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Los designios del dios del júrgol

Este viernes, Dios menguante, se resolverá la eliminatoria más larga de la historia de la Champions, y es justo decir que nuestro Madriz lo tiene jodidillo para pasar en City. Ahora bien, ¿qué tiene que decir la entidad que parece dirigir este deporte con mano invisible, según unas directrices quizá establecidas la primera vez que alguien rellenó de aire una vejiga de vaca y echó a correr con ella bajo el brazo? Ciertamente da la impresión que los clubes artificiales, levantados desde la nada a golpe de talonario, no sólo le son antipáticos a los aficionados, sino también a este poderoso dios del fútbol.

Un ejemplo paradigmático es el Chelsea de Abramovich: decenas y decenas de millones arrojados a un pozo que parecía no tener fondo, y que no fructificaban en el premio de la ansiada orejona. Cuando por fin los azules llegaron a una final, el gran capitán, el veteranísimo John Terry, se resbaló cómicamente en el penalti decisivo, cercenando las esperanzas de su club y de su acaudalado presidente. Tras cuatro años y una nueva tanda de penaltis lograron por fin el título al mando de un entrenador que pasaba por allí, siendo necesaria toda la honradez y la fe de un semiretirado Drogba para contrarrestar el karma negativo del equipo. 9 años y probablemente unos mil millones de euros le costó la copita al ruso, quien para entonces parecía estar bastante hastiado, y que ha mantenido la propiedad del club principalmente por inercia.

Los casos de PSG y Manchester Shitty son un poco más extremos, para empezar porque sus dineros ni siquiera provienen de Europa, sino de Qatar, concretamente de la familia Al-Thani, la cual gobierna y posee de facto el emirato. Aunque los gobernantes de Qatar son algo más seculares que los que rigen las teocracias de Arabia Saudí o Irán, no dejan de ser personajes profundamente antipáticos para la sensibilidad europea, especialmente por su actitud de ricacho afanado en comprar todo lo comprable, ya sea material o inmaterial. Su entrada en el fútbol del viejo continente ha sido como la del proverbial elefante en la cacharrería, y unida a la omnipresente publicidad de los Emiratos, que adorna camisetas de todas las ligas europeas, ha creado una innegable incomodidad en el mundillo balompédico respecto a todo lo relacionado con Oriente Medio.

Sin embargo, el dios del fútbol ha tomado cartas en el asunto, no permitiendo a ninguno de los dos nuevos ricos acercarse siquiera a la gloria: El Manchester Shitty sólo ha catado las semis una vez, justamente fulminado por el favorito de esta dedidad, el Real Madrid, mientras que el PSG ni siquiera ha logrado pasar de cuartos. El grado máximo de antipatía hacia los dos petroclubes pareció llegar cuando la sanción de la UEFA al Manchester City confirmó sus impresentables prácticas de cebado de presupuestos, pero aún faltaba una última vuelta de tuerca: el levantamiento de dicha sanción por parte del TAS, que conmutó la misma por una ridícula multa de 10 millones de €.

Por supuesto, el perdón ha sido fruto de una compra de voluntades, porque no hay honradez ni reglamento que resistan los sobornos posibilitados por un presupuesto infinito. Esto saben los aficionados, lo sabe la UEFA y lo saben los clubes implicados, pero la falta quedará impune… a menos que ese diosecillo del balompié vuelva a intervenir. BEP cuenta con dos goles fuera de casa y con la plantilla más cara que ha podido comprar el petróleo qatarí, pero su club ha roto todas las reglas no escritas del fútbol y los celestes son, junto con el PSG y el Barcas, la cosa más asquerosa que hoy puede uno encontrarse sobre un campo de fútbol. Ya pueden esmerarse en jugar mejor que el Madrid, porque como alguna cosa quede al albur del azar o de los intangibles, bien puede ocurrir que esa noche les toque pagarlas todas juntas.

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Tromp

Es año bisiesto, y por tanto de elecciones en la USA. Probablemente se trate de la votación post-Guerra Civil en la que la población esté más polarizada, y rápidamente los bien pensantes saltarán diciendo: «¡¡Claro!! ¡Por culpa de Trump!» ¿Pero cómo podría no estar dividido el país cuando una mitad básicamente le está negando a la otra el derecho a existir, cuando la considera básicamente una casta inferior de gañanes, racistas y retrógrados? Las elecciones de 2016 fueron un golpe muy duro para esa primera mitad, para «los buenos», criados durante décadas en la convicción de que sus valores eran los únicos aceptables y aceptados, de que las posturas contrarias eran tan viles y anacrónicas que no tenían la menor posibilidad en unas elecciones.

La victoria de Orange Trump fue una bofetada de realidad tan contundente para este colectivo que los sumió en un estado traumático en el que nunca han superado la fase de negación. Primero fue la pueril convicción de que Trump no podría gobernar: «está loco, lo van declarar incompetente». Luego, tratar de negar la legitimidad de la victoria: «¡¡lo hicieron los rusos!!» (en una profunda ironía, quienes hicieron del senador McCarthy uno de sus espantajos histórico-culturales predilectos, se tornaron en McCarthystas convencidos). Ahora, con las elecciones a la vuelta de la esquina, hemos entrado en la fase final: evitar a toda costa que «el monstruo» repita.

Decía nuestro estimado Paribas en aquella noche memorable de la victoria trumpiana que su balance se limitaría a procurarle unos días de alegría a los rústicos que le habían votado. La realidad ha sido muy distinta: incluso aunque no saliera reelegido, el 45º presidente de los EEUU ha logrado abrir una grieta en la abrumadora hegemonía cultural que el progresismo ejerce en Occidente. Millones de personas han abierto los ojos a una realidad en la que no ser progresista, ecologista, feminista, etc., no significa necesariamente estar loco, ser un reaccionario ni estar en minoría. Por supuesto, ha habido otros presidentes republicanos, pero Trump ha sido el primero en entender plenamente la guerra cultural en la que estamos inmersos, librádola de forma muy eficiente gracias a su brío, densenfado y absoluta falta de complejos. Es una figura inédita en la política contemporánea, fruto en buena medida de las actuales tecnologías de comunicación.

Trump ha sido tan disruptor que incluso ha causado notable incomodidad en su propio partido, hasta su llegada confortablemente adaptado al discurso dominante. Los nevertrumpers han sido un fenómeno único de traición política y autosabotaje, siendo su miembro más sonrojante Arnold Schwarzenegger, a quien los escrúpulos no le impidieron preñar a su criada, pero le llevaron a rechazar a su presidente. Sin embargo, nada de eso puede tapar 3 notables primeros años de mandato, con cifras récord en empleo y otros indicadores económicos, una firme oposición a las maniobras del régimen chino y diversos logros internacionales; las reuniones con Kim Jong Un, que de haberlas realizado Obama le habrían valido otro Nobel de la Paz, fueron minimizadas por una prensa decididamente atrincherada en uno de los bandos. La gestión de la epidemia ha sido la gran prueba del presidente, y le ha pasado factura; su tendencia a la verborrea casa mal con una situación que requiere prudencia máxima en las declaraciones, y se ha visto atrapado entre el instinto empresarial de mantener la economía en marcha y las exigencias profilácticas de un epidemia inédita. Se podrá discutir si ha manejado bien la situación, pero no su firme voluntad de buscar soluciones, minimizar daños y comunicarse con transparencia.

Incluso ignorando totalmente todas las teorías de la conspiración que circulan (Epstein, Q…), es claro que Trump es la mayor amenaza al actual statu quo, al «business as usual», y que se van a hacer esfuerzos denodados por evitar su reelección. Los actuales disturbios que salpican los EEUU forman parte indirecta de dichos esfuerzos, dejando al descubierto la asombrosa irresponsabilidad de casi todos los políticos demócratas, incapaces de condenar contundentemente unos actos irracionales, ilegales y virulentamente destructivos. Grandes corporaciones también están dando su apoyo tácito a esta locura colectiva, bien porque sus dirigentes comulgan con la ideología que la impulsa, bien porque consideran que dicho apoyo les conviene comercialmente.

El hecho de que millones de estadounidenses menores de 40 años piensen que su país (el más próspero del planeta y el que más inmigración recibe) es una especie de infierno de desigualdad y racismo, con un pasado vergonzante del que hay que borrar todo vestigio, deja bien claro el tipo de sociedad que crea la dominancia cultural de la izquierda: alucinada, infantilizada, con conocimientos técnicos pero profundamente inculta; poseída de un radicalismo y un desprecio del contrario propio de las situaciones prebélicas; siempre, eso sí, en nombre de la tolerancia. Joe Biden es una completa nulidad política, un candidato por descarte, pero a su alrededor se aglutinarán todas las fuerzas que han erigido este modelo fallido y disfuncional, dispuestas a seguir bañándose en la autocomplacencia y, por supuesto, en monstruosos beneficios materiales. Lo que se dirime en Noviembre es si se retoma esa política suicida, avanzando hacia un estallido que se adivina próximo, o si se continúa por el camino de regeneración que ha desbrozado Trump.

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Encuestas pulíticas


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Al loro, que…

Vaya crisis que nos ha venío. Es cierto que las ruedas del mundo siguen girando, y que incluso la población mundial aumenta al mismo ritmo de siempre (¡pronto sabremos si incluso mayor, con tanta convivencia!), pero las rutinas… ay, esas nos las han dejado heridas de muerte. Incluyo dentro de las mismas gusticos que nos pegábamos, como el de comer fuera o el del cine; ¿cuándo podremos volver a soñar a la luz de un proyector?

Claro que, como dice el tópico, tras cada crisis hay una oportunidad, así como ocasiones de reinventarnos, de replentearnos las cosas, de recuperar ciertas esencias. En el fúrbol lo hemos visto con la ausencia de público, que ha quitado a este deporte gran parte de su irracionalidad y ha permitido a los jugadores actuar con más serenidad sobre el terreno de juego; al Madrid por ejemplo le ha beneficiado indudablemente, y los árbitros también han podido equivocarse tan ricamente sin sentirse oprimidos por el aliento de la masa vociferante. Pensemos además que va a ser seguramente el ver-ano con menos mamoneo fichajil por parte de la prensa. Por más que quieran inventar, en un panorama de total incertidumbre y en el que nadie tiene un duro, poco van a poder estirar el chicle; seguirán escribiendo basura, pero tendrá que ser de otro tipo.

En la vida diaria también se han recuperado algunas cosas. Un reportaje publicado ayer en El País contaba cómo han desaparecido de la Puerta del Sol los infamantes mamarrachos disfrazados que se ganaban la vida haciéndose fotos con los turistas más dados a la vulgaridad y la paletada; mamarrachos, por cierto, que también menudeaban a la entrada del Bernabéu. El texto personalizaba en Winnie the Pooh, y yo qué quieren que les diga… que le den por culo a Winnie the Pooh, Bart Simpson y a Dora la Aspiradrogas; lo que nunca he tenido cojones de regular el ayuntamiento, lo ha hecho el dichoso virus.

También se destaca la pérdida de negocio de los sacamantecas de la Plaza Mayor y de los propietarios de pisos turísticos en la capital. Confieso que los hosteleros que te cobran un potosí por una tapa del montón me dan muy poquita pena (por más que sigan la ley de oferta y demanda), y los dueños de los mentados pisos, me causan poca aflicción más… La verdad es que sería duro que Madrid acabara como Barcelona, un espantoso e impersonal muestrario de guiris de toda laya. Así que si la ciudad ha recuperado algo de su sobriedad y casticismo, aunque sea efímeramente, no seré yo quien se queje.

Se comenta que también está aumentando el ahorro de las familias, algo que parecía imposible en la anterior situación y que sin duda vendrá bien para lo que se nos viene encima. Además de esto, con el nuevo hábito del teletrabajo incluso puede que nos replanteemos la absurda obsesión por vivir lo más cerca posible de la capital, pagando precios disparatados por viviendas pequeñas y mediocres.

En fin, algún día volverá el bullicio, el exceso y todos los males vinculados a una sociedad con poco sentido de la medida, pero por ahora, dentro de lo malo, apreciemos esta realidad más silenciosa y frugal. Hay otra ventaja en el ámbito futbolero que me gustaría destacar, y que probablemente no volveremos a disfrutar en toda nuestra vida: mientras dure la pandemia, ¡¡no tendremos que ver un puto partido de selecciones más!!

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El Socio Dice – 25 Julio 2020

Bloque 1 – Política y fúrbol

El sonido algo regulero nuevamente, aunque esta vez parece que es un problema de Youtube. Intentaré solucionarlo para la próxima entrega.

Bloque 2 – Nintendos y Libros

Bloque 3 – Cine

Bloque 4 – Guarra Woman

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Notas adicionales:

– Otro fenómeno cultural coreano es el K-Pop.

– «Hard Eight» está claramente basada en la peli francesa «Bob le flambeur», de Jean-Pierre Melville. Me gusta más el film americano.

– Con todos sus defectos, «Wnder Woman» es razonablemente fiel a los cómics originales de William Moulton Marston.

Rules of Dating, descarga con subtítulos:

https://www.torrentboza2.com/bbs/board.php?bo_table=ko_movie&wr_id=8555

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Amenidades futbolerdas

1. Sucesión. En la entrada anterior olvidé plasmar mis pensamientos sobre lo que tocará hacer cuando falte el Ser Superior, que habrá de faltar como un día faltó Franco. La verdad es que la respuesta es dudosa, y parece que nadie del entorno floperiano se la está planteando seriamente, como suele ocurrir en estos casos (se consideraría una «falta de respeto» al Don). No obstante, siempre suenan ciertos nombres, que inspiran desde una profunda pereza (Butragueño, Carlos Sainz) hasta una sobredosis de piperina (Sanchís), pasando por un decidido asco (Boluda). Otras sugerencias son simplemente utópicas o imprácticas (Aznar, Nadal).

Hay, empero, un nombre que he visto por ahí sugerido y que me despierta simpatía: Ronalgordo. Es una de esas raras personas a quien por su bonhomía nadie parece odiar (quizá también por ser un puto fanegas). Además, conoce el mundo del fúrbol de arriba a abajo, parece tener cierta pericia empresarial y está acumulando experiencia como presidente de club de Primera. Quizá su punto débil sea estar alejado de los tejemanejes de la capital y carecer de contactos en el poder, pero no parecen hándicaps insuperables. Creo que sería una alternativa de consenso, con probado madridismo, reconocimiento mundial y además el morbo de haber estado en el vestuario del Barcas. No sé si la posiblidad seduce al propio lorzas, pero creo que sería el candidato que más motivaría a las masas. A menos, claro, que un día Zipayo diga: «Me presento a las elecciones, ¿saes?»

2. Denuncia. El panchi tiene una relación algo ambivalente con el Madrid: por mucho que sienta los colores blancos, en el 99,99% de los casos le tirará más su cochambrosa selección, ya sea exitosa o una de la muchísimas que surcan mediocremente las aguas de CONCACAF y CONMEBOL. No obstante, hay algunos muy dedicados, como Real Madridista, creador de un nuevo canal de Youtube que os recomiendo encarecidamente. Entre sus primeras entregas está una denuncia del insufrible culerdismo de ESPN (primera cadena de deportes en América) y un repaso a los chanchullos entre Tebas y Roures, con el control del VAR al fondo de todo. Dadle un vistazo y compartid sus vidrios, que tiene pocas vistas por ahora.

3. Maricón el último. A Raíz del lío ocasionado por la suspensión del Deporculo-Fuenlabrada, ciertos personajillos (más concretamente los presidentes del Depor y el Numancia, 17º y 18º clasificados de 2ª) han encontrado la forma de sacar taja-que digaaaa, la «solución razonable» a la situación: una segunda división de 24 equipos, con dos cojones. Y digo yo, ¿por qué no de 30, 50 o 60 equipos? Que jueguen las 52 semanas del año, sin pretemporada ni pollas, pues lo que cuenta ante todo es que no haya capital de provincia sin equipo de segunda, igual que todos los puebluchos tienen hoy día una Huniversidad.

4. Luto. Españoles: el club de Fans de Míchel Salgado… ha muerto. Espero, eso sí, que su página nunca se borre de archive.org, para que futuras generaciones de diseñadores web tengan un espejo donde mirarse. Hasta el Loco la visitará para sacar ideas de diseño y usabilidad.

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