Sí, bueno, ¿no? Prácticamente todos los países de Europa fueron un imperio en su momento, y sienten nostalgia por ello. Sorprendentemente Austria no es una excepción, aunque hoy día parezca uno de esos «países apéndices» de los que hablábamos en entregas anteriores. Incialmente provincia romana, más adelante esta región fue designada marca del imperio carolingio, y a partir de ahí tuvo una historia más o menos paralela con Alemania, aunque casi siempre manteniendo una identidad propia.
Lo crean o no mis ilustres lectores, España tiene una relación dinástica con Austria desde tiempos de los mismísimos Reyes Católicos, pues no en vano el famoso Felipe el Hermoso era un austriaco que hablaba francés, el idioma de los nobles maricones de la época. Inicialmente los hijos de Felipe o Philippe no estaban destinados a la corona de Castilla, pero puesto que los dos primogénitos y un nieto de los Reyes Católicos murieron en tristes circunstancias, fueron los descendientes del austriaco y de Juana la loca del coño quienes heredaron el trono. Se pasó así de la dinastía de los Trastámara a los Habsburgo, y de ahí a los Borbón, un «downgrade» peor que cuando cambiamos a Solari por Raúl Bravo.
Y sí, esos austriacos partieron la pana durante varios siglos, en España, en Centrouropa y donde tocara, teniéndoselas tiesas sobre todo con los otomanos, zampándose a Hungría y anexándose multiples territorios adicionales ya fuera por conquista o por matrimonios dinásticos. Pero como tantas otras cosas del viejo mundo, el Imperio Austrohúngaro (que aún conocieron nuestros abuelos) llegó a su fin con la Gran Guerra. Una obra que ofrece un excelente resumen de esa época es el cómic biográfico sobre la emperatriz Isabel de Baviera, alias Sisi, obra de Giorgia Marras, y que podrán encontrar en las bibliotecas públicas si no quieren gastarse la panoja. Pese a esta rica historia, a día de hoy los austriacos son a los ojos de las masas ignorantes poco menos que unos señores a quienes les gusta el vals y que hablan un alemán «raro». Además, les toca aguantar bromitas sobre Astolfo, pecado en el que yo mismo habría incurrido si un «cómico» español no lo hubiera hecho ya esta misma semana. En fin, mi solidaridad con Austria, ex imperio como nosotros, que tan sólo aspira a que la dejen en paz.
En cuanto al fúrbol, ha habido exactamente un futbolista austriaco famoso en la historia, Alaba, que debió broncearse en las (inexistentes) playas del país, y que se hizo notorio en el Madrid por levantar una silla. Dejando eso aparte, no podemos tomarnos en serio a los pobres futbolistas de este país, y por eso es normal que cayeran goleados ante una Coja menor, que aún anda vendiendo la moto de que el Mena es una de las grandes estrellas planetarias. Ha deparado esta victoria un enfrentamiento entre la Coja y Portugal, uno de esos duelos ibéricos que depara el destino a veces, y que podría resultar en la jubilación de CR7 por parte de nuestros muy traidores y maricones balompedistas. Sinceramente, es una lástima que Cris esté más acabado que Eusebio, porque desde luego daría mucho gustico que mandara a la Coja a casa antes de cuartos. En fin, quiénes somos nosotros para desear cosas.








