El Inmundo publicó ayer una interesante entrevista con Igor Jovicevic, oscuro canterano madridista en los 90 que por cosas de la vida ahora entrena al Shaktar Doniesk. El Shaktar, alias «los mineros» tiene una historia reciente harto complicada: propiedad del oligarca ucraniano Rinat Akhmetov (honrada y bellísima persona como todos los oligarcas), estrenaron un estadio muy cuqui en 2009, el cual les sirvió solamente cinco temporadas, concretamente hasta el incidente del Vuelo 17 de Malaysia Airlines, que en Julio de 2014 voló en vertical sobre la región del Donbass, derribado por un misil presuntamente lanzado por rebeldes pro-ruskis. Seis jugadores se negaron a volver a Ucrania tras un partido con el Lyon, y Akhmetov se llevó el club a Lviv (alias Leópolis), luego a Kharkiv, a Kiev, y por último de nuevo a Lviv, aunque para los partidos europeos arriendan el estadio del Legia de Varsovia. Un lío.
Cuenta Jovicevic (quien llegó a dormir con Míchel durante las pretemporadas, ¿con eróticos resultados?) que no pueden entrenar como es debido, pues sus prácticas son interrumpidas por sirenas que les obligan a trasladarse a un refugio, pese a que Lviv está muy aljada de la zona del conflicto actualmente. Aunque también ve el lado bueno: por primera vez desde hace 20 años, el Shaktar alinea únicamente futbolistas ucranianos, lo que ha permitido poner en marcha un proyecto de cantera. Todo esto viene a decir que juegan con hándicap y que se debería tener una deferencia con ellos. Reconozco que estoy de acuerdo con esto y que deberíamos colaborar con el club de alguna forma; por ejemplo, donando 100.000 € a Ucrania por cada gol que les casquemos hoy. «Goleada por una buena causa», podría llamarse la iniciativa.
El Shaktar plantea una situación curiosa: tras la anexión de facto de Donetsk a la URSS, digooo, a Rusia, ¿es un club ruso o ucraniano? Bueno, Akhmetov es notoriamente antiputinista, y hace ocho años que no juegan un partido en Donetsk (aunque su filial sí lo hace), por lo que puede decirse que claramente son ucranianos proucranianos (?). Otra cosa es lo que sienta la población de Donetsk (bombardeada casi a diario por Ucrania desde las colinas cercanas) hacia el equipo o hacia Akhimov. Probablemente sea una ciudad dividida y con preocupaciones muy distintas al fútbol. Pero dejar ganar o empatar a su club por pena, no. Eso nunca.

