Gento nunca existió

Ha fallecido Francisco Gento. Este nombre, junto con el de Luis Suárez (el jugador español, no el macarra del Atlético) siempre ha descuadrado a nuestra prensa deportiva, por romper el relato de que el mejor jugador nacional de la historia es Xavi o Iniesta. Se trata de algo comprensible hasta cierto punto: lo contemporáneo siempre está más fresco y parece mejor (dentro de 30 años muchos se sorprenderán de lo poco relevante que parecerá Messi en ese momento), y además comparar con el pasado requiere la pesada labor de hacerse con material de archivo e investigar (anatema para el periodista promedio). Pero sobre todo, las glorias pasadas ya no tienen prebendas que repartir, mientras que las recientes pueden ofrecer un jugoso botín en forma de entrevistas, información privilegiada o simple acceso a su persona; al fin y al cabo, lo que más suele motivar al periodista deportivo es recibir la radiación residual emitida por la estrella.

Sí, Gento resultaba en cierta forma incómodo: 12 Ligas, 6 Copas de Europa (récord no igualado), una Euro, miembro clave del equipo más dominador de la historia… pese a ello, se lo quiso dejar fuera de la comparación con otros jugadores con méritos probablemente inferiores. Pero Gento fue leyenda y fue superlativo, el hilo conductor en sentido casi literal de ese Madrid que reinventó el fútbol entre 1955 y 1966. Fue el cántabro algo parecido a lo que hoy es Vinicius, un fichaje arriesgado y jovencísimo, de «tobillos subnormales», que casi fue devuelto a su pueblo tras la primera temporada de blanco. Pero Gento se quedó y triunfó, porque en 1952 y en 2022 un tipo que corre un 30% más que los demás es indefendible en cuanto aprende algunos de los trucos del oficio (por cierto, ¿para cuándo un archivo videográfico del club digno del nombre?).

Con Gento quizá se termina de morir ese equipo que a fuerza de mítico hoy día casi parece irreal. Más allá de un conjunto que ganó mucho, era un retazo de la España de la época, ese país golpeado pero orgulloso; pulcro, humilde y esforzado en formas que resultan difíciles de concebir desde la óptica actual. Tampoco quiero sacralizar la época ni a esos jugadores en particular: sin duda tendrían sus taras, soberbias y mezquindades, pero por las propias circunstancias que vivieron estaban incomparablemente más asentados en la realidad que cualquier profesional actual. Soy un pollavieja, lo admito: detesto la publicidad en las camisetas, detesto los tatuajes y detesto a los gilipollas, por eso el fútbol contemporáneo me es tan difícil de digerir. Los once tipos llanos vestidos con algodón blanco impoluto, jugando en un estadio ocupado por 100.000 españolitos ataviados con el traje de los domingos conforman un ente ético y estético insuperable por su simple irrepetibilidad; no podemos volver allí, porque ya no sabemos ser así.

Gento ganó de blanco y de rojo, en el segundo caso con un águila de San Juan en el pecho, otro hándicap para quienes reescriben la historia a su conveniencia, pero que no borran del palmarés de sus equipos las Copas del Generalísimo. Algunos eligen venerar a horteras de nulo carisma y dudosas lealtades, que jamás habrían triunfado fuera de su cuidado entorno de laboratorio y propaganda (a la que contribuyeron hasta el punto de renunciar a un Balón de Oro que cualquiera de ellos podía reclamar). Otros preferimos la callada épica de un Gento que, desgastando la banda izquierda a lo largo de varios lustros y miles de galopadas, se convirtió en la leyenda que ganó más que nadie.

Metralleta

Por Rappol

La magnitud que suponía el reto de ganar la Supercopa Mozárabe obligó al Madrid al arduo ejercicio de desempolvar su manual de juego en finales de cualquier índole. De este modo, el partido contra el Atlético de Bilbao resultó todavía más plácido que el disputado en semifinales contra el Barceloni, y a los cambios de Carletto me remito. Más allá del penalty que detuvó magníficamente Courtois y que le costó la expulsión a Militao (gran partido del brasuca, otra vez), todo lo que alcanzo a recordar por la parte de los etarras es un tiro de Sancet con mucha intención, como la decoración exterior del Museo Guggenheim a la vera de la ría, a la que solo se ha tirado un negro en toda la historia de Euskal Herria para rescatar a un Jimmy. Ahivá la hostia, ¿cómo se suicida la gente en Bilbao? Pretendiendo ganarle una final al Madrid.

El retorno de Alaba al eje de la defensa madridista nos devolvió la media eréctil, complementada con una mejora del criterio para la salida del balón desde atrás y, qúe duda cabe, de la seriedad en las jugadas defensivas a balón parado. Qué gran fichaje ha sido el austríaco, y qué lejos queda ya el recuerdo de Sergio Ramos (y su mujercita), ya solo carne para la marabunta mediática de El Hormiguero.

Marcelino plantéo un partido de contraataque desde el principio, sin guarrerías extremas. Bastaba con volcar el juego sobre la única zona del campo donde había un debe defensivo: la de Chopped Vázquez. El chico tiene la maldición de la Coz de Busquets, y parece que no se recupera. Está nervioso. Está impreciso. Melonea. Cochinillea, en lugar de caracolear. Se pega palmetadas en la frente cuando la caga, como si fuera un Good Doctor de Sanxenxo. Ojalá no lo hayamos perdido del todo, o podamos hacer alguna clase de híbrido entre él y Carvajal, porque contra equipos con extremos serios por la izquierda se nos puede quedar cara de Garzón —bendito apellido—, con el pantalón cagao en una macrogranja sin saber dónde se encuentra el retrete.

El Modric encarriló la final con un tiro fantástico, gracias a la buena primera parte del Rodrygo, insistente y persistente desde la derecha del ataque blanco. En otro lugar y en otro tiempo serían El Modri y El Rodri, y serían la verga en verso. Aquí en el Madrid, se arrastran y tapan vergüenzas, pero de las ajenas. Vaya partidazo se volvíó a cascar el croata madrileño, y van… Sólo espero que el club esté a la altura de Luka; y le devuelva toda la calma, toda la clase, toda la garra, todo el fúbol y toda la vida que él ha entregado —y sigue entregando— a la camiseta blanca. Modric es un dios blanco. Florentino, no le falles.

Hubo luego una segunda parte, parecida a los trenes de Putin llevando tanques, vehículos blindados, artillería, cañones antiaéreos, camiones y valverdes a la frontera con Ucrania. Pero nada más que manos y penaltis fue la segunda parte. No sé. ¿Què quieren que les diga? No jugaba el Barceloni. No jugaba el Arleti. No había fútbol. Nadie tiraba palos desde la grada a los jugadores. Nadie tenía un nombre acabado en «i». Nadie tenía el Covid. Nadie estaba sin vacunar. Nadie dudaba de su sexo. Nadie comía carne. Nadie quería tener descendencia. Nadie quería vivir. Y por eso Benzema marcó su pena máxima, Courtois le paró la suya a Raúl García, y el Real Madrid volvió a levantar una copa con olor a aceite de argán. Porque el Madrid quería ganar, mientras el resto del mundo no sabía lo que quería.

Y por eso, y no por otra cosa, el Madrid volvió a ganar. Djokovic… toca.

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– ETA miltar: 0
– Imperio Español: 2

Vamos a perder con la ETA

Drop the bomb.

Si os asomárais a los ojos de un futbolista y pudiérais adentraros en su mente, comprobaríais que esta tiene tanta profundidad como la de una vaca. Para cualquier jugador contemporáneo que ha avanzado mínimamente en su carrera, conceptos como «gloria», «ambición» o «trascendencia» carecen por completo de sentido, habiendo sido reemplazados por otros como «pasta», «putas» o «pollas» (las tres pes). El furbolista, mientras no tiene el futuro totalmente asegurado, puede dejarlo todo en el campo y esforzarse como un simple mortal, pero una vez tiene dinero para diez vidas todo eso acaba. Hay excepciones raras, como Zidane y Cristiano, y por eso cuando esos dos «enfermos» se juntaron en el Madrid ganaron tres Champions seguidas, fazaña que se creía imposible en el balompié moderno. Haaland y en menor medida Bapé también puede pertenecer a esa raza de mutantes.

Si alguien quiere entender por qué el otro día salimos a masajearnos las pelotas contra los lisiados blaugranas, no tiene que buscar explicaciones más complicadas. Los que salieron al campo son unos tipos hastiados de fútbol, que se limitan a funcionarialmente partidos del calendario. Cierto que tenemos alguna honrosa excepción, como Benzema o Modric, pero los demás juegan como quien aprieta tornillos en la fábrica, bajo la abúlica dirección del capataz comechicles, el muy indiferente Ancianotti. Caso especial es Vinicius, quien aún tiene la «rage» pero que la va a perder pronto. En proceso acelerado de Neymarización, cada vez está más pendiente de protestar al árbitro. «Me han pegado aquí»; «no me dejan regatear». Pues claro que no, hijo de puta, si te parece te van a poner una alfombra. Agarra la pelota y plántate en la línea de fondo; y si te cazan antes, te jodes, te levantas y sigues jugando hasta que te saquen en camilla, mariconazo.

Hoy jugamos una final contra un club cuyo historial es… en fin; digamos que unos crían la fama y otros cardan la lana. Pero eso sí, el Atlético de Bilbao (como lo llamaba Zarra) tiene hambre: para ellos sacar la gabarra carcomida esa es un rito tribal que los lleva a la más delirante apoteosis, aunque sea por ganar una Supercopa de mierda. Saldrán al campo a morir, mientras los del Emirates CF pastan sobre el césped, pensando en sus negocietes, en su próxima sesión de fotos, en la zorra con la que van a poner los cuernos a su pareja. Están demasiado cansados, demasiado aburridos, demasiado de vuelta. Son los monstruítos que hemos creado.

Bah.

Tocada de huevos en el desierto

El Petaculos del Paladium

Puf, qué sufrimiento tan innecesario. Partido duro que teníamos que haber solventado mucho antes. Este encuentro ha puesto de relieve las carencias de ambos equipos. La Farsa, equipo sin grandes estrellas, con niños probeta futuros mejores jugadores de la historia y blablabla: Pedri, Rodri, Gavi, Fati, Fili, Kili, Bifur, Bombur, Oin, Gloin, Bilbo, Pili, Mili y Tolili. Su jugador más determinante… Dembelé, no hace falta decir nada más. Con escoria humana como Dani Hambres, exjugador con pinta de vendedor de droga y consumidor de porno compulsivo. Esclavos de su estilo, todo pasecitos de mierda sin arriesgar. En cuanto el Madrid se echó atrás empezaron a llegar por pura inercia.

El Mandril. Ordenado detrás, sacando la bola de manera magistral, con Modric principalmente. El problema nuestro, cierto es que el Barsa es una puta mierda. Pero es que nosotros vamos muy justitos. Vinicius the King, el único jugador que crea peligro y desborda del Madrid. Todos los ataques peligrosos fueron obra suya. Luego tenemos a Benzemá, que engancha todo lo que pilla. Y el resto, bueno, son majos y tal pero incapaces de desbordar y crear peligro. Asensio lo intentó un par de veces y después se volvió borrar como una maricona.

El contraataque fue bastante resultón. Nos costó, cuando mejor estaba la Farsa llegó el 2-1. Luego cuando parecía que estaba todo hecho nos colaron un tontigol y menos mal que pitaron el final de los 90 minutos, los culeros estaban cachondos como Jorge Javier Vázquez en la cabalgata del orgullo. Otra buena contra en la prórroga y otra dejadita más de Vinicius y 3-2 definitivo.

Chavi Huelemierdez no entendía por qué la vida es tan injusta. El que tocaba y retocaba la pelota era el que perdía. Cosas de que no saben perder, céspet alto o seguramente Franco había metido mano entre los moros. Lo importante, victoria ante esos hijos de 7899877 putas gonorreicas y a la final. ¡A Cibeles!, digo ¡A La Meca!

Rappol

«Su humo es malo para sus hijos, familia y amigos», reza el rótulo del paquete de tabaco que descansa a la derecha de este ordenador portátil, sobre la mesa. Casi tan malo como no ser el Madrid jugándote una de estas caprichosas copas cortas, que resultan ser a veces como intercalar güisquis entre cervezas, o cervezas entre güisquis. El Madrid fue a ratos cerveza y a ratos whisky, y a Huelemierda le pesó la basura de plantilla que tiene, capitaneada por Luuk De Rebotong, que hace dos semanas no servía ni para hacer croquetas y hoy es el «elefant terrible» del culerismo ilustrado. Se habla mucho del relato de Hernández, ignorando voluntariamente de dónde proviene. No se despisten, porque cualquier día acaban leyendo a Almudena Grandes o Millás, y se los acaban creyendo…

Cuando empezó el partido busqué a Alaba en el maletero del equipo, y lo eché de menos tras el 0-1 y los primeros cabezazos de Luuk. La estrategia culera estaba clara: llegamos y templamos melones para el ex-sevillista enrachado. La defensa se aculaba en exceso, como si Pijamita anduviera trempado y a Cristaljal le costaran los retornos una chispa. Alabaré, Alabaré… y el holandés emulando al antiguo Vinicius nos empató un partido que teníamos absolutamente controlado. No iba a haber rodillo, otra vez.

La segunda parte y el resto del partido me pillaron por ahí. El palo de Benzema (qué jugada, por favor) y su 1-2 (muy bien esos centrales culeros que tantísimos millones valen, pasados y futuros), en el coche; agitando el puño sin vendar y celebrando con dos chavalitos que valen más que toda la historia de La Masía. ¿Tendríamos paz? No. Porque no iba a haber rodillo, Modric se marchó, quedaba todavía un rato… y Alaba no estaba.

El gol de Fati disgustó notablemente a mi hijo, y eso que no odia a Jorge Amanecer (no conoce todavía el odio, su padre desgraciadamente sí). Vale. Ya estaba más que claro que no iba a haber rodillo. Pero, ¿no podíamos atar simplemente el partido y tirarlo, por ejemplo, al Manzanares, para dar trabajo a los buzos de la Guardia Civil? No. El odio no es bueno enseñarlo, tienes que aprenderlo solo, para después guardarlo en una caja que sólo se debe abrir en caso de apocalipsis… Así que cuando comenzaba a vislumbrarse la realidad de la prórroga aparqué el auto, apagué la radio y coloqué al fútbol en el lugar donde debe estar la mayor parte del tiempo, encima de algún mueble alto.

La noche discurría perezosa entre algunas rachas de frío viento de levante. Me acordé de la chepa de Morales mientras doblaba ropa recién sacada de la secadora y miraba de vez en cuando el SofaScore en el fono… ¡Gol del Madrid, para el 2-3! ¡Gol de Valverde!… Puto Loco de los cojones… ¿Qué minuto es? ¡Me cago en el puto rodillo y en la puta pegada! ¡Me cago en Luis Suárez, en Cavani, en Cojín, en Francescoli, en Mújica y en Jorge Ébola! ¿Cuánto quedaba? Un par de divisiones acorazadas de calcetines… Dejé el fono y me puse con ellos. Como siempre suele pasar, los huérfanos fueron al cajón para participar en la Ruleta Down de las siete y cuarto de la mañana. Y después, cuando pude leer FT 2-3, sonreí tranquilo y bajé a improvisar cenas…

«Su humo es malo para sus hijos, familia y amigos». Para los demás se supone que no. Digo yo que peor será ser un puto culero y creerse los relatos de los perdedores… Que pase el siguiente.

– Quiebralona: 2 (De Tronk y Cojo Fati)
– Madrit: 3 (Vizinius, Benzema y Valverde)

Vinicius de Arabia


Pinchar para ampliar.

El Madrit ya está en Arabia Saudí, con la plantilla al completo (menos el sinvergüenza de Bale). ¿Afortunadamente? todos estaban al día de la vacuna fake y nadie tuvo que entrar cruzando el Nefud en camello. Viendo la foto posando con las zorritas de Emirates, no puedo evitar llevarme las manos a la cabeza por nuestra espantosa (falta de) uniformidad fuera del campo. Yo estaba convencido de que el calzado oficial del traje Hugo Boss eran las deportivas negras con suela blanca, espantosas pero al menos iguales para todos; no obstante, parece que cada uno puede llevar el calzado que le salga de los cojones: zapato clásico, deportiva negra, deportiva blanca… milagro que alguno no vaya en chancletas. Huelga decir que esto anula por completo el sentido de la uniformidad, y nos convierte en lo que jamás se puede ser en la vida: unos putos horteras. Tal falta de atención a los detalles, como cuando usamos una grotesca cinta aislante a modo de brazalete funerario, vuelve a recordarme que somos un gigante con pies de barro, donde se dominan un puñado de conceptos deportivos y mercadotécnicos, pero nadie tiene realmente una idea de club.

Respecto al partido, algo que nos favorece de los culeros es su optimismo autoengañoso, incluso en que las épocas en que engarzan un ridículo tras otro. Diplomat, garbancero de la muerte del Diario Yoya, ha declarado que «le pone tiesa la piruleta» la perspectiva de alinear el siguiente equipo:

Ter Stegen
Alves – Piqué – Lenglet – Alba
Nico
Gavi – Pedri
Ferrán – Ansu – Abde

Igual estoy confundido, pero yo veo ahí a tres críos que disputan su primera temporada en la categoría máxima, una línea defensiva que suma como 130 años y dos tipos que no saltan a un campo desde hace seis meses. Como pongan ese equipo, me temo que la piruleta diplomatiana puede quedarse a media asta durante una larga temporada. Por cierto que al que iba a ser su crack diferencial de este año, protagonistas de incontables portadas, el simpar Depay, ya ni lo ponen en sus pajialineaciones; ¡qué rápido quema sus ídolos el culerismo!

En fin, lo normal es ganarles con cierto desahogo, con un par de goles de ventaja, si no más; 17 puntos de diferencia en Liga apoyan el pronóstico. Pero ojo, que si el equipo está haciendo buena temporada no es gracias a Queirocetti, sino al rendimiento óptimo de algunos jugadores (cuando les sale de la polla) y especialmente de Vinicius, el verdadero futbolista que eleva a este grupo por encima de lo vulgar. Tal es su influencia y su negritud que ya se ha convertido en un agujero negro en la banda, haciendo que todos los balones graviten hacia él. Si mañana le hacemos un roto importante a los culeros será sin duda gracias a su capacidad de romper líneas, a esa locura que le hace desconocer sus limitaciones. Así seguirá siendo hasta el día en que, como T.E. Lawrence, se dé cuenta de que es únicamente un hombre.

Choto destruction

Rappol

La vuelta de Vinicius después de los Reyes Magos — le trajeron al brasileño una caja de condones y un Enredos—, devolvió la alegría por la izquierda y el desorden a las defensas rivales. También la sonrisa y los goles; y el llanto y el crujir de dientes del antimadridismo, esa suerte de paganismo iconoclasta del quítate-tú-p’a-que-me-ponga-yo que tantas ganas provoca de hacer de vientre desde la torreta de panza de un B-29 a su paso por tantos lugares de España. Igual nos quedan bombas, aparte. ¿Margarita es la que se encarga de esto? A ver si le pueden pasar nota, por favor.

Bordalàs, que es una especie de remix gafitas entre El Comediante y el padre filósofo de “Tierra amarga”, planteó un partido recio y varonil que se fue descosiendo por las bandas y terminó en el momento en el que Modric hizo temblar el larguero de la meta de Cillesen (el bueno, según los yoyaires). La fortuna injustamente nos privó de abrir la lata en tan bello lance del juego, pero nos recompensó con un penalty inexistente que Benzema clavó donde antaño se clavaba a los enemigos del imperio romano. El VAR se lavó las manos —huelen a muchos culos esas manos—, y el partido giró ya irremisiblemente hacia la posibilidad de goleada si es que los chicos de La Cejotti (maldito seas mil siglos, José Luis Rodríguez Zapatero) le echaban unas pocas de ganas durante la segunda parte.

Así fue que el Valencia se fue pudriendo como un leproso y el Madrid recuperó la pegada; mientras en Twitter la institución chotil y el Ridículo Millonario cantaban por bulerías palurdas con las venas de las almorranas más gordas que las del cuello. Pobres diablos. Pobres orfebres de la tontería. Nadie hablarà de vosotros cuando estéis muertos.

En el setenta comenzaron los cambios, con la vista puesta en la Supercopa; y Mendy quiso bailar un chotis con uno que pasaba por allí para que Guedes marcará de penal por insistencia y de manera absolutamente anecdótica. El Valencia, sin Dragomán ni negritud comparable a la de las leyendas futbolísticas criadas en el remoto poblado de Babangàn (véase el diccionario de tropos custerianos), y en el Año I después del Getafe (¿o es el segundo?) se comió lo que debe comerse siempre contra el Real Madrid , dando alguna coz de más pero de buen grado.

A por El Huelemierda y sus palominos.

El Socio

No negro, no party. Sin negro este equipo se acerca mucho a ser la nada. Sin él y su negro rabo, junto con el empujoncito arbitral, bien podríamos estar hablando de otro pinchazo (no me refiero a la vacuna que no vacuna sino a ooootra cagada contra un rival inferior). El Madrid empieza y acaba en el negro, hay que cuidar al negro, meterlo en la cámara hiperbárica de Baúl hasta llegar a Arabia Saudí. Será la clave para infligir una humillación al Barcas que lleva ya retrasándose tiempo, demasiado tiempo.

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– Magrip: 4 (Benzema (2, 1 de pen.) y Puficius)
– Violencia: 1