Sí, bueno, ¿no? Según nos cuentan los medios de incomunicación, el Madrí está a punto de cerrar la incorporación de un tuercebotas que hace un año jugaba en el Leganés (Lago Ness), pero que por lo visto gracias a hacer unas cucamonas en Leizpig (Legazpi) ha multiplicado su valor por infinito (como diría el vasco del chiste: «¡coño! ¿Sólo?»). Como no podía ser de otro modo, el pollo en cuestión es un suegro del África suegra, porque el paradigma balompédico del siglo XXI es que si un mastuerzo no tiene cierto nivel de melatonina no vale ni pa tomar por culo.
Los Supertacañones de este blog (yo) queremos manifestar, con cortesía pero con firmeza, que estamos hasta los cojones de que se llene el Madrí de suegros que hacen parecer el céspet del Bernabéu la sabana del Serenguito (para eso sólo hacía falta el hipogeo). Algunos recordamos un tiempo en el cual el club blanco sólo jugaba con ídems, no tenía publi en la camiseta e incluso alguna vez tenía la honra y prez de recibir en su palco a Su Excelencia el Generalísimo, Jefe del Estado. Todo eso ha quedado atrás, arrasado por las arenas del tiempo, y la institución atraviesa una crisis de identidad que amenaza con convertirla un foco permanente de caos, horterada y desmoralización social.
Así pues, solicitamos (con las referidas cortesía y firmeza) que se dejen de fichar suegratas en tierras tan sospechosas como Francia, Brasil o Germania, y más bien busquen sus nuevos talentos en latitudes mucho más respetables, como Noruega, Filandia o Islandia. Es más, pedimos que no se incorpore a ningún jugador cuyo culo sea más oscuro que la puerta de una nevera Zanussi, usando una pantonera para medir los tonos.
Alguno dirá (los traidores de siempre) que los suegros han aportado mucha gloria y títulos al Madrí en los últimos tiempos. Nosotros no recordamos tal cosa: en nuestra memoria, las verdaderas figuras diferenciales han sido paradigmas de los fenotipos europeos, tales como Modric, Toni Grosso o Garets Béils, siendo las excepciones un moro que pasaría por blanco sin dificultade (Zipayo) y un gitano en la misma situación (Cristino). Sabemos que el presidente está en su etapa Joe Bidet, chocho y pedorro, pero con las entendederas que le queden podría dejar un verdadero legado, mucho más que la Batcueva de los cojones, y empezar la verdadera revolución que devuelva al Madrid siquiera un ápice de su antigua gloria. Que conste que no queremos discriminar a nadie, y aunque quisiéramos, que no queremos (o sí), sería por una excelente causa, no peor que las del separatismo vasco y catalán, que tan buena acogida tienen desde hace décadas en el parlamento de la ex-nación.






