(Largo suspiro.)
A ver, que estáis algunos comentando que si el Embapé se va a echar para atrás en su fichaje por el Real Madrid. Cuando uno lleva, mes arriba mes abajo, casi veinte años intentando fomentar el filtrado de información y el pernsamiento crítico entre sus lectores, y ve que «sin en cambio» estos se toman al pie de la letra la primera gilipollez que leen o escuchan, realmente te planteas si lo único que has logrado en ese tiempo es desgastar teclas de tus ordenadores. Hay básicamente dos opciones en un caso así: ignorarlo completamente o darle todo masticadito al personal, que es lo que voy a hacer porque mi corazón rebosa de bondad.
Mirad, mis queridos niños: un fichaje de este calado no se anda haciendo y deshaciendo como puntos de ganchillo, mucho menos cuando el jugador está a 9 semanas de terminar la relación contractual con su actual club. La operación está hablada y requetehablada desde hace no menos de un año, con firmas vinculantes desde la fecha legal mínima, que fue el 1 de Enero del presente año. Cierto es que en estos casos suele haber cláusulas liberatorias, pero se tratan de un mero formalismo porque se establecen en una cantidad imposible de pagar para la parte contratada. En un caso que quizá os puede sonar, el de Luis Figo, la llamada clausula penal fueron 5.000 millones de pesetas del año 2000, cinco veces más de lo que cobraba anualmente. Si aplicamos un principio similar a Mbappé, estaríamos hablando de un cifra nunca inferior a 100 millones de euros, aunque probablemente sea más del doble. Hasta donde sé jamás se ha ejecutado una de estas clausulas penales para romper un precontrato, al menos no en jugadores de primer nivel.
Desde luego, el que quiera agarrarse al mongohisterismo puede argüir que eso es poco dinero para el moro Khelaifi, quien estaría dispuesto a soltar la panoja sólo por salirse con la suya. El problema de esta interpretación es que para creérsela hace falta no haber entendido absolutamente nada de esta historia ni de la psicología de las partes implicadas: Mbappé se ha hartado de un club de cartón piedra que se dedica a coleccionar estrellas acabadas, sabe que ha llegado el momento de evolucionar en su carrera y le ha tirado un pulso de no menos de dos años al potentísimo complejo futbolístico-político qatarí. La historia del jugador puede terminar bien o mal, ¿pero sabéis cómo no va a acabar? Echándose atrás a tres meses de salir de la jaula de oro, lo cual además requeriría que el moro pagara la cláusula, una prima de fichaje gigantesca y el contrato más caro del mundo; no menos de 350 milloncitos por un jugador que considera de su propiedad.
¿Y las declaraciones del tortugo sobre que «se lo está pensando»? Venga, os lo doy como un potito: al igual que las palabras de su madre el año pasado, y las de cualquier jugador que esté de salida, son una simple forma de acabar el curso con la menor fricción posible, sin encabronar a su actual afición. Aunque bueno, quizá alguno recuerde casos de jugadores que antes de salir de su club dijeran «me largo, ahí os quedáis, mamones». Ahora bien, si os queréis seguir histerizando, yo no os lo puedo impedir; tampoco borraré los comentrios en el blog que reflejen esta tendencia, aunque serán debidamente recompensados con los galardones que bien conocéis. No obstante, preferiría que mostrárais tales carencias cognitivas únicamente en vuestra casa. Nada en contra de los retrasados, en serio, sé que llenan de amor un hogar, pero preferiría mantenerlos lejos de mi página, que lo llenan todo de babas.
Ea, ya podéis ir a mirar el último rumor de Marca y tuéter.






