Por Rappol
El Real Madrid continua en la senda del partido-parto tan habitual en esta época del año –Dr. Pintus, Dr. Pintus, pase por información–, que a veces termina en niño tonto por falta de oxígeno al nacer, como sucedió hace poco contra los culerdos en Arabia. Por fortuna para los embarazadísimos blancos, cuyas barrigas palidecen ante la curvatura abdominal del ex-futbolista Eden, lo que había enfrente anoche eran las eternas primerizas rojiblancas, que muy de vez en cuando dan a luz algún trofeito y se rompen la camisa como si fueran Camarón. Insiste la jauría atlética en estirar los endebles rizos de Simeone hasta nadie sabe ya dónde, pero parece innegable que cada vez tienen más bultos sospechosos en el equipo, sin llegar al nivel del Monchivilla, y que el glorioso ciclo que ha llenado los bolsillos de algunos más que las vitrinas del Metropolitano está finiquitado, por más que Antoine pretenda que la vida se vuelva color de rosa.
Dicen que la sanidad en Madrid está hecha unos zorros por culpa de Ayuso. Quizás por eso el Real Madrid empezó lento-lentoso, como si Carletto mayormente hubiera alineado celadores y flojeras en bata de esos que se pasan el día dando paseos por las plantas de las maternidades a la caza de berzas, labios amoratados y otras cuestiones quinquis. Lo poco que funcionaba lo ponían Camavinga, Nacho y Militao, y aún así la defensa se comió un gol ante la inoperancia del mediocampo para sujetar un poco a la segunda línea colchonera. Fue tremendo ver a un tipo tan acabado como Resurrección poniendo una bola a la banda, desde el balcón del área, para que en tres toques nuestro hijo retrasado favorito marcara el 0-1 llegando tan solo que hasta su mujer se debió preocupar.
Valverde volvía a ser Pajarito, Mendy se lesionaba con una sonrisa, Vinicius se desesperaba rodeado de navajeros, nuestros señores mayores hacían cosas de señores mayores… y el Don llamaba al residente Ceballos a ver si podía hacer que las contracciones fueran un poco más significativas, mientras decidía que Camavinga, tan animoso, igual podía hacer de lateral, de cinco, y de por-el-culo-te-la-hinco-Casanova. Al descanso los jugadores volvían a planta, porque la criatura no quería salir, aunque todavía no nos habíamos cagado encima.
Pero es tan rematadamente malo el Atlético de Madrid, que mediada la segunda parte todas las señales se fueron colocando en los lugares de siempre. Los vecinos a defender y los locales a la búsqueda de un trance que tardaba en llegar, estirando las malas entregas, las imprecisiones, los cabreitos de Junior, los sustitos a la contra y los aspavientos de Simeone, que esperaba que alguien le regalara un abrigo más glamuroso para lidiar mejor con el frío nocturno y con la estética, si es que eso fuera posible para el argentino. De pura inutilidad más o menos compartida y dispersa por el terreno de juego, entró Rodrygo cuando parecía que empezaba a hacerse tarde, junto con Sensiogay. Y de la manera más increíble, el brasileñito agarró una inyección, se meó en cuatro visitantes y remató al palo corto de Oblak como si no costara. Me tuve que pellizcar. Por más que repetían la jugada, no daba crédito. Setenta y pico minutos penando para que llegue el Cyd, se enguante la mano, se la embadurne de vaselina y ¡zás!… Nueve centímetros. Al paritorio. ¿Le ves la pelusilla asomando?
El resto fue un final feliz de prórroga. El bebito se resistió una chispa, tuvieron que echar del hospital al cuñado tonto cuando se puso violento porque el niño no se iba a llamar como quería su hermana Hermosa, Benzema trajo flores y al final Vinicius marcó su primer golito a los colchis porque todavía tenía gasolina el cabrón, dejando esa imagen que siempre ha tenido el Atlético y de la que siempre ha intentado huir: la de un equipo rematadamente perdedor. De eso no se puede escapar. Porque al final, amigos, la cabra siempre tira para el Manzanares, aunque se la lleven a pastar al Metropolitano. Y Depay es gafe, también. Otro más.
Ya sólo quedan los culerdos, los etarras y la federación. Es hora de usar la cabeza, Carlo. Pasa más tiempo con la familia.
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– Real Madrid: 3 (O Rei, Benze y Vini)
– Paleti: 1 (La Rata)