Que el presidente del Real Madrid convoque de urgencia a la prensa es comprensible dada la caótica situación que atraviesa el club, tras destrozar en tiempo récord el proyecto deportivo más ilusionante de los últimos años, quedarse sin títulos por segundo curso consecutivo y proyectar una imagen de absoluta discordia y división interna. Así pues, el señor Pérez se presentó ante los medios para abordar… ninguno de esos temas. Como siempre, lo que importaba era ÉL: habían hablado de ÉL, y ÉL no iba a permitir tal cosa, especialmente que se insinuara lo impensable: ¡¡que ÉL iba a dejar de existir!!
Lo que le importa al presidente
Salió el anciano presidente del Real Madrid en colitario, provisto de un móvil y una carpeta; trasteando con el aparato, era incapaz de encontrar la noticia que le había indignado. Tras una agónica búsqueda, dio con ella: «¡Dicen que estoy cansado! ¡Y que tengo cáncer!» Empezaban a quedar claros los «temas urgentes» que había que aclarar. ¿Crisis deportiva? Aquí no hay de eso, y por si quedan dudas, FP dio los datos que convencerán al mongo-merengue tuitero medio: «yoheganaomuchostítulos, unos señores honradísmos de Dubai me han dao el premio al mejor presidente de la historia (aunque me da vergüenza decirloí), tenemos la plantilla más cara según Transfermarkt…» Argumentos de peso, aunque yo eché de menos los seguidores en instagram y la suma de los puntos de los jugadores blancos en el FIFA (o como carajos se llame ahora).
¿La voladura del enésimo proyecto deportivo porque el entrenador no le entraba por el ojillo al saludable y octogenario presidente del Real Madrid? ¿El entregar de nuevo el club a estrellitas malcriadas con el CI justo para patear un balón sin hacérselo encima? «No, aquí no trabajamos eso, estamos para hablar de cosas importantes, como un periodista aleatorio de ABC. Y hablando de eso, voy a dar una exlusiva mundial: ¡¡cancelo mi suscripción!!» No, no era un sketch: el tipo estaba sacando pecho por desuscribirse de un periódico de papel. En 2026.
Había otros temas importantes a ventilar: su gran lucha en lo que le queda de vida será que los niños de África vean el fútbol gratis: resulta crucial que antes de subirse al Open Arms a los 16 años para violar a las nietas de Flópor tengan clara la diferencia entre el Tottenham, el Milan y el Bayern; es lo menos que podemos hacer por civilizar a esos chavales. ¿La economía? Como un cobete, igual que la española. El lúcido y enérgico presidente explicó por qué el estadio no ha costado 1.200 millones, en lugar de los 600 presupuestados: resulta que el hipogeo y los arreglos interiores… ¡¡se proyectaron después!! ¡Y además eso se explica en las memorias anuales! Por tanto, si no entendí mal al jovencísimo prócer, eso significa que los 700 millones adicionales de deuda no habrá que pagarlos; porque, ya sabes, al añadirse después no tienen NADA que ver con la reforma del estadio.
Y al hilo de esto… ¿la insonorización que permitiría reanudar los conciertos que supondrían ríos de oro y plata para el Madrid? No la mencionó, pero Bacterio Technologies se encuentra trabajando día y noche en el tema, calculan tenerlo resuelto para cuando Vini gane el Balón de Oro. ¿El céspet? Va a ser una perfecta alfombra cuando vuelvan los muchachotes de la NFL como Bienvenido Mr. Marshall. Lástima que el presi no tuviera tiempo de abordar estas cuestiones mientras se ocupaba (repetidamente) de asuntos de rabiosa actualidad como José María García, los muertos que votaban a Mendoza o el sueldo de Roberto Carlos. También sacó a colación al oscuro grupúsculo «movimiento ámbar», los jirones de ultras sur, cuyo único sueño es reinstaurar al grupo neonazi en el fondo del estadio antes de morirse de viejos. Curioso que el vital presidente del Madrid aludiera a ellos varias veces, pero ni una sola a la la Grada Fans, quien fue crucial para expulsar a los delincuentes e implantar un nuevo modelo de animación. Como buen tirano, don Flo piensa mucho más en sus enemigos que en los vasallos fieles.

La solución
Por suerte esos problemas, tanto los mencionados como los obviados, tienen una feliz y exacta solución: que el Ser Superior siga en la poltrona (al menos) cuatro años más. Aunque en la última reelección se pensaba que completar otro mandato sería excesivo, y que lo más sabio sería preparar una transición al llegar al ecuador del mismo, Flo piensa que puede aguantar sin problema hasta los 83, pues al fin y al cabo sólo lleva 26 años (como repitió un gritón de veces); ¡qué menos que alcanzar esa cifra redonda de los 30!
Las elecciones serán limpias y abiertas como siempre, con unas condiciones que pueden cumplir aproximadamente cinco personas en todo el planeta. Se atisba una competición noble que ganará el candidato más capacitado entre esas múltiples opciones, sin que el socio se vea obligado a elegir entre Guatemala y Guatepeor. Pero seamos sinceros, hay un claro favorito: al igual que Hugo Chávez y Putin, Don Flo es una máquina de ganar elecciones. Y después de eso, ¿quién podrá toserle? ¿Alguien tendrá el descaro, la osadía, el irrespeto de decir que un soberbio pasado de rosca incapaz de poner en cintura a una banda de niñatos multimillonarios, o de imbuir de algún tipo de autoridad al entrenador? Esperemos que nadie perpetre tal acto de antimadridismo. Al fin y al cabo, las peleas entre jugadores son normales, ocurren todos los años, con hospitalizaciones y todo. Lo grave no es que ocurra, sino que alguien lo cuente, que traicione al don.
La horda lerda
Aunque parezca mentira, la perorata del agotado dirigente galvanizó a lo más granado del peloterismo vikingo, desde el mismísimo chambelán Bengoechea al atildado «Profesor Secundario», pasando, cómo no, por el simpar Cocoliso, el gordicalvo más servil a uno y otro lado del Manzanares. «¡Ha vuelto el Florentino de los audios!», claman, creyendo alucinadamente que escucharon al Pérez de hace 15 años y no al languideciente señor que buscaba en vano el recorte correcto en una carpeta repleta de papelotes. La realidad era más cruda: un presidente que no tuvo cojones para salirse de la final de Copa, pero que cambia el ABC por La Razón. Ni un solo error reconocido, ni una solución más allá de perpetuarse en el poder, mintiendo con absoluto descaro sobre su abortada asociación con el Barça, alegando que «en aquel entonces no sabían lo más grave de Negreira». Hay que ser muy blandito, muy poco hombre y muy sinsustancia para que el esperpento de ayer te produzca cualquier reacción distinta a una risita irónica o resignada. Si Joaquín Reyes hubiera recibido el encargo de hacer el «Celebrities» de Florentino, le habría bastado con estudiar el vídeo detenidamente, sin cambiar un gesto ni una coma. El anciano y trasnochado presidente del Real Madrid no tiene quién le diga no, ni entre sus empleados directos ni entre los que se arrastran a diario bajo la guisa de «divulgadores». El Madrid necesitará un milagro si tiene que depender del valor y la inteligencia de semejante compañía.






