Sí, bueno, ¿no? Una vez dejado atrás todo el colorín y colorón semipatriótico del Mundial (lo ha celebrado gente que vendería a España por un puesto de funcionata), volvemos al mundo Real, de Real Madrid, el club de nuestros pecados. Antes de analizar el retorno del Mou, el caudillo decadente, es necesario aclarar que nunca, NUNCA las cosas volverán a ser como en la Época Dorada. El día en que el Madrid amaneció con la publicidad de Reny Picot en la camiseta por culpa del hortera de Mendoza, ahí acabó todo. Para comprender esto hay que saber que ética y estética son lo mismo, pero esto sólo es percibido por las almas más sofisticadas, que son ciertamente escasas.
Seamos pues conscientes de que el fútbol discurre por la era de los pelitos ridículos, los tatus, la botas rosa maricón y toda especie de vulgaridades y atentados al buen gusto, que naturalmente acaban permeando a la población general. Berlusconi trató de revertir esto cuando compró el Monza, intentando prohibir los tatus y otros horrores, pero se dio cuenta de que no podía matar al monstruo que él tanto había ayudado a cebar, y se murió, quizá asqueado de sí mismo.
Aclarado que la verdadera Gloria nunca volverá, vamos a ver si un Mou barrigudo, canoso y medio calvete puede al menos convertir al Real Madrid C. de F. en algo parecido a un equipo disciplinado, aguerrido y ganador. Y la respuesta sincera es que no tengo ni puta idea. A Yose Mouriño se lo ficha por su aura mítica, después de fusilar vilmente el año pasado a un entrenador táctico y ganador porque no le entraba por el ojillo (o por el ojete) al senil presidente del club. Ir a por Mou es como sentar en la ruleta al jugador arruinado y borracho que saltó la banca hace veinte años, el cual no se ha podido recuperar (según él) porque no tenía suficientes fichas. Ahora vamos a comprobar realmente si ha sido por esa falta de marfil o porque está más acabado que Chiquetete.
«¿Cuál es el sistema favorito de Mourinho»?, preguntan curiosos los guiris que pagan 600 pavos por una puta entrada y 180 por una camiseta fabricada en Indonesia. La respuesta es fácil: un 4-2-3-1 (fácil de memorizar, porque es un 4-3-2-1 pero cambiando el 2 por el 3). ¿Podría implementarlo con éxito en el Madrid actual? Vamos a ver un posible once:
Todo muy bonito en la pantalla, ¿pero podría funcionar, incluso mejor que la España rocosa de Luis de la Calva? Hombre, pues sí, ¡si no fueran todos unos putos gilipollas! El año pasado también había buena plantilla, ¿y sabéis qué nos comimos? Para el que no se acuerde: un mojón. Cierto es que Mou tiene una hermosa tradición consistente en que, durante el primer día de entrenamiento, busca a los jugadores con los que no cuenta y les dice «conmigo no vas a jugar ni a las canicas», lo cual está muy bien para desbrozar y echar mongolos; lo malo es que la mayoría son inamovibles por su contrato, así que te los tienes que papear. A la hora de la verdad, todo aficionado sueña con la escena del Sargento de Hierro donde pone motes y humilla a los reclutas, pero eso es sumamente complicado hoy día, todo se ha vuelto demasiado raro. Vinicius va a llegar con un jerol nuevo, ¿cómo reaccionas a eso? En definitiva: ¿quieren trabajar estos cabrones, o prefieren vaguear y restregar sus pichitas contra sus novias?
Y esa es realmente la clave: ¿se puede obligar hoy día a un jugador a hacer algo, lo que sea? ¿O es sólo posible durante el puto Mundial, o en la Bundesliga, o si te entrena un iluminado como Luis Fabrique? Lo que le digo a Mou (que seguro me lee) es que sólo tendrá una oportunidad: la menor duda, la menor flaqueza, la menor concesión, y se lo comerán como hormigas africanas, dejando únicamente sus huesos mondos y lirondos blanqueándose al sol. Posiblemente hasta incluyan la osamenta en las exposiciones del Museo Madrilista, donde por 35 euritos de nada puedes ver las imitaciones de las Copas de Europa y sentirte aún más identificado con un grupo de macarras y negratas que ganan en un mes lo que tú en un lustro.
Sí, Mau, has decidido meterte en esta selva del Darién de la que nadie tiene el mapa. Si has de morir, que sea erguido, firme, dignamente. Posiblemente no tengas ninguna posibilidad, pero cuentas con mi simpatía.







