Entender vs Sentir

Marc Genou

Si el socio decía hace escasos días que Florentino estaba más que amortizado y que sus ridiculos, a pesar de escasos, le condenaban a retirarse, ayer la Uefa nos demostró que todos ellos pueden acompañarlo. Y no sólo la Uefa, sino Macron, la policía francesa, la organización y todos los responsables del espantoso espectáculo vivido ayer a varios niveles. Si algo tenia San Petersburgo es que está a tomar por culo y que policía rusa no iba a permitir semejantes gilipolleces.

A pesar de su evidente declive, comida por las codicias de sus propios mandatarios, esto sigue siendo la Copa de Europa, y la Copa de Europa es el Real Madrid. Una temporada que era a todas luces para conformarse con brotes verdes se ha saldado con los dos títulos más importantes de la temporada. Algo realmente inaudito en la que ha sido sin lugar a dudas la edición más difícil que ha ganado cualquier equipo. Las continuas zancadillas de todos los organismos, nacionales e internacionales, que sufre esta institución todos los días con aparente estoicidad bien merecen un estudio. Y es que esa estoicidad y esa segunda mejilla sin levantar la voz son el digno reflejo de la sociedad de este país. Un país ya perdido, sin remedio y destrozado, en el que algunos subsisten y luchan contra la marea de obediencia ignorante de una mayoría completamente anestesiada. El Madrid es esa gente que mantiene el barco a flote, que da esperanza y que no necesita ser una víctima para hacerse notar. Se nutre del talento, del trabajo, y del positivismo y sin levantar la voz caminando paso a paso y llegando siempre hasta el final del camino, lleve a donde lleve.

El partido fue el típico de una final, el típico que gana el Madrid. Ambos equipos con miedo a cometer errores que ha atenazado a ambos. El retraso tampoco ayudó y por cómo se desinfló el Liverpool a la media hora, parece que el Madrid gestionó mucho mejor la ansiedad. Estar por encima de las expectativas y que todos pensáramos que nos iban a penetrar jugó a favor de los nuestros con una solidez en la línea trasera realmente reseñable.

Y en esa tesitura, la copa vendrá para rellenar unas vitrinas que pronto conformarán uno de los edificios más icónicos del mundo y que hará relumbrar a una ciudad y una región que por mucho odio que reciba, sigue acogiendo a todos, una mezcla de lo mejor de todos, y siendo la locomotora de un país que ojalá empiece a vislumbrar una lejana luz en un futuro a medio plazo.

Rappol

Sí. Es sólo fútbol. ¿Pero quién más es capaz de hacer esto que hace el Real Madrid? ¿Quién más es capaz de ganar otra Champions más de la manera en que lo ha hecho este Madrid, que lleva cambiando de ciclo desde que en 2018 encadenara tres-gloriosas-tres orejonas consecutivamente? ¿Qué tienen estos toreros, sobre los que se dice por ahí que no juegan a nada, tienen suerte, o los tobillos subnormales, o que se dopan… o qué mierda más les quieren echar encima? El toro del Liverpool salió bravete pero se fue como se van todos los toros y toretes que le echan a esta mezcla de jóvenes y viejóvenes vestidos de blanco: arrastrados por las mulas y a otra cosa.

Me tengo que poner ahora un poquito autorreferencial. Al hijodeputa de Ceferino le encantará. Después de que nos cambiaran el sorteo de manera incomprensible (aunque ciertamente era un regalo el Benfica, nada más que por la maldición de Bela Guttman), el primer rival serio que tuvimos en cruces fue el Chelsea. Ya no recuerdo si fue antes o después del primer partido de la eliminatoria que dije que si eliminábamos a estos tipos presuntamente londinenses, nos íbamos a volver a llevar la copa esta que palidece ante los cerocuatros y los trofeos quién-manda-en-la-capital.

[Pero… ¿no vas a hablar del PSG? No. No hablo de equipos a los que se folla cualquiera en Europa].

Entonces, cogida la senda inglesa —y después de darnos el gusto de eliminar a nuestros últimos verdugos—, el Real Madrid siguió cobrando deudas, aquilatando el arcano Real Madrid: aquí se viene a ganar, cagando sangre si hace falta, pero siempre con elegancia y sin cutrerío. Y eso es lo que más le jode a toda esa purria antimadridista. ¿Qué te pasa con esta idea, antimadridista? ¿Que no te gusta? ¿Que a ti no te funciona? Pues déjame que te diga que igual no te funciona porque tienes una manera de entender el fútbol y la vida que no se corresponde con la realidad, con la naturaleza y con el azar. Porque esto es sólo fútbol, sí. Pero nadie enseña a ganar como el Madrid. Y esto no lo tiene NADIE a nivel de clubs de fútbol en el mundo. Y no parece, por otra parte, que vaya a tenerlo jamás. Y no te sé decir, antimadridista, qué es. No sé si es evolutivo, si es una pócima, si es el agua de Madrid, las fases lunares, un eco cuántico del Big Bang… No lo sé, maldito bastardo. Pero sí sé que me siento a ver un partido como el de hoy, y tengo la certeza de que el equipo al que sigo en esto del fútbol, va a ganar, contra todo y contra todos (igual que sé cuándo va a perder). Porque la tengo desde que nos ventilamos al Chelsea (y mucho antes, es un trabajo que hay que realizar a lo largo de años)… ¡Si no estás tan lejos, taradito! ¡Si cuando dejas de venderte tus mierdas autocompasivas también eres capaz de verlo tú! ¿Por qué sufres, cuando el ser humano ha venido al mundo a disfrutar? ¿Por qué beber de otra sopa primigenia?

Atendiendo a la final, lo de Courtois fue algo legendario. Es sin lugar a dudas el mejor portero que ha tenido este club en la edad contemporánea. Lo he contado alguna vez. Le puse el mote de Pijamita porque cuando salía con la equipación anaranjada o amarilla —no recuerdo ya bien—, casi siempre nos hacían la caidita sesuarl. Tremendo ejemplar de vividor-follador europeo, pero trrrrrrremendo portero en su madurez. Ya lo han visto ustedes durante el torneo, y durante toda esta temporada; pero en el torneo, de manera fastuosa.

Se impuso el Madrid nada más que por su fe, con todos sus defectos y con todas sus virtudes, viejas y nuevas. El pelotazo de Valverde acabó en gol, y todo lo demás acabó en el limbo. ¿Qué querían ustedes que pasara? Lo que pasó. ¿No querían que pasara? ¿No sabían que iba a pasar? ¿Temían pasarse de chulapez? No había nada de eso. Había la inercia natural del Madrid. Y ni el PSOE, ni Salah, ni Ceferin, ni el hijodeputa que nos pitó anoche, ni el deseo reconcentrado de toooooodo el antimadridismo del mundo podía cambiar el destino. El Real Madrid ganó la 14, sobre todo, porque es el Real Madrid. Y porque todos ustedes, cobardones del mundo, sabían que así iba a suceder. Porque en el centro del universo del fútbol, hay un agujero negro que viste de blanco y que, un día, se lo tragará todo. Mientras tanto, va recolectando trofeos y, particularmente, orejonas.

Hala Madrid. Y nada más.

El Socio

A raíz de mi escrito de ayer, se me acusó de afrontar con miedo la final contra el Liverpool. ¡Qué inyustishia! Bueno, quizá estaba ligeramente acojonadillo, pero logré cumplir mi objetivo de ver el encuentro con bastante tranquilidad. No solté casi exabruptos, y aunque en un momento dado le saqué el dedo medio a un panchi que reclamaba «penal» a mis espaldas en el restaurante donde emitían el evento (por suerte no se produjo un altercado), fue la final que con más calma he seguido. Eso sí, no pude evitar indignarme al ver que los rojos persisten en el ridículo y fútil gesto de arrodillarse antes del partido, en protesta por un fabulado racismo que ayer sólo sufrieron los aficionados tanto a la entrada como a la salida del estadio, acosados y robados por manadas de negros, que diría Verstrynge. Al verlos, sólo pude pensar: estos hijos de puta se están arrodillando ante el rey, pero aún no lo saben. ¡Qué necesaria, pero qué complicada, era la victoria!

Debo confesar que no entendí nada de lo ocurrido en el partido. Hemos tenido finales más fáciles y más difíciles, pero no recuerdo ninguna en la que nos pasaran la polla por la cara durante una hora con tanta claridad. La primera parte fue un festival de scat similar incluso al 2-8 del Farsa-Gayern, con la diferencia de que la ausencia de goles impedía que se culminara la dominación. Lo que yo no compendía era cómo nos estaban bailando de ese modo, pero sobre todo cómo no iba cayendo un gol tras otro en el casillero rojo. Cierto que nuestra defensa estuvo a un nivel muy alto, y que Courtois se había propuesto ganar «por sus muertos», pero aparte de eso no había explicación. Remates francos, córnels, palos, lo que te rondaré morena… y la pelotita no entraba. Llegar a cero al descanso parecía un auténtico ejercicio de supervivencia, hasta que llegó «la jugada», en la cual el equipo VAR prevaricó desvergonzadamente ante los ojos de todo el planeta: la pelota llega a Benzema desde la rodilla de Fabinho, y no hay otra interpretación que gol legal; verdadero crimen robarle a Benzema su merecidísimo tanto en la final. Revivíamos lo ocurrido con Cuadra Fernández, pero en un evento de muchísima más repercusión; tristemente se constata que el VAR se ha convertido en otro elemento de manipulación de resultados a merced de los prebostes futboleros. El árbitro parecía hasta resignado, y ni siquiera se molestó en consultar el monitor. Total, era una jugada sin importancia, ¿no? Durante el resto del partido, su pantalón deportivo pesó 300 gramos más.

En fin, tocaba intentar ganarlo en la segunda parte, ante la atenta mirada de Zipayo, Makelelé y el que se comió dos veces a Ronaldo. Desde luego, no se puede decir que domináramos el juego, pero sí que fuimos entrando en la «zona Real Madrid» y asomando la patita por los lejanos dominios de Allison. Íbamos a tener muy pocas, en contra de la tormenta de granizo del Liverpool, pero ya se sabe que calidad gana a cantidad, y la espectacular jugada de Fede Valverde (un jugador que no costó exactamente 150 millones) es ya parte de nuestra leyenda; por la espectacular conducción en banda pero sobre todo por el centro chut que se limpió a tres defensas como un rayo láser; por ahí aparecieron unos tobillos subnormales, y el resto es yshtoria.

Desde ese momento el Liverpool habría sacrificado su alma y a todos los zopencos que pueblan The Kop por tener en sus manos el Libro de las Remontadas, pero ese está guardado bajo siete llaves, y una de las condiciones del hechizo es vestir una camiseta blanca. Una y otra vez lo intentaron, y otras tantas se lo negaron Militón, Vitoria y el interminable Courtois. Los últimos 15 minutos los merengues ya entraron en ese modo en el que parece que están haciendo rondos en Valdebebas y, pese a la normal tensión del aficionado, seguramente ellos ya sabían que lo tenían hecho. Llegó el final, y veteranos con los cojones curtidos se pusieron a llorar como niños, mientras nuestros niños también lloraban como lo que son. Se produjo una general sensación de que por una vez había ganado lo bueno y lo justo, en pleno corazón del mal y con el mezquino Ceferin sonriendo por un colmillo. Zipayo también sonreía pero sanamente, al estilo Hannibal Smith. Yo seguía sin entender nada, pero no era necesario, bastaba con sentir; sólo fútbol, pero qué emocionante. ¿La mejor Copa de Europa de la historia? Sí, la verdad. ¿Cuál otra podría acercársele?

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– Loserpool: 0
– Real Madrid: 2 (Benzema y Tobillos Sunormales)

REAL MADRID
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14 VECES CAMPEÓN DEL MUNDO

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A destellos o ramalazos

Por Rappol

Valverde va a marcar en París.
Qué majaderos son los periodistas deportivos y qué poco hacen por el deporte. Me parece increíble que teniendo un buen rato para pensar en qué le van a preguntar al entrenador después del partido, pregunten tantas imbecilidades. Creo que convendréis conmigo en que el jubileta italiano se ha ganado con creces, al menos, otra temporada más de buena comida, buena bebida y jugadores sonrientes y comprometidos.

En fin.

El Madrid se pegó su buena sesión de necrofilia ante un Levante que no hace tanto tiempo no nos daba más que disgustos en los enfrentamientos ligueros. Siempre he pensado que el aspecto mental es clave en el fútbol, hasta el punto en que es capaz de desbaratar la teoría y la táctica cuando los equipos están muy igualados en potencial. No me refiero al partido de ayer, evidentemente. Pero sí a que el factor psíquico es esencial en muchos momentos del juego: qué nos estamos jugando, verse abajo en el marcador (pronto o tarde), verse superado física o tácticamente durante el partido, la actitud que se toma de cara al juego subterráneo, las decisiones arbitrales…

No tengo simpatía por el Levante, y además es un equipo que llegó muerto al Bernabéu, sobre todo mentalmente. Que les vaya muy bonito. Sin embargo, la comodidad con la que jugó el Madrid es la misma con la que uno aceptaría una mamada después de otra yendo hasta arriba de Viagra. Y esa comodidad no la vamos a tener, a priori, en París. Porque lo único importante que le queda al Real Madrid esta temporada es París.

Klopp lleva jugando a esto varios días, y es a lo que va a jugar, a hacer que nos sintamos cómodos con la posibilidad de la 14. Carlo está tratando de sumar guerreros para esa noche y haciendo ya la pretemporada. Desde mi punto de vista, no va a venir nadie de campanillas (ya tenemos a Rugged Defense) y el Madrid se centrará en liberar masa salarial y consolidar a Rodrygo, Vinicius, Valverde y Camavinga. No le está yendo ni tan mal esta política. Porque tiene lo que no se puede fichar, ni se llama estilo, ni se llaman valores. Tiene la camiseta blanca.

Mendy, que es un manguta sonriente, tomó nota y abrió la lata. Y el resto fue un paseo del Madrid. Marcaron una pila de goles, entre los legales y los ilegales. Se dejaron nuevos números para la estadística. Y Vinicius nos dejó unas bonitas declaraciones después de su (tiene cojones) primer jatriqui como madridista. Vinicius es como un Platero negro. Tan blando por fuera, que se diría todo de algodón; que no lleva huesos, ni cuando baila samba, ni cuando se la casca. ¿Vas a traer a Mbappé para que se ponga triste?

No, hombre. Vamos a batirnos el cobre con lo que tenemos. Vamos a ir a París a ver si nos da para volver a batir al Liverpool, sin lesionar a Salah esta vez, para darles ventaja. Vamos a ver cuánto más pueden correr las cucarachas rojas y el nervio táctico de Klopp. It´s a trap.

A ver si baja también el puto Alavés de los cojones.

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Mallorca, capital Saigón

Por Rappol

Antonio Raíllo es un cerdo. Jugadores de esta especie, deberían cargar con los costes de tener ahora parado a Rodrygo a saber cuánto tiempo, justo en el momento álgido de la temporada y cuando había explotado en los últimos partidos gracias a una potencia física aumentada; que al fin ha complementado la excelente calidad técnica y visión de juego que siempre ha tenido. Raíllo, cerdo, ¿cómo te atreves a declarar tras el partido que un tipo que sale del campo prácticamente sin poder andar te ha hecho falta a ti, mongolo? Qué vergüenza de deportista.

Cuestiones porcinas aparte, en su visita al refugio insular de tantos violadores, el Madrid planteó un partido seguro de sus virtudes y de sus prestaciones físicas actuales. Por su parte, los sobrasadas estuvieron recios y a ratos bastante cavernícolas, hasta que en la segunda parte su escasez de fútbol y posición en la tabla les pasaron la factura que no se atrevía a pasarles Sánchez Martínez. Decían que había neveras para árbitros hace no mucho tiempo. Debe ser que las tienen todas alquiladas los chinos para sus negocios y parafilias.

La primera parte tuvo algún susto para ese guardameta de segunda fila que es Tibutú Cortao, más conocido como Pijamita por estos lares. La dupla de ex-presidiarios que pululaba por la línea de tres cuartos intentando crearle alguna clase de peligro se desfondó rápidamente, teniendo que correr cada vez más para atrás y menos para delante; y aprovechando en ese volando-voy-volando-vengo para practicar el innoble arte de la coz, que en la segunda parte alcanzó grandes cotas de maestría merced a tarugos tarados como Antonio Raíllo. No quería repetirlo, pero qué cerdo eres, Antonio Raíllo.


Si er moreno te vasila tú te callah y lo asimilah.

Vinicius Jr volvió a jugar uno de esos ridículos partidos que tanto se le ven últimamente. Marcó el primero tras presión a la fofa defensa rojilla. Para el segundo hizo la tontería de robar otro balón, pero esta vez en el pico del área grande propia. Se deshizo en carrera —tras hacer una conducción circular—, de un par de tronchos, para lanzar el contraataque de Benzema por la izquierda. No contento con eso, se recorrió en sentido contrario todo el campo para acompañar la jugada y recibir un intento de asistencia de Benzema que acabó en penalty que, de nuevo, volvió a fallar Benzema para el 0-2. No sé. Yo me estoy cansando ya de este muchacho sonriente y de sus tonterías. Quizás un poco de banquillo le vendría bien. El fútbol es una cosa seria, y para triunfar en el Madrid no se puede estar marcando goles, dando asistencias, robando balones, presionando y sonriendo todo el día. Así no, Vinicius. Así, no.

Tras el momento triste de tener que ver a Rodrygo abandonando el campo en la sillita de la reina (Raíllo: cer-do), el partido se cerró con otro golazo de Benzema, que se hizo pupita (esperemos que nada serio) al caer tras rematar de cabeza un balón alto y estético servido por El Morciégalo. Anduvo bien en ese gilicorner el brasileño, poniendo un centro de lujo y, en general, sustituyendo con corrección a Mendy, que se tuvo que marchar antes del campo para ir a empujar la silla de ruedas del señor mayor francés ese que cuida por las tardes-noches.

En fin, 0-3, como los lesionados que se fueron del campo por cada equipo, ¿verdad, Raíllo? Cerdo.

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– Vietcong: 0
– Real Madrid: 3 Puficius y Benzema (2, 1 de pen.)

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La Leyenda se eleva

Por Rappol

Salvando las distancias entre la Real Sociedad y el PSG, futbolísticas y morales en menor medida, parecía que después del paseo militar contra los etarritas la receta para la remontada contra el multiculturalismo gabacho-mercenario pasaba por oxigenar el centro del campo e ir decididamente a por el enemigo. Sin embargo, el fútbol —lo que sucede dentro del campo, cuando se juega intentando solo matar deportivamente hablando al rival— no tiene nada que ver con la moral, ni con la retórica, ni con la filosofía, ni con nada de nada. Puede que no sea más que física y química. Y también fe, no necesariamente relacionada con la física, la química, la religión o la ciencia. El fútbol es un acto creativo. A veces sale bien, y a veces sale mal. Ayer por la noche, el Real Madrid volvió a demostrar que, cuando se trata de fútbol, tiene ese talento creativo que nadie más ha demostrado tener a lo largo de la historia de este deporte. Y cuando digo nadie es nadie. Nadie. Absolutamente nadie.

Imaginen que van conduciendo un auto de vuelta a casa un miércoles de Champions a las 21:00 horas, con dos niños detrás que acaban de terminar su entrenamiento de fútbol en un equipo de infantil de media tabla de 4ª andaluza, y van conversando inaudiblemente mientras en la radio atruena la retransmisión del Real Madrid-PSG con el resultado de 0-1 en el partido de ida. Imaginen que todo el rato que dura el trayecto no se oyen más que nombres de jugadores extraños que parecen dominar un partido que no tiene pinta de ir bien para los blancos. Quizás sea mucho imaginar, pero antes de ganar tienes que imaginarte que ganas, porque si no, lo que suele pasar es que pierdes. Vencer esa resistencia mental es muy importante para la victoria, Pochettino, ¿saes?

La fortuna hay que buscarla. Y al que la fía al dinero (ay, morito de mis entretelas), le suelen acabar enterrando en galufo. Ya tiene magia, justicia y su buena dosis de chufla que sea un francés inmigrante que vive la fe de Mahoma a su manera el que te dé tres paladas de bacon para enviarte a protestar a ni sabes dónde, jequecito alcohólico, que le das mucho a la botella, truhán. Que la clase no se compra con dinero, capullito. Y el fútbol, la esencia del fútbol, lo que te ha vuelto a pasar por encima, ooootra vez, tampoco, Nasser, corazón de galufito, payaso con billetes, ignorante de La Meca. En definitiva, pichafloja.

Volviendo al fútbol, el planteamiento inicial del Don no convencía —porque no podía convencer— al fansismo. Porque el fansismo puede saber más o menos de fútbol, pero comparte con el madridismo ese raro don que tiene el fútbol del Madrid. Competitividad, «creer», lo que les salga a ustedes del alma. Póganle el nombre que quieran. Había que salir con oxígeno y cojones, para crear el territorio Modric, el territorio Benzema, el territorio del talento, el territorio del gol, el territorio de la creatividad. Como fuera, sí, pero con un centro del campo que reventara pulsómetros, mejor.

Uno quiere ser amable con Carlo Ancelotti, que tiene la ceja pelada, que es historia del fútbol europeo e italiano… y pensar que sacó un once para ver qué pasaba. Con un pulmón uruguayo, sí, pero con la carretera perdida que es este Carvajal; casi lyncheano, cornudo futbolístico, brótola boqueando sobre la arena. Mbappé parecía un Mistery Man oscurito cada vez que la agarraba por la izquierda, más tranquilo que Pablo Iglesias volviendo a casa con la boca apestando a fluidos vaginales.

De esta suerte, al iniciarse la segunda parte, Dick Laurent estaba muerto y el partido, verdaderamente, comenzó en el minuto 57 cuando entraron Camavinga y Rodrygo (para mí este chico ya ha explotado) por Kroos y Asensio. La oscuridad en la piel dio paso a la luz en el campo. El Madrid comenzó a presionar como era necesario hacerlo en ese momento (¿Carlo?) y a robar pelotas en tres cuartos, terminar jugadas y encender la lámpara de la mesita de noche francesa en la que estaban las toallitas y los pañales. 1-1, con falta clara de Benzema, para mi gusto y apreciación. Pero qué cojones: había que darle un motivo a Nasser Galufito y a su mamporrero Mauricio (que nunca nos entrene ese tío, por favor, que solo aspira a ganarle al Barcelona) para cerrar el círculo del ridículo después del partido.

Después, hubo otro momento clave de magia del entrenador italiano, antes del 2-1. Lucas por Autobahn Carvajal, cerrando la izquierda definitivamente, y contando también con el trabajo titánico durante todo el partido de Alaba y Militao. El austriaco cogería una silla más tarde, como antes cogía la cabeza de Modric en el 2-1, como veremos a continuación. Estos tíos saben. Estos tíos están por ahí perdidos por el mundo y llegan aquí, al Real Madrid y entienden que esto es el centro mundial de la pelotita, el agujero negro, el kilómetro cero del fútbol de clubes mundial. Lo raro es que Alaba no le estampara la silla en la cabeza a Messi, a Neymar y hasta a ese Mbappé que ya tiene que tener muy claro qué es lo que tiene que hacer si quiere ser una leyenda del fútbol mundial.

El 2-1. Minuto 75. Un tipo de blanco agarra una bola en la derecha desde la línea de atrás del Madrid y monta un contraataque rompiendo líneas. Está fresco, cómo corre, cómo se le van cayendo los negritos alrededor… Ese tipo es Luka Modric, el mejor centrocampista que ha visto el Real Madrid moderno. La jugada parece morir en Vini (el bueno de Vini, este sí que es un jugador diferente), pero vuelve la pelota a Luka Modric, para que dé el pasecito perfecto para que Benzema marque el 2-1. Ahí se acabó el partido. Ahí se cagó encima el PSG como Layne Staley en sus últimos días. En la celebración aparece David Alaba y hace ese gesto de cogerse las cabezas sin casco con Modric, como si fuera fútbol americano. «Waaaaa, Luka, eres la polla, pero solo hemos empatado»- dice Alaba. Y Modric le contesta, «Waaaa. No te preocupes. Vamos a marcar otro más». Y le dice el negro, «Vaaaa. ¿Y si marcamos otro, qué voy a coger que no sea tu cabeza?». Y Luka le dice: «Coge una silla».

El jequecito todavía está buscando dónde queda La Meca.

Hala Madrid, jequecitos.

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– Real Madrid: 3 (Benzema, Benzema y Benzema)
– PSGay: 1 (Principito Blanco)

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Españoles: la Liga ha terminado

Por Rappol

Cuando puse el partido íbamos palmando. La repetición del penalty de Follarzábal fue lo primero que vi. Casi lo paraba Pijamita, pero en el siguiente plano se podía ver que, efectivamente, era gol. Mecachis, que diría Butragueño. Pero a continuación se veía a un Madrid fresco, como flor de almendro, con el cabrito de Carvajal hasta suficiente y —cómo negarlo— con la alegría negra de Camavinga y un Casemiro con el bofe mejorado y la coz fina (¿qué fue antes, el huevo o la gallina?). Esto constituía la mejor noticia. Porque con el oxígeno rampante en el medio y las vergas enhiestas, por fuerza de la ley natural del fútbol, todo se volvía territorio Modric.

Modric es, con toda seguridad, el mejor mediocentro que ha tenido el Madrid en toda su historia moderna (y dejo claro ya que incluyo a Zidane en el pack de comparaciones). Que yo haya visto jugar, superior en conjunto a todos los que quiera recordar. La conexión que este señor tiene con el fútbol, con el espacio y el tiempo del fútbol, con la profesionalidad, con la clase… con lo que les salga a ustedes de los cojones. Modric es puro Real Madrid.

El partido… Boah… Un Madrid con el físico al fin recuperado y con unas ganas bárbaras, pasando por encima de la Real Sociedad que parecía un equipo de ucranianos deprimidos por la guerra. Remontado el partido al descanso, los blancos no bajaron pistón y los Hijos de Pelé estaban a todas, con un Benzemá redivivo y la ya proverbial sensatez que destilamos en el centro de la defensa, que luce mucho más cuando hay qué hostias qué: oxígeno en la media, pene joven, cuerpos cavernosos a punto de reventar… espacio y velocidad… y una cabeza siempre levantada… territorio Modric.

Si las estadísticas las cargan Newtral (y Windows Mis Cojones en ESPN), el Madrid perdió una batalla en París; lo que históricamente está bien, porque los franceses no habrán ganado muchas batallas más en París en toda su vida, salvo las libradas contra ellos mismos y las que les ganaron otros. Con la Liga ganada —con permiso de los delirios de la Esquerra Republicana del Césped—, para la batalla del próximo miércoles tenemos a la tropa fresca y, sobre todo, al General Modric en estado de perpetua gracia. Carlo, no me seas capullo y ponle los dos pulmones de acero. Porque con los tres cuartos recuperados y con hambre, vamos a machacar a estos putos francesitos de nuevo cuño. E insistiendo en la jugada, quién sabe. Oxígeno en el medio, Carlo. Oxígeno, cabrón. No me seas cuckold…

Y batidos Shaktar Donetsk.

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– Real Madrid: 4 (Seedorf, Modric, Benzema (pen.) y Gaysensio)
– ETA Metralleta: 1

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Ancholoto y Capado están más pasados que el Charlestón

Rappol

El rearme del Madrid de cara al 9-M aprovechó la irrelevancia de un Alavés en descenso, que aguantó el tipo mientras los blancos no fueron a por el partido. Eso no pasó hasta el minuto 60, o por ahí, entre la espesura en tres cuartos y la frecuentemente errática salida de balón casemirista-carvajalista. Entre tanto, Valverde petardeaba con dinamismo pero sin precisión, Vini remoloneaba y los centrales parecían volver a ser junto con Pijamita los únicos empeñados en que nos pudiéramos ir a la cama con la satisfacción del deber cumplido.

La primera parte fue un tostón cesarvidalesco, aderezado con centros desesperantes de Carvajal y poca capacidad general para sorprender a la zaga proetarra. La bombilla de Benzema seguía mal enroscada, y Asensio y Vini mariconeaban en tablas como los toros que han visto algún programa de Jorge Ébola y han sentido que merecen algún destino mejor, como hacerse pajas mirando fotos de época de Ava Gardner. Había aburrimiento, pero al menos no miedo ni especial incomodidad para desbaratar los ataques alaveses, bastante alejados de la kale borroka y la bomba lapa, y más parecidos a petardos de peseta o bombitas de esas que de tiran contra el suelo y no explotan la mitad de las veces.

En consecuencia, el irrespetable comenzó a tomarla con los blancos en la segunda parte. It is called the run-run, y casi siempre consigue que suceda algo sobre el pasto. A veces que dos gacelas copulen, o que un ñú cante una saeta, pero ayer hizo que Asensio abriera la lata, aunque privándonos esta vez del disfrute de su torso apolíneo. No diría que el balear de enrabietó contra la grada en la celebración, pero su detallito contestatario (ejem) conectó conmigo. A ver si el muchacho se deja ya de fútbol queer y se instala ya donde debe, que es en la asunción de responsabilidad sobre el campo, un día sí y el otro también. Es este año o nunca.

Con la tranquilidad de la ventaja, vinieron los mejores minutos blancos, culminados por Vini en el 2-0, tras fabulosa combinación entre Benzema y Asensio y pícaro desmarque del brasileño. ¿Ha nacido la BVA? Casi un banco me parece, y diría que algo así es muy necesario para dentro de muy poco. Igual si le sumamos a Bale; Christian, quiero decir. Batman. Algo con la B…. ¿CeBallos? No lo sé, la verdad.

El partido murió con un penalty regalado que transformó en gol Benzema (de nuevo marcó nuestra dupla de presuntos delanteros). Tridentito, con Marco mascando chicle de Ancholoto mientras se echa aceite en los cojones pensando en los músculos de Adama Traoré.

Victoria y recuperación de algunas sensaciones. Necesitamos más.

El Socio

El Madrid de Ancholoto logró la hazaña de ganar en casa al colista cagango piedras, exprimiendo un poco más a nuestros titulares para dejarlos bien folladitos. Puede que el italiano semicatatónico llegue a ganar la liga, si bien lo hará con una de las peores gestiones de plantilla imaginables; supongo que uno tiene que estar 25 años entrenando para alcanzar tales sutilezas, o quizá es que con la jubilación tan cerca lo que quieres es hacer los menores esfuerzos físicos y mentales posibles.

Otro ejemplo de gente lista y competente es la dirigencia del inmueble sito en Génova, 13, la cual ha completado una semana fantástica durante la cual, recién salidos de una importante victoria electoral, se las han apañado para dejar el partido infinitamente peor que hace una semana, sin ningún tipo de contraprestación positiva, y por motivos absolutamente mezquinos. La trama cantinflesca urdida por Pablo y Teo los deja en tan mal lugar que la dimisión durante la semana entrante de uno o de ambos se hace imperativa si aspiran a aplicar un torniquete sobre la sangría de votos que asola el partido.

Díaz Ayuso, una mujer sin especial profundidad intelectual, sí tiene casi todas las herramientas que necesita un buen político, como el aplomo y la anticipación de movimientos; no hablamos precisamente de una medianía como la felizmente defenestrada Cristina Cifuentes. Sin tener que hacer especiales esfuerzos, Ayuso vio venir de lejos a los hermanos Malasombra y se las ha apañado para dejarlos en ridículo con una intervención pública y la exhibición de unos pocos documentos, junto con el decisivo apoyo del caudillo galego Feijoo. Se hecho justa acreedora a heredar el liderazgo del partido, y cuanto antes se produzca este relevo, antes iniciará su formación la compleja remontada.

P.D. En otras noticias, el planeta se ha vuelto prácticamente inhabitable, según The Guardian. Vean sino qué fotos tan convincentes.

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– Magrip: 3 (Gaysensio, Vinicio y Benzema (pen.))
– Alapiés: 0

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