancias de sus casas. Era «la hora de la siesta», y si tenías ganas de marcha, tenías que irte a la calle, a Hiroshima o Nagasaki, por estricto respeto a los caídos.
El Madrid tuvo que sobreponerse a las costumbres del horario del partido y —quizás espoleado por el homenaje a Gento—, mostró un dominio avasallador sobre el Elche durante los primeros cuarenta y cinco minutos del encuentro. Era un Madrid pleno, con detalles de confianza como las salidas con el pie de Courtois y las carreras de derroche de Chopped Vázquez, tristemente finalizadas a la hora de centrar, que es un verbo que el gallego nunca ha terminado de conjugar bien.
Sin embargo, el dios del fútbol la tenía morcillona. Y como la diosa del fútbol se había ido a dormir porque había tomado un par de copas de vino en la comida, se distrajo de sus habituales funciones y comenzó a castigar más a los despiertos que a los que estaban amodorrados. El primer penalti fue tan indiscutible como los demás, pero Benzema tenía ganas de cachimba por lo propicio de la hora, y truncó su racha anotadora desde los once metros con un lanzamiento impropio de su calidad. Este error fue la primera pista. Lo que parecía ser un plácido evento se iba a tornar «The narrow way» sin que sonara Pink Floyd.
Hazard estaba por allí. Era difícil no verle, con ese siete que no sé si cabría en una valla publicitaria de esas que te encuentras en las colinas que flanquean las rutas por la meseta. A veces centrado, a veces errático… Con el escaso crédito que ganó en Copa, creo que Ancho se equivocó alineándolo desde el principio. Debía de haber respetado el reparador sueño después de la comida del domingo, que suele ser más abundante y regada que la de otros días de la semana, si es que no eres una persona con criterio.
El Elche tiró dos veces y metió dos goles contra todo pronóstico y lógica. En el segundo, por ejemplo, Direct TV mostraba una estadística patrocinada por Microsoft, que hacía notar que el tiro del tipo ese que marcó tenía un 12% de posibilidades de convertirse en gol. Sea como fuere, hacia el 80 de partido andábamos 0-2 y los abuelos todavía no se habían despertado.
Modric (qué partidazo volvió a jugar, el abuelo) acortó distancias tras recordarle a Benzema cómo se tienen que tirar los penaltis cobrados. Benzema el de los isquios. Ojo con esto, porque si la ausencia de Vinicius desangela la banda izquierda y baja la tensión de la corriente, la del francés pone al ataque del Madrid en riesgo energético. Cuando falta Benzema somos un poquito de PSOE con otro poquito de PP. Y eso cuando Casemiro parece Ada Colau no puede ser más que una muy mala noticia para lo que viene.
Porque al final se empató, sí (gran Militao, de nuevo). Pero la superioridad del Madrid a lo largo de todo el partido tuvo un pobre reflejo sobre el marcador. Y en las próximas semanas vienen los partidos verdaderamente importantes, porque la Liga está medio hecha ya. Y seguro que Gento era de buen comer y buena siesta, para luego dar la talla durante el resto de la jornada, atendiendo al horizonte. Ahí tenemos que estar para ganar las copas, como la semana pasada.
Qué bien nos hubieran venido tres minutos más.
https://www.youtube.com/watch?v=TvhMd6PhvTM
El Socio
Nunca he creído en esa superstición ridícula de que los eventos previos al partido distraen a los jugadores: si un profesional se descentra porque antes del minuto inicial hay dos minutos de coros y danzas, bien puede dedicarse a otra cosa. Lo que sí creo es que, cuando en cualqueir casa el suelo está sin barrer y no se cuidan los detalles, eso acaba impregnando todo lo que pasa dentro. El Madrid volvió a hacer el gitano con un espectáculo ramplón y carente de clase, desplegando fotos gigantes de Gento y un montón de copas, pero siendo incapaz nuevamente de invocar un minuto de silencio en el Santiago Bernabéu. Nuevamente se recurrió a la música, aunque esta vez se descartó al ya desgastadísimo Morricone, haciendo una elección ligeramente más digna: el adagio para cuerdas de Samuel Barber, compuesto en 1938 pero usado en numerosas películas, como El hombre elefante, Platoon e incluso Amelie. Fracasar de nuevo en esta urbanidad básica es una falta de respeto no sólo al finado, sino al público, al que se considera demasiado poco sofisticado para permanecer callado la sesentaava parte de una hora.
En el brazo, por supuesto, los jugadores portaban un patético pedazo de cinta aislante de electricista, porque al parecer en toda la ciudad de Madrid no existe un comercio donde puedan adquirirse veinte brazaletes negros, ni tampoco el espónsor Adidas se ha ofrecido a proporcionarlos. En el club, que tiene tanta gente listísima como Manolo Redondo, Ramón Martínez, el simpar (y amiguísimo de Roures) JAS, Fdez. de Blas o Enrique Sánchez (tan preocupado de ejercer de perro de presa en las asambleas), nadie, absolutamente nadie, se ha preocupado de señalarle al absorto presidente este ridículo supino, que se repite incesantemente a lo largo de las temporadas. No me importa quedarme solo en esta lucha: sé muy bien lo que me digo y por qué lo digo.
Se puede afirmar, en una visión caritativa del partido, que el Madrid dominó… al Elche, decimoquinto clasificado que llegó al Bernabéu con ocho bajas y cinco jugadores del filial. Dominarlos no era ninguna hazaña, sino el mínimo exigible. Sobre el fallo de Benzema podemos argüir que estaba cansado, mental o físicamente, pero era el minuto 33… resulta más certero decir que, a veces, simplemente la cagas. El gol del Elche fue su único disparo a puerta de la primera mitad… en una jugada pésimamente defendida, no se produjo en el vacío.
Para cuando los jugadores volvieron al campo, las cintitas negras ya se habían desprendido (gran respeto al muerto), y Ancholoto había hecho exactamente nada para reencauzar el partido. Donde un entrenador de élite habría impuesto la serenidad, introduciendo de paso algún refresco, el italiano dejó que el nerviosismo se apoderara de sus pupilos, quienes no dieron pie con bola hasta los últimos diez minutos. Como pasa muchas veces, fue un segundo gol del rival el que derribó las barreras psicológicas (ante el convencimiento de que ya no hay nada que perder), y el gol de penalti acabó de desbloquear la mente de los blancos, quienes ya entraron en el modo rodillo. El punto salvador se logró gracias a un Militao que voló alto, muy alto, en la acción más memorable de la tarde.
Conclusiones: esta plantilla está por encima de un entrenador carente de recursos e imaginación. Son ya cuatro los pinchazos en casa, contra Osasuna, Villarreal, Cádiz y Elche, partidos que eran casi victoria obligada. Ayer se puede alabar la actitud, o lamentar el corto tiempo de descuento (nos hemos acostumbrado a esperar miniprórrogas), pero eso no debe ocultar unas carencias que pueden costar muy caras. Las malas elecciones se pagan, desde ahogar con bandas sonoras lo que deberían ser callados homenajes hasta escoger técnicos de vuelta de todo.
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– Real Madrid: 2 (Modric (pen.) y Militao)
– Elx: 2






