
Querido Emilio:
Estimado Kylian:
Ahora que estás a punto de llegar, quiero darte la bienvenida al Real Madrid y ofrecerte algunos consejos y antecedentes que te ayudarán a prepararte mentalmente para tu estancia en el club blanco. Lo primero que debes conocer es la afición que acude al estadio: el presidente te contará historias raras sobre «público entendido y exigente», pero para que no te lleves a engaño, yo te contaré la verdad y nada más que la verdad: son unos hijos de puta avejentados y amodorrados que básicamente van al Bernabéu a creerse alguien en la vida. No esperes que te traten como a una figura hasta que marques 40 goles al año o hasta que «se queden con tu cara», un periodo que puede fácilmente extenderse dos o tres temporadas. Durante los partidos comprobarás que tienen un grave problema de impaciencia, y si para el minuto 25 no ha habido al menos un gol o cuatro ocasiones claras, empezará «el run run», que rápidamente se convertirá en pitos. Verás que consumen sin parar unas semillas raras cuya cáscara escupen al suelo, dejando las gradas de su propio estado hechas una porquería. Son las llamadas pipas de girasol, y por ello estos lotófagos son conocidos como piperos; se encargarán de hacer tu estancia inicial más desagradable de lo que debería, pero si te sirve de consuelo, la afición no abonada está compuesta de seres humanos menos disfuncionales. Ah, y hay unos 2.000 locos en uno de los fondos que no dejan de animar, pero algunos los llaman «vendidos» y el club apenas reconoce su existencia.
Lo rivales y los hálpitros: Si has visto el respeto, la veneración e incluso el miedo con el que se ha tratado a Messi durante toda su estancia en la Liga española y piensas que recibirás un trato similar, es mejor que te olvides: no vas a jugar en el club «de los valores y los niños», sino en el de «la prepotencia y el imperialismo», y por tanto todo está permitido: si te cazan el tobillo no será «una agresión al talento» sino «fútbol viril», y no habrá expulsión del rival a menos que te vean sangrar y tengas que salir en camilla. Olvídate de que te piten los penaltis dudosos, y si no quieres caer en fuera de juego más te vale estar al menos medio metro por detrás del defensa. Recuerda, en España se juega con hándicap, aunque verás que eso nos fortalece al salir a Europa. Si realizas alguna acción técnica especialmente brillante, no esperes que el público rival o tus contrarios te la reconozcan: antes te llamarán chulo e hijo de Utah, aunque el mismo jugador que te insulta perfectamente podrá perdirte la camiseta al final del partido.
¿La prensa? Si la de Francia te parecía mala y absurda, sólo era un calentamiento para la que verás en España. Comprobarás que casi todos los periodistas odian al club más laureado del país y del planeta, y que por el contrario idolatran a uno abiertamente antiespañol y quebrado por su pésima gestión. En la capital quizá te sorprenda ver que el equipo más popular entre los gacetilleros es el Atlético, un club con cero Champions y que ha hecho del feísmo y el malditismo su bandera estética. Te darás cuenta de que incluso los perodistas que son del Madrid buscan el amarillismo, la bulla y pillar cacho que ofrecer cualquier tipo de información útil sobre el equipo. Con raras excepciones, son el enemigo, y cuando antes seas consciente de ello, mejor.
El club: ten paciencia. Sin duda es la institución futbolística más legendaria del mundo, pero a nivel institucional es a menudo atrasado y ridículo peculiar: si nos tanga el árbitro, saldrá en la tele un señor muy relamido a decir «¡córcholis!»; si enciendes nuestro canal televisivo acabarás perdido de caspa; si un día hay luto te pondrán alrededor del brazo un cacho de cinta aislante negra en vez de un brazalete de duelo como Dios manda, y el minuto de silencio no será minuto ni será de silencio (aunque al menos nadie se arrodillará para disculparse por la esclavitud de tu retatatarabuelo). El nuevo estadio será espectacular, pero no te desconciertes si ves alguna parte extrañamente anticuada (por ejemplo, barandillas metálicas que obstaculizan la visión al espectador): ten en cuenta que es un palimpsesto cuyo origen se remonta 80 años atrás. Son las contradicciones del Madrid, un club de 1.000 millones de presupuesto en cuya web es imposible para los socios desde hace al menos una década actualizar sus propios datos; no trates de entenderlo, es un sentimiento.
Concéntrate en marcar goles, ser líder, ganar muchos títulos y disfrutar los breves años de máxima gloria que tiene un futbolista. Ya te advierto que la despedida probablemente será amarga y que tarifarás con el presidente que haya en ese momento antes de irte a un país que no masacre a impuestos al talento importado; no te preocupes, le ha pasado a todas nuestras figuras y es parte del ritual. Al final las heridas sanarán y las dos partes reconocerán que la relación Real Madrid-Mbappé fue la hostia. Cuando seas un anciano y examines los recuerdos del pasado, te darás cuenta de que fueron los años más extraordinarios de tu vida. Sabemos que había otros que te ofrecían más y en ligas mejores, pero la experiencia total del fútbol simplemente está aquí.
Bienvenido a la vorágine, a la caspa, al esperpento, a la gloria. Bienvenido al Real Madrid.
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