El Petaculos del Paladium
Puf, qué sufrimiento tan innecesario. Partido duro que teníamos que haber solventado mucho antes. Este encuentro ha puesto de relieve las carencias de ambos equipos. La Farsa, equipo sin grandes estrellas, con niños probeta futuros mejores jugadores de la historia y blablabla: Pedri, Rodri, Gavi, Fati, Fili, Kili, Bifur, Bombur, Oin, Gloin, Bilbo, Pili, Mili y Tolili. Su jugador más determinante… Dembelé, no hace falta decir nada más. Con escoria humana como Dani Hambres, exjugador con pinta de vendedor de droga y consumidor de porno compulsivo. Esclavos de su estilo, todo pasecitos de mierda sin arriesgar. En cuanto el Madrid se echó atrás empezaron a llegar por pura inercia.
El Mandril. Ordenado detrás, sacando la bola de manera magistral, con Modric principalmente. El problema nuestro, cierto es que el Barsa es una puta mierda. Pero es que nosotros vamos muy justitos. Vinicius the King, el único jugador que crea peligro y desborda del Madrid. Todos los ataques peligrosos fueron obra suya. Luego tenemos a Benzemá, que engancha todo lo que pilla. Y el resto, bueno, son majos y tal pero incapaces de desbordar y crear peligro. Asensio lo intentó un par de veces y después se volvió borrar como una maricona.
El contraataque fue bastante resultón. Nos costó, cuando mejor estaba la Farsa llegó el 2-1. Luego cuando parecía que estaba todo hecho nos colaron un tontigol y menos mal que pitaron el final de los 90 minutos, los culeros estaban cachondos como Jorge Javier Vázquez en la cabalgata del orgullo. Otra buena contra en la prórroga y otra dejadita más de Vinicius y 3-2 definitivo.
Chavi Huelemierdez no entendía por qué la vida es tan injusta. El que tocaba y retocaba la pelota era el que perdía. Cosas de que no saben perder, céspet alto o seguramente Franco había metido mano entre los moros. Lo importante, victoria ante esos hijos de 7899877 putas gonorreicas y a la final. ¡A Cibeles!, digo ¡A La Meca!
Rappol
«Su humo es malo para sus hijos, familia y amigos», reza el rótulo del paquete de tabaco que descansa a la derecha de este ordenador portátil, sobre la mesa. Casi tan malo como no ser el Madrid jugándote una de estas caprichosas copas cortas, que resultan ser a veces como intercalar güisquis entre cervezas, o cervezas entre güisquis. El Madrid fue a ratos cerveza y a ratos whisky, y a Huelemierda le pesó la basura de plantilla que tiene, capitaneada por Luuk De Rebotong, que hace dos semanas no servía ni para hacer croquetas y hoy es el «elefant terrible» del culerismo ilustrado. Se habla mucho del relato de Hernández, ignorando voluntariamente de dónde proviene. No se despisten, porque cualquier día acaban leyendo a Almudena Grandes o Millás, y se los acaban creyendo…
Cuando empezó el partido busqué a Alaba en el maletero del equipo, y lo eché de menos tras el 0-1 y los primeros cabezazos de Luuk. La estrategia culera estaba clara: llegamos y templamos melones para el ex-sevillista enrachado. La defensa se aculaba en exceso, como si Pijamita anduviera trempado y a Cristaljal le costaran los retornos una chispa. Alabaré, Alabaré… y el holandés emulando al antiguo Vinicius nos empató un partido que teníamos absolutamente controlado. No iba a haber rodillo, otra vez.
La segunda parte y el resto del partido me pillaron por ahí. El palo de Benzema (qué jugada, por favor) y su 1-2 (muy bien esos centrales culeros que tantísimos millones valen, pasados y futuros), en el coche; agitando el puño sin vendar y celebrando con dos chavalitos que valen más que toda la historia de La Masía. ¿Tendríamos paz? No. Porque no iba a haber rodillo, Modric se marchó, quedaba todavía un rato… y Alaba no estaba.
El gol de Fati disgustó notablemente a mi hijo, y eso que no odia a Jorge Amanecer (no conoce todavía el odio, su padre desgraciadamente sí). Vale. Ya estaba más que claro que no iba a haber rodillo. Pero, ¿no podíamos atar simplemente el partido y tirarlo, por ejemplo, al Manzanares, para dar trabajo a los buzos de la Guardia Civil? No. El odio no es bueno enseñarlo, tienes que aprenderlo solo, para después guardarlo en una caja que sólo se debe abrir en caso de apocalipsis… Así que cuando comenzaba a vislumbrarse la realidad de la prórroga aparqué el auto, apagué la radio y coloqué al fútbol en el lugar donde debe estar la mayor parte del tiempo, encima de algún mueble alto.
La noche discurría perezosa entre algunas rachas de frío viento de levante. Me acordé de la chepa de Morales mientras doblaba ropa recién sacada de la secadora y miraba de vez en cuando el SofaScore en el fono… ¡Gol del Madrid, para el 2-3! ¡Gol de Valverde!… Puto Loco de los cojones… ¿Qué minuto es? ¡Me cago en el puto rodillo y en la puta pegada! ¡Me cago en Luis Suárez, en Cavani, en Cojín, en Francescoli, en Mújica y en Jorge Ébola! ¿Cuánto quedaba? Un par de divisiones acorazadas de calcetines… Dejé el fono y me puse con ellos. Como siempre suele pasar, los huérfanos fueron al cajón para participar en la Ruleta Down de las siete y cuarto de la mañana. Y después, cuando pude leer FT 2-3, sonreí tranquilo y bajé a improvisar cenas…
«Su humo es malo para sus hijos, familia y amigos». Para los demás se supone que no. Digo yo que peor será ser un puto culero y creerse los relatos de los perdedores… Que pase el siguiente.
– Quiebralona: 2 (De Tronk y Cojo Fati)
– Madrit: 3 (Vizinius, Benzema y Valverde)





