Empiezo la entrada aclarando que doy por hechas la defenestración de Pellegrini y la contratación de Mourinho, por lo que podemos considerar comenzada la era del portugués. Su llegada va a tener muchos y variados efectos, pero para mí el más destacado será el polarizar a la afición del Madrid como no se había visto nunca. Tanto es así que ya son varios los socios que en sus comentarios de diversos medios electrónicos han amenazado con darse de baja si Mourinho finalmente firma por el Madrid. No sufran, aún no he visto al pipero capaz de renunciar al asiento donde posa su pesado trasero cada dos fines de semana, pero aunque lo hicieran hay una lista de miles de personas esperando por un abono.
Lo que estas reacciones dejan claro es la gigantesca dimensión alcanzada por el fenómeno que aquí hemos denominado piperismo, latente desde hace mucho en una afición abúlica y alimentado semana a semana durante muchos años desde los medios. El resultado es un aficionado de estrechísimo criterio futbolístico, que tan sólo considera aceptables los modelos que impliquen mucho»toque», altos porcentajes de posesión y el etéreo concepto de «juego ofensivo». Este sector, mayoritario en la grada y cerrilmente raulista, considera la etapa de Vicente del Bosque como algo idílico y el patrón al que regresar. A sus ojos, el salmantino pachón no sólo logró «conjuntar a las estrellas», sino también proyectar una imagen de sentido común y humildad, o lo que es lo mismo no decir una palabra más alta que la otra, la mejor forma de agradar en este imperio de lo políticamente correcto en el que vivimos.
Huelga decir que tal forma de entender el club choca frontalmente con cualquier amago de reivindicar nuestra histórica supremacía en el fútbol mundial o de desafiar a nuestros rivales. Tanto es así que un periodista presuntamente madridista y tan bien situado como Perro Pablo San Martín ha llegado a decir que Cristiano Ronaldo… ¡¡no es el tipo de jugador que gusta al aficionado madridista!! Obviamente PP es un tío muy tonto y muy acomplejado, pero algo de eso hay en la masa social. Y si la actitud retadora de Cristiano causa rechazo en algunos, cómo será la cosa con Mourinho, un tipo que ha construido por cimpleto su personaje alrededor de la chulería. Tristemente, a buena parte de la afición no le gusta ver a un entrenador que se considera especial; que tiene la victoria como objetivo número uno, por encima de «estilos» y «principios»; que no tiene reparos en hacer la guerra psicológica al rival y exponer socarronamente sus puntos débiles y contradicciones.
Huelga decir que este rechazo es un problema para el presidente Pérez, artífice principal y casi único del fichaje, pues seguramente lo último que desea es un cisma en la grada. Yo por el contrario creo que esta división será a la larga muy beneficiosa para el club. Me explico: la tarea de educar a los piperos desde los argumentos es demasiado difícil, la propaganda mediática es brutal y sería una batalla de unos pocos contra todo un ejército. ¿Pero qué ocurriría si el pipero presenciara, semana tras semana, cómo el estilo de fútbol que considera tan tosco, tan poco ofensivo, tan antiestético, se lleva por delante a un rival tras otro, terminando por fin conquistando los títulos más importantes? ¿ Y si viera que las provocaciones del entrenador surten efecto, que consiguen descentrar al rival y para colmo son graciosas y ocurrentes? ¿Qué pasaría entonces?
Fácil: unos cuantos se pasarían al bando mourinhista, otros callarían como putas mientras siguiáremos y otros, los menos, se irían con viento fresco. Semejante depuración, que alejaría del Madrid a los elementos más fanáticos e indeseables, sería de por sí un enorme servicio. En cuanto a los otros dos grupos, los «conversos» irían despiperizando la grada a medida que fuera aumentando su número, y los silentes poco a poco podrían romper sus rígidos esquemos y aceptar en sus cabezotas que un ténico como Mourinho puede no sólo darnos títulos, sino liderar una etapa de dominio y éxito de las que dejan huellas en Europa; el famoso «ciclo» que andamos buscando actualmente.
A Mourinho le pedimos primoridialmente que haga un equipo fuerte, dominador, casi imbatible, proporcionándole el tiempo y los recursos suficientes. Pero además podría ser el catalizador de un profundo cambio de mentalidad en la afición, consiguiendo que aceptara distintos tipos de juego, que valorara a los jugadores exclusivamente por su rendimiento -rechazando frontalmente el concepto de «mito»- y que recuperara el orgullo y el aplomo que siempre caracterizó al Madrid, sin «perfiles bajos» ni falsa modestia. Si Mou lograra etodos stos objetivos habría que darle la laureada madridista, y pedirle que intentara superar en nuestro banquillo el récord de permanencia de Alex Ferguson en Old Trafford.
Con el cáncer del piperismo como problema número uno del Madrid, bienvenida sea esta guerra entre las dos facciones de la grada, y que la adicta al tiki-taka sucumba por la fuerza de los hechos y de los triunfos. Será un paso fundamental para lograr un Madrid acorde con los tiempos y al tiempo fiel a su naturaleza histórica.