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Encuesta moruna


De la dinojunta… ¡¡a la camellojunta!!

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Chanquete is Dead

Rappol

El madridismo irredento siempre espera algo en partidos como el de ayer. A pesar de la reciente Liga trabajosa y coviral, y la ausencia forzosa del Paquitán, no esperaba este madridismo pecador tener que paladear un mojón futbolístico tan grande. Todas las claves estaban claras. Necesitábamos solideza-defensiva, necesitábamos salida de pelota clara, necesitábamos mediocampo basculante, necesitábamos marcar un par de goles, necesitábamos… que Varane no tuviera esa pinta de estar enfermo y abochornado por el Soul-Glo que llevaba el tío en la maraña capilar macetera. No le vamos a echar toda la culpa a él, claro. Pero cuando el conjunto no está inspirado como bloque, los partidos se van a la mierda por detalles. Todos los negativos estuvieron de nuestra parte.

Arrancó el choque con un par de minutos y medio en los que la presión alta del City y la empanada de los nuestros para salir puso de manifiesto que no había otra cosa de entrante en la carta: empanada de salida. No veas cómo repite, la empanada. Te meten el primero, y luego hay que estar todo el partido a que baje el camarero rubio para ver si las comandas están en orden. Pero sin nadie en los fogones, hasta que el Madrid se la sacudió un poco (la presión, digo), el equipo anduvo milagreando con Carvajal como apagafuegos, el pinche Limitao haciendo mayonesas cortadas y el Cortao en lo suyo, que fue parar todo menos los regalos, como hacen los niños belgas de colegios bien. Muy duro lo de remar cuando no hay ni ganas ni Paquitán.

Con todo, cuando empató Karim —avisó un par de veces antes— tampoco nos quitamos el «We´re not really here» de encima, lo que prueba que los chicos se aplican con sus maestritas de inglés por la tarde. No podía ser que el Walker (Texas Ranger) o su prima cruzaran la media al galope con tan poquita oposición. Detalles: la única tarjeta amarilla se la sacaron a Modric en el 81. Disappeared.

El empate al descanso nos ofrecía una oportunidad, quizás inmerecidamente. Aguantamos otra chispa hasta que el dadivoso Varane insistió: «Nenes, ponedme el termómetro, que estuve en el concierto de Les Castizos». Si el primero fue horrendo, el segundo fue como aquella bufanda que te regaló tu cuñado en las últimas navidades. Algo criminal, bochornoso, patético, irresponsable… Un pedrosánchez, vamos.

El resto de la segunda parte sólo nos dejó la oportunidad de ver a Juan Malillo paseando por la banda como pederasta en la puerta de un colegio —qué será de estos pobrecitos enfermos si no vuelven a abrir las escuelas—, los cambios de Mizisú, hechos así de cualquier manera… y ya está. Si es que no hubo mucho más. Porque, realmente, el Madrid no estuvo ayer allí, como Michael Hutchence.


Gorda asquerosa.

Custer

Bah… Era la Copa Johnny o el Trofeo Pandemia, como ustedes prefieran. La peña está agotada y quiere irse de vacaciones pero sobre todo lo que no quiere es exponerse ni un minuto más al virus. Es lo malo de llevar la tripa llena de Champions y Ligas. Te olvidas de cuerpear y al final tienes la cabeza en otra parte. Para mí lo de ayer no fue tan grave. Al contrario, puede que sirva para proyectar una Travesía del Desierto un poco menos larga y acelerar el fichaje de al menos tres o cuatro piezas más competitivas que las actuales. Es la Hora del Despacho… y también me gustaría que fuera la Hora de Bordalás, el Nuevo Mou… pero en eso seré ninguneado. Vamos a mamar papasito, eso está claro.

Lo del Piraña sí es un problema. Al chaval lo tobillean demasiado y tiene más miedo al dolor que le provoca el tornillo que le han puesto que Pancho en un concierto de acordeón. En realidad quiere irse de su marcador… y lo intenta…. lo malo es que quiere irse, sí, pero no al área sino a su casa. Y así pocos goles y asistencias puede lograr. Lo primero que debe hacer Piraña es curarse, perder quince kilos y dejar el foie. Su primera temporada ha sido un puto fracaso pero, al loro, porque el 12 de septiembre empieza otra Liga… Una nueva oportunidad para él. Y quién sabe, puede que no kakee demasiado y al final sirva para algo más que para pienso de cochino.

Yo creo que Florencio está acojonao… ¿Dos años seguidos cayendo en Octavos como si el Madrid fuese el Udinese? Eso es muy gordo de tragar. No está construyendo un Estadio de 400 millones para que la gente vea al Levante o al Eibar… para asistir a semejantes “espectáculos” mejor quedarse en el Di Stéfano… No… Estoy convencido de que tirará de chequera y alguna sorpresita gorda vendrá. Ahora bien, lo que no puedes hacer es gastarte la pasta en Marianos, Jovis y su puta madre porque al final te pones a echar cuentas y resulta que en mantener mindundis te has gastado más pasta que en conservar a tu principal Crack. Ya has pagado la novatada una vez, creyéndote el más listo del barrio, pero lo que resultaría inadmisible es que el club volviera a tropezar dos veces con los mismos petardos.

El Socio

Nos falló el hábitro, pero claro, es que si no vas al área a tirarte al mejor estilo Mensi o Suárez, no te toca la lotería; Bitch nos perdonó un panal bastante pitable de Carvajal y con eso tuvimos que conformarnos. El Madriz salió raro, nervioso, sin creerse la remuntada y regalando un gol antes del minuto 10, que es como abrir los cachetes del culo y pedir que te traten como una perra. ¿Salida del balón? ¿Qué es eso? Nos quemaba la bola como si fuera un excremento del Can Cerbero. Con todo y con eso, gracias al tanto gol parido entre LOLdrygo y Benzema logramos tenerlos justo donde queríamos; Pepi incluso se vio obligada a cambiarse las bragas en el descanso. ¿Pero qué hicimos tras la reanudación…? ¡¡Regalarles otro gol!!

Hay que decir que los tantos encajados fueron responsablidad colectiva, porque Varane no tendría que haberse visto tan forzado en esas situaciones, pero al mismo tiempo son fallos de alguien que está de vuelta, que ya no tiene retos competitivos; ¿cómo te puedes desconectar así en un partido de tantísima trascendencia? Sinceramente, si no estuviera el mercado como está, yo buscaría relevo para este chaval, metiéndolo en una operación con el PSG o algo así. ¿Militón? Bueno, dicen que jugó bien, pero a mí me sigue dando asco, es más fuerte que yo; en cuanto acabó el partido se juntó con Edmilson (curiosa fuerza de atracción), y ya ambos sin caniseta parecían salidos de una de esas pelis gringas donde intentan convencerte de que los concenados a muerte por despedazar niñas son víctimas de la sociedazzzzzz.

¿El Piraña? Muy bien, gracias, escondiéndose como una puta; debió tocar cinco balones en todo el partido. ¡¡Casta de campeón!! En júrgol lo puedes hacer bien o lo puedes hacer mal, ¿pero ser una presunta estrella y no pedirla? Jamás. En fin, hay que asumir que ha sido un bluffazo y que nos lo vamos a comer bastante tiempo, igual que él se zampa las chuletas en los buffets libres. ¿Y lo de Vini? Desconcierto total. O ha hecho algo feo durante las vacaciones o yo no entiendo dejar esa bala en la grada; bueno, también podría ser surgiera en Zipayo una fe repentina en Jovic. Y yo pensando que sería Pepi quien tendría un ataque de entrenador.

Vaya panorama, ¿no? Pero no os preocupéis, que nuestro míster ya está pergeñando algo para el curso que viene; cierto que ahora mismo tiene cara como de recién lobotomizado, pero seguro que dentro de esa cocorota están moviéndose mogollón de cosas. O no. Venga, cantemos para espantar las penas: «Yejooooo, pescadito, no llores ya maaaás». ¿Cómo? ¿Qué dices, Pancho, que Chanquete ha muerto? Joder, os habéis decidido a darme la tarde. Bueno, qué vas a hacerle, con tanto virus… A todos nos llega, chico. Voy a tentar el fiambre antes de que venga la funeraria, a ver si todavía me cobro los 50 que me debía.

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– Manchester Shitty: 2
– Las nenas de Rosa: 1

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Queremos un Aytekin

Con el tiempo, el fútbol ha ido perdiendo casi todas sus cosas bonitas: primero perdió las camisetas sin publicidad, luego perdió los jugadores sin aspecto de rapero o presidiario, y por último perdió cualquier pretensión de lo que ocurre en el campo es limpio y puro: hoy día el que gana va puesto hasta arriba y/o recibe empujoncitos del hálbitro o de los señores del VAR, que de algún modo pitan mal jugadas claras que ven repetidas siete veces. El Madrit se había quedado algo atrasado en estas pillerías, por lo cual su balance de títulos ligueros en la última década era muy pobre, pero por suerte ya va espabilando, como lo prueba el final de la pasada liga, donde los hábitros se equivocaron a nuestro favor en casi todos los partidos posteriores al parón.

Afrontamos ahora el decisivo partido de City, que si hubiera que ganarlo a pulso sería una jodienda de las buenas, pero aaaaamigo, ¿con un hálbitro bueno? Entonces hablamos de otra cosa. Desde luego no faltan precedentes históricos, casi todos protagonizados por nuestros buenos amigos de la esquinita, el Barcas. Célebres fueron los casos de 2005, con Puyol resbalándose justo cuando marcaba Shevchenko, el de 2011 con Van Persie viendo la segunda amarilla por chutar después de el árbitro pitara (??!!), el de ese mismo año con Alves abatido por el aire que impulsó Pepe, el de 2012 con el penalti pitado a Nesta sin el balón en juego, y por supuesto el de 2009 con Tom Henning Obrevo, aquejado de ceguera transitoria en Stamford Bridge.

Pero sinceramente, todos esos me parecieron golpecillos de aficionado, meros ensayos para el robo fetén, que fue por supuesto el perpetrado en comandita con el turco Aytekin, contra el PSG. Porque una cosa es llevarte una eliminatoria ajustada donde todo se decide por un gol, pero lograr que te lleven en volandas a remontar un 4-0 sin la ventaja de los goles con doble valor, y encima presentarlo como la mayor hazaña futbolística de la historia, es ya otro nivel. Habría sido la chorizada perfecta de no ser por el detalle de que el Madrid acabó ganando esa Champions (risas).

Calma brutal

Así pues, el objetivo de hoy en City es muy claro: que nos piten igual de bien que lo han hecho en Liga. ¿Quién es el trencilla de este trascendente choque? El alemán Felix Brych, también conocido como Felix Bitch, lo cual es buena noticia porque gracias a actuaciones anteriores sabemos que es bizcochable; seguro que se puede llegar a un acuerdo de caballeros con él. Así pues, juguemos tranquilos y mandemos balones a jugadores con tendencia a perder el equilibrio, especialmente Vini; sandías al negro. También a Hazard, que se cae por gordo y cojo. Que oyes, lo del lada lada, la kalima a la espalda y todo eso puede ayudar, pero debería ser secundario esta noche. Bueno, venga, digamos que marcamos un gol por derecho y nos pasamos el resto del partido buscando «premio por nuestro fútbol ofensivo», que diría un culerdo.

Aparte de esto, creo que BEP, que nos aprecia tanto, también nos echará una manilla. Todos los técnicos de escuela cruyffista suelen tener «ataques de entrenador» ante el Madrid (traducción: se cagan en las bragas), así que quizá haga algo raro que le descuadre el equipo. También tiene un porterillo 100% material de patíbulo, que en mi opinión no puede estar equilibrado mentalmente; espero algún regalillo de su parte. Por último, claro, está el hecho de haber contratado a Juan Malillo de segundo. Yo nunca he creído ni creeré en los gafes, pero sí creo en la incompetencia, y Lillo puede estar fácilmente en el top de inutilidad balompédica del último medio siglo. Cualquiera que haya sido su aportación técnica o humana, estoy seguro de que le restará a los celestes.


Más inclusivos que nadien.

Hablando de eso, si no he entendido mal vamos a jugar con la equipación rosita: ellos el color de los niños y nosotros el de las niñas; si eso no es el trolleo total… Una apuesta audaz, pero que puede dar resultado en esta velada decididamente inusual. Menos arriesgado ha sido dejar en Madrid a los zombis futbolísticos James y Bale, perdidos en sus respectivas marañas mentales. Con Bale será posible hacer un documental fascinante en el futuro, cuando algún psicólogo logre arrancarle más de 10 palabras seguidas; podrá titularse «Meh». Pero mira, los que están, buenos son; si el glorioso Campeón de España no puede ganar al ridículo subcampeón de Inglaterra dopado con dinero moro, apaga y vámonos (por cierto, rectifico mi error de la entrada anterior: el dinero del City no es Qatarí si no Emiratí; básicamente estos HDPs son los espónsors de nuestra caniseta).

En fin, algunos considerarán mi perspectiva un tanto cínica, les parecerá que es horrible ganar siendo tramposo o comprando al hálbitro. Pero una cosa os digo: si nosotros hacemos trampas, los otros intentan hacer más, así que esto es como el ciclismo, no podemos quedar últimos en la carrera armamentística. Además, dentro de los pillos somos los que menos asco damos (pensad en Barcas, PSG, Shitty, Paleti…), así que igualmente es bueno que ganemos. En cualquier caso, el mundo del júrgol ya ha asimilado todo esto; los últimos que intentaron cortar el mamoneo fueron los italianos con la Juve, ¿y para qué sirvió? Para que los bianconeri perfeccionaran el sistema y su Liga sea ahora la más coñazo de Europa. Nada nada, hay que ser vivo, y BEP el último. Sé que la mayoría estáis cagaos, pero confiad en mí: tenemos grandes posibilidades.

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Buardiola es puta (pero su coño lo disfruta)

Hasta donde puedo recordar, la Pepi sólo nos ha echado una vez de la Champions (ya sea como jugador o entrenador), en aquella célebre eliminatoria en la que Alves cayó fulminado por el aire que Pepe impulsó con la planta de su bota. Memorable ocasión para BEP, a quien, ay, el dios del fútbol de quien hablaba en la anterior entrada le pasó una onerosa factura: a cambio de esa Champions ganada un poco así, el miccionador de colonia no ha vuelto a pisar una final, quedándose como mucho en las semis. Pésima suerte para el mejor entrenador del mundo, considerando que otros técnicos mucho menos dotados han llegado al partido decisivo varias veces en los 9 años transcurridos. Ahí tenemos a Zidane (3 finales, las tres ganadas), Kloop (otras 3), Allegri (2), e incluso el rústico Cholo y el semiretirado Jénquens, ambos también con dos finales.

Cuando aquella eliminatoria fatídica en la que nos dirigía Mou, soñábamos con ganar la Décima, que ese año se nos negó pero acabó llegando. Más tarde vino la Undécima… y la Duodécima… y la Tridécima… que pueden parecer muchas, pero imaginad si Pep no hubiera estado activo todos esos años; ¡¡a lo mejor habríamos ganado las 9 de corrido!!

Con todo y con eso, sigo pensando que el oriundo del país petit es el mejor técnico que hay, porque al fin y al cabo, ¿qué es entrenar bien? ¿Llegar a finales de Champions, ganándolas incluso? No, señores, donde se ve la calidad de un equipo es en las ligas, el torneo de la regularidad. Y ahí tenemos a Pepi, ganando ligas un año sí y otro también, batiéndose el cobre semanalmente contra rivales que le tienen tomada la matrícula. ¿Podía antes de Pepi concebirse la gesta de que el Bayern ganara la Liga alemana? ¿Y quién pensaba que en el City podría igualar los logros de auténticos colosos de los banquillos como Mancini y Pellegrini, teniendo un apellido que no terminaba en «ini»? ¿Eh?

Pero bueno, no quiero forzar demasiado la ironía contra BEP. Confieso que cuando he perdido algunos minutos viendo a sus equipos me ha gustado mucho cómo juegan: hacen así y así y oye, da gloria ver lo bien que mueven la pelotita y lo mucho que tiran a puerta, parecen unos Harlem Trotamundos balompédicos. Pero la cosa -yo me barrunto- es que para ganar debe hacer falta algo más que moverla muy bien y atacar mucho, porque de lo contrario BEP ya tendría unas cuantas orejonas más en su casa. O eso, o efectivamente ha tenido muy mala pata.

¿Puede haber algo más? Cuentan las malas lenguas que no suele tener muy buena relación con los jugadores, y tampoco el mejor ojo con los fichajes (empaquetó a Kroos para Madrid por el precio de un Brahim). No sé, quizá no esté a lo que tiene que estar… al fin y al cabo, hasta donde yo sé, es el único entrenador del mundo que cuenta en su staffffff con la figura de «mediador con la plantilla», el cual es siempre Manuel Estiarte. Que hombre, tampoco digo yo que sea mala idea poner una capa intermedia entre míster y jugadores (aunque se vean todos los santos días en los entrenamientos); lo curioso es que en vez de poner a algún ex-jugador del club que entrenas, coloques a un jugador retirado de Waterpolo (?!) que quizá se defienda con el inglés, pero seguramente no tanto con el alemán.

El deber y el placer, ¡ay!, no son buena combinación. Quizá al final sus plantillas se harten de que el míster esté haciéndole ojitos a su «amigo», como se hartó su mujer el año pasado, volviéndose a Barcelona con los niños. 20 años le costó convencerlo para casarse y resulta que el tío anda todo día con Manolo para aquí, con Manolo para allá. Eso está muy feo, hombre.

En fin, a ver si tiene suerte contra el Madriz y sucesivos, porque si no la gente puede empezar a chismosear, a decir que no es tan bueno, a recordarle los diez años sin finales… Y el bueno de Estiarte me imagino que también querrá ver triunfar a «su chico» ¿Pero sabéis qué? Creo que en el fondo a BEP todo eso le da igual. ¿Qué le importa ganar o perder, si igualmente cobra más que nadie, puede jugar al FIFA con presupuesto infinito en la vida real, y en la esfera privada se da todos los gustos que quiere? Será puta, sí… pero su coño lo disfruta.

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Los designios del dios del júrgol

Este viernes, Dios menguante, se resolverá la eliminatoria más larga de la historia de la Champions, y es justo decir que nuestro Madriz lo tiene jodidillo para pasar en City. Ahora bien, ¿qué tiene que decir la entidad que parece dirigir este deporte con mano invisible, según unas directrices quizá establecidas la primera vez que alguien rellenó de aire una vejiga de vaca y echó a correr con ella bajo el brazo? Ciertamente da la impresión que los clubes artificiales, levantados desde la nada a golpe de talonario, no sólo le son antipáticos a los aficionados, sino también a este poderoso dios del fútbol.

Un ejemplo paradigmático es el Chelsea de Abramovich: decenas y decenas de millones arrojados a un pozo que parecía no tener fondo, y que no fructificaban en el premio de la ansiada orejona. Cuando por fin los azules llegaron a una final, el gran capitán, el veteranísimo John Terry, se resbaló cómicamente en el penalti decisivo, cercenando las esperanzas de su club y de su acaudalado presidente. Tras cuatro años y una nueva tanda de penaltis lograron por fin el título al mando de un entrenador que pasaba por allí, siendo necesaria toda la honradez y la fe de un semiretirado Drogba para contrarrestar el karma negativo del equipo. 9 años y probablemente unos mil millones de euros le costó la copita al ruso, quien para entonces parecía estar bastante hastiado, y que ha mantenido la propiedad del club principalmente por inercia.

Los casos de PSG y Manchester Shitty son un poco más extremos, para empezar porque sus dineros ni siquiera provienen de Europa, sino de Qatar, concretamente de la familia Al-Thani, la cual gobierna y posee de facto el emirato. Aunque los gobernantes de Qatar son algo más seculares que los que rigen las teocracias de Arabia Saudí o Irán, no dejan de ser personajes profundamente antipáticos para la sensibilidad europea, especialmente por su actitud de ricacho afanado en comprar todo lo comprable, ya sea material o inmaterial. Su entrada en el fútbol del viejo continente ha sido como la del proverbial elefante en la cacharrería, y unida a la omnipresente publicidad de los Emiratos, que adorna camisetas de todas las ligas europeas, ha creado una innegable incomodidad en el mundillo balompédico respecto a todo lo relacionado con Oriente Medio.

Sin embargo, el dios del fútbol ha tomado cartas en el asunto, no permitiendo a ninguno de los dos nuevos ricos acercarse siquiera a la gloria: El Manchester Shitty sólo ha catado las semis una vez, justamente fulminado por el favorito de esta dedidad, el Real Madrid, mientras que el PSG ni siquiera ha logrado pasar de cuartos. El grado máximo de antipatía hacia los dos petroclubes pareció llegar cuando la sanción de la UEFA al Manchester City confirmó sus impresentables prácticas de cebado de presupuestos, pero aún faltaba una última vuelta de tuerca: el levantamiento de dicha sanción por parte del TAS, que conmutó la misma por una ridícula multa de 10 millones de €.

Por supuesto, el perdón ha sido fruto de una compra de voluntades, porque no hay honradez ni reglamento que resistan los sobornos posibilitados por un presupuesto infinito. Esto saben los aficionados, lo sabe la UEFA y lo saben los clubes implicados, pero la falta quedará impune… a menos que ese diosecillo del balompié vuelva a intervenir. BEP cuenta con dos goles fuera de casa y con la plantilla más cara que ha podido comprar el petróleo qatarí, pero su club ha roto todas las reglas no escritas del fútbol y los celestes son, junto con el PSG y el Barcas, la cosa más asquerosa que hoy puede uno encontrarse sobre un campo de fútbol. Ya pueden esmerarse en jugar mejor que el Madrid, porque como alguna cosa quede al albur del azar o de los intangibles, bien puede ocurrir que esa noche les toque pagarlas todas juntas.

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Tromp

Es año bisiesto, y por tanto de elecciones en la USA. Probablemente se trate de la votación post-Guerra Civil en la que la población esté más polarizada, y rápidamente los bien pensantes saltarán diciendo: «¡¡Claro!! ¡Por culpa de Trump!» ¿Pero cómo podría no estar dividido el país cuando una mitad básicamente le está negando a la otra el derecho a existir, cuando la considera básicamente una casta inferior de gañanes, racistas y retrógrados? Las elecciones de 2016 fueron un golpe muy duro para esa primera mitad, para «los buenos», criados durante décadas en la convicción de que sus valores eran los únicos aceptables y aceptados, de que las posturas contrarias eran tan viles y anacrónicas que no tenían la menor posibilidad en unas elecciones.

La victoria de Orange Trump fue una bofetada de realidad tan contundente para este colectivo que los sumió en un estado traumático en el que nunca han superado la fase de negación. Primero fue la pueril convicción de que Trump no podría gobernar: «está loco, lo van declarar incompetente». Luego, tratar de negar la legitimidad de la victoria: «¡¡lo hicieron los rusos!!» (en una profunda ironía, quienes hicieron del senador McCarthy uno de sus espantajos histórico-culturales predilectos, se tornaron en McCarthystas convencidos). Ahora, con las elecciones a la vuelta de la esquina, hemos entrado en la fase final: evitar a toda costa que «el monstruo» repita.

Decía nuestro estimado Paribas en aquella noche memorable de la victoria trumpiana que su balance se limitaría a procurarle unos días de alegría a los rústicos que le habían votado. La realidad ha sido muy distinta: incluso aunque no saliera reelegido, el 45º presidente de los EEUU ha logrado abrir una grieta en la abrumadora hegemonía cultural que el progresismo ejerce en Occidente. Millones de personas han abierto los ojos a una realidad en la que no ser progresista, ecologista, feminista, etc., no significa necesariamente estar loco, ser un reaccionario ni estar en minoría. Por supuesto, ha habido otros presidentes republicanos, pero Trump ha sido el primero en entender plenamente la guerra cultural en la que estamos inmersos, librádola de forma muy eficiente gracias a su brío, densenfado y absoluta falta de complejos. Es una figura inédita en la política contemporánea, fruto en buena medida de las actuales tecnologías de comunicación.

Trump ha sido tan disruptor que incluso ha causado notable incomodidad en su propio partido, hasta su llegada confortablemente adaptado al discurso dominante. Los nevertrumpers han sido un fenómeno único de traición política y autosabotaje, siendo su miembro más sonrojante Arnold Schwarzenegger, a quien los escrúpulos no le impidieron preñar a su criada, pero le llevaron a rechazar a su presidente. Sin embargo, nada de eso puede tapar 3 notables primeros años de mandato, con cifras récord en empleo y otros indicadores económicos, una firme oposición a las maniobras del régimen chino y diversos logros internacionales; las reuniones con Kim Jong Un, que de haberlas realizado Obama le habrían valido otro Nobel de la Paz, fueron minimizadas por una prensa decididamente atrincherada en uno de los bandos. La gestión de la epidemia ha sido la gran prueba del presidente, y le ha pasado factura; su tendencia a la verborrea casa mal con una situación que requiere prudencia máxima en las declaraciones, y se ha visto atrapado entre el instinto empresarial de mantener la economía en marcha y las exigencias profilácticas de un epidemia inédita. Se podrá discutir si ha manejado bien la situación, pero no su firme voluntad de buscar soluciones, minimizar daños y comunicarse con transparencia.

Incluso ignorando totalmente todas las teorías de la conspiración que circulan (Epstein, Q…), es claro que Trump es la mayor amenaza al actual statu quo, al «business as usual», y que se van a hacer esfuerzos denodados por evitar su reelección. Los actuales disturbios que salpican los EEUU forman parte indirecta de dichos esfuerzos, dejando al descubierto la asombrosa irresponsabilidad de casi todos los políticos demócratas, incapaces de condenar contundentemente unos actos irracionales, ilegales y virulentamente destructivos. Grandes corporaciones también están dando su apoyo tácito a esta locura colectiva, bien porque sus dirigentes comulgan con la ideología que la impulsa, bien porque consideran que dicho apoyo les conviene comercialmente.

El hecho de que millones de estadounidenses menores de 40 años piensen que su país (el más próspero del planeta y el que más inmigración recibe) es una especie de infierno de desigualdad y racismo, con un pasado vergonzante del que hay que borrar todo vestigio, deja bien claro el tipo de sociedad que crea la dominancia cultural de la izquierda: alucinada, infantilizada, con conocimientos técnicos pero profundamente inculta; poseída de un radicalismo y un desprecio del contrario propio de las situaciones prebélicas; siempre, eso sí, en nombre de la tolerancia. Joe Biden es una completa nulidad política, un candidato por descarte, pero a su alrededor se aglutinarán todas las fuerzas que han erigido este modelo fallido y disfuncional, dispuestas a seguir bañándose en la autocomplacencia y, por supuesto, en monstruosos beneficios materiales. Lo que se dirime en Noviembre es si se retoma esa política suicida, avanzando hacia un estallido que se adivina próximo, o si se continúa por el camino de regeneración que ha desbrozado Trump.

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