
Siete a cuatro.
Bueno, sí, ¿no? En este Mundianal, a la Coja le ha tocado enfrentarse a varios países «apéndices»: Uruguay, Portugal y ahora Bélgica, «la chepa de Francia». Es este un país raro y reciente, plurilíngüe (característica letal), y cuyas regiones han pasado a lo largo de los siglos de mano en mano como las tetas de Sara Santaolalla. Legendarios son los esfuerzos que hizo España para mantener Flandes, la maldita Flandes que nos costó Portugal y que hoy en día no significa absolutamente nada para ningún español. Pero bueno, el Conde Duque de Olivares la consideraba fundamental por motivos geoplíticos de la época, y ahí mandamos a los tercios con sus picas a acumular heridas y hazañas.
Hoy día los habitantes de Flandes, también conocidos como flamencos (nada que ver con Enrique Morente), hablan neerlandés, pero en la otra mitad del país, los valones, hablan francés, por lo cual ni siquiera se entiende muy bien la existencia del país. ¿Por qué los flamencos no se integran en Países Bajos, y los valones en Francia? Supongo que por el motivo del chiste aquel del padre que pidió que lo enterraran en el campo: por joder. Lo peor de todo es que en algún momento la burrocracia (no es errata) continental decidió escoger Bruselas como base de operaciones, y esto ha logrado que dicha ciudad se gane la antipatía de toda Europa. Suele comentarse que la localidad con más prostitutas de lujo del continente es precisamente la capital belga, no resultando muy difícil deducir de dónde sale el dinero para pagarles; y de esta circunstancia se infiere también, por pura lógica, que es la ciudad con más hijos de puta del viejo mundo.
Sí, Bruselas es el nodo desde el cual operan personajes como Von der Leyen y Christine Lagarde, las Charos Final Boss, que nadie sabe muy bien lo que hacen, pero que todos tienen muy claro que nos quieren joder la vida y aplicarnos unos restricciones políticas y económicas que ellas jamás tendrán que sufrir. En definitiva, si el mayor T.J. Kong se paseara por ahí con su B-52 y una bomba atómica de sobra, Bruselas sería una candidata perfecta para recibir tan superdiabólico ingenio.
¿Tiene entonces alguna virtud redentora Bélgica? Increíblemente, sí: por algún motivo ha dado a algunos de los mejores autores de cómic de la historia, aunque eso sí, por la parte francófona. Estas tierras parieron nada menos que a Hergé (Tintin), Franquin (Spirou, Gaston Lagaffe), Peyo (Johan y Pirluit, Los Pitufos), Morris (Lucky Luke) y Jacobs (Blake y Mortimer), quien fue cantante de ópera antes que dibujante. Por eso, sólo por eso, yo personalmente justifico la existencia de tan extravagante país, que por otra parte debe ser muy bonito y seguramente más agradable que la Francia de los cojones. Hergé, por cierto, era más facha que Mussollini, y es muy gracioso ver los primeros álbumes de Tintin, donde se incluyen burlas descarnadas a la URSS y el intrépido reportero pasa sus ratos libres en el Congo intentando cazar leopardos y educando a unos negritos colonizados; afortunadamente, el autor nació demasiado pronto para que le llegara la cultura de la cancelación.
¿Por qué estamos escribiendo todo esto…? ¡Ah, sí, el fúrbol! Bueno, vamos a ver, la puta Coja (que no España) va a perder, y por un motivo muy simple: son maricones. ¿Es acaso Bélgica una gran selección? Claro que no, ninguna lo es realmente (los jugadores de cualquier combinado se conocen de cara y gracias), y sólo tiene tres jugadores identificables por las masas: Courtois, de Bruyne y Bluffkaku, pero ganarán a la Coja porque los futbolistas son profundamente supersticiosos, y pesará sobre ellos la sombra del 86, de otro Mundial mejicano y de Jean-Marie Pfaff. Es más, si llegáramos a penaltis y Courtois se cargara a la Coja, sería muy divertido verlo convertirse en un enemigo público de la podrida España sanchista y culerda.
No conviene engañarse: el país va directo al abismo político y social, pero al menos parece que podremos ver la implosión del entramado perrosanchista, con el hermano, la esposa proxeneta y unos cuantos más incluso comiendo maco varios años si se dan los supuestos más optimistas. Una victoria mundialista no sería más que un balón de oxígeno para estos hijos de la grandísima ramera, como lo fue la del 2010 para el zapaterismo, y por eso debe ser evitada por todos los medios.






