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Historia e histeria

Creo que es imposible ver una final de Champions (o Copa de Europa) como algo vulgar. Quizá sea así cuando tengamos 40 o 50, pero a día de hoy, por más que llevemos ganadas dos seguidas, el partido decisivo sigue irradiando esas sensaciones distintivas de “lo gordo”. La plantilla del Madrid tiene un reto enorme ante sí: quedarse en blanco este curso, sin ganar nada limonada, o entrar en la leyenda como tricampeones. Sería para poner los nervios como cuerdas de violín a cualquiera que no fuera jugador merengue: estos tipos, por muy cabezabuques que sean, ya juegan finales de Champions como otros juegan los jueves al póker con sus amigos.

Por supuesto, es una tranquilidad no compartida por el aficionado, por naturaleza es miedica y supersticioso, y que ve las finales en ascuas hasta el pitido final. Pero quiero encargaros un ejercicio para antes del partido, muyayos: que visualicéis una derrota del Madrí y que entendáis que no es ni mucho menos algo tan importante: sólo puto fúrbol, y si palmamos el sol seguirá brillando, la Tierra girando y las tías siendo guarrillas. ¿Que mucha gente mala se alegrara? Hombre, pues sí, pero a ver si os creéis que Lama o Robinson van a dejar de ser unos hijos de la gran puta porque ganemos la 13. Hacedme caso, no podemos cifrar nuestro bienestar en lo que piensen o dejen de pensar una panda de miserables. Además, puede que dentro de poco tengamos a Pdr y Begoña ETT como pareja presidencial. ¡¡Eso sí que sería jodido!!

Pero claro, queremos ganar, sería la polla. Además, tenemos esa deuda pendiente del 81. ¿Que el Liverpool es muy simpático? Que les jodan mucho, ya ganarán otro año (o no). Rica anécdota: la familia de Salah sacrifica tres terneros cada vez que juega un partido importante; resulta gracioso ver cómo la progresía defiende el entronque en nuestra cultura del islam (que aún tiene un pie en la Edad Media) y al mismo tiempo afirma que la vida humana y la animal tienen el mismo valor. Bueno, supongo que si el egipcio ficha por el Madrid ya sacarán el tema, pero a día de hoy el Liverpool es el enésimo “equipo del pueblo”. Por cierto, parece que la afición madridista será franca minoría en la grada, pero ya se vio en Belgrado lo que cuenta eso. Además, la grada está como a 3 km del campo (curiosos los criterios de la UEFA para asignar la distinción “Estadio 5 estrellas”).

En fin, el júrgol cada uno se lo folla como quiere, pero mi recomendación es sufrir lo menos posible y disfrutar de la final; es lo que yo intentaré, al menos. Finalizo la entrada con esta excelente remembranza remitida por un fansista:

Mis ojos han visto… por @frinondas

27 de Mayo de 1981, final de Copa de Europa de las de antes, la de los putos campeones de cada país, y no cuartos clasificados. Tengo 13 años. Vivo en territorio hostil, el del puto Barça de Migueli, Simonsen y el Brujo. Catalonia is an opressed nation y otras polladas ya asoman como reclamos. Yo quiero la sétima. El Madrid de Stielike, Camacho, Santillana y Juanito (probablemente el único ídolo que he tenido en mi putabida) se la juega en una noche en el Parque de los Príncipes.

El rival, un Liverpool de medias bajas, pierna fuerte y pelos largos. Equipo duro, con Clemence, Lee y Dalglish. Llego justo a casa después del entreno. La tele de casa está okupada por mis hermanos infieles que están viendo no sé qué cojones y me envían a ver el fútbol a una tele en blanco y negro minúscula en la cocina. Qué mal se pasa siendo un chaval, coño, en la ciudad equivocada y con una tele de 13 pulgadas en b/n.

El partido es puro tacticismo, y de eso el Madrid nunca ha sabido. Llega el minuto 81 y un tal Kennedy nos lanza un zurriagazo que nos jode la Copa. Vaya putada. La sétima a esperar Amsterdam 98.

Acaba el partido. Llaman al teléfono de casa. Si, antes existía sólo un teléfono para todos. Estaba en el pasillo de cada putacasa. Por ahí pasaba el novio de tu hermana, la abuela, el primo del pueblo y hasta mi hermano para encargar cosas sospechosas. Pues que me ponga al teléfono. Un amigo de clase, un tal Josep. Sus risas aún las recuerdo. Que gente más ruin, llamando al amigo de clase del equipo rival para descojonarte de su derrota. Con 13 años. Ese día me hice un hombre. La de veces que desde entonces el Madrid se ha hecho más grande, universal, ganador, han sido incontables. Y jamás he llamado a ningún amigo culé en sus desgracias (hola Steaua).

Ser del Madrid no es lo más valiente (tiene más güevos ser del Español, del Celta o del Alcorcón). Pero ser del Madrid es estar en el lado recto de la vida. Es ir de cara, con güevos y sabiendo que todos brindarán con tu sangre en caso de que caigas. Que brinden pues.

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El momio


Los corredores confiaban en Pepi.

Además de las emociones que genera en el campo, el fúrbol ofrece a los más audaces, a aquellos que disfrutan un poco de riesgo y no encuentran inmorales los juegos de azar, otras satisfacciones de naturaleza pecunaria. Vamos, que puedes aumentar el gustirrinín de la victoria llevándote unos duros. Hay también quien utiliza las apuestas como mecanismo de defensa: metiendo dinero a la derrota de su equipo, saben que se llevarán alguna alegría, ya sea deportiva o económica. Esto de hecho está muy extendido entre los yoyerdos: lo llaman “seguro antiDuodécima” o “antiTridécima” (según toque) y lo aplican tan pronto como en los octavos de final; alguno ha llegado a llevarse picos importantes. Si esto es una actitud inteligente o de “loser”, lo dejo al criterio de mis cultivados lectores.

Pero en fin, centrándonos ya en la final de mañana, ¿qué alternativas ofrece para el apostante? Lo primero que hay que decir es que el Madrid es favorito para los corredores de apuestas, pero tampoco exageradamente: la victoria blanca en el tiempo reglamentario se paga a un abultado 2,2 por euro jugado, lo cual no es una cuota de superfavorito (por ejemplo, la victoria un equipo grande contra un pequeño en casa del primero se suele pagar a 1,3 aproximadamente). El empate en la final se paga a 3,75, mientras que la victoria del Liverpool en el tiempo reglamentario daría 3 euros por cada uno jugado; cuota grande, pero no exagerada. Hilando más fino, sí aflora el favoritismo merengue: el Madrid campeón por cualquier método (tiempo reglamentrio, prórroga o penaltis) se paga a 1,7, mientras que el Liverpool campeón por cualquier método se queda en 2,15.

Una de mis apuestas favoritas es el medio tiempo/final del partido, porque suele ofrecer cuotas muy altas. Por ejemplo, el empate al descanso con victoria final del Madrid se paga a un nada desdeñable 5,5. Y si alguno piensa que vamos a sufrir de verdad, la victoria del Pool al descanso con remontada madridista final se va a una cuota de 21 euros por cada uno jugado. El caso contrario (Madrid ganando al descanso pero perdiendo al final) se paga 26 a 1.


El Olímpico de Kiev, cojonudo estadio de atletismo.

También habrá quien piense que ganaremos de paliza: una victoria por mínimo 3 goles de diferencia se paga a 6,5, y si es por mínimo 4 goles se va a una cuota de 15. En el otro lado de la moneda, una victoria inglesa por al menos dos goles de diferencia se paga 5 a 1.

Pero sin duda los que más ganan son los que tienen la capacidad o la suerte de acertar el resultado exacto: un resultado tan simple como 1-0 a favor del Madrid da unos beneficios de 13 a 1. El 2-0 tiene una cuota de 15, y el 2-1 da 9 euros por cada uno jugado. Por supuesto, los resultados exóticos ofrecen mayores beneficios: el 4-1 se va a una cuota de 29, el 4-2 se paga a 34 y un loco 4-3 llega a los 81 euros por cada uno jugado (puede ser una apuesta bastante popular, conociendo los hábitos goleadores de los finalistas). La victoria del Liverpool cagando piedras y quedando 0-1 ofrece una abultada cuota de 15.

En fin, se trata sin duda del partido del año y por ello las casas ofrecen posibilidades variadísimas (se puede apostar por más de un centenar de parámetros, como goleadores concretos, córners, goles en propia puerta, etc.). Podéis echarles un vistazo vosotros mismos y decidir si ponerle algo de picante económico a la final o si con los vavienes del partido ya os basta y os sobra para infartaros.

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Lo que nos dejó la temporadanal

Por fin han terminado las putas ligas (y copas) de fútbol. A espera de petardazo final de la Champions, hagamos un rápido repaso de lo ocurrido en el viejo continente esta temporada:

Italia:

Fue una temporada poco convencional, hasta cierto punto. El Inter empezó muy fuerte, pareciendo incluso que lucharía por el título, pero se hundió muy rápido; finalmente se conformó con entrar en Champions de milagro, remontando a la Lazio (que también tuvo una breve efervescencia) en la última jornada. Así, la Serie A volvió a ser un duelo entre Juve y Nápoles, ganado por los turineses pese a algunos tropiezos finales. Los bianconeri siendo un excelente equipo, que ha ganado ya 7 ligas consecutivas (para llegar a 34), pero que ha tenido la mala suerte de topar con un Madrid imperial; sus dos solitarias Copas de Europa parecen una anomalía, y sin duda volverán a volcarse en la Champions la temporada que viene, la primera post-Buffon. En la final de Copa vapulearon 4-0 a un Milan que casi da pena; comprado por un chino sospechosísimo, sin dinero y sin figuras, el único consuelo de los lombardos es haber vuelto a la competición continental, aunque sea por la puerta de atrás de la Europa League. Además de por la retirada de Buffón, la temporada se recordará por la llegada de la Roma a semifinales y su remontada contra el Parcas. Terceros en liga, los romanos podrán intentarlo de nuevo el año que viene, aunque difícilmente repetirán un año así. Otra anécdota es el ascenso del Parma, refundado hace unos años y que ha ido subiendo sin fallo desde la Serie D.

Francia:

Absolutamente ninguna historia. El Lyon soñó con hacer algo tras ganar en el Parque de los Príncipes, pero se hundió poco después. De este modo, el monstruoso PSG ganó la liga con “sólo” 13 puntos de ventaja sobre el Mónaco, y eso porque no ganó en ninguna de las 4 últimas jornadas, cuando ya eran campeones. También se llevaron la Copa contra un Tercera. Las dos grandes incógnitas de los parisinos para el año que viene son quién los entrenará y si podrán mantener a sus dos super-fichajes del año pasado. Habrá culebrón.

Inglaterra:

Pepi sumó 100 puntos por primera vez en la historia de la Premier, con un equipo mínimo, hecho de retales. Sacó 19 puntos al Manchester, en la que fue seguramente la temporada más aburrida en la historia del fútbol inglés. Mou está en plena decadencia, pero pese a todo logró la mejor clasificación del United en mucho tiempo, y no se cuestiona su continuidad; si finalmente se lleva a Bale, el año que viene podría hacer algo importante. El gran damnificado fue el Chelsea, fuera de la Champions pese al consuelo de ganar la FA Cup, una competición cada vez más intrascendente. Wenger se despidió de forma patética, dejando al Arsenal fuera de Champions, un triste final para un hombre que tuvo su momento pero que debió salir hace al menos tres temporadas; ni siquiera pudo ganar la absurda Copa de la Liga (0-3 contra el City). Y si los “gunners” buscaban a un motivador para su nueva e histórica etapa, desde luego Emery no parece la elección idonea.

Alemania:

Otra temporada infumable, con el Bayern a 21 puntos del segundo clasificado, un Schalke que se plantó ahí a última hora. Tercero fue un Hoffenfeim que será el “Wolfsburgo” de la temporada que viene en Champions. El Dortmund, con 55 paupérrimos puntos, ni se presentó a la batalla, pero salvó los muebles con el cuarto puesto. La revelación del año pasado, el Leipzig, se quedó fuera de Champions por dos puntos, y se conformará con la Europa League el año que viene, quizá una competición más acorde a un proyecto tan joven.

En la final de Copa, el Bayern hizo el ridículo más absoluto, perdiendo 3-1 contra el Eintracht e intentando escudarse en una jugada mal video-arbitrada en el minuto 94. El histórico equipo de Hesse logró su primer título de los últimos 30 años.

España:

Paseo militar para un Parcas al que le valió una especie de media inglesa (ganar o empatar) para apuntarse la Liga con “sólo” 93 puntos. Muchas risas, eso sí, con la forma en que perdió la imbatibilidad. El Paleti quedó en su puesto preferido (segundos) y sumó otra gloriosa Uropa Lij. El Madrí bien, jugando la Champions. Perdieron la categoría el Dépor y los equipos de dos vendeburras: Las Palmas (Jémez) y Málaga (Míchel).

···

En fin, así se cierra el curso en los grandes campeonatos. Las Ligas centroeuropeas, con sus sistemas de playoffs, aún continúan, y las del Norte empiezan ahora, aunque pronto se verán interrumpidas por el Mundial. ¿Cuál es la conclusión principal? Que las únicas ligas grandes con una semblanza de competición son la española y un poquito la italiana, motivo por el cual estos países dominan la Champions. El fútbol inglés sigue con su habitual blandura, y lo de Francia y Alemania es una cosa tistísima; aunque el Bayern sigue siendo competitivo a nivel europeo, parece claro que cada vez tiene menos nervio y callo; veremos en qué estado queda cuando se retiren sus veteranos. Vale la pena resaltar la creciente importancia de la Champions, una competición en la que sólo participar ya vale más que ganar la Copa de cualquier país; realmente las Federaciones y Ligas deberían ponerse de acuerdo para premiar con Champions al podium de la Liga y al campeón copero, lo contrario es convertir las Copas en un pesado lastre para jugadores y público.

Examinando un espectro temporal algo más amplio, resulta innegable que España es la gran dominadora del fútbol en el siglo XXI, en clubes e incluso en selecciones. ¿A qué se debe esto, después de décadas de frustraciones? Una respuesta cínica sería decir que tenemos la mejor mandanga, y probablemente ese sea el caso, pero necesariamente hay algo más. Los hechos apuntan a importantes mejoras en los sistemas de cantera, la calidad técnica de los jugadores y los sistemas tácticos de los equipos. Con todas sus taras y miserias, el fútbol patrio está ahora mismo por encima de todos, y parece que seguirá ahí durante unos años más.

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Estoy impresionado

“Real Madrid, campeón de Europa” es una de las frases más bonitas de la lengua española. El Real de basket alcanzó nuevamente la gloria de manera casi anónima, en medio de glosas sobre la carrera de ese personaje insulso llamado Iniesta y de la indiferencia del madridismo gañán, que sólo entiende el unga unga del fútbol. Da igual: esto casi agranda la hazaña, lograda a base de profesionalismo y sentido del deber, no por epatar a las masas amorfas.

Es notoria la escasa fe que tenía en esta victoria: realmente temía la solidez del CSKA y que, incluso en caso de ganarles, no fuéramos capaces de tener dos buenas actuaciones seguidas; hasta pedí con vehemencia el relevo del lolaso. Pero vaya Final Ford se ha cascado el equipo, señores: dos partidos no perfectos, pero espectaculares, con una regularidad y una seriedad en defensa desconocida hasta ahora. ¿Era esto lo que estuvo buscando Laso durante siete años, con multitud de probaturas y descartes? Podría ser.

Dos momentos definitorios: la jugada de Ayón en la semifinal, detectando un pasillo que le permitía entrar totalmente solo a canasta y poniendo un +8, y el enceste de Thomkins tras dos tiros libres fallados por Causeur. Y hablando del francés, hizo el partido de su vida: el MVP fue para Doncic porque al fin y al cabo es un premio publicitario que pone en el escaparate un pedazo de carne que pronto será consumido en la NBA, pero bien se lo podría haber llevado nuestro elegante dorsal 1, recién certificado como estrella ya cumplidos los 30. No son los únicos nombres a citar: ahí está Felipe, haciendo que no se extrañe a Nocioni, y sobre todo Llull, que debutó esta temporada en los putos cuartos de final de la Euroliga, viniendo de una rodilla rota, y desde entonces ha sido totalmente decisivo. ¡¡Qué jugador!!

Y claro, quien se ha graduado definitivamente es Laso, con un título más brillante que el que se ganó en Madrid y todo en contra, ante los dos otros equipos más fuertes del continente. Decía el viernes que Fenerbahce no era local, pero en realidad sí lo era: su técnico es serbio, y ayer había entre 10.000 y 15.000 turcos en el Stark Arena (sólo 10 horas de autobús entre Estambul y Belgrado), contra una minúscula representación de menos de 500 madridistas. Pero nuestro calvo supo buscarle las vueltas al mismísimo Zeljko, y aunque seguiremos llamándolo Lolaso, se ha convertido ya en don Pablo Laso, ganándose con creces seguir al frente del proyecto.

Hay que insistir en lo meritorio de la victoria, con un presupuesto inferior que saca a relucir un inconfundible estilo madridista, proveniente de nuestras mejores épocas: inteligencia y acierto por encima del puro músculo económico, algo que también estamos viendo en el fútbol. Por supuesto, también hay errores e impreovisaciones, pero los resultados son apabullantes. La Final Four del año que viene se juega en la ciudad de Laso, y por supuesto ahora es una obligación (llevada muy satisfactoriamente) el ganarla. Habrá un plantillón, sin Doncic pero con Llull y Kuzmic. Que le den al técnico lo que pida para completar: si dice que necesita a Lebron, que intenten ficharlo, coño.

Nos hemos pasado el fútbol y el basket, y aun así creo que se avecinan grandes cosas. El lolaso ha muerto, larga vida al lolaso.

REAL MADRID DE BALONCESTO

DECACAMPEÓN DE EUROPA

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¿Quién se llevará la Décima?

Hoy el Madrid juega una final de Copa de Europa, y como club abocado al dominio y la hegemonía, su mundo se detiene y los aficionados contienen la respiración. Es una prueba realmente decisiva para un proyecto, el Lolaso, tan innovador como errático, tan ilusionante como exasperante. En sus primeras seis temporadas, el Real lolasiano llegó a tres finales de Euroliga, ganando sólo la de Madrid, y ahora afronta la cuarta, la de la confirmación como equipo campeón o como “buen competidor”. Por supuesto, así es como o veo yo; un posible relevo parece más lejos que nunca.

La final es contra el actual campeón, el Fener de Obradovic, quien tiene tantas Copas de Europa como el Madrid: nueve. Gane quien gane hoy, alguien tendrá diez títulos. Se da la curiosa circunstancia de que Laso fue jugador a las órdenes de Obradovic en el Madrid, aunque no formó parte del equipo de la Octava; una vez más, para triunfar hay que matar a tus ídolos. E ídolo sin duda es Obradovic, quien nunca quiso probar en la NBA porque piensa que “no es para él”. Tiene lógica: un técnico cuyos equipos casi siempre se han movido en los 70 puntos no sería muy bien visto en una liga donde los tanteos de 130 empiezan a ser frecuentes.

Diría que, de las dos plantillas, la del Madrid tiene algo más de talento, aunque, como siempre, hay que demostrarlo en la pista, y complementarlo con carácter. Quizá esto último es lo que le falta a “Wonder Boy” Doncic, recién nombrado MVP de la Euroliga. Pero mira, aunque le critique sus tatus de cani y que se le arrugan un poco los huevecillos, en la semi me di cuenta de lo que lleva dibujado en la escápula: en un mapa de España… con el escudo del Madrid encima. Una horterada, sí, pero ya que vas a desfigurarte, hay diseños peores que ese; aún podría hacer algo grande hoy. ¿El Fener? Un muy buen equipo, ya se sabe, pero seguramente peor que CSKA, y esta vez no será local. Ojo a Vasely, que es muy bueno pero también bastante tonto.

El jarrón de la Euroliga no es especialmente bonito (se parece a una UEFA), pero su valor sería enorme para el club; sería el segundo que logrésemos, uniéndose a las ocho orejonas de los tiempos míticos (el título del 95 era una especie de pisapapales, pero al parecer la FIBA lo cambió retroactivamente por la clásica canasta con orejas). Por cierto que hace 38 años que no somos campeones de Europa lejos de casa, ya va siendo hora. Además, la Final Ford del año que viene se juega en Vitoria, que (aún) es España, por lo que tenemos la ocasión de hacer algo muy, muy gordo. Venga leches, con cojones y madridismo.

Final Ford, Final – Real Madrid-Fenerbahce. Pabellon Ned Stark, 20:00, Streamingvisión.

El deváter

Por fin acabó la Liga, ¡qué alivio! El Madrid acabó su via crucis en el pulcrísimo Estadio de la Cerámica (seh), con un no menos pulcro empate ante el Villarreal, ni frío ni calor. Bale volvió a marcar y a alimentar el debate sobre si debería jugar en Kiev, cuestión en realidad insoslayable porque es un jugador descomunal que además está en muy buen momento. La lógica (esa cosa que no tiene por qué existir en el fútbol) dice que Zidane repetirá su once de confianza, pero también es cierto que tiene cierta tendencia a sorprender. A mí me gustaría ver a un Gareth Bale en el once de Kiev y en el Madrid 18/19, y aún no descarto ninguna de las dos cosa,s porque si ganamos tanto aún debe quedar gente lista en el club.

Por lo demás, el equipo parece fuerte físicamente, entonado y en excelente disposición para la final. Sólo queda velar armas y esperar que salgan a hacer lo suyo dentro de seis días.

– Picharreal: 2 (?)
– Real Madrid: 2 (Bale y Cristiano)

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Joder, qué bárbaro, oye

Por MadridSXXI

Ganamos… con dos cojones. Tuve la inmensa suerte encima de seguir la transmisión por la TV3, y comprobar cómo el sentimiento de euforia y buen rollo que despedían los comentaristas en el primer cuarto iba decayendo hasta convertirse en tono de funeral en el último cuarto a falta de dos minutos, cuando comprobaban cómo el Madrid volvía a restregar su cimbel por sus culerdos rostros. Y lo gosé, lo reconozco, lo gosé musshhho.

Fue un partido inusualmente serio y concentrado por parte de los chicos de nuestro siempre querido Lolaso, del que jamás nadie de aquí ha dudado ni por un segundo. Una defensa impresionante que cortocircuitó el ataque ruso y que permitió que en dos arreones nos pusiésemos por arriba y ya no soltar el mando. Si defendemos igual mañana, creo que tenemos muchísimas posiblidades de ganar. Como dije, el Fener no me convenció demasiado en la primera semifinal, y el Zalgiris, un equipo bastante menor siendo sinceros, tuvo sus posiblidades de llevarse el encuentro, cosa que no hizo por sus errores, no por acierto turco.

Mañana, pues, a montar en la montaña rusa de Laso y confiar en que lleguemos a buen puerto. Pero la sensación de anoche fue muy positiva. Serios, concentrados. Como debe ser.

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