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Adiós, LOLpe

Rappol

Eshtoy trishte, como si acabara de salir de un bar tras ver cómo me eshan de la preshidenshia.

Queda un clavo sólo. Gafetegui lo sabe. Después de batir récords negativos y abonarse a la derrota, ¿alguien espera que en el Campo Puerco no termine más que clavándose en la tapa del ataúd de Pole?

La problemática trasciende el fúmbol, realmente. Ayer el equipo no se mereció semejante derrota. Pero aceptarlo nos acerca peligrosamente al arletic-way-of-life. Hemos perdido los intangibles del fúmbol. Al Dios del fúmbol no le gusta Guetopeli. Y ayer dictó sentencia. ¿Por qué abrazar un cadáver? Porque igual descubres que eres necrófilo.

Diréis que Marcelo tal y cual. Yo también lo digo a veces. Sin embargo, ayer fue nuestro mejor jugador sobre el campo. Y acabó en el noventa y poco -que se descontó poco- luchando contra el torero suertudo que fue el Levante. La fortuna está siempre con los grandes y los valientes. Merecer es para las chicas jóvenes con bufandas en el Wanda.

Los jugadores está desquiciados. Una sombra les persigue durante todo el partido, gritándoles “¡Vamos, vamos!”. Casi más importante es llamar a los Cazafantasmas, pase lo que pase con Tolepegui, porque hay que asegurarse de que el recinto del Bernabeu vuelva a ser un espacio ocupado por la luz, en el que no haya atisbos de tibieza o tinieblas.

Y, con todo, eshtoy trishte por Gotepeli, porque es un hombre atado eternamente a shu terrible deshtino, que esh sher eternamente deshpreshiado por el Diosh del fúmbol. Eshos lashtresh no le convienen al Madrid. Topelegui, que los lleve como mejor pueda pero lejosh de aquí.

Sólo una victoria clara y contundente en el Porc Nou podría revertir toda esa energía negativa y convertirla en algo imparable. Todo indica que no se producirá semejante conjunción astral. Así que, ¿por qué no apostar por ello?

Hala Madrid, hijos de puta.

Von Rothbart

Nadie se burla de los Pertusato sin consecuencias.
Nadie, ni por supuesto, tú, Puta Reina Chocha.
Te lo advertimos en aquella reunión, Papá y yo; y te reíste, nos ninguneaste.
Eres tan soberbia como estúpida, Reina Chocha. Existen ciertos misterios inefables que jamás con tu crematística y lógica mente racional lograrás entender.

Ahora, chupa mamona. Y ve preparando la hoguera para tu muñeco de mimbre.
La Psicomagia es poderosa, parece mentira que todavía no te hayas enterado.
No creo que tengamos que recordarte, Reina Chocha ajada y pestilente, lo que tienes que hacer, lo sabes perfectamente.

El Socio

El oficio de adivino es muy desagradecido, pero por mis observaciones de la psicología floperiana durante los últimos veinte años me atrevo a decir que LOLpetegui está Mortimer. Hay quien está convencido de que llegará al Clásico, y eso habría sido lo normal, pero recordemos que veníamos de una racha pésima, con récord histórico de minutos sin marcar incluido; Lol estaba ya con respiración asistida, y la oportunidad de redimirse en el Kampf Nou pasaba por ganar los dos partidos previos. Empatar o, peor aún, perder como se hizo ayer, lo mete directamente en la Zona Benítez, la de la «resolución de contrato».

Además, Lo P. Getty tuvo la mala suerte de palmar un sábado al mediodía, lo que da al Ser Superior tres días y medio para cocerse en su propio jugo. Sinceramente, creo que se lo van a cargar el martes como muy tarde, porque una vez tomada la decisión una victoria más o menos afortunada en el Kampf no haría más que retrasar lo inevitable, y tampoco esperarán al partido de Champions, por la regla no escrita de no destituir a un técnico tras una victoria. Pese a todo puede que lo dejen inmolarse en Barcelona, pero mi apuesta es que el miércoles dirigirá al equipo el mono Waldo, y para el Clásico ya tendremos a Puti impartiendo sabiduría desde el banquillo.

Que conste que yo no destituiría a Lol (porque no creo en cambiar de caballo a mitad del río, no porque me guste), me limito a decir lo que creo que pasará. Lo suyo no ha sido exactamente una «cama», y es cierto que los jugadores lo pusieron ahí, pero recordemos que ellos lo que querrían es jugar sin entrenador, y disputar sólo la Champions, 15 partidos al año en plan NFL. Por ello, cualquier técnico que entre en ese vestuario sin ideas prístinas y un carácter a prueba de bombas acaba como Pelotegui, en el vertedero de los fracasos madridistas.
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Informe Pirri para la Reina Chocha de la Familia Pertusato

Por Nicolasito Pertusato Von Rothbart

Un Portero: Urge la contratación de un guardoymeto que no sea enano, Jesulín de Ubrique y Flandes es nuestra recomendación. Además de excelente bedel es un mal padre, es decir le está enseñando a sus hijos la mejor lección que se le puede enseñar a tu descendencia. Además El Socio le odia y eso es sinónimo de éxito asegurado.

Un Central: Lovren. Un central alto, moreno, atractivo, con pinta de follaca y la típica mala hostia balcánica.

Un Enano: el japónes con cara de niño que organiza el juego desde la banda. Creo que lo tiene el Betis, pero este es club amigo. Sería fácil convencer a los directivos andaluces con tarjetas black y barra libre de prostitutas. Chupará más banquillo que el Loco cuando jugaba con el equipo de su barrio, pero ganaríamos bastante moni en el mercado japonés. Con la posición del Enano cubierta, la venta del otro enano, el de Arroyo de la Hiel es obligatoria. A La Maricona de los Campanarios, de todos es sabido, le chiflan los enanos y estamos seguros de que estaría hasta dispuesta a un vis a vis con el Llungueres con tal de convencer a su moro para que venda los barriles de petróleo necesarios para ficharlo.

Un centrocampista: El Tintín belga. Parece salido de una tira de Hergé y a los pelirrojos le quedan de lujo el uniforme blanco. Atraería las miradas de gran parte del colectivo julandrón entrado en años que puebla los palcos VIP del Cuernabeu . Tintín es una fantasía twink de porno gay, pero además es un jugador cojonudo, mucho mejor que el Jasard ese que soba la pelota como si fuera un niño tonto en el patio de un colegio.

En cuanto a los ÍNCLITOS:

¿Pajaro Loco Sidoso?: Fíchese, tan sólo para tocarle los cojones al 99 % de los fansistas. ¿Es razón suficiente? Sí. ¿Algo más que añadir? Efectivamente, el Madrid debe aspirar a ser de nuevo el Club más odiado y odioso del universo balompédico ya que eso es sinónimo de éxito, y con el Wendigo en nuestras filas, no os quepa duda que el odio y la bilis manarán como cataratas de flujo vaginal del caliente coño de una acriz porno experta en el noble arte del squirting.

¿Nescafé Frapé?: Independientemente de sus virtudes futboísticas, tengo la experiencia suficiente para saber con tan solo echar un vistazo a un jugador si éste calza bien. Pues bien, este negro es un superdotado, dejaría en ridículo al Trípode Makelele si coincidieran en las duchas. El Madrid debe tener un negro polludo siempre entre sus filas, a un negro zumbón de movimientos felinos y que pasee su negro rabo como si fuera la pantera rosa por la cara de sus rivales. Esta y no otra debe ser la razón principal de desembolsar los tropocientos millones que cueste. El Madrid triunfa cuando cuenta con un negro rabudo entre sus filas, llámese Makelelo, Sidorf, Carembú o Kaisermiro. Si el Loco fuera un tío sincero, dejaría de darnos la tabarra con el fichaje del principe de sus eyaculaciones y reconocería que lo que le pasa con el negro es que realmente le pone burrote sexualmente hablando. A mi también, pero como maricona sincera que soy no me cuesta nada reconocerlo, es más, me siento orgulloso. Pero no le vamos a pedir sinceridad a un tío que dice haber estado en Vancouver y San Francisco y no sé cuantos sitios mas, cuando lo más lejos que ha estado de su barrio fue el fin de semana que se marchó con sus compañeros de colegio a las playas de Chipiona. Esto se sale un poco del informe Pirri, pero qué cojones, quería decirlo.

Delantero: ¿Por qué solo uno cuando tenemos tres? El Negro Mariano, el Vicioso sambero y el Boxeador . Entran tres y solo sale uno de la Cúpula del Cuernabéu.

OTROS:

Feo de Goma: Bueno, venga ,vale, porque es capricho de papá, pero sólo para acojonar en partidos a cara de perro. El resto del tiempo lo podemos ceder al parque de atracciones para trabajar como el tio de la escoba en el tren de la bruja. Ni siquiera necesitaría la careta.

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De cómo el Madrid consiguió la Decimosegunda gracias a la psicomagia de Von Rothbart

Por Von Rothbart

Capítulo Primero: Donde el señorito Nicolasito, después de presentarse y saludar al fansismo, cuenta cómo una serie de sincronicidades junguianas le hicieron salir de la pereza en la que se hallaba sumido y aventurarse a una nueva cruzada psicomágica en búsqueda de la Decimosegunda.

Queridos putitas y putitos, fansistas todos:

Aquí me tenéis de nuevo, para gozo y disfrute del madridismo más subversivo, con la intención de relataros las aventuras psicomágicas que vuestro amado Divino de los Huevos Pelones Empolvados en Talco emprendió con el objetivo de devolver el Sagrado Grial de la Copa de Europa al Camelot de Concha Espina. Después de mis dos últimas cruzadas psicomágicas, que finalizaron con la consecución de la últimas dos Orejonas (ahí están los archivos fansistas por si alguien siente interés en rememorar semejantes hazañas), y tras haber roto el hechizo urobórico que suponía la Décima con la consecución de la Undécima y última (ahora mismo penúltima) Copa de Europa, consideré seriamente retirarme de las prácticas psicomágicas y centrar mis días y mis noches única y exclusivamente en lo que realmente me apasiona y me motiva: El Vicio, es decir, el sexo mercenario homosexual, la experimentación con todo tipo de sustancias estupefacientes y psicotrópicas, la moda masculina, la alta costura, el esoterismo, el ballet y, por supuesto, la lectura de los clásicos.

No obstante, mi sentido del deber mandrilista y mi ilimitado amor hacia nuestro glorioso Club me arrastraron -a decir verdad, con bastante desinterés y desgana en esta ocasión- a planificar una nueva serie de rituales psicomágicos con el propósito de conducir a la armada vikinga a la Gloria. De esta suerte, contraté los servicios de un prostituto enano de acento lunfardo y me hice con una peluca afro rizada de pelo natural y una vieja camiseta del Nápoles de los años ochenta para preparar el primer ritual que supusiera la eliminación de los sucios napolitanos. Sin embargo, después de una tórrida noche de juerga regada con abundante ron y polvo de ángel en la alegre compañía de varios travelos brasileiros de piel canela y hermosos y suaves nabos, vuestro querido Divino estaba para el arrastre y sin putas ganas de liarse a pollazos con el puto enano de los cojones, al que como bien sospecháis pretendía sodomizar hasta hacerlo reventar.

En fin, amigos, entre la rutina -que hace estragos incluso en las mentes más creativas como la mía- y la resaca mortal de alcohol, semen, coca y popper, me encontraba al día siguiente tirado y desnudo en mi futón de Philippe Stark reflexionado sobre la futilidad de la existencia mientras miraba las paredes color crema hueso de mi coqueto apartamento madrileño, cuando comencé a sentir cómo poco a poco la marea gris del tedio, la anhedonia y el hastío, frutos sin duda de la vida disoluta de vicios y excesos que estaba llevando, invadían mi alma.

Para intentar escapar de esa marea que me estaba ahogando en un océano de aburrimiento y melancolía, comencé a navegar por la red hasta llegar a atracar en la Isla del Gran Hacedor -este oasis en el que suelen fondear los madridistas más pervertidos del planeta-, donde fui testigo de un desagradable rifirrafe entre mi amado Padre -el General Custer- y un bellotero extremeño de chaleco de pana y boina calada que se atrevió a faltarle al honor y al respeto a mi progenitor y, por extensión, a todos los Pertusato, familia de pedigrí aristocrático que tanta gloria ha proporcionado al Club de nuestros amores.

Fue curioso el efecto que consiguió provocar en mí el incidente con el mencionado paleto que se hacía llamar a sí mismo el de la polla ilusa: por arte de psicomagia, el sentimiento de futilidad existencial que me embargaba unos momentos antes desapareció por completo. Con la intención de salvaguardar el honor de mi familia, y tras dar la correspondiente respuesta mediante un furibundo ataque verbal al cateto de la zamarra y el cayado, comenzaron a agolparse en mi memoria, cual magdalena de Proust, numerosos recuerdos de mi feliz infancia, esa niñez que pasé con mi amado padre en las fincas y cortijos propiedad de nuestra familia que se encuentran diseminados a lo largo y ancho de la piel de toro. Remembranzas de jornadas de caza y pesca aderezadas de lecciones de filosofía griega con las que me ilustraba papá cuando nos adentrábamos en compañía de nuestra perra “Hijaputa” en medio del bosque o paseábamos distraídamente por la dehesa entre encinas y alcornoques. El señorito Nicolasito siempre fue un gran aficionado a la caza, veneno que me inoculó papá en los azules y soleados días mi infancia. De hecho, no está de más recordaros que El General Custer y su vicioso hijo Nicolás aparecieron en el antro que regenta El Socio después de haber sido expulsados de un foro cinegético por revelar técnicas de caza que debían de permanecer en secreto entre las élites de los que aprietan el gatillo para liberar a las criaturitas de Dios de la pesada carga de la existencia. Mi afición a la caza, tanto mayor como menor, gradualmente fue relegada por la más excitante caza de maromos en el coto privado de Chueca, donde pronto adquirí fama de excelso cazador y catador de rabos.

Pero esa es otra historia y estoy divagando mucho. Como venía diciendo, sentí unos irrefrenables deseos de recordar más episodios de mi niñez rural, y para eso no hay nada mejor que recurrir a la literatura. Entre los numerosos ejemplares de mi biblioteca encontré un manoseado ejemplar de Los Santos Inocentes de Miguel Delibes, novela que me recomendó fervientemente papá no sólo como obra maestra de la literatura universal sino, sobre todo, como guía para la vida y donde se explica perfectamente que es un Señorito, y que actuar como tal está indisolublemente unido al concepto de Señorío Madridista. La lectura avanzaba veloz y las imágenes se volvían tan intensas que ya me parecía estar compartiendo tirada de torcaces y zuritas con el Señorito Iván, Paco el Bajo, Azarías y compañía. Y aquí es donde se produce la primera sincronicidad junguiana, queridos niños y niñas. Mientras devoraba frases y párrafos de la novela, una revelación psicomágica, una señal de carácter misterioso y esotérico se produjo. En uno de los pasajes de tan singular obra, el Azarías se pone a contar en voz alta los tapones de las válvulas de los coches que previamente había desenroscado: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, y al llegar a once, decía invariablemente cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco. La sorpresa, el flashazo, si se me permite la expresión, fue totalmente revelador. La pregunta era obvia: ¿Por qué el Azarías paraba de contar al llegar al número once, precisamente el once (el número de Copas de Europa que atesoraba el club blanco) y, tras ignorar el doce, luego saltaba al cuarenta y tres? Como bien dice Iker Jiménez, las casualidades no existen y se había producido esa tarde, como quien no quiere la cosa, una sincronicidad junguiana; una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal y cuyo contenido significativo o metafórico era igual.

Me encontraba, por tanto, ante un hecho de singular transcendencia. Ipso facto me puse en contacto telefónico con el Maestro Alejandro, que en ese preciso momento estaba cagando y desnudo con su gato Kazán sentado en su regazo (esto lo sé porque me lo gritó cabreado al molestarle en tan íntimo estado de meditación). Después de pasársele el enfado, me dio la respuesta con una de sus enigmáticas frases: “El mundo es una trama de líneas infinitas y todo resuena, como en una orquesta”, y a continuación se tiró un sonoro y resonante pedo para certificar lo dicho. El mensaje estaba claro: las sincronicidades no se producen por casualidad, son indicaciones, guías, señales, que el futuro lanza al pasado, es decir al presente, cuando no se gusta y desea cambiarse a sí mismo. Como buen marinero de los océanos del misterio y la inefabilidad, comencé a atar cabos y deshacer nudos psicomágicos: el Azarías para de contar en la decimoprimera válvula, se salta la decimosegunda, como si el número que identificaba a la Copa de Europa que estábamos disputando no existiera o jamás tuviera la oportunidad de hacerse realidad y sumarse a las vitrinas blancas. Me veía, pues, en la obligación de romper el hechizo.

Por otra parte, el arcano número doce del tarot es, oh sorpresa, El Colgado. Este enigmático arcano representa la pasividad, ya que se limita a permanecer suspendido en el aire, sin hacer nada y sin luchar por meta alguna, tan sólo dejándose mecer por el viento mientras cuelga de una soga. El Colgado aparece en una tirada de tarot para preguntarnos qué estamos dispuestos a sacrificar para poder progresar en la vida. Evidentemente, este arcano te invita a actuar, a librarte de ese padecimiento del alma que el Azarías denominaba “la perezosa”, y que tan similar era al estado abúlico en el que me encontraba sumido durante aquellos días. El Colgado te advierte y te aconseja no permanecer como un peso muerto mecido por el viento sino luchar por tus metas. Y para todo madridista que se precie de serlo, esta meta no es otra que conseguir el Santo Grial Europeo. Por si esto no fuera suficiente, dicho arcano se puede interpretar en clave literaria como una clara alusión a la última y significativa escena del libro y de la peli donde el señorito Iván, madridista de pro, termina colgado de la rama de una encina; el Señoritismo -es decir, el Madridismo- estaba en peligro. Pero hay más, la anterior Copa de Europa es conocida entre el fansismo como “La Milana”, pero este simpático pajarillo también termina asesinado por la inquieta escopeta del señorito Iván, como viniendo a decir hasta aquí hemos llegado con las Copas de Europa, ni una más después de ésta, pim-pam-pum.

Demasiadas casualidades extrañas se concatenaban en este vórtice psicomágico para ignorarlas, tantas que me hicieron salir de “la perezosa” particular que estaba padeciendo y entrar en una de mis fases ciclotímicas de fervor y furor con el objetivo de devolver la Duodenal a las tribunas del Cuernabeu empleando todas mis habilidades esotéricas.

Capítulo Segundo: Donde, por arte de psicomagia y porque la literatura nos da permiso para ello, pasamos de la primera persona a la tercera para narrar las peripecias del señorito Nicolasito que comienzan con su viaje a tierras extremeñas, se define el concepto de Ivanismo Psicomágico, y se nos cuenta cómo tras mucho buscar, al final el señorito encuentra a su nuevo secretario.

Con diez tiros de coca por banda y doce válvulas a toda vela, no cruza el asfalto sino vuela un Mercedes Cinco Mil, divino de los huevos pelones le llaman, en toda Chueca conocido, del uno al otro cojín… y en menos que salta la liebre y canta el gallo, el señorito Nicolasito, estableciendo un nuevo record de conducción temeraria, se planta en uno de los cortijos abandonados que la Familia Pertusato posee en tierras extremeñas y que solía utilizar como refugio de meditación y retiro durante algunos de sus frecuentes periodos de desintoxicación.

Una vez en el Cortijo Pertusato, Nicolasito se engalanó como sólo lo saben hacer los auténticos señoritos de postín y pedigrí cuando salen a darle alegría al gatillo, con sus pantalones verde aceituna, su camisa de cuadros verdiblanca, sus botas camperas de Valverde del Camino, su chaleco-canana repleto de cartuchos y la escopeta repetidora en cuya culata el General Custer había grabado el nombre con que la bautizó, “La Cariñosa”. De esta guisa se miró en el espejo de cuerpo entero y pensó «ahora sólo me falta un secretario», porque lo más importante para ser señorito es tener secretario; uno no es señorito si no tiene a alguien que se eche a cuatro patas y olisquee el terreno, le pele las pitorras, le cargue la repetidora o se suba a una encina a tironear los palomos. Y sabedor de esto, al señorito le entró la urgencia de encontrar a un Paco el bajo, a un Azarías o a un Circe que le acompañara y le sirviera de intendencia en sus aventuras cinegeticopsicomágicas.

Y es que la intención del señorito Nicolasito, queridos putitas y putitos, no sólo era conseguir otra orejona sino llevar a cabo una revolución, una innovación en el maravilloso mundo de la psicomagia, crear el Ivanismo Psicomágico, algo profundamente madridista, donde el Señorito planifica, ordena y manda, y por supuesto jamás se ensucia las manos porque el trabajo sucio lo realizan los secretarios, que para eso están y para eso se les paga. Como bien dijo el señorito Iván: “Hay que acatar una jerarquía, unos debajo y otros arriba, es Ley de Vida”.

A la mañana siguiente, cuando despuntaba el alba, el señorito Nicolasito salió del cortijo con el ánimo de encontrar a su futuro secretario y comenzó a visitar los pueblos, aldeas y pedanías más próximos al Cortijo Pertusato, donde la incultura, la superstición y la endogamia campan a sus anchas. En un principio supuso que no le resultaría difícil encontrar a un lugareño experto en las artes de la jara y el sedal, pero la globalización que lo uniformiza y estupidiza todo también había alcanzado esas tierras que antaño habían permanecido vírgenes de la siniestra influencia de la modernidad, y si el deseo del señorito era tropezarse con un auténtico Azarías de boina calada, pantalones por las corvas y zamarra de pana, lo que realmente encontró fueron Azarías más modernos de gorra beisbolera, camisetas de baloncesto extragrandes, móvil en las manos y zapatillas deportivas en los pies, que no tenían ni idea de pelar pitorras o tironear palomos. Los únicos que todavía dominaban esas artes ancestrales ya sólo estaban para jugar a la petanca y tomar el sol como los lagartos en las plazas de los pueblos, esperando picar billete sólo de ida. El señorito Nicolasito, tras largas e infructuosas jornadas de búsqueda, una mañana, fruto de la rabia y la desesperación al ver peligrar su objetivo, derrapó el Land Rover hasta adentrarlo en la dehesa, y después de tomar a “La Cariñosa” entre sus manos, empezó a disparar entre blasfemias y maldiciones -que menudo vocabulario tiene el señorito cuando el ánimo se le tuerce- a todo bicho viviente -reptante, andante o volante- que se cruzara en su camino. Después de agotar una caja de cartuchos, y cuando estaba a punto de abrir una nueva caja para continuar perfumando de pólvora y perdigones las encinas y alcornoques, escuchó una carcajada, y entonces, instintivamente, dirigió el cañón de la escopeta hacia el cabronazo que se estaba burlando.

En ese instante vio un barragán ataviado con mugrientos salandrajos y montado sobre una bicicleta de la época de cuando los nacionales entraron en Madrid. En el manillar tenía atados dos mastodónticos mastines loberos, mal encarados y negros como el infierno, que se pusieron en marcha tras un chasquido de lengua de su amo, y tirado el singular vehículo por tan original tracción, el fenómeno sentado en el cojín del rústico trineo fue acercándose sin dejar de reír. Cuando lo tuvo a su lado, el señorito le ofreció un pitillo, y para romper el hielo le preguntó por el nombre de los canes. A duras penas, debido a una boca que escupía las palabras en lugar de pronunciarlas y al cerrado acento típico de estas tierras, Nicolasito atisbó a entender que les había puesto los simpáticos nombres de “Rolando” y “Cachimiro” y que el tipo se dedicaba al olvidado arte del alimañerismo. Bajo la descosida y mugrienta chaqueta de pana que lucía el gañán vislumbró una vieja camiseta del Madrid, y este detalle, junto con el nombre que había puesto a los mastines, le llevó a preguntarle si por casualidad era madridista. A esto respondió el alimañero zarabateando: “mamamadridihta y franfranfranquihta”, mientras se quitaba la chaqueta y se despojaba de tres camisetas blancas (aunque del color blanco sólo quedaba el recuerdo), con la publicidad de “Otaysa”, “Parmalat” y “Zanussi”, dejando ver, casi oculta en la mata de pelo cano ensortijado, una medalla con la foto del Caudillo, que no paraba de besar mientras golpeaba su pecho en plena exhibición simiesca.

Terminado el alarde, invitó al señorito al café y «tostás con pringue”, porque entre la gente humilde del campo la hospitalidad es ley, y lo condujo al refugio de pastores donde malvivía, una choza de piedra en tenguerengue cuyas paredes estaban cubiertas de fotos de mozas desnudas sacadas de revistas eróticas de los años ochenta, de aspecto amarillento y cuarteadas por las numerosas lefadas con que las había regado el gañán. a las chicas retratadas. El alimañero, con los ojitos haciéndole chiribitas y sin dejar de tocarse las partes, acariciaba los retratos y no paraba de repetir con su sonrisa boba “zurrumicle emplumao”, “zurrumicle emplumao”, refiriéndose a los frondosos y mullidos chapulinos que lucían las rajudas de aquellos maravillosos años en sus entrepiernas. Aprovechando su buen humor, el señorito Nicolás le propuso sin más dilación que fuera su secretario ,a lo que el tipo accedió a cambio de tabaco de liar, cuarenta libras de tocino, cinco arrobas de vino de pitarra y una oveja merina con la que desfogarse, porque su actual novia ovina padecía de fiebre aftosa, lo cual le dejaba “aguachinao y con la pinga toa pringosa”.

Después de cerrar el acuerdo apretando las manos como caballeros, el nuevo secretario del señorito Nicolasito se puso a celebrar el contrato florentino bailando una especie jota, sin dejar de cantar “redoble, redoble, vuelvo a redoblá, con este redoble me va a matá, me va a matá, me voy a morí, con este redoble vuelvo a repetí”. Finalizada la actuación, el señorito observó al crack, exhausto con su perenne sonrisa boba toda llena de dientes, la boina ladeada casi noventa grados y un palmo de lengua grande y rosada que le colgaba por debajo de la barbilla, y en ese instante le llegó la inspiración y le dijo a su nuevo secretario: “A partir de hoy te llamaré Azaricius Junior” , a lo que el gañán respondió con un “¿pur qué, pur qué?» Y esta fue la respuesta del señorito, que haría las delicias del otro señorito, el Ivancito: “Por maricón”. Y el mugriento zascandil se echó a reír mientras agitaba la boina, y entonces el señorito Nicolasito se dio cuenta de que el alimañero madridista, franquista, salido, jotero, con un extraño sentido del humor y profundamente bobo era el secretario perfecto que tanto anduvo buscando.

Capítulo Tercero: Donde se narra cómo el señorito Nicolasito conoce a un rumenigo y le convence para irse juntos de cacería nocturna, se realiza una descripción del macho lanú , se cuenta con todo lujo de detalles el episodio de bestialismo que se produce después, y se ofrece una explicación a la sorpresa final.

El Madrid se enfrentaba al Bayern de Munich, así que el señorito Nicolasito tenía que encontrar a un bávaro que interpretara el papel de víctima propiciatoria para el siguiente ritual. Afortunadamente, Extremadura es una tierra que ofrece excelentes cotos de caza para que privilegiados jubilados bávaros disfruten de darle al gatillo, y no le resultó difícil encontrar a un hijoputa teutón que además de ser ex ingeniero de la BMW era el vivo retrato del bocazas de Karl-Heinz Rummenigge. Aprovechando un receso en una montería en la que ambos participaban, Nicolasito le tocó al sieso y saborío del rumenigo el punto débil de todo bávaro que se precie, el orgullo, al mencionarle que entre sus numerosas piezas de caza no figuraba uno de los animales criptozoológicos más buscados y temidos, que precisamente es oriundo de estas tierras: el machu lanú, que es descrito por los escasos testigos que lo han podido vislumbrar como mitad hombre y mitad macho cabrío. Haciéndose mucho de rogar, le confesó que sabía en qué cañada, según los rumores, dicho animal ramoneaba a la luz de la luna.

A la noche siguiente estaban el rumenigo y el señorito ocultos tras una loma esperando la aparición del machu lanú, que no tardó en hacer acto de presencia, y entonces el rumenigo, sintiendo un repeluco y viendo la piel del oso antes de cazarlo, comenzó a disparar su rifle telescópico de última generación. Y bang bang, dale que te bang, el alemán disparaba, y a medida que disparaba y fallaba el machu lanú se le acercaba, y el nerviosismo del alemán aumentaba hasta que el gilipollas se quedó sin balas (y es que previamente, queridos amigos, en un descuido, Nicolasito había sustituido la munición por balas de fogueo). El rumenigo, presa del pánico, con el cagazo metido en el alma y el zurullo en el cuerpo, echó a correr por el monte, pero no tardó mucho en resbalarse y caer de bruces, momento que aprovechó el machu lanú para echársele encima tras una alocada persecución en ringurango.

En ese instante fue como si el demonio se hubiera saltado las fronteras del inframundo para surgir de las entrañas de la tierra, porque colgando entre sus piernas peludas el machu lanú lucía un enorme, animalesco y salvaje pollón ansioso de culo alemán, y antes de darse cuenta el rumenigo se vio a cuatro patas recibiendo las embestidas salvajes del gran cabrón, tantas y tan bestiales que el culo teutón tragaba rabo caprino como las cabras ramonean los pastos sin piedad ni descanso. Al rumenigo empalado por el cornudo fogoso que le penetraba a golpe de testuz y cadera las nalgas blancas le titiritaban como gorriones mojados, y no paraba de gritar de dolor y vergüenza en su consonántico idiom. Pero poca era la escandalera ante el concierto de cencerro que estaban dando las fofas carnes centroeuropeas al golpear contra los cojones y el zipote del hombre cabra o cabra hombre, tanto monta, monta tanto, el machu lanú fornicando.

En medio de la cañada, retumbada y se escuchaba la pollada del gran cabrón cabalgando sobre la grupa del teutón. La picante morcilla chapoteaba entre las flacas y pálidas nalgas germanas que estaban tan mojadas que parecían dos trozos de quesos en aceite (de cabra, por supuesto). En un momento dado, debido a un súbito cambio de viento, llegó a la pituitaria del señorito Nicolasito el olor que desprendía el machu lanú en su follada, y no era el típico pestazo de las cabras, para nada; todo lo contrario, era un olor indefinible pero que suscitaba en el inconsciente la idea de Victoria. Era como el olor a napalm a primera hora de la mañana, olía a Madridismo, tanto que provocó en el señorito tal sentimiento de encelamiento salvaje y abultamiento en sus calzoncillos que poco le faltó para no unirse a la jodienda. El machu lanú, tras trepanar salvajemente a KarlJeinz por el buhero del bullate , quiso terminar la faena penetrándole la bocaza para que aprendiera a mantener el pico cerrado y a respetar al mandrilismo, pero por cuestiones de longitud y grosor le resultó imposible, así que el gran cabrón se aplicó el dicho “cuando no tengo lomo, tocino me como”, y con unas frenéticas sacudidas de verga se corrió sobre la rubicunda cara del bávaro con una generosa lechada. Terminada la bacanal, el machu lanú, fruto sin duda de su intensa excitación, soltó un enorme pedo que hizo eco en la cañada, y a continuación aflojó el vientre, jiñando sobre el rumenigo, quien ridiculizado, engañado, vejado, sodomizado, lefado y cagado apenas tuvo fuerza de levantarse, atarse los pantalones y limpiarse el zugo y la zurreta provenientes de los cojones y el bajo vientre del machu lanú, perdiéndose en la dehesa, mientras en bucle continuo susurraba entre sollozos: “me han cagado, me han cagado”.

De esta forma, el resultado de tan espléndido acto psicomágico fue el que todos conocéis: el Bayern fue vejado, ridiculizado, sodomizado, lefado y cagado, y el lenguarón de su presidente, Karl-Heinz Rummenigge, acabó repitiendo entre lágrimas las mismas palabras que su paisano teutón: “nos han cagado, nos han cagado”. Aquellos de vosotros que movidos por la curiosidad hayáis investigado un poco la filosofía que se esconde tras todo acto psicomágico, seguramente elevareis vuestro tono de voz acusándome de que esto ha sido un deus ex machina de tomo y lomo y muy señorito mío, que vuestro querido Nicolasito se ha sacado de la manga inexistente de su chaleco-canana un ser mitológico que sólo vive en las supersticiosas mentes de gañanes incultos; pero no os precipitéis, porque la clave de esta historia es que el machu lanú no era otro que Azaricius Junior, en pelotas y con un par de satánicos cuernos de carnero atados con cinta americana y cordel a su enorme cabeza. Y justo es reconocer que tenía fácil imitar el comportamiento de las bestias, ya que toda su vida la había pasado en compañía de éstas, y de hecho prefería el cariño irracional antes que el humano, al ser un fervoroso practicante del arrejuntamiento animal.

Quizás también os preguntareis porqué motivo el señorito Nicolasito eligió tan extraño animal, y esta es la respuesta, mariconazos: el machu lanú es un ser mitológico que, además de ocupar un lugar privilegiado en el imaginario fantasmático extremeño, representa la sexualidad salvaje y desaforada, que bien puede ser la perfecta imagen del Madridismo más puro y destilado; ese Madridismo que, al igual que el macho lanú, se siente orgulloso de mostrar al mundo sus órganos sexuales, su cipote grande y gordo y sus cojonazos peludos; ese Madridismo que siempre se encuentra en celo, salvaje, brutal infatigable, feroz y sin remordimientos; ese Madridismo que está provisto de una lujuria desatada y perenne que se traduce en un hambre y un ansia de victoria desaforadas; ese Madridismo, en definitiva, que disfruta de fornicar y sodomizar al enemigo.

Capítulo Cuarto: Donde se narra la visita del señorito Nicolasito a una comuna de perroflautas , se describe en qué consiste el arte de correr el cárabo, y más tarde se le practica un “Azarías” a un hijueputa colchonero.

Después de la trulla psicomágica en la cañada que significó la eliminación del Bayern, el señorito Nicolasito esperó el sorteo del próximo rival del Madrid con la conciencia tranquila del trabajo bien hecho y la esperanza de que las bolas calientes deparasen un nuevo enfrentamiento con los indios para dejar constancia de ciertos conceptos filosóficos acerca del Señoritismo Madridista y del Gañanismo Atlético que en esos días ocupaban su mente. Y efectivamente, de nuevo la sincronicidad psicomágica se produjo: esa mañana, después de escopetear un rato por el monte, el señorito pasó por el pueblo y vio en las portadas de los diarios deportivo que los patéticos serían de nuevo las próximas víctimas, por lo que debía encontrar para el siguiente ritual a un palético de la vida que rondase esos campos de encina y alcornocal. Esa misma tarde, mientras tomaba un vino tinto acompañado de morcilla lustre en el bar de un pueblo, escuchó de boca de los lugareños la existencia de una comuna de peludos jipilongos en las proximidades, y después de preguntar dónde se encontraba el poblado de piojosos, se acercó a una aldea abandonada que había sido” okupada” por una piara de perroflautas, donde sin lugar a dudas, pensó, no faltarían colchoneros.

Una vez en la aldea maldita, el señorito observó asqueado cómo los perroflautas habían tenido la desfachatez de colgar por todas partes diversos trapos multicolor: banderas republicanas, jamaicanas, esteladas, ikurriñas y banderas rojiblancas -que semejaban fundas de viejos colchones- jalonaban aquellas calles, donde cohabitaban en insalubres condiciones higiénicas y entre un constante pestazo a marihuana toda una caterva de piojosos y malolientes urbanitas que deseaban encontrar la paz interior y la armonía con la Naturaleza. El Señorito Nicolasito estuvo paseando un rato por la aldea intentando disimular a duras penas su repulsa y desprecio, y a pesar de las miradas maliciosas y desconfiadas que generaban su presencia, el hecho de que llevara en ristre “La Cariñosa” y el chaleco canana repleto de cartuchos de postas disuadía a los perroflautas de intentar cualquier enfrentamiento verbal sobre disquisiciones políticas y sociales. Pero como el señorito Nicolasito cuando quiere es un encanto, no le resultó difícil ganarse la simpatía de los piojosos, al hacerles creer que su presencia en ese lugar era debida a que estaba sumido en una profunda crisis espiritual. De esta forma, enseguida se encontró compartiendo mesa, mantel, porro y kalimotxo con el líder del grupo, un perroflauta de ideología anarco comunista, conciencia ecológica, sentimiento patético y corazón rojiblanco, lo tenía todo el cabrón.

El señorito Nicolás no tardó mucho en lograr traerlo a su vera y en suscitarle la curiosidad al confesar que había descubierto la llamada de lo salvaje practicando una arte antigua y típica de estas tierras: correr el cárabo. Al lambuzo rojiblanco se le humedecieron los pestañosos, sobre todo cuando el señorito le habló acerca de conexiones espirituales con La Madre Tierra, Gaia y la puta que la parió. El interés que le despertó al lechuguino con esas chorradas improvisadas fue tal que esa misma noche se volvieron a encontrar en medio del monte con la intención de correr el cárabo, que no es otra cosa que entablar una carrera en la sierra, en mitad de la noche, con un búho; le gritas al búho y el búho te responde hasta que se llega a tal punto de conexión con el abismo y comunión con la naturaleza que uno pierde la noción de sí mismo y entra en contacto con su lado animal, o al menos eso cuenta la leyenda.

Nicolasito le aconsejó al hijueputa colchonero que se empelotara, porque desnudo la conexión espiritual con la naturaleza era mucho más intensa, y el palético comenzó su alocada carrera nocturna en pelota picada por la sierra a grito pelado, con sus «¡eh, eh!», que eran respondidos con el «¡buhú, buhú!» del supuesto cárabo, que no era otro que Azaricius Junior imitando a la perfección el grito del ave rapaz mientras corría por el monte en paralelo al palético, a varios metros de distancia para disimular el engaño. Tras intensos minutos de frenéticas carreras y gritos en la noche repiando arriba y abajo del monte, la sapalipanda terminó cuando el palético llegó a un claro del bosque donde le esperaba el señorito Nicolás, quien le ofreció un porrito debajo de la única encina que se elevaba en tan bucólico lugar. El palético, extenuado por la experiencia pero al mismo tiempo extasiado, agradeció el detalle del Señorito y procedió a relajarse liándose el porrito. Estando sus manos ocupadas en la faena de liar el cilindrín, un nudo corredizo fue bajando lentamente por una rama de la encina hasta encajársele en el cuello, y una vez sujeta la presa, Azaricius Junior, subido en lo alto de la rama, saltó al suelo con la cuerda bien asida. Por la leyes de la física el paletico se elevó del suelo unos metros, quedando colgado mientras se agitaba intentando desprenderse del nudo corredizo. El señorito, al ver cómo disfrutaba y tenía tal maña el cabrón de su secretario, tuvo la seguranza de que no era la primera vez que practicaba un “Azarías”.

El palético no tardó en experimentar los primeros estertores de la muerte y, como suele suceder en estos casos, la fisiología y la naturaleza cumplieron su función cuando comenzó a cagarse y correrse como un becerro, de tal modo que la lefa de su minúsculo miembro erecto cayó en la tierra mezclándose con sus heces. Fue justo entonces cuando el señorito Nicolasito le gritó al secretario “afloja, afloja, so maricón, que te lo cargas”, y Azaricious Junior aflojó la presa. El palético cayó al suelo casi inconsciente, y el zambarcazo fue tan grande que el secretario aprovechó el jamacuco del piojoso para desatarle el nudo corredizo que aprisionaba el cuello y, zuteando, procedió a cortarle las dos orejas y convertirlo en alimaña suelta en el monte, que es la verdadera naturaleza de todo colchonero. Y como, según cuenta la leyenda, de la corrida de todo empalmado al ser ahorcado nace una hermosa flor de nombre belladona, el señorito Nicolasito le comentó al secretario que sería buena idea arrancarla cuando estuviese hermosa y lozana, y enviársela a la Mona Simeona para que la luzca en su injertada mata de pelopolla y así esté guapa en la próxima verbena, lista para la siguiente enculada blanca. Porque, como le recordó el señorito a su secretario, somos madridistas pero también detallistas.

Y gracias a tan agreste ritual psicomágico, a quinientos kilómetros de distancia, en la capital del Reino, el Patético de Madrid fue colgado y humillado una vez más por el mandrilismo. El señorito Nicolasito, abandonando la escena del crimen acompañado de su fiel secretario, filosofaba sobre cómo la Ley del Monte es aplicable a otros ámbitos de la vida, y sobre cómo la atracción sádica hacia los refinamientos del dolor y la crueldad que los madridistas sanamente constituidos ejercen sobre sus rivales -especialmente los patéticos colchoneros- es tan natural como la tendencia del conejo macho a devorar a sus pequeños o la de la mantis religiosa a canibalizar a su pareja durante el apareamiento.

Capítulo Quinto: Donde se hace un breve alto en el camino entre tanto tremendismo, bestialismo y escatología para repasar los libros de historia y reflexionar sobre las enormes dificultades que se le presentaban al señorito Nicolasito en su empeño por conquistar la nueva Orejona.

La Juventus esperaba en la finalísima de Cardiff, y desde luego no iba a ser un rival sencillo, porque nos la tenía jurada desde la Séptima y deseaban algo tan idiosincrásicamente italiano como la venganza. Además, la superstición y la estadística jugaban en nuestra contra. En Cardiff, el Madrid jugaría como visitante cuando precisamente sobre el estadio del Millenium pesaba la maldición por la cual, en todas las finales disputadas en el mismo, el equipo que había jugado como visitante nunca había logrado la victoria. Una maldición adicional amenazaba con impedir el triunfo blanco, precisamente la de nuestra competición favorita, que decía que ningún club conseguía ganar dos veces consecutivas la Copa de Europa en el nuevo formato. Para rematar, dos hechos vinieron a sumarse a tal cúmulo de dificultades: Por una parte, el humillante trato que los Mamporreros del Micro, como bien definió mi papá a los jugadores madridistas, dispensaron a la diosa Cibeles durante las celebraciones por la consecución de la Liga; y redondeando la desgracia, hizo su aparición el Niño del Casco con Cuernos que se Rasca la Nariz, quien una vez liberado de la perrera gracias a la buena voluntad de El Socio aprovechó la semana antes de la final para lanzar unos de sus malos farios en forma de momio apostando por la victoria mandrilista.

No eran vientos psicomágicos los que soplaban contra las velas blancas de nuestras naves, era todo un huracán, un tsunami, que amenazaba con destruir la flota vikinga cual si fuera la Armada Invencible. La Psicomagia Pertusata, transmutada en esta ocasión en Ivanismo Psicomágico, estaba obligada a emplearse a fondo, pero la historia y sus caprichos, una vez más, volverían a darme la clave. La Juventus de Turín es un club italiano que también es conocido en el resto del mundo por el apodo o sobrenombre de ‘Vecchia Signora’ (en español, ‘Vieja Señora’). En sus inicios fue un conjunto de raíces aristocráticas e influencias británicas, pero tras una grave crisis económica pasaría a estar dirigido por una de las empresas italianas más importantes, aunque se sustentara en la clase obrera. Por entonces los trabajadores del país denominaban ‘vecchios signores’ a los aristócratas y empresarios del país, por lo que con el tiempo esta expresión se utilizó para hacer referencia al club turinés. Así pues, la Juventus es el producto de una unión entre aristócratas y obreros; es decir, queridos fansistas, una mezcla indigesta de Señoritos y Azarías, una cohabitación imposible y contra natura, un engendro abominable. La Juventus es la representación de un Señoritismo de nuevo cuño que nada tiene que ver con el Señoritismo fetén de toda la vida que caracteriza al Madrid. Dos conceptos de Señoritismo se iban a enfrentar en Cardiff, y sólo el auténtico, el Madridista, debería salir victorioso. La clave psicomágica me la iba a proporcionar el apelativo con que es conocido este asqueroso club italiano: “Vecchia Signora”. Mientras los hinchas de la Juve llaman a su club de esa forma como marca de respeto, las demás hinchadas italianas se apoderaron del mote con cierta mofa, ya que en el sur de Italia, a las prostitutas con experiencia y mucha edad que con el paso del tiempo terminan siendo las ‘madamas’ y propietarias de prostíbulos se las conoce precisamente como “Vecchias Signoras”.

Capítulo Sexto: Donde se narra la visita del señorito Nicolasito al puticlub “Las Pitorras”, se describe a la madama que lo regenta, se cuenta cómo el señorito la seduce y el ritual psicomágico a la que la somete durante la Finalísima, y, por último, llegamos a la moraleja final con la que concluye la bonita historia que se ha venido contando.

El Señorito Nicolasito debía buscar desesperadamente a una vieja putona que administrara algún puticlub de la zona y, condición indispensable, que fuera de origen italiano. Así pues, ni corto ni perezoso, el Divino cambió el Land Rover por el Mercedes 500 y el chaleco canana por el traje de tres piezas y se embarcó en un recorrido turístico por los peores puticlubs extremeños con la sana intención de encontrar a la víctima perfecta para el ritual de la finalísima. En este empeño se pasó tardes, noches y madrugadas visitando los peores puticlubs de la región, lupanares perdidos en medio de la nada, entre carreteras comarcales, solares y secarrales, donde conoció a la flora y fauna que sobrevive en estos ecosistemas: furracas de regional preferente, perigallas de las más baja estofa, camioneros de palillo en boca, comerciales de abonos agrícolas, viajantes de perfumes de saldo, feriantes de tómbola y tren de la bruja, garrulos de subsidio europeo y plan PER, galgueros que cuando no cazan liebres cuelgan galgos, rumanos percudíos al rebusco de la vid y la aceituna, castúos asilvestrados que malviven del furtivismo y ganaderos con fajos de billetes en el bolsillo que harían atragantarse a una burra.

Una bochornosa tarde de cielo emborregado, el señorito Nicolás, de regreso al cortijo y perdida ya la esperanza de encontrar a su víctima, vislumbró a lontananza un Puticlub de nombre “Las Pitorras”. La señal no podía ser ignorada: el señorito no se lo pensó dos veces y entró en aquel antro de tan singular nombre perdido entre rastrojos y barbechos. Era un bar de alterne dicho por lo fino y una casa de putas hablando en plata, donde media docena de mujeres ligeras de ropa recibían con la entrepierna a puerta gayola a hombres de esos que andan con el cariño estropeado. El señorito pidió una copa y echó una visual a la mercancía humana que se vendía en semejante antro, . Justo cuando estaba a punto de mandar a tomar por culo a una puta de mirada atrabilaria, maloliente, panduerca y marroquí que no dejaba de manosearle sus divinas pelotas pelonas empolvadas de talco, escuchó de fondo a Rafaella Carrá con su pegadizo “Explota, explota, me expló- explota, explota, mi corazón. Explota, explota, me expló- explota, explota mi corazón, live, live, live, lai, qué desastre si tú te vas…». Pero no podía ser, no había televisión ni radio funcionando, esa voz cazallera y aguargantosa con un inconfundible acento transalpino solamente podía proceder de un ser humano de género femenino o asimilado; ese vozarrón no era otro que el de “La Vieja” como la denominaban las putas que tenía a su cargo, aunque también era conocida como la Tía-Catorce, por su selecta clientela, y en sus ya muy lejanos años mozos como Donatella, como más tarde le confesó al señorito.

La Vieja era una tulipanda con cinco arrobas de carne celulítica repartidas en poco más de metroymedio, embutidas cual morcilla extremeña en un ridículo vestido adolescente de vinilo rosa que se elevaba del suelo gracias a unos zapatos de plataforma que desafiaban peligrosamente la ley de la gravedad. Presentaba en su piel una tirantez de nalga de mulo y sobredosis de rayos UVA, tenía las mejillas mofletudas y brillantes como frotadas con tocino rancio, unos ojitos porcinos, pelucón rubio platino y su papada no era una, qué va, era media docena. También carecía de humor, lo mismo que carecía de educación o de pescuezo, y físicamente, tenía todo el atractivo que pudo tener en su tiempo la mujer de Cromañón, pero era vieja, puta y lombarda; qué más podía pedir el señorito. Y entre chato y chato, entre pitillo y pitillo, con harte y tolondongo, el señorito Nicolás se fue camelando a La Vieja Putona, que se daba unos aires de grandeza que no venían a cuento y que no paraba de hablar con su macarrónico acento italiano sobre mil estupideces, como su supuesto y lejano parentesco con los Agnelli o el irracional odio que sentía hacia a los animales, en particular hacia los perros.

El señorito, medio mareado por tanta verborrea sin sentido, no tardó en cortar por lo sano y proponerle continuar el palique en el Cortijo Pertusato el día de la finalísima. Al escuchar la propuesta del señorito, a la madama el coño se le hizo pesicola, y dicho y hecho, ese sábado al mediodía el señorito Nicolasito agasajó a la Vieja Putona con un suculento almuerzo a base de delicatessens extremeñas, cuyo primer plato era un estofado de zuritas peladas, cómo no, por las meadas manos de su secretario; ni que decir tiene que el señorito no lo probó porque es guarrería y además mariconada. Después de los cafés, los licores y el purito de rigor, para hacer tiempo y digestión, se llevó a la sandungona de paseo por la dehesa para continuar la parlanga y enseñarle las propiedades pertusatas, mientras no paraba de engamonitarla con su labia. Más tarde bajo la sombra de una encina, el señorito Nicolasito le confesó sus quereles, que estaba emburrachau de sus carnes morenas y berrinchoncho por hacerle el amor al estilo perruno, proposición esta que no sorprendió ni escandalizó lo más mínimo a la madama, porque como buena puta, vieja, y sobre todo mujer, ya sabía lo que el hombre espera sin haberlo aprendido.

Así, justo cuando el árbitro pitaba el comienzo de la final de la Copa de Europa en Cardiff, donde los señoritos advenedizos que quieren pero no pueden se enfrentaban a los señoritos fetén que quieren y pueden, la Vieja Putona se encontraba en el suelo del salón del Cortijo Pertusato totalmente desnuda a cuatro patas haciendo de perra. Tan sólo una túnica de seda de franjas blanquinegras cubría sus orondas y celulíticas carnes, con un collar de can grande de clavos de plata y mechones de crin fuertemente abrochado a la nuca y una cadena corta que lo sujetaba a una argolla trincada en el suelo, de tal guisa que la Vieja Putona no podía ponerse de pie ni escapar. El señorito Nicolasito comenzó a excitar a la putona transalpina con las palabras sucias de su florido verbo, y terminado el recital de poesía Azaricius Junior apareció en escena con una talega en sus manos, en cuyo interior no paraba de manosear un polvillo negro de nauseabundo olor que, por un módico precio, el Mago del Almendral se había encargado de elaborar a base de secreciones de perra en celo, secas y pulverizadas; un polvillo oscuro, parecido al rapé, que atrae a los perros.

El señorito Nicolasito se acercó a su secretario y le susurró algo al oído. Azaricious Junior asintió con la cabezota, y con su sonrisa boba y la boina ladeada se aproximó a la Vieja Putona acariciándole dulcemente los lomos, como se le hace a las cabras cuando se desea que levanten la cola para ofrecer el conducto que la naturaleza consagró por excelencia a las prácticas bestiales. Después de pasarle la mano entre la rahaúra y el buhero del bullate, con mucho cuidado de que no se le cayera tomó un pellizco del polvo entre sus dedos -que más que dedos parecían un muestrario de pollas- y lo introdujo en el arrugado pavo depilado, untando también los marchitos labios del coño, y secándose después sus agrietadas manos en las fofas nalgas de la vieja señora cuadrúpeda. Acto seguido llevándose los dedos a la boca emitió un silbido, tras el cual acudió corriendo “Rolando”, uno de sus mastines loberos, cuyo pelaje negro había sido completamente teñido con un spray para perros de color morado fosforito, idéntico al color del uniforme que los jugadores del Madrid lucían en la final.

El mastín lobero, medio alelado por el olor que desprendía el spray púrpura profundo de su pelaje, se detuvo en mitad del salón y olfateó el ambiente mientras un hilo de baba le caía del hocico. En cuanto olisqueó las espolvoreadas partes íntimas de la Vecchia Signora, se le puso rígido el espolón, el glande brotó rojo pasión de su peluda funda y se lanzó sobre ella, culeándola a un ritmo frenético que ciertamente ni un solo fansista, por muy maricón que sea (y lo sois y lo sabéis) habría soportado, pero sin lograr la penetración no obstante. El Señorito Nicolasito, viendo que los intentos del animal no conseguían su objetivo, de la misma forma que los jugadores madridistas no encontraban la forma de perforar la meta juventina, estalló en cólera, y como buen señorito que es, al grito de “¡haz algo, so maricón!”, instó a que Azaricius Junior tomara el enorme adminículo del mastín lobero y lo guiara hasta la rahaúra de la Vieja Putona, en la que penetró, clac, al primer intento, como cuchara en tripa de perdiz. El mastín lobero cabalgó vigorosamente, ahora sí, sobre la Vecchia Signora, zaleándole rahaúra y bullate, bullate y rahaúra, hasta la corrida final, mientras un desagradable olor a perrera y feromonas inundaba la estancia, y Azaricious Junior, riendo como un perturbado y huleando al mastín lobero por la piel del cuello con terribles sacudidas, lo desenganchó del chochamen de la Vieja Putona, que follada, ehcuaharingadas sus partes íntimas y medio estrangulada por el collar que la retenía, no paraba de aullar entre la agonía y el éxtasis.

Azaricious Junior, zugando de una bota de vino, rascándose las pelotas y realizando ancestrales patamoñas, obedeció de nuevo al señorito Nicosalito y trajo al otro mastín lobero, “Cachimiro”, mayor y mucho más brusco que su congénere, y como éste también de púrpura teñido de la cabeza a las patas, con los colmillos de un blanco resplandeciente y encías, lengua y verga del mismo tono rojo que las heces tras una borrachera de vino tinto. El siniestro mastín lobero, excitado por el pestazo a feromonas y con la verga tiesa hormigueando, se fue en dirección a la vieja señora, y no sin alguna resistencia logró ensartar su minga perruna en el ajado bullate. La fuerza de sus embestidas era tal que hubiese acabado con el culo de cualquier oveja merina, que según Azaricious Junior son los más coriáceos, y la Vecchia Signora, como una perra a cuatro patas, no paraba de soltar aullidos y alaridos mientras era enculada; pero a pesar de la humillante follada, en el rostro de la madama se vislumbraba una extraña expresión entre triunfal y extraviada, porque realmente no hay nada más hermoso que por el mandrilismo ser sodomizada, como bien lo comprobó la Juventus en Cardiff.

Y como broche final a la jodienda perruna, y para celebrar una nueva victoria de la Gloria Blanca, el señorito Nicolasito, al grito de “¡vamos, maricones!” ordenó entrar al resto de la familia del secretario para que tocaran el tema de “Los santos Inocentes” con tamboriles, pandereta, cascabeles, almirez y botella de anís. Azaricious Junior, excitado por el olor a sexo y perrera y por el atávico sonido de los rudimentarios instrumentos aporreados por su endogámica parentela de garrulos y retrasados mentales, no paraba de bailar el redoble-redoble-vuelvo-a-redoblá, gritando «¡Quía-Quía-Quía!» entre ladridos de perros, primitivas percusiones y gemidos transalpinos. Mientras tanto, a muchos kilómetros de distancia, en otra tierra de garrulismo y superstición, los Mandriles Blancos, después de follar, sodomizar y humillar a la Vecchia Signora, conquistaron la nueva, flamante y resplandeciente Copa de Europa, la Decimosegunda.

Y el señorito Nicolasito, contemplando cómo al final todo terminaba por enlazarse psicomágicamente, ataviado con el batín de seda de su amado padre, el General Custer, con una copa de coñac en su mano izquierda y un puro en la derecha, ivaneando decía para sí mismo: “QUÉ BONITO ES SER SEÑORITO Y QUÉ BONITO ES SER MADRIDISTA”.


Escrito de su puño y polla por Nicholas Von Rothbart Pertusato, hijo de Custer.
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Pobrecillos

Von Rothbart

Zizú, Maestro Zen, lo ha vuelto a hacer. Despúes de reducir las tácticas cuasi ajedrecisticas que a lo largo de la historia de este bello deporte han ido implementando sesudos estrategas como Lobanovsky, Helenio Herrera, Arrigo Sacchi y el hijoputa de los campanarios a tres simples palmadas, uno, dos o tres; este psicomago bereber se ha cepillado a todo una banda de presidiarios de mirada torcida y aviesas intenciones con un un simple gato, un minino inofensivo y cariñoso, pero que gracias a la laxitud de sus movimientos y a la ingenuidad de sus acciones, a su mirada perdida y su somnolencia innata ha conseguido sofronizar a toda la defensa pudrecolchonera hasta hacerla entrar en profundo estado de sopor y letargo. Despues de la sofronización, viene, claro, la sodomización. Quitas al minino perezoso y metes a dos lebreles locos como Acensio y Lukas (que es como pasar de la ketamina a la cocaina en vena), y resuelves el partido en un plis-plas y si te he visto no me acuerdo. Zizú, Maestro Zen e Hipnotista.

Para ser justos, también hay que reconocer que ayer Tita Luca y Tita Toni se olvidaron de sus vicios preferidos, el tabaco rubio y los chupitos de aguardiente, y después de dejar la cajetilla de malboro y la botella de anís del mono en el cajón de la cómoda, y ayudadas esta vez por la entrañable criada mulata Mammi Casimira, siempre tan atenta y afanosa ella, se pusieron manos a la obra, y con aguja, dedal y tijeras realizaron el corte y confección de un precioso traje de comunión para la sobrina de la Reina Chocha, ceremonia que se celebrará la semana que viene en un lupanar llamado Centro de Reinserción Social Calderone. Como bonita despedida a este emblemático centro que durante muchos años ha servido de refugio a parias y pobrecillos de la vida, y antes de su derribo, se ruega la asistencia a todos los madridistas de bien a tan precioso acto.

Custer

El Cholo se acojona frente al Madrid. Y también sus chicos. Los aficionados del Atleti deberían plantearse el Fin de Ciclo y empezar otra vez de cero. Tendrían que cambiar hasta la canción de Sabina ya que les gafa completamente. Simeone ve el Escudo Blanco y se quita la gorra ante el señorito para subirse él solo al chaparro. Pero no pasan zuritas por su zona. Ni conejos. Y mucho menos si hasta al bueno de Benzemá le da por defender como hiz ayer. El Atleti sigue anclado en Milán, fue torpedeado allí y no creo que regresen al mundo de los vivos. Ha sonado la alarma y ese pobre club es ya un “Sálvese quién pueda”. Ahora de lo que se trata es de salvar al soldado Griezman, que debe estar harto de tanta mística del perdedor. Pintaría muy bien en el Ataque Blanco junto a Barrabás y Cristiano.
Jaque Mate a Simeone, que se estará arrepintiendo de no haber hecho las maletas aquella noche en que el Madrid celebraba la Undécima. En su campo, y ante un público muy muy quemado, meterán la pierna y los codos. Clarísimo riesgo de lesiones de cara a Gales.

El Socio

Al Paleti le ha hecho mucho daño su mierdoso entorno: primero intentaron convencerlos de que podían ganar la Champions con el Koke, el Kevin y el Juanfran, incluso jugando la final contra el glorioso Real Madrid. La realidad los puso en el suelo de la forma más cruel con un testarazo de Ramos, recordándoles que cuando el Paleti se acerca demasiado al sol se quema. Pero el entorno insistió en que no pasaba nada, en que sólo hacía falta esforzarse para alcanzar el objetivo, y volvieron a creerles. Al año siguiente el Madrid los echó de la Champions, y al otro fue aun peor: llegaron a la final, sí, pero les tocó… de nuevo el Madrid, y palmaron, oootra vez.

Parecía ya demasiado. Algunos jugadores cambiaron de equipo, otros se metieron a monjes y alguno quedó catatónico. Recuperarlos costó muchos meses de terapia y de hacerles leer toda la mierda del género de autoayuda: El secreto, El poder del ahora, El perro positivo, Quién se ha llevado mi Champions… al final pudieron volver a echarlos a correr sobre un campo para embrutecer a las masas, pero adivinen qué: les tocó, una vez más, una eliminatoria contra el Madrid. Y lo crean o no, muchos todavía pensaban que podrían contra la leyenda blanca; qué coño, lo creían hasta algunos madridistas muy mariconazos. Por supuesto, se han llevado el enésimo hostión, como moscas tratando de atravesar una ventana. En realidad tenían mala pinta desde el principio, con ese uniforme horroroso y un Simeone ridículo, que ha pasado de la semicalvicie al pelo de Franco Battiato.

No diría que el Madrid hizo un gran partido; hiz una gran primera media hora y luego entró en el ritmo «tenemos todo el tiempo del mundo», que tan letal ha resultado otras veces. Esta vez sin embargo conjuramos el peligro y el 2-0 acabó de destruir al invasor. 2-0 que irónicamente llegó a pase (churrsco) de Benzema, a quien todos querían ver fuera hace mucho rato. ¿Suerte del entrenador, inuición…? Poco después empezaron los olés, cosa muy imprudente que puede picar al rival, pero los pobres no sólo no marcaron, sino que encima les cayó el tercero, gracias a una buena contra y la espectacular definición de un Ronaldo mítico. Como paso de precauciones absurdas y supersticiones de viejas, puedo decir lo obvio: estamos en Cardiff, y podemos ser el primer equipo que repite título desde el Milan, en 1990. Tiempo sobrado habrá de analizar este enorme reto.

·····

– Real Madrid: 3 (Ro-nal-do)
– Costrosos: 0

Incidencias: La Grada Fans lideró a todo el estadio en una apoteósica orgía vikinga.
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El Equipo Aggh

Von Rothbart

Benzema, el gato, je. Será el gato de Schrödinger, que no se sabe si está vivo o muerto. En el caso del morito, no se sabe si juega o no juega, y como en el experimento sólo podemos averiguarlo cuando abrimos la caja y efectuamos una medición, es decir cuando es sustituido o mete algun improbable gol. Mientras tanto se encuentra en estado de indeterminación, que traducido quiere decir que está sobándose las pelotas y viendo cómo crece el cesped. No creo que sea necesario abrir la caja para saber que el gato está más muerto que vivo, el olor putrfacto que desprende ya marea. No queremos más horchata mora que es como la leche de camella, indigesta y laxante, Reina Chocha. Queremos Necafé Frappé, estimulante y refrescante.

GayLord Nabos, los reflejos de un leopardo y la colocación de un teletubbi practicando el kamasutra con dos putas filipinas. Gaylord, chullo calado, flauta de pan y poncho de colorines como aquel guardameta mexicano. Gaylord,ese hombre que cada vez que ve cruzar por su área un balón por alto eleva su mirada yupanqui al cielo y comienza a silbar «El cóndor pasa».

Las Titas. Hermanas gemelas conocidas por practicar ganchillo, amigas intimas de la Reina Chocha y sus sastras preferidas; inseparables las tres, se las pude ver en misa todos los domingos y despúes tomándose un vermut en el parque. Tita Luca practica el punto calado; es decir, con muchos agujeros, sus jerseys de lana parecen campos minados. Tita Kroos practica, como su propio nombre indica, el punto de cruz; es decir, el de un pasito palante y otro patrás, sus diseños no va a ninguna parte pero resultan monos. Juntas se han especializado en el punto de calceta a dos agujas: un pase a derechas y otro al revés; lo que quiere decir que las sábanas que tejen cuando te tapan los pies te descubren la cabeza, y si te tapan la cabeza te descubren los pies. Vamos, que al final pillas un resfriado. Las Titas son buenas chicas, no dan problemas, aunque a su edad siguen siendo vírgenes. Su único vicio conocido es que fuman mucho, y su máxima ilusión es vestir santos y tomarles la bastilla a los trajes azul marino de la Reina Chocha.

Zizú y su libreta. Bueno, su libreta no, su pizarra; tampoco, su pizarra no, su tiza. Bueno, eso tampoco. Zizú y sus palmas, eso sí. Zizú y sus palmas, gran aportación táctica a la historia del futbol.

Una palma: vamos que remontamos, tenemos tiempo.
Dos palmas: todo el mundo al ataque, que no queda tiempo.
Tres palmas: Poni, vete a rematar que estamos fuera de tiempo.

Zizú -Maestro Zen y genio táctico- o el sonido de una sola mano tocando las palmas.


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El Equipo Aggh ofreciendo sus servicios.

El Socio

A ver, no os voy a decir que el Equipo Agg juega bien ni que resulta vistoso, porque la verdad es que es jodidamente infumable, pero tampoco os creáis que eso está muy relacionado con el resultado; deberíamos haber desterrado este error tan frecuente ya hace tiempo. ¿Si hubiera jugado el Equipo B habríamos ganado fácil, evitando que el insulso de Pajero contra las cuerdas? Es posible, pero luego ese mismo Equipo B podría salir contra el Paleti y cagarla. O no; la verdad es que nunca lo sabremos, pero esto de las alineaciones ideales no es matemática exacta, ojete.

Ya sé lo que os estáis preguntando todos: ¿Nos van a perforar el ano los indios? Yo creo sinceramente que no, que lo haremos muy , porque estaremos en modo Champions y por esa cosa extraña y caótica de la Era Zidane que, por lo que sea, nos hace competitivos; quizá sea algo tan simple como el estudiante que estudia los dos últimos días porque sabe que si no catea. Ahora bien, ¿será la eliminatoria algo agradable, divertido de ver? Puede ser, pero no descartaría que fuera tan gozoao como que te aprieten los cojones con unas tenazas. En todo caso, nadie dijo que esto fuera una diversión, y además, ¿qué es lo peor que podría pasar, que vuestros cuñados indios se pasaran 3 meses riéndose de vosotros? Eso tampoco sería para tanto, ¿verdad?

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– Mándril: 2 (Un gitano y un negro).
– Choto Team: 1 (Un yonki).

Incidencias:
Zzzzzz…
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